En 2018 Joya de Nicaragua celebró sus 50 años con el lanzamiento del Cinco Décadas que reseñé hace un par de meses, que casualmente fue mi primera reseña de un JdN en casi año y medio sin probar cigarros nuevos de ellos. Pero en 2018 también hicieron otros lanzamientos, algunos celebrando ese aniversario y otros, como este Número Uno, no. Este cigarro inicialmente era una reserva privada que no se vendía, sino que se obsequiaba a personalidades importantes. Posteriormente, en 2018 comenzaron a obsequiarlo también en eventos destacados de la marca. Pero el año pasado decidieron lanzarlo como una producción limitada a 1500 cajas de 15 cigarros en dos vitolas: L’Attache (5,5 x 42) y L’Ambassadeur (6,625 x 44).

El cigarro me llegó como parte del paquete mensual de Small Batch Cigars para octubre de 2019. Como es el caso con la mayoría de los cigarros Connecticut, la capa de este es brillante y casi dorada, muy lisa y con un pequeño rabo’e cochino en la perilla. Se siente ligeramente firme y tiene aromas de establo, dulce, paja, vainilla, nibs de cacao y canela. Lo pico con la doble hojilla a fin de no perderme nada de la fumada y la calada en frío tiene nueces, madera, crema, cuero, tierra, pan y una nota vegetal suave.

Las primeras caladas del Número Uno son un poco preocupantes, pues casi ninguno de los sabores de la calada en frío parece existir en caliente. Hay una combinación suave de maní con cuero, pero no mucho más durante los primeros centímetros y me quedo pensando si los dignatarios que reciben estos cigarros estarán contentos con su obsequio o si solamente lo agradecen y luego lo dejan en el primer matero. Eso sí, el tiro es excelente y la densidad del humo muy interesante. Sin embargo, para cuando hago la imagen el cigarro parece despertar y comienza a mostrar también sabores de canela, madera, café, tierra y cítrico. El pan que se sentía en frío está presente en el retrogusto pero más como un pan dulce, pero bastante leve. Ese retrogusto también tiene café y la intensidad del cigarro se coloca en media desde ya.

El tiempo de fumada para superar el primer tercio fue de unos 25 minutos, que en un Connecticut me parece un buen tiempo. Este tercio comienza con esas mismas notas de cuero y maní que estaban en el primer tercio, pero con una sensación mucho más cremosa y con mayor permanencia en el paladar. El sabor dulce, que en el primer tercio era bastante sobria y hasta escasa, se siente como el jarabe de caramelo que tienen los helados de McDonald’s, tanto en el paladar como en el retrogusto. Afortunadamente, aunque ese sabor me gusta mucho, su densidad dominante no dura mucho y tiene como efecto el aumento de la intensidad del resto de los sabores.

Como consecuencia, todos los sabores aumentan su fuerza y el cigarro también, llegando a media-alta en este punto medio y con 45 minutos de fumada. Los sabores secundarios también aumentan su intensidad y comienzo a sentir destellos de algunos como café, cítrico de limón, pan, tierra, canela, madera y notas más suaves de chocolate. El segundo tercio finaliza con una fuerte nota de café y notas superlativas del tema técnico, con un anillo de combustión casi completamente recto, tiro ideal y humo abundante.

Últimamente me ha pasado con algunos cigarros que tienen un primer y segundo tercio muy buenos y en el último pareciera que se pierde la ilusión. Afortunadamente el Número Uno no hace eso y en el último tercio mantiene la misma calidad que en el anterior, aunque con sabores muy parecidos, como esa combinación de maní y cuero, seguida ahora muy de cerca por sabores de chocolate, paja, vainilla, canela, tierra, cítrico de limón y ahora clavo. El caramelo que sentí tan fuerte anteriormente ahora solamente se ubica en el retrogusto, pero también hay una nota de pimienta suave, que simplemente potencia el caramelo. En temas técnicos la construcción, quemada y tiro han sido perfectos y mantienen esa perfección hasta que marco una hora y 40 minutos, que es cuando finalmente dejo ir al cigarro.

Sin problema ni contención puedo decir que este cigarro me sorprendió de manera absoluta. De entrada ya sabía que era un Connecticut y por eso siempre los trato con cierta reticencia, pues así como hay unos muy buenos, hay otros que nada que ver. Pero también por el hecho de ser una producción limitada y tener un precio unitario de $14,50 pues ya pensaba que estábamos entrando en otro renglón medio dudoso de precio vs. calidad. Pero se trata de un cigarro complejo y uno en el que hay que concentrarse para probar y apreciar bien los sabores. Sin embargo, así es específicamente como lo estaba fumando así que creo que pude apreciar casi todo. A mitad de fumada ya sabía que superaría mi experiencia #1 con un Connecticut, pero luego de sacar números y sumar la puntuación, llegó más allá.

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