Corría el año 2016 cuando Jameson decidió descontinuar la versión de 12 años de su whiskey, principalmente porque la marca quería enfocar sus esfuerzos en la versión más básica de su producto, simplemente llamado el Original, pero también a fin de poder destacar más la versión de 18 años de la marca, que al parecer no era tan distinta de ésta.
En su apogeo, el Jameson 12 podía costar alrededor de $40 a $50, aunque hoy en día en subastas ronda fácilmente los $160. Esta versión que tengo promete ser simplemente un triple destilado, añejado de 12 años en barricas ex-bourbon y finalmente embotellada al 43% de alcohol.
En nariz tiene aromas a caramelo, malta y toques cítricos, pero al dejarlo un rato en copa esa nota de caramelo va aflorando a algo más intenso y azucarado, con toques de pimienta y vainilla.
En boca es bastante franco, destacando caramelo y notas cítricas principalmente, seguidas de cereal, pimienta y vainilla, pero con esa sensación de tener bastante whiskey de grano por detrás. El retrogusto es de caramelo y cáscara cítrica.
Puedo entender la salida del Jameson 12 del mercado por no ser un whiskey especial, porque ciertamente no lo es, y aunque nunca he sido un fanático del Original, no veo a este 12 como un gran adelanto con respecto a ese, sino simplemente más intenso de sabores y más inclinado hacia el caramelo. Sin embargo, si existieran ambos productos hoy en día y tuviesen un precio similar, preferiría este simplemente por la permanencia e intensidad, y porque está embotellado a 43% y no 40% como el Original actual.
Ficha Técnica: Fabricante: Midleton Distillery Nombre del Whiskey: 12 Years Old Marca: Jameson Origen: Irlanda Edad: 12 años Precio: $40 Densidad alcohólica: 43% Puntuación: 79
2018 fue un año trascendental para Aganorsa Leaf, pues pasaron de llamarse Casa Fernández a la marca que son hoy en día y eso les sirvió de catapulta para que en 2019 redefinieran su portafolio y llevó al lanzamiento desde la marca de esta línea llamada Guardian of the Farm, en honor a los perros que cuidan sus fincas y que ya existía desde 2016 bajo la marca Warped, con una línea que se llamó simplemente así. Al poco tiempo, ya bajo Aganorsa Leaf, lanzaron las versiones Nightwatch (con capa madura) y Cerberus, que promete ser un poco más fuerte. No estoy del todo claro si la versión original del cigarro sigue siendo de Warped, aunque hace poco probé uno que estaba identificado como tal. Cabe destacar que el blend del Guardian of the Farm original fue creado entre Kyle Gellis (de Warped) y Max Fernández (de Aganorsa Leaf), mientras que el Nightwatch es creado exclusivamente por Fernández.
Al igual que con casi todos los productos de Aganorsa, este Nightwatch es un puro nicaragüense que usa tabacos de las fincas de la familia. Este blend incluso lleva tabacos de las fincas ubicadas en el valle de Jalapa, aunque también hay hojas de Estelí en la tripa. Con medidas de 4½ x 48, este Rothschild lleva el nombre de uno de los perros que cuida la finca: Rambo. Su capa es corrugada y áspera, con una rigidez muy aparente y aromas a ciruelas-pasas y chocolate, mientras que en el pie se sienten aromas de pino y cáscara de naranja, pero como es parcialmente cubierto por la capa, hay aromas de chocolate también. Lo pico con la doble hojilla y la calada en frío me da aromas de establo y chocolate.
Los sabores desde el inicio son intensos, incluyendo chocolate, tierra seca y pimienta, algo más secos de lo que me gustaría y sin la dulzura que esperaba de la capa. Pero a mediados de esta primera mitad los sabores de chocolate se sienten más dulces e incluyen algo que me recuerda a pastelería o incluso hojaldre y canela. El humo es abundante, la ceniza bien formada y de buen color y aunque a veces cae en escamas, termina siendo algo que tengo que dejar caer por voluntad propia. Ese sabor de hojaldre o pastelería es el principal en la primera mitad y junto con ese sabor de canela hace una combinación muy llamativa, que resulta en una intensidad media-alta y fortaleza media.
En la segunda mitad también hay sabores nuevos, incluyendo bosta y clavo, con el precio de que el Nightwatch se hace un tanto más denso en sabores y el chocolate se siente más oscuro, y al poco tiempo en esta segunda mitad, esa nota de hojaldre desaparece. Hay un chocolate de golosina que se consigue aquí (y supongo que en otros países) que es una especie de mezcla de crema de coco con chocolate y su sabor me recuerda mucho a lo que siento en la segunda mitad de este cigarro. En construcción sigue igual de bueno, con humo abundante y denso, y una ceniza muy bien situada. Incluso con su corto tamaño, no llega a calentarse demasiado y la fumada es sabrosa. Me toma una hora o quizá un poco menos disfrutar este Nightwatch hasta el punto que ya me quemé, pero llegó a ese final con una intensidad media-alta y una fortaleza media, aunque hacia el final la intensidad bajó a media también.
Últimamente, por circunstancias o por suerte, he estado probando cada vez más cigarros en estas vitolas pequeñas y confieso que me gustan mucho. Además, son muchos los casos en los que me apuran una fumada y cuando eres padre de familia y tienes distintas responsabilidades que regularmente afectan el tiempo que puedes dedicarle a una fumada, se vuelve una buena ocasión disfrutarlos, y así puedo tener un par de experiencias al día. Los Rothschild ciertamente hacen que valga la pena este corto rato, o al menos el Nightwatch en esta vitola y aunque en su vitola Corona (que se llama Orpheus) me sigue gustando más, una hora de fumada en este Rambo fue algo que disfruté mucho y no sentí que me quedé con las ganas de fumar algo más largo.
Ficha Técnica: Fabricante: Tabacos Valle de Jalapa Marca: Aganorsa Leaf Modelo: Guardian of the Farm Nightwatch Dimensiones: 4½ x 48 Tamaño: Rambo (Rothschild) Origen: Nicaragua Capa: Nicaragua (Corojo maduro Jalapa) Capote: Nicaragua (Corojo Jalapa) Tripa: Nicaragua (Jalapa, Estelí) Precio: $8,50 Puntuación: 88
Fundada en 1995, la marca Bahia alcanzó gran renombre durante el boom del tabaco en la década de 1990, siendo reconocida como pionera en el mercado de tabacos de alta gama. Creada por Tony Borhani y con blends a cargo de Don Douglas Pueringer, la marca se dio a conocer inicialmente por producir cigarros de alta calidad en pequeñas cantidades en la fábrica Tabacalera Tambor S.A. en Costa Rica.
Su producción fue mudada a Nicaragua en 2001, más o menos cuando comenzaron a perder participación en el mercado y pasaron a ser una marca exclusiva de Cigars International. Hoy en día son una marca de cigarros de bajo costo que solamente se vende en una página y con gran competencia en esa categoría.
Maduro (Corona Gigante, 7 x 54) – 78 puntos – 2026
Bahia es un cigarro al que ni siquiera había considerado hacerle reseña. Me llegó hace unos dos o tres años en un pack y por alguna razón que desconozco, asumí que era un cigarro saborizado. Así que lo dejé en el fondo del humidor, envuelto en una bolsita Ziploc y no le hice caso alguno. Pero hace unos meses estaba escarbando el humidor y me encontré con el cigarro y después de investigar un poco y confirmar que no es saborizado, decidí probarlo. En realidad se trata de una línea low cost de productos hechos en Nicaragua y su fundador se llama Tony Borhani y este Maduro está ‘limitado’ a 300 mil unidades anuales. Lleva una capa Broadleaf americana sobre capote Habano nicaragüense y tripas de Nicaragua. Es un cigarro disponible en tres vitolas y este 7 x 54 es sin duda la más grande.
En verdad el Bahia no se ve especialmente como un cigarro barato, así que no sé por qué asumí eso. A lo largo del calibre se nota como un cigarro bien construido, incluso siendo su hoja un Broadleaf, se notan varias venas y en la capa tiene aromas de tierra y cacao en polvo, mientras que en el pie se sienten madera y cuero. Lo pico y la calada en frío me da aromas de tierra húmeda y pimienta.
El Bahia Maduro comienza casi tímido, con sabores sutiles a madera y un toque de pimienta, y a lo largo del tercio aparecen también sabores de tierra y en el retrogusto hay matices suaves de café y un poquito de pimienta. La quemada no es exactamente problemática, pero la ceniza decide caerse en momentos distintos a los normales, así que a lo largo de este tercio la dejé caer una vez y se cayó sola dos veces más. La fortaleza es baja-media con una intensidad en el mismo rango.
En el segundo tercio los sabores son los mismos, con la excepción que el de café también se siente en el paladar, pero mientras que la pimienta se siente ligeramente más intensa pero no tanto más fuerte. La fortaleza y la intensidad posiblemente aumentan un toque hasta situarse en media, pero eso solo sucede durante unos 10-15 minutos cuando supero el punto medio del cigarro y luego vuelven ambas a media-baja. Nuevamente el anillo de combustión es decente, pero la ceniza es algo impredecible.
Para el último tercio los sabores son más o menos los mismos del primero, posiblemente con la aparición de madera, que la había sentido en frío pero nunca durante la fumada hasta este tercio. En realidad no hay mayores diferencias más allá, con una quemada que no da problemas, pero que produce ceniza que termina siendo problemática. La fortaleza y la intensidad siguen en baja-media y así, el Bahia Maduro marca una hora y 55 minutos, que es cuando finalmente lo dejo a un lado.
El Bahia es el perfecto cigarro playero, con un precio que rara vez supera los $7 por unidad, una quemada que es relativamente buena en el sentido que no se apaga, aunque la ceniza vuele por todos lados y una fortaleza para mantenerte interesado y distraído durante el rato que dura. No es un cigarro para esperar matices y fortaleza, sino más bien para acompañar una conversa, tomarse algo y básicamente pasarlo bien, sin hacerle mucho caso.
El Old Parr es una versión de este whisky diseñada para climas cálidos y para ser consumido en coctelería o simplemente con abundante hielo. Según Diageo es un producto altamente versátil, que incluso puede ser lo que se conoce como un sipper, o algo para beber a sorbos. Desde el primer momento que lo vi pensé que de verdad no quería probarlo. Pero aquí estamos.
El Old Parr Tropical es una edición limitada, dirigida principalmente a América Central y Venezuela, como único representante de Suramérica (de momento) en su lanzamiento.
Se trata de lo que se conoce en Venezuela como un licor de ron, principalmente porque está embotellado por debajo del mínimo aprobado, que es 40%, alcanzando 30% de concentración alcohólica. Creo que hay un máximo de aditivos que puede tener el whisky en las leyes venezolanas y estoy seguro que este los supera, en endulzantes pero también en saborizantes.
Según sus publicaciones en redes sociales, los saborizantes principales de este licor son de mandarina y yuzu, que es un cítrico de origen japonés, ideal para mezclar con ginger ale, soda o jugo de naranja.
En nariz es muy obviamente aromatizado y me recuerda a algún aromatizante tipo Glade de frutas cítricas, que sí, podría ser mandarina, pero no es solo eso. Hay aromas cítricos adicionales y caramelo. No mucho más, incluso con unos 15 minutos en copa.
En boca es bastante dulce, exageradamente cítrico, como cuando comes un chicle de naranja, con notas sumamente dulces que requieren de la dilución del hielo y la soda para sentirse mucho más pasables. El retrogusto es de mandarina, sin duda.
Pero incluso diluido y con hielo, se siente sumamente fake sin guardar relación con el whisky, o al menos no con un whisky de calidad.
No sé cómo será en el resto del mundo o en Centroamérica, pero en Venezuela el Old Parr es un whisky de categoría. También es un whisky muy bueno, que incluso en catas a ciegas sale muy bien puntuado por sus notas intensas de madera y poco ahumado, que a su público no le gusta especialmente.
Pero en su versión Tropical, simplemente no se siente como un Old Parr. El problema principal que veo aquí es que me parece un error tomar una marca que la gente relaciona con categoría y ponerle un producto tan básico como un licor de whisky, ultra saborizado, endulzado y que simplemente no es del target.
Esto es algo que ha sido una tendencia de Diageo a nivel mundial, de querer ‘abaratar’ el target (aunque no los productos) y haciendo eso lanzó varias líneas de coctelería para Johnnie Walker y trató de desmitificar y suavizar mucho la categoría del single malt. Ambas opciones me parecen erróneas, pues el whisky, principalmente en Latinoamérica, es visto como un producto de clase y no como un producto para tomar en cócteles, aunque haya gente que lo hace.
Pero más allá de lo que yo piense como error o acierto en el mercado y la categoría, creo que lo más grave es que el Old Parr 12 cuesta alrededor de $34 y el Old Parr Silver unos $23, ambos embotellados al 40% y ambos son whisky. El Tropical cuesta $30 y es licor de whisky. Es decir, cuesta $4 por debajo del Old Parr 12.
Y ultimadamente, el Old Parr Tropical se siente como un Dragon (que tiene la misma graduación alcohólica) a precio de Old Parr. Podrían haber hecho el mismo producto y llamarlo cualquier otra cosa que no fuera Old Parr… No sé, Walker’s Punch, Tangerine Dream o algo así y quizá tendría más sentido. Pero con el nombre Old Parr uno espera calidad Old Parr.
Hot Cake es lo que la marca llama un follow-up a su línea de Pan Caliente, aunque quizá mi concepto de follow-up es distinto al suyo, porque tengo entendido que ambas líneas siguen existiendo pero Hot Cake es como un nivel por encima de Pan Caliente. Curiosamente, ambas líneas llevan nombres de algo que se vende muy rápido en la jerga de cada idioma. Esta línea fue lanzada en 2020 y en 2023 lanzó una variación de la misma que reseñé aquí, llamada Golden Line. Pero el original no lo había probado antes. El Hot Cake viene cubierto por una capa San Andrés mexicana sobre capote y tripas nicaragüenses y en esta ocasión lo estoy probando en una vitola llamada Laguito #4, con medidas de 4½ x 52.
La capa tiene venas bastante visibles, un cierto brillo y moteado variado por todo lo largo, incluso si es más pequeño en largo que un Robusto y viene siendo más como un Rothschild. Los aromas de la capa incluyen tierra húmeda, chocolate y paja, mientras que en el pie son de tierra, pimienta y canela. Lo pico con un punch y la calada en frío me da aromas de chocolate, pimienta suave y frutos secos.
Mi costumbre de los inicios picantes de HVC no se mantiene en este Hot Cake, con notas que son inicialmente achocolatadas, con sabores también de caramelo y canela. En el retrogusto hay una nota picante, sí, pero no es dominante y de incluso algo de pasas. El tiro no es el mejor, pero la relación de largo por ancho parece estar bien y el Hot Cake no se consume demasiado rápido. A lo largo de esta primera mitad van apareciendo sabores de frutos secos, principalmente garrapiñados, pero también como una cierta granola en el paladar, que van ganando intensidad mientras duran. La fortaleza y la intensidad se sitúan en media durante este primer segmento, con una quemada que no es perfecta pero tampoco da problemas.
En la segunda mitad aparece un sabor de madera que es algo insistente e intenso, pero no llega a superar el de chocolate, mientras que entre los secundarios los sabores de canela, caramelo y pasas siguen participando. La pimienta del retrogusto llega a superar a las pasas, pero a principios de esta mitad ese sabor de pasas también se siente en el paladar y llega, incluso a desaparecer del retrogusto, sustituido en mucha menor intensidad por el sabor de nueces. Luego de una hora, este Hot Cake llega a su fin, con una fortaleza media e intensidad similar, aunque con alguno que otro conato de querer aumentar.
Creo que he mencionado antes que la marca HVC me gusta bastante, y aunque el Pan Caliente no haya sido de mis preferidos, el Hot Cake es uno que fumaría más y más veces, incluso llegando a consumirlo de manera regular. No es un cigarro especialmente complejo, pero tiene una cantidad respetable de sabores y una relación de fortaleza e intensidad que lo mantiene constante y sabroso, y a un precio de $8 por unidad, constante es como precisamente podría caracterizarlo.