The Griffin’s

The Griffin’s son cigarros de por sí curiosos. Muchas personas y algunas marcas los consideran un Davidoff porque pertenecen a su marca y son una colaboración entre esa marca y Eladio Diaz, quien fuera en una época uno de los master blenders de la marca. Lo cierto es que la marca fue creada en 1984 por Bernard H. Grobet y llamada por un local que tenía Grobet en Suiza. La marca fue exportada a USA por primera vez en 1989 y fue adquirida por Davidoff en 2004. Esto lleva a algunos a considerarlo un Davidoff, pero entonces también tendrían que serlo marcas como Camacho y AVO, que pertenecen al mismo grupo. Lo cierto es que The Griffin’s es una marca del grupo, pero su precio por unidad es menor a $10, por lo que difícilmente califica como un Davidoff.

Son fabricados en el mismo lugar que Davidoff en República Dominicana y para ser muy honesto, se ven espectaculares gracias a su capa Connecticut ecuatoriana que es lisa y brillante y es colocada sobre una capa Sumatra mexicana y tripa dominicana. Los aromas de esta capa Connecticut son de grama, paja y madera de lápiz, como cuando usas un sacapuntas. En el pie se aprecian notas similares a las de la capa, pero principalmente grama y paja, mientras que la calada en frío promete muy poco, pues tiene una predominancia de paja y nada más. En frío el The Griffin’s pareciera ser un cigarro seco con notas que justifican el hecho que nunca lo haya comprado antes. Pero está hecho para encenderlo y es así donde lo voy a poder apreciar mejor.

Encendido me recuerda mucho a los Davidoff de anilla blanca que he probado: suave, sutil y con pocos sabores, pero con una quemada extraordinaria. Los sabores son de crema y paja, con una nota ligeramente amarga y un retrogusto con notas de banana y nueces. A lo largo del primer tercio el The Griffin’s comienza a desprender también notas cremosas como de helado de mantecado con nueces, que me recuerda al sundae que pides en McDonald’s, pero sin el jarabe de chocolate. La intensidad es baja y la fortaleza también, pero apenas estamos en el primer tercio.

En su segundo tercio el The Griffin’s mantiene una tendencia de sabores muy similares al tercio anterior, con sabores a banana y nueces, con un retrogusto de helado de mantecado y una fortaleza baja con intensidad suave. Hay humo abundante en cada calada y eso no deja de ser positivo para una fumada que se ve muy bien. Tiene notas muy, muy sutiles de pimienta y es gracias a esa sutileza que puedo probar el retrogusto constantemente y reconocer sabores más suaves como una cierta nota vegetal. Pero siendo tan suave, la verdad es que es una experiencia agradable.

No hay mayores cambios en el último tercio, salvo que se siente más caliente y el humo un toque más amargo, pero sigue siendo principalmente una fumada con sabores a banana y nueces con algo de crema en el retrogusto, pero como ninguno de los sabores ha sido intenso y la fortaleza de la fumada es muy baja, en realidad no se ha sentido como una experiencia tan memorable. Eso es algo normal para alguien que fuma regularmente y quizá The Griffin’s no sea un cigarro para ese target. Me toma una hora y 15 minutos fumarlo hasta el final, cuando ya no daba más ni iba a darlo.

El que diga que este cigarro es un Davidoff solamente porque es hecho en la misma fábrica es alguien que está tratando de venderlo y justificarlo como un cigarro caro, pero ni su precio ni su fumada son merecedoras de mucho dinero. The Griffin’s es un cigarro agradable, sencillo y muy suave, que puede ser disfrutado por quien fuma muy poco y está buscando algo que no le aturda para su única fumada semanal (o mensual) o el día que quieras fumar algo suave y sin mucho que ofrecer. En lo personal, son muy pocas las ocasiones que quisiera fumar un cigarro así, pues en ese caso simplemente no fumo. Pero para tener en el humidor y ofrecerle a los amigos que quieren fumar algo con buena calidad y construcción, quizá ese sería el mejor público. Tenerlo en el humidor es buena idea pero no es un cigarro que quisiera fumarme con regularidad.

Ron: Punta Cana XOX 50 Aniversario

Con algo de miedo, aprehensión y curiosidad me dispuse a servirme un nuevo (para mí) producto dominicano de Oliver & Oliver. Digo aprehensión porque prácticamente todos los productos de esta destilería se venden como el mejor, el más añejado, el más premium y el de la solera más selecta.

Ciertamente, creo que todos sus productos destacan que son de solera y este es uno de ellos. Igualmente, casi todo lo que he encontrado sobre él en internet dice que este, definitivamente, es el mejor de Oliver & Oliver. Comenzamos con su nombre que menciona XOX, y aunque XO sabemos que significa eXtra Old, la otra X no menciona qué significa y su página web no ayuda mucho. Tampoco menciona de qué celebra 50 años, pero sí coloca que son 50 años desde 1963 hasta 2013.

Su página web simplemente reconoce su existencia, pero no hay información de lo que contiene la botella. Lo que he podido encontrar es que es un blend de rones «jóvenes y antiguos» que luego son combinados con una reserva madre de 25 años. El blend final dice que es de 25 a 30 años y es añejado de 3 a 6 meses en barricas de roble blanco americano, exoporto.

Ya cuando has probado distintos rones de distintos orígenes, comienzas a temer y rechazar lo que diga solera en su botella. Más aún, detesto las declaraciones de edad en un ron de solera. La producción de este ron está limitada a 3000 botellas anuales, lo cual devela un poco su precio que supera los $50. Es embotellado a 40% de alcohol.

En nariz los aromas son típicamente dominicanos, destacando vainilla y caramelo, pero también hay una ligera nota floral, madera y canela. No lo llamaría especialmente complejo, pero tiene una propiedad que me atrae y es esa sensación floral y perfumada que le da un toque distinto a lo que siento que puede ser un ron muy típico.

En boca destaca su franqueza y los sabores son muy parecidos a lo que se aprecia por la nariz, con notas de vainilla, caramelo, madera, floral, pero también hay propiedades adicionales como tabaco, cambur verde, toffee, nuez moscada y cuero. Nuevamente, es esa nota floral la que me llama la atención porque en cada paso por boca se sienten nuevas notas y, aunque es un ron endulzado sin lugar a dudas, ese dulce no es prevalente y permite apreciar esos matices que me gustan. En retrogusto tiene toques de madera y pimienta, pero como la permanencia no es muy larga, no se aprecian tanto.

Estaba listo para que el Punta Cana XOX no me gustara y con el tiempo he venido a apreciar algunos rones dominicanos pero también he aprendido a sospechar mucho de ellos y de lo que se atreven a poner en sus etiquetas. El Punta Cana XOX no defrauda, pero tampoco sorprende. Mejor dicho, con todo lo que promete, uno pensaría que esta vez sí es el mejor, como promete. Pero el aprendizaje y la experiencia me han llevado a estar listo a decepcionarme bastante y no sucede con este ron. Es un ron agradable y por $30 puede ser un ron muy bueno, pero ciertamente por $50 y «hasta 30 años» de añejamiento, debería dar mucho más.

Ficha Técnica:
Fabricante: Oliver & Oliver
Nombre del Ron: XOX 50 Aniversario
Marca: Punta Cana
Origen: República Dominicana
Materia prima: Melaza
Edad: 25 a 30 años
Precio: $50
Densidad alcohólica: 40%
Puntuación: 82

AVO – Heritage

Una de mis primeras experiencias con lanceros fue en el año 2016 con un AVO Heritage, en ese momento recuerdo que no sabía exactamente qué pensar del cigarro y estaba seguro que sería una experiencia sutil y casi olvidable. La realidad es que no fue sutil, porque era un lancero. Pero sí fue olvidable, al punto que hace unos meses, mientras hacía curaduría de los productos que iba a recomendar para el pack de Rumbullion Club, decidí incluir el AVO Heritage porque no lo había probado antes. Cuál sería mi sorpresa que cuando busqué en Google información del cigarro, uno de los primeros resultados que apareció fue mi propia reseña. Con una puntuación previa de 69 en un lancero, en realidad no tengo demasiadas expectativas con este robusto.

El AVO Heritage fue creado en 2010 como una colaboración entre AVO Uvezian y Hendrik Kelner, quien era master blender de Davidoff en ese momento. Cuando la marca cambió de anillas en 2015, el Heritage fue uno de los primeros en hacerlo. Lo que he leído sobre la marca es que hasta el momento del lanzamiento de este cigarro, lo que AVO ofrecía eran cigarros bastante suaves. No es mi experiencia, pues estoy más familiarizado con el Syncro Nicaragua, que no considero suave y me gusta mucho, y precisamente sí coloqué en el pack de Rumbullion una vez. Este cigarro tiene una capa Sun Grown ecuatoriana, que no dice mucho porque no la identifican como nada más allá que crece al sol, mientras que tripa y capote son dominicanos y es en RD donde es hecho. Esta capa Sun Grown se ve de distintos colores, con varias imperfecciones y durante un momento pensé que se trataba de una variedad de Broadleaf, aunque sus aromas no son abundantes y se aprecian caramelo, madera y pimienta, mientras que la tripa incluye solamente madera húmeda. En la calada en frío hay aromas a chocolate y canela.

El Heritage comienza dulce y meloso, pero a un punto que no llega a ser agradable y es porque se siente más meloso que dulce, como si estuviera mojado. El cigarro está bien encendido y el anillo de combustión tiende a ser recto, pero sus sabores son simplemente carentes de una complejidad por esa nota melosa. Al cabo de algunas caladas y más o menos para el momento que hice la foto, el anillo de combustión comienza a desviarse, sobre todo porque hay secciones que no se quieren quemar, al parecer. Un par de retoques lo resuelven, pero se vuelve una tendencia en toda la fumada. Los sabores más definidos son de melaza, regaliz y madera quemada, con un retrogusto de melaza y azúcar morena. La intensidad es media-baja con una fortaleza media.

Los aromas de chocolate que sentí en frío se hacen presentes en el paladar durante el segundo tercio, acompañados por nueces y dos especias, una antes el ecuador que es nuez moscada y otra después de la mitad, que es canela, aunque también hay presencia de la madera, melaza y regaliz. Pero aunque suena complejo y diferente y variado, han sido temas de encendido y de dificultad de mantener ese encendido lo que ha caracterizado la mayor parte de la experiencia. Realmente es un tema de tiro y de distribución de humo o algo en ese estilo, pues el cigarro no se apaga ni su llama se reduce, solo que a veces se siente como si no tuviera combustión. Por ello, la intensidad se reduce y la fortaleza se mantiene en media.

En el último tercio los sabores son más consistentes con tierra mojada; no húmeda, sino mojada, casi como un barrial. Hay otros sabores «húmedos» también, como melaza, madera mojada, chocolate y canela, pero ninguno de los sabores lleva una delantera clara, pues la intensidad de los sabores sigue siendo mínima y con los problemas de combustión que ha tenido, no es para menos. El anillo de combustión es igualmente problemático y la verdad es que desde la mitad del cigarro la experiencia no ha sido muy positiva. Es una lástima porque los sabores son agradables y la experiencia podría ser interesante apenas con un mejor tiro. Luego de una hora y 35 minutos, desisto y cuando amenaza con apagarse, dejo que lo haga.

Me impresiona que muchas páginas califiquen al AVO Heritage como un cigarro de alta intensidad de sabores y bien podría pensar que fue este cigarro el que no estaba del todo bueno, pero originalmente compré un 5-pack, precisamente para hacer la curaduría del pack de Rumbullion Club y de esos me he fumado dos y ambos han tenido los mismos problemas de tiro. Mi socio se fumó uno y me dio esas mismas impresiones: podrá ser un cigarro mejor si no tuviera problemas de tiro. Nuestros humidores rara vez superan 68% de humedad relativa y en mi casa hace algo más de calor que en la suya, y aquí nunca pasa de 28° y la temperatura habitual es de 24°. Adicionalmente, ninguno de mis otros cigarros parece tener estos problemas. Lo que rescato es que la marca AVO suele gustarme, pero en retrospectiva han sido solo los AVO Syncro, pues el Fogata no me encantó. Pero así es el trabajo cuando hacer curaduría de tabacos y eso lo acepto con mucho gusto.

Stallone – Palomino Connecticut

Uno de los beneficios de tener un amigo en la industria no es que te dé descuentos, porque no los dan. Tampoco es que te envíen «obsequios» porque tampoco es algo que abunde, pero sí es que te avisan cuando hay nueva mercancía y aunque eso se le avisa a todos los distribuidores, pues el hecho de no ser distribuidor y recibir la noticia es alentador. Pero también sucede que Tony Barrios no es una persona conocida por hacer cigarros suaves y dado que los de capa Connecticut tienden a serlo y que Tony se propuso hacer una atractiva propuesta para ellos, el Palomino es uno de esos Connecticut con fortaleza e intensidad, como me gustan. Luego que pasaran unos 6 meses agotados en Venezuela, me dio mucho gusto cuando Tony me avisó que finalmente habían y me hice con una caja inmediatamente. Dado que la última reseña que tengo de este cigarro en el blog es de 2020 y en esa ocasión no me convenció del todo, quise aprovechar que es una nueva vitola para reseñarlo de nuevo.

El Palomino Connecticut es de vitola robusto, con formato 5×50 y viene en cajas de 24 unidades. La caja la compartí con un amigo, pues en ese momento no tenía tal espacio en el humidor y la verdad es que me deben quedar unos 4. La capa Connecticut es americana y de un color amarillo casi dorado, muy distintiva y lisa. Los aromas en esta capa no son muy impresionantes, incluyendo notas intensas de paja y poco más, mientras que los del pie incluyen paja y madera de cedro. Finalmente lo pico con la doble hojilla y la calada en frío presenta notas ligeramente picantes y de madera de cedro nuevamente, con un tiro al menos en frío, bastante fluido y agradable.

El Palomino Connecticut enciende rápidamente, aunque me toma algunos intentos hacerlo de manera uniforme, sobre todo porque mi esposa me regaló un encendedor en Navidad y no estoy del todo acostumbrado a su uso y concentración. Pero el cigarro comienza con notas picantes que no abruman pero son ciertamente notables en casi que primer plano, pero le acompañan notas de roble y cedro, canela, almendras y una sensación increíblemente cremosa y el humo es abundante en cada calada. Sin embargo, esto no se traduce en una quemada rápida y me toma casi media hora llegar al segundo tercio. A lo largo de esta sección la madera se caramelizó un poco y apareció una nota ligeramente dulce en el cigarro que colaboró con esa sensación cremosa para hacer el cigarro aún más sabroso. La intensidad es media-alta con una fortaleza media-baja, por lo que cada calada está cundida en sabores sin abrumar.

En el segundo tercio la sensación picante se define como de pimienta negra, de esa que no te hace estornudar sino que se siente más en la boca que en la nariz. También hay notas de tierra seca y una sensación más tostada en el sabor de madera. El cigarro también ha disminuido esa sensación dulce, que no desaparece sino que simplemente es más suave, sin duda equilibrada por la mayor intensidad de la nota de pimienta. El tiro sigue siendo perfecto y el anillo de combustión bastante recto, además que la ceniza tiende a mantenerse bastante sobre el cigarro y solamente se cae cuando led doy con el dedo, pues ya no soy gran fanático de las largas cenizas. La intensidad se mantiene en media-alta, mientras que la fortaleza ya se coloca en media.

En el último tercio del Palomino Connecticut, la sensación de tierra seca es un poco más prominente y con ella la sensación seca también. Por ello, el cigarro parece haber perdido algo de esa sensación cremosa, pero no desaparece por completo. Como la ceniza se mantiene bien colocada sobre el cigarro y el humo es abundante, trato de espaciar más las caladas y esto rápidamente resuelve el tema de la sensación seca y vuelve a ser cremoso, aunque no a niveles del segundo tercio. Los sabores no varían mucho, manteniendo los de madera como principales, pero con cantidades muy decentes de crema, caramelo, almendras y canela, y su sensación picante tanto en paladar como en retrogusto. Para mi sorpresa, el Palomino Connecticut dura una hora y 25 minutos. Bueno, fue sorpresa la primera vez, pero después de aproximadamente 8 cigarros, lo que me sorprende es la consistencia.

En verdad no creo que hubiese comprado este cigarro si contaba mi última experiencia. Cuando conseguí ese sampler original de Stallone, todos los cigarros me gustaron pero ninguno me encantó. Pero desde entonces, he probado otros, incluyendo el Pony y el Clydesdale, pero también nuevas ediciones y distintas vitolas de los cigarros existentes como el Alazan Corojo y el Negro Maduro (en el pack de Rumbullion Club), y en realidad todos me han gustado. Dado que en los últimos años he desarrollado un mayor gusto por los cigarros de capa Connecticut y que conozco el estilo de Tony Barrios, y que sabía que el Palomino había estado fuera de stock durante un tiempo, no quise perder la oportunidad. Dado que los Connecticut con fortaleza son los que más me gustan, la puntuación final no debería ser una sorpresa.

Cachaça: Maison Leblon Reserva Especial

Probando distintas opciones y distintos tipos de destilado de caña, hace poco me topé con esta edición especial de cachaça Leblon. Digo especial porque la cachaça o cachaza añejada no es algo común. Recuerdo hace unos años cuando hice el diplomado de ron, que en una cata solo por fastidiar nos pusieron una que también era añejada y mi primera impresión fue que no era ron, aunque sí era un destilado de caña. Eso es exactamente lo que es la cachaça.

Realmente el producto más consumido y famoso de Leblon es la cachaça blanca, destilada en alambique. Para hacer esta, toman el mismo líquido pero lo dejan reposar durante dos años en barricas de roble limusín francés. Al igual que casi toda la cachaça producida por Brasil, este producto es principalmente de consumo interno, pero desde hace unos 8 años una pequeña parte es exportada. Curiosamente, la botella identifica al producto como cachaça y debajo pone que es ron brasileño. La botella es de apenas 375ml y está embotellada a 40% de alcohol.

Técnicamente es ron, pues es un destilado de caña y es añejado en barricas de roble blanco. La diferencia principal de la cachaça es su lugar de origen y que el añejado, cuando se realiza, es en barricas de maderas autóctonas. Hay quienes dicen que lo más parecido a a cachaça es el ron agrícola, porque es de jugo de caña y también es técnicamente cierto, pero nuevamente sucede este tema con el origen que hace que sea cachaça. No obstante, en Brasil también se hacen rones y no hay la confusión con su nombre, sobre todo porque suelen ser de melaza.

Pero esta cachaça ciertamente se siente como ron y eso es correcto. Tiene aromas profundos a madera, goma quemada, vainilla e incluso notas más sutiles de miel. Se siente muy volátil, como esperaba que lo fuera pero también herbáceo.

En boca es principalmente herbáceo, vegetal y muy picante, pero más esa sensación en boca como cuando comes rúgula. Tiene una nota de tierra mojada y algo con matices de caucho quemado, caramelo y pino. En el retrogusto esa nota ahumada y combustible llega a ser algo desagradable, pero muy propia de su fermentación y destilación.

Esta cachaça Maison Leblon Reserva Especial ciertamente es especial, pero con un enfoque de aprendizaje y estudio, aunque quizá no tanto como algo que tomar. No deja de ser sabrosa y atractiva, pero por su precio me iría fácilmente por un ron que me dejaría con menos preguntas. Pero en un momento de necesidad o de curiosidad, esta es una cachaça que ciertamente tomaría.

Ficha Técnica:
Fabricante: Maison Leblon
Nombre del Ron (cachaça): Reserva Especial
Marca: Leblon
Origen: Brasil
Materia prima: Jugo de caña
Edad: 2 años
Precio: $20
Densidad alcohólica: 40%
Puntuación: 84

Toraño – Noventa

Unos meses atrás descubrí un interesante sampler de Carlos Toraño, aunque la marca ahora se llame solamente Toraño. En ese sampler venían varios cigarros que no había probado de la marca, pero mi sorpresa ha sido grande cuando me he dado cuenta que no los había probado por tonterías, pues la mayoría tienen muchos años en el mercado. Precisamente, este Noventa fue creado para conmemorar los 90 años de la marca en la industria, desde 1916 hasta 2006 y fue en ese año que lanzaron el cigarro. La familia comenzó operaciones en una finca llamada La Esperanza, ubicada en Cuba. El Noventa está disponible en tres vitolas, una llamada Santiago que es el robusto 5 x 50 que me dispongo a fumar, una llamada La Esperanza y otra Latin. El cigarro es un puro nicaragüense con capa y capote Habano, sobre tripa de cuatro regiones: Jalapa, Pueblo Nuevo, Condega y Estelí.

La capa es ligeramente rojiza, pero con tonos que van hacia el amarillo también, pero no se siente especialmente celebratorio sino que más bien parece un cigarro más del portafolio. No sé si esto se deba a que han pasado 17 años desde su lanzamiento y no han actualizado la anilla o que simplemente es un cigarro más. No obstante, se ve y se siente bien construido, con aromas a bosta y cereales en la capa, y una calada en frío con notas dulces y ligeramente tostadas. Viendo mi lista de cigarros por fumar en los próximos meses, me doy cuenta que este es el último Toraño que tengo en la lista, así que esperemos que la marca quede bien parada.

Aunque estoy seguro que el cigarro que estoy fumando no fue fabricado en 2006, fumada sí se siente efectivamente como la de un cigarro que tiene varios años de guarda y no lo digo en el sentido más positivo. Tiene unas notas agradables de madera tostada, tierra, dulce y pimienta y estas notas se mantienen durante casi todo el tercio, pero hay algunas notas amargas, particularmente en el final del sabor y una nota ligeramente ácida en el retrogusto que es consistente con un cigarro que simplemente ha estado sentado en un almacén durante años o que alguien guardó en una bolsa Ziploc correctamente durante más o menos ese tiempo, pero no en un humidor. La intensidad del cigarro es media-baja y la fortaleza es baja, por lo que sin saber cuál es su capa (la investigué al momento de hacer la reseña) hubiese pensado que es un Connecticut y al mismo tiempo me sorprendería tener tantos Connecticut seguidos en mis reseñas.

Pero, aunque el Toraño Noventa se siente como un cigarro que tiene tiempo estacionado en algún lugar, sí puedo decir que ese estancamiento fue correcto en términos de guarda, pues el cigarro no está especialmente seco, al menos no en consistencia. Sí se siente seco en sabores y en intensidad, pero me toma 45 minutos llegar a la mitad del cigarro y eso está bien. En el segundo tercio los sabores son más consistentes con una capa Habano, destacando notas de nueces tostadas que suele ser un sabor muy característico y con una nota más picante en el retrogusto, pero sigue siendo un sabor seco en general. Todavía hay notas de tierra y de madera, pero es el de nueces el que lleva la delantera, pero no por mucho y eso sucede porque la intensidad sigue siendo media-baja y la fortaleza igualmente baja. Pero mantiene una buena ceniza, tiene un tiro muy decente y aunque el anillo de combustión no es recto, no me ha dado problemas.

En el último tercio la quemada se ve fenomenal y el cigarro realmente va quemando muy bien y aguanta su ceniza perfectamente. Los sabores han cambiado un poco y no para mejor, destacando aún más esa nota quemada y seca que no me ha terminado de agradar en ningún momento pero tampoco me impresiona para un cigarro que aparentemente no lo ha pasado muy activo en el terreno del añejado, sino más bien siendo recuperado por el tiempo que pasó en mi humidor. Sin embargo, no puedo decir que fue una fumada mala, pero al cabo de una hora y 20 minutos, agradezco que haya finalizado la fumada, pues esta tendencia solo iba a ir a peor. Pero afortunadamente la intensidad y fortaleza en esta última sección ya estaba en baja.

El Noventa de Toraño lleva consigo una fumada decente, que tiene un primer tercio «tímido» y un segundo tercio más agradable, pero que en el último se convierte en todo lo que no querías, o al menos lo que yo no quería. Buscaba un cigarro que, en el peor de los casos, retuviera los mismos sabores que en su segundo tercio, quizá con menor intensidad, pero siempre que no lo fumes hasta el final, podrá ser una fumada agradable. No obstante, los cigarros están hechos para ser fumados completos y el último tercio realmente le restó puntos a esta experiencia. Pero para una fumada sencilla, sin muchas pretensiones y una que no consideres que celebra un aniversario, es algo decente. Lo podría volver a fumar, pero no lo volvería a comprar.

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