Providencia es una pequeña marca que fabrica sus cigarros en Nicaragua, aunque este, llamado El Padre, es fabricado en Honduras. También es su primer cigarro, aunque originalmente no era llamado así y hoy en día ya producen varios productos, entre ellos El Santo (que reseñé en marzo), Trinitas (que tengo en el humidor), y The Hostage (que acepto como donación). Se trata de un cigarro de capa Connecticut nicaragüense y pocos detalles más que he podido descubrir.

Providencia - El Padre 01

 

El Padre es parte de mi humidor desde marzo de este año y en realidad tenía pocas ganas de fumarlo porque es de capa Connecticut, pero dado que tuve reunión en el Cigar Club y sabía que iba a fumar bastante (fueron 3 cigarros en toda la tarde-noche), pues creo que la mejor manera de comenzar esas faenas es con un cigarro más suave, lo cual El Padre prometía ser. Sus pequeñas venas son discretas y el cigarro se siente con mayor peso que el resto de los que se colocan en sus dimensiones. La capa presenta buenos aromas, entre los que destaca la canela y la paja, en el pie se aprecian paja y un aroma herbáceo y finalmente al picarlo la calada en frío me da un ligero toque de pimienta, tierra y cuero.

Providencia - El Padre 02

 

El Padre comienza impresionando, dejando a un lado desde el inicio cualquier indicio de que este se trate de un cigarro suave y simple. El Padre comienza con grandes dosis cremosas, un toque de pimienta y matices de tierra, mientras que en el retrogusto se sienten toques de madera y mayor intensidad en esa pimienta, como suele suceder. Incluso, en el retrogusto se siente esa cremosidad también y el cigarro prácticamente no lo estoy fumando sino degustando.

Providencia - El Padre 03

 

La quemada es un poco variable, pero generalmente recta y la producción de humo es abundante, sin que eso se traduzca en toques fuertes o amargos, sino muy sutil, sedoso y cremoso. Hacia el final del primer tercio se aprecian toques de canela también, que se funden perfectamente hacia el segundo tercio con la tierra y la paja, mientras que la crema adquiere un sabor más dulce y le da una nueva dimensión al cigarro, haciendo que el sabor se sienta más empalagoso.

Providencia - El Padre 04

 

El segundo tercio se caracteriza por los sabores de canela y madera, mientras que los sabores de tierra parecen desaparecer luego de ese toque inicial. También sucede que todos son arropados por un toque dulce y un manto cremoso en el cigarro. Se llegan a sentir toques de cuero y madera, pero nada que dure por mucho tiempo o que permita apreciar mayores matices.

Providencia - El Padre 05

 

En la mitad del cigarro El Padre confirma que se trata de un excelente producto, con una línea de quemado perfecta, producción de humo abundante y una intensidad que se aleja bastante de ser un cigarro suave, típico Connecticut y se coloca en media, a la par de cigarros que se venden como más fuertes e incluso contra uno que otro maduro suave que existe en el mercado. También se le siente un toque cítrico cuyo sabor se asemeja a la toronja (pomelo) y se siente más hacia el final de la lengua, por lo que tiene un aspecto amargo, pero es propio de la fruta y no es desagradable.

Providencia - El Padre 06

 

Para cuando llego al último tercio cumplo una hora fumando y siendo de capa Connecticut eso es bastante tiempo, en mi experiencia. El cuero busca un protagonismo entre los sabores, junto con la crema y la madera, mientras que la canela se ha relegado al retrogusto, pero bastante intensa ahí. Quizá lo que me ha gustado más del El Padre es que sus sabores, aunque bien establecidos y diferenciados, en ningún momento han sido lineares… apareciendo y desapareciendo durante la fumada, aunque quizá las transiciones sí podrían ser más marcadas y la intensidad de los sabores nunca llega a ser muy destacada, como si se tratara de un suiche con dos posiciones (apagada y encendido). Dicho esto, para ser un capa Connecticut, El Padre es un cigarro que disfruté mucho más de lo que esperaba y no lo fumé queriendo que pasara el tiempo para encender el siguiente. Cuando se terminó me di cuenta que lo fumé hasta que me quemé los dedos, lo cual seguiría haciendo con gusto.

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