Si alguien me hubiese preguntado hace un año, cuál es la marca de habanos que más curiosidad te causa, creo que fácilmente hubiera escogido Montecristo. La similitud entre casi todos sus productos es impresionante, al punto que a partir de una foto es difícil identificar cuál cigarro se está fumando. Cuando compartí imágenes con mis amigos de este cigarro que voy a fumar hoy, la cantidad de respuestas distintas que recibí fue impresionante. Pero creo que lo que más me ha llamado la atención de la marca es lo fácil que se deja descubrir; este es el 4to Montecristo distinto que pruebo en el último año, incluyendo el No. 4 el pasado octubre, el No. 5 el pasado septiembre y el Petit Edmundo el pasado enero. Ciertamente, cada uno ha sido muy distinto al anterior y por eso lo adquirí con Kukenan Tobacco cuando me lo ofrecieron, para ver qué tan diferente podía ser. Siendo un producto que existe con la marca desde antes de la revolución y con sus dimensiones de 6½ x 42, es un Lonsdale que de verdad quería probar.

Pero sí confieso que, aunque los habanos que más me gustan tienden a tener cepos pequeños, son los habanos que más temo, principalmente por esa tendencia a ser algo más apretados que los cigarros de otros orígenes. Por lo pronto, el cigarro tiene una apariencia ligeramente rústica y para quien no esté acostumbrado, puede parecer de otra vitola. Quizá porque el Lonsdale no ha sido una vitola usual de habanos, pero también porque la tendencia de muchos habanos ha apuntado últimamente a cepos de mayor tamaño, lo cual le ha quitado algo de relevancia a estas vitolas. Los aromas en esta capa son escasos, dejándome encontrar apenas notas de madera, café y paja. En el pie hay un poco más de madera, pero no mucho más de otras cosas, y finalmente en la calada en frío me encuentro con algo más apretado de lo que me gusta, pero no es realmente apretado, lo que me hace colocarle un nuevo adjetivo: firme. Los sabores en esta calada son consistentes con los anteriores de café, madera y paja.

Desde las primeras caladas los sabores de café cremoso y con notas de leche son aparentes y el largo del cigarro asegura que el humo llega frío a mi boca, lo cual me permite apreciar más esos sabores. Hay notas de madera también, pero ciertamente lo más notable es ese café, con distintos matices, pero todos relacionados con un café con leche: macchiato, cappuccino, marrón, latte y demás. A lo largo de este primer tercio, que realmente tiene unas dimensiones llamativas, se aprecian notas de cacao en polvo, incluso de ese que es malteado y en el retrogusto las notas son de paja y madera. La quemada es buena, pero no es perfecta y no tanto por un tema de tiro, que va muy bien, sino más de aro de combustión. La intensidad es media, con una fortaleza media-baja.

En el segundo tercio aparece una nota ligeramente cítrica que fue algo inesperada, pero el sabor predominante sigue siendo café en esas distintas variaciones lácteas. Sin embargo, en el segundo tercio esos sabores de chocolate en polvo se sienten más ricos, más abundantes, pero no más intensos o al menos no a un punto que puedan superar los sabores de café que el No. 1 tiene en esta sección. La quemada mejora en el aro y el tiro es fenomenal, incluso siendo firme para un cigarro con este cepo. La ceniza no se sostiene mucho, pero con este cepo sería un milagro si lo hiciera, aunque no me ha caído encima en ninguna ocasión. Hay momentos en que el tiro se hace más firme, pero con algo de presión de los labios logro mejorarla, por lo que no es un tema de construcción sino más bien de corte. La fortaleza llega a media, con una intensidad similar, pero ligeramente por encima.

En el último tercio hay algunos problemas, sobre todo de tiro, por lo que comenzándolo le doy un corte adicional que no los resuelve, pero mejora un poco. Los sabores siguen evolucionando y eso se aprecia en un cigarro de estas dimensiones, incluso si el tiro no es el mejor. Pero sí puedo destacar que la combustión ha sido buena y hay un par de ocasiones en donde se ha bajado mucho la llama, pero ha sido porque lo dejo en el cenicero y me pongo a hablar. Pero al volver a él, con un ligero retoque, ya toma nuevamente su fuego. Los sabores de chocolate pierden esa nota rica que tenían en el segundo tercio y se mantienen como simplemente un aroma, como si olieras un empaque de chocolate en polvo, pero el café sigue siendo el dominante, mientras que este último tercio ha traído consigo notas algo picantes, que no son aromáticas sino ese picor en la lengua. Me toma casi dos horas fumar este No. 1 y es un cigarro que con gusto repetiría.
Pero es un cigarro delicado, como muchos habanos o incluso muchos cigarros de otros orígenes. Hay cigarros que los puedes tener en distintos humidores, llevarlos a la playa, subir a la montaña, cambiar de presión, humedad y ambiente, y siempre van a encender bien. Pero hay otros cigarros que necesitan condiciones más estables para fumar. Si los llevas a la playa, el cambio de presión los afecta; si los sacas de su humidor y los enciendes en un lugar con mayor humedad, se aprietan; si los tienes en el cigar caddy durante más de 3 horas no fuman bien, y así. Kukenan me dio dos ejemplares de este No. 1 y el primero que fumé tuvo un tiro muy apretado, al punto que a la mitad consideré dejarlo, precisamente porque había cambiado de ambiente un par de veces. El que fumé para la reseña estuvo mucho más estable y fumó muy bien, salvo esos detalles de tiro firme que son normales. Precisamente, cuando fuma bien, un habano es excelente.

Ficha Técnica:
Fabricante: N/D
Marca: Montecristo
Modelo: No. 1
Dimensiones: 6½ x 42
Tamaño: Cervantes (Lonsdale)
Origen: Cuba
Capa: Cuba
Capote: Cuba
Tripa: Cuba
Precio: $29,00
Puntuación: 91
2 comentarios sobre “Montecristo – No. 1”