Esta marca hondureña de Cristian Eiroa asociado con Tom Lazuka siempre se ha caracterizado por nombres agresivos, cigarros fuertes y cepos gigantes. Es una de las marcas que vende aquí Gentleman Brothers y hace poco tuve el placer que me regalaran uno; como soy fanático de los Connecticut, no pude resistirme. Quizá lo que más me llama la atención es que este cigarro es diferente de lo que Asylum suele hacer: no es de cepo gigante, siendo capa Connecticut no debe ser tan fuerte y su nombre tampoco evoca muerte y suspenso, aunque sigue llevando las calaveras en la anilla.

La anilla del Connecticut es de un tono bastante brillante de naranja, que realmente no sale muy bien en las fotos debido a lo brillante del sol, pero afortunadamente la cámara captura el contraste con la capa y esta tiene una ligera película oleosa sobre ella junto con aromas suaves de grama. En el pie se aprecian notas también de grama con tierra y madera, mientras que la calada en frío presenta apenas grama con toques suaves de tierra.

Casi nada de lo que aprecié en frío en este cigarro me preparó para la cantidad de pimienta que me esperaba al encenderlo, destacando una fuerte nota picante que acompaña sabores de madera, toques de tierra y un sabor muy secundario de anís, que se presenta en las mismas notas tímidas en el retrogusto, en donde la pimienta también es parte del plato fuerte. El tiro es muy bueno y el cigarro quema lento, dos cosas que no parecieran estar acordes en un cigarro de estas dimensiones, pero que el Asylum lo logra.

En el segundo tercio la pimienta se reduce bastante, aunque no llega a ser un sabor secundario, pero sí llega al mismo punto de intensidad de la madera, mientras que el anís desapareció por completo y la tierra es el sabor que emerge como secundario, ahora acompañada por notas sutiles de café. Según la información del cigarro, su capote y tripa es de Honduras, por lo que me impresiona que sea tan picante, especialmente cuando estos se caracterizan por notas más suaves. Precisamente por eso, este cigarro no tiene esa “frescura” tan típica en los Connecticut, sino más bien una sensación más fuerte y hasta agresiva en la fumada. Aparte de ello, los sabores con respecto al tercio anterior no son tan cambiantes.

Para el último tercio los sabores son más de cuero, con notas de chocolate y pasas, que se vuelven un acompañante de la pimienta, al tiempo que la tierra y la madera parecen haberse colocado en el asiento trasero de los sabores y de vez en cuando muestran notas de café en el retrogusto, junto con la pimienta, que ya no es tan fuerte pero sigue siendo parte central de la fumada. Al final, una hora y 10 minutos de fumada, lo cual es más acorde con el tamaño del cigarro pero no era lo que esperaba al finalizar el primer tercio, quizá porque comenzó a fumar mucho más rápido de repente, pero el humo siempre fue abundante y denso, y el cigarro igualmente concentrado de sabores, sobre todo la pimienta.

Una muestra más de lo variados que pueden ser los Connecticut, pero el Asylum 13 Connecticut muestra esa variación en una tendencia completamente distinta a la mayoría de los Connecticut “diferentes”, que suelen ser cremosos y frutales, pero este tiene muchos sabores de tierra y pimienta, y hasta madera, haciéndolo más diferente. Pero es también uno de esos cigarros que compraría en 5-pack muy tranquilamente para fumar de manera más o menos regular, incluso como único cigarro del día, porque tiene esa intensidad.

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