Marcas de Cuba vs. Marcas de USA

Hace poco me pidieron que diera una clase de tabaco centroamericano en la Academia de Sommeliers, puesto que si bien la academia tiene una materia sobre habanos, no imparten mucho conocimiento sobre otras procedencias de tabaco y, gracias a otro amigo que se los comentó, me pidieron si podía dar esa clase.

A decir verdad me llena de emoción hacerlo, pues aunque tengo experiencia hablando en público, es la primera vez que alguien me reconoce este tema lo suficiente como para dar una clase, así que acepté con muchísima expectativa.

Pasa mucho que uno cree que sabe de un tema hasta que te piden explicarlo y tal fue el caso con varios de los temas que voy a exponer, siendo este en particular el de las marcas cubanas vs. las marcas latinoamericanas, pues si bien una es sin duda la original, hay muchas opiniones sobre si la ‘otra’ es una copia o no. Armando la presentación descubrí que puedo dejarlo muy a la opinión de cada quien, pero también aprovecho para dirigirlos a este blog, donde entro en detalle sobre la respuesta.

El hecho es que parte del aprendizaje de los novatos en el mundo del tabaco es el hecho de acordarse cuales marcas son cubanas y cuales no, pero cuando ven esas marcas vendidas en Estados Unidos, siempre caen en la misma duda, porque en realidad son cigarros y marcas distintas, aunque algunas tienen orígenes parecidos.

Por casi todos los habanos de marca Montecristo hay un cigarro Montecristo fabricado en República Dominicana. Es una especie de homónimo, al igual que ocurre con los Partagás y muchísimas (por no decir todas) marcas cubanas. Mientras que en Cuba estas marcas son torcidas únicamente con tabaco cubano, las de otros países incluyen tabaco desde Indonesia hasta Nicaragua. Aunque las marcas cubanas existen en todo el mundo, excepto Estados Unidos, las marcas homónimas existen en todo el mundo menos en Cuba. Estas marcas paralelas existen por el embargo de comercio establecido en 1962 que prohibió la venta de productos cubanos en Estados Unidos y, principalmente, porque los dueños de las marcas que fueron expropiadas por la revolución cubana sintieron que tenían derecho a continuar con sus marcas fuera de Cuba.

Cuando Fidel Castro nacionalizó la industria del tabaco en 1961, los dueños de cada marca se vieron obligados a huir de la isla y comenzar de nuevo en otro país. Una década después, una decisión legal sin precedentes le otorgó a los dueños de las marcas el derecho de vender versiones no cubanas de sus productos en Estados Unidos. Solo existían dos condiciones: la primera, que los cigarros no podían utilizar tabaco cubano, por el embargo; la segunda, que las marcas paralelas solamente podían ser comercializadas en Estados Unidos.

La mayoría de las marcas americanas hoy en día están en manos de conglomerados gigantes, quienes fueron adquiridos a través de negociaciones, compras y fusiones, que hacen que la historia de las marcas paralelas sea un estudio interesante de propiedad intelectual y su aplicación a países que están bajo un embargo comercial. Además que cada marca tiene su historia dentro y fuera de Cuba; aquí algunas:

Montecristo

Montecristo es uno de los nombres más reconocidos en tabaco, incluso para los no fumadores. La marca fue originalmente creada por Alonso Menendez, un español con conocimientos de tabaco que se hizo relativamente famoso en su momento cuando compró la fábrica cubana Particulares en los años ’30. En 1935 creó la marca Montecristo y un logo inconfundible de 6 espadas que forman un triángulo y una flor de lis en el centro (la cual sigue siendo parte de las anillas). Al año siguiente, Menendez de asoció con José Manuel “Pepe” García, y formaron Menendez, García y Cía. Las buenas ventas de la marca les permitieron adquirir la fábrica de H. Upmann y luego la marca. En solo 20 años, Montecristo ya era una marca de reconocimiento internacional.

MONTECRISTO

Luego de verse forzados a entregar su marca al régimen de Castro luego de la revolución, Menendez y García quisieron crear y vender versiones no cubanas del Montecristo. Comenzaron con una marca llamada Montecruz en las Islas Canarias, bajo una compañía llamada Compañía Insular Tabacalera, S.A. (CIT). El Montecruz no contenía tabaco cubano, pero se parecía mucho al Montecristo tanto en precio como en empaque. En cierta manera, Menendez y García se estaban imitando a sí mismos en todos los sentidos excepto en el nombre de la marca.

En marzo de 1972, Menendez luchó en las cortes de Estados Unidos por el derecho en ese país al nombre de Montecristo, contra los importadores de tabaco cubano al país norteamericano, y logró vencer. Esto significó que Menendez y García no solo tenían los derechos para vender tabaco Montecristo en Estados Unidos, sino que también marcó un precedente legal para los exiliados cubanos que tenían marcas confiscadas por el régimen de los Castro.

Ese mismo año, Consolidated Cigar Corp. decidió que también quería participar y adquirieron una mayoría de CIT. Para proteger mejor a las marcas, Consolidated y García crearon una empresa en las antillas holandesas llamada Cuban Cugar Brands N.V. En 1975 la marca fue cimentada pero harían falta todavía algunos años para que los Montecristo no cubanos llegaran a Estados Unidos, siendo primero fabricados en Islas Canarias y luego en República Dominicana.

Para 2000, una serie de fusiones lograron que Consolidated Cigar pasara a manos de Altadis U.S.A. Hoy en día, Altadis ha invertido bastante para promover a Montecristo como una de sus marcas estrella en Estados Unidos, donde existen al menos 12 productos distintos, algunas fabricadas en Nicaragua, pero la mayoría en República Dominicana.

H. Upmann

La creación y trayectoria de H. Upmann es similar a la de Montecristo, siendo que eventualmente fueron creados en la misma fábrica y parte de la misma empresa antes de la revolución.

H. Upmann fue fundada en 1844 por el banquero Hermann Upmann. Cuenta la leyenda que Upmann mandaba a fabricar los cigarros para clientes especiales, aunque luego se convirtió en su trabajo principal. A principios del siglo 20, los cigarros H. Upmann eran muy conocidos y deseados, con más de 200 tamaños distintos y ventas que superaban las 25 millones de unidades anuales. Estos números continuaron aumentando hasta 1922.

Aunque el resto del mundo estaba prosperando económicamente y consumiendo cigarros Upmann vorazmente, el banco de Upmann estaba quebrando en Cuba, en gran parte porque estaba involucrado con la red de inteligencia alemana durante la Primera Guerra Mundial. Tanto la marca como la fábrica terminaron en manos de una compañía inglesa llamada J. Frankau & Co. Ltd. antes que la marca fuera finalmente adquirida por Menendez, García y Cía.

Esto permitió que la marca reviviera y se volviera a establecer como una de las grandes marcas cubanas, al menos hasta que pasara a manos del gobierno cubano.

Luego de la nacionalización de la industria del Tabaco, Menendez y García pudieron registrar la marca H. Upmann junto con Montecristo, siguiendo la misma línea de propiedad y producción mencionada antes.

Romeo y Julieta

Fundad en Cuba en 1975 por Inocencio Alvarez y José “Manin” García, la marca Romeo y Julieta no llegaría mucho hasta que fuera adquirida por Rodríguez, Argüelles y Cía. Uno de los jefes de esta empresa, llamado José Rodríguez Fernández, y conocido como Don Pepin, promocionó agresivamente la marca internacionalmente. Para 1910, la fábrica producía más de 20 millones de cigarros al año, siendo la mayoría exportados a Estados Unidos e Inglaterra.

Don Pepin nunca llegó a ver la revolución de Castro o la nacionalización de sus marcas. Pero su hijo, en cambio, sí vivió la voracidad de la expropiación de Castro, siendo eliminada su propiedad y su compañía. Rodríguez huyó a Estados Unidis, donde conoció a Wally Frank, dueño de la distribuidora Hollco Rohr, Inc. Frank mantenía la distribución de Romeo y Julieta en Estados Unidos, fabricando algunos cigarros en Kingston, Nueva York, a máquina. Cada año Frank le pedía a Rodríguez que le vendiera la marca, pero como tantos exiliados cubanos, Rodríguez creía que la revolución cubana fracasaría pronto, así que nunca la vendió.

Cuando Rodríguez murió en 1976, Frank fue a España a visitar a su viuda y adquirió las 5 marcas que tenía: Romeo y Julieta, Saint Luis Rey, Juan Lopez, Gispert y Quintero. En 1978, Manuel “Manolo” Quesada comenzó a crear los primeros Romeo y Julieta no cubanos en su fábrica MATASA en República Dominicana. La liga era típica de la época, siendo una capa Camerún sobre tripa dominicana. Quesada produjo Romeo y Julieta en cantidades limitadas hasta que Hollco Rohr fue adquirida por el gigante Tabacalera S.A. en 1997. Dos años después, Tabacalera se fusionó con SEITA para crear al gigante Altadis. A partir de ahí, Romeo y Julieta pasó a ser fabricada en Tabacalera de Garcia, la gigantesca fábrica de Altadis en La Romana, República Dominicana.

Hoy en día existe en diversas variedades, fabricada tanto en Nicaragua como en República Dominicana y es la marca más vendida de Altadis.

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Hoyo de Monterrey

Hoyo de Monterrey recibe su nombre por un hoyo muy especial: el Hoyo de Monterrey es una zona de cultivo muy fértil adquirida por José Gener en 1860 y ubicada a la orilla de un río en la región cubana de Vuelta Abajo. Esta zona se inunda regularmente y las tierras quedan bañadas de arena y materia vegetal que nutre las tierras de una manera muy particular y, por tanto, producen un tabaco excepcional. En 1865, Gener registró la marca Hoyo de Monterrey y produjo cigarros que contienen tabaco cultivado en esa zona privilegiada.

Gener murió en 1900 y el negocio comenzó a ser manejado por su hij. En 1931 vendió las marcas Hoyo y La Escepcion a Fernández, Palicio y Cía., una sociedad entre Ramón Fernandez y Fernando Palicio, aunque no queda claro si compraron la finca o si simplemente tenían acceso al tabaco.

Luego de la Revolución, Palicio se mudó a Tampa, en el estado americano de Florida, donde le vendió la marca Hoyo y Punch a Daniel Blumenthal, presidente de la junta directiva de Villazon & Co. Para 1965 ya se producían cigarros con la marca Hoyo de Monterrey en Honduras en la fábrica de Villazon.

Hasta el punto que vendieron la marca no la habían querido vender porque cada día pensaban que Castro caía y volverían a Cuba pronto. Pero Palicio vendió sus marcas por casi $700.000 y los primeros lotes de Hoyos fabricados en Honduras fueron hechos con tabaco cubano. Villazon había comprado una gran cantidad de la hoja cubana antes del embargo y creó la liga de los Hoyo hasta los años 70, cuando acabó con ese inventario. Aunque no podía anunciar el origen de esas hojas, la calidad de los cigarros hablaba por sí sola y la marca creció inmediatamente.

En 1997 General Cigar Co. adquirió a Villazpn por $81,4 millones y, junto con ella, la marca Hoyo de Monterrey. Hoy la marca sigue siendo de General y existe en distintas variedades, todas fabricadas en Honduras.

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Partagas

Partagás fue una vez la joya de la corona del comerci de habanos, siendo quizá el cigarro más buscado de Cuba y quizá el más venerado. Partagás & Co. fue fundada en 1845 por Jaime Partagas, un español que era conocido como el “gran maestro de la manufactura del tabaco”.

Luego de 50 años de operación, la compañía había obtenido más medallas de más exposiciones mundiales que cualquier otra marca en sus momento. Lo que hacía a la empresa tan diferente era su propiedad sobre las tierras más preciadas de la región de Vuelta Abajo en Cuba. Partagás tenía más de 12.000 hectáreas de sembradíos y una cantidad prácticamente ilimitada de hojas anuales.

En 1860 Jaime Partagás fue asesinado en uno de sus campos de tabaco. Treinta y dos años después la familia vendió la fábrica al banquero José A. Bances, quien luego la vendió a Ramón CIfuentes y José Fernández de Cifuentes, Fernández y Cía.

El 15 de septiembre de 1960, el ejército cubano invadió la fábrica bajo las órdenes de Fidel Castro. No le permitieron a los dueños llevarse nada y la marca fue nacionalizada, junto con sus sembradíos. El gobierno cubano incluso le hizo una oferta a Cifuentes, pidiéndole que se quedara en Cuba y dirigiera todas las fábricas cubanas, a lo que se negó. Salió de Cuba con destino a Estados Unidos unos días después.

En vez de trabajar para Castro, Cifuentes comenzó a trabajar para Edgar Cullman, presidente de Culbro Corp., que en ese momento era la empresa dueña de General Cigar, Co. Durante 10 años Cullman le ofreció a Cifuentes comprarle la marca Partagás, pero Cifuentes mantenía viva la esperanza que pronto regresaría a su tierra a continuar su labor.

Una vez que Cifuentes aceptó la realidad, en 1975 hizo un trato con General y el primer Partagas no cubano vio la luz en 1977. El trato era que Cifuentes supervisaría la operación y ganaría royalties por el uso de la marca, pero eventualmente General compró su participación. Los cigarros fueron producidos primero en Jamaica bajo la supervisión de Cifuentes y luego en República Dominicana de la mano de Menendez. Juntos ayudaron a adecuar el mercado americano a un nuevo tipo de Partagas fabricado en República Dominicana con capa de Camerún y tripa dominicana. La única diferencia entre la marca cubana y la americana es que la cubana tiene (o tuvo) acento.

Hoy en día Partagas sigue siendo una marca importante de General y sigue manteniendo el estilo original de capa Camerún, aunque tiene otras variedades.

Punch

Es poco lo que se conoce de los orígenes de Punch, siendo fundada en 1840 por alguien de apellido Stockman y llamada por los muñecos de Punch y Judy. La propiedad cambió de dueños varias veces hasta que en 1884 fue adquirida por Manuel López Fernández, cuyo nombre apareció en las anillas durante un buen tiempo, incluso después de la Revolución. Luego de la caída del mercado en 1929, Punch fue adquirida por Fernández, Palicio y Cía, fabricantes del Hoyo de Monterrey y La Escepcion.

Con el tiempo la marca Punch tuvo una gran acogida en Inglaterra, especialmente por el apetito de ese país por los habanos y la apreciación cultural del muñeco de Punch. Víctima de lo inevitable, Palicio huyó a Estados Unidos luego de la nacionalización del tabaco en Cuba, a donde se fue con los derechos de la marca Punch. Con muy pocas ganas vendió la marca Punch (junto con Hoyo de Monterrey, como expliqué antes) a Villazon, quien registró la marca en 1965.

Al igual que Hoyo de Monterrey, los Punch se fabricaron brevemente en Tampa, Florida hasta que la producción fue mudada a Honduras. Los cigarros originalmente contenían tabaco cubano y hondureño, hasta que el inventario cubano desapareció. En 1997 General Cigar Co. adquirió Villazon junto con la marca Punch y hoy en día General continúa fabricando cigarros marca Punch en Honduras.

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La Gloria Cubana

Originalmente registrada en 1885, La Gloria Cubana fue marginalmente reconocida hasta 1905, cuando José F. Rocha y Cía. la adquirió. Rocha también tenía la marca Bolivar. En 1954, luego de la muerte de José Rocha, su familia vendió ambas marcas a la familia Cifuentes, de quien hablé antes.

La pequeña marca La Gloria Cubana siempre estuvo a la sombra de Partagas e incluso de Bolivar. Según Ernesto Perez-Carrillo, su padre compró los derechos de La Gloria Cubana cuando tenía la fábrica El Credito (que compró en 1948), aunque nunca produjo cigarros de la marca hasta que emigró a Estados Unidos.

En la década de 1960, el padre de Perez-Carrillo reinauguró la fábrica El Credito en Miami, Florida, donde produjo La Gloria Cubana en ediciones muy limitadas en 1974. No fue sino hasta los ’80 que comenzó a utilizar el diseño original de la anilla y gracias a la línea Wavell se hicieron relativamente famosos. Para lograr la demanda, Perez-Carrillo mudó la producción a República Dominicana en 1996 y la marca llamó la atención de General Cigar Co. quien la adquirió en 1999. Hoy en día son fabricados en la República Dominicana por General Cigars y tienen un público bastante fiel en Estados Unidos.

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Bolivar

Fundada por José Fernández Rocha a principios del siglo 20, los Bolivar eran producidos y vendidos bajo su compañía J.F. Rocha y Cía. Las empresas británicas distribuidoras de tabaco los vendían en Inglaterra y por ello el mercado europeo era su principal punto. Para 1920 Bolivar fue introducido en Estados Unidos gracias al distribuidor A.J. Billin & Co., aunque no se conoce mucho del destino de esta empresa.

Con la cara de Simón Bolívar en la caja, los Bolivar eran mucho menos identificados en la anilla, mostrando apenas un escudo. Aunque esto cambió luego de la muerte de Rocha, pues en 1954 su familia vendió la marca a Cifuentes y Cía., quienes ya tenían Partagas y luego Punch. En la fábrica de Partagas se produjeron Bolivar de intensidad alta y la anilla cambió a una versión de la actual cubana.

En los años que culminaron con la Revolución, los Bolivar eran muy buscados y disfrutador, pero cuando Ramon Cifuentes huyó a Estados Unidos, Cifuentes eventualmente le vendió la marca a General Cigar, quien registró Bolivar en 1983. A mediados de los años 90 General Cigar producía suficientes Bolivar para mantener la marca viva pero a finales de la década comenzó a fabricarlos en República Dominicana y luego una versión más intensa en Honduras.

Para 2005 General creó una nueva marca central de Bolivar con una intensidad fuerte. Pero a pesar del rico historial de la marca, Bolivar no se vendía bien en Estados Unidos y en 2015 General anunció que la convertiría en su subsidiaria Foundry Tobacco Co., con cigarros Bolivar religados, reempacados y revendidos. General sigue teniendo la marca.

Cohiba

No existe una marca más reconocida, controvertida o mistificada tanto como Cohiba. Creada en 1966 para Fidel Castro, Cohiba era parte de su colección privada, que le regalaba a diplomáticos y dignatarios que le caían bien. Los Cohiba solamente existían en una vitola, siendo un lancero.

Luego del misticismo del cigarro, Castro decidió compartir Cohiba con el resto del mundo y comenzaron a venderse en España en 1982, de donde pronto explotó el negocio y comenzaron a venderse en todo el mundo.

Aunque el Cohiba original era de apariencia áspera y marrón, pronto se convirtió en una de las anillas más reconocidas del mundo, con un mercadeo inconfundible y sus colores negro y amarillo bajo puntos blancos y las letras grandes y gruesas. Con el tiempo la marca ha evolucionado y hoy tiene hologramas, relieves dorados y una larga lista de falsificaciones.

La historia de los Cohiba dominicanos es muy diferente a la del resto de las marcas de origen cubano, pues Cohiba fue creada después de la Revolución, por el gobierno castrista, así que no se le expropió a nadie. Los exiliados molestos pueden haber recreado sus propias marca en Estados Unidos, pero por lo general a Cohiba no la tocaban, pues Cohiba no representaba a su herencia, sino que era un símbolo del nuevo régimen.

General Cigar aplicó para una patente americana de la marca Cohiba en 1978 y fue registrada oficialmente en 1981 y para 1994 General comenzó a vender Cohibas dominicanos en Estados Unidos. Para 1997 General creó lo que se conoce como el “punto rojo” de Cohiba, con un logotipo que coloca un punto rojo en la “O” de Cohiba, que se diferenciaba bastante del logo cubano. General no compró la marca a nadie y tampoco se sintieron obligados a hacerlo, pero el gobierno cubano se molestó muchísimo.

En respuesta, Cuba demandó por infracción de marca registrada en enero de 1997 y el caso es oficialmente conocido como Empresa Cubana del Tabaco v. Culbro Corp., desde cuando ha estado en litigios continuos. Durante 20 años la demanda ha ido y venido en una batalla legal con victorias y derrotas en ambos lados, además de millones de dólares en gastos legales.

El caso actualmente se encuentra en alguna fase de apelación, en donde Cuba aún busca detener la venta de Cohiba en Estados Unidos y exige restitución financiera, mientras que General aduce que el embargo evita al mercado cubano cualquier derecho de marca en Estados Unidos.

Mientras tanto, más de 6 productos distintos de Cohiba son fabricados por General Cigar para el mercado americano y Cuba sigue produciendo nuevas variedades, incluyendo una versión del 50 aniversario en 2016. El caso de Cohiba vs. Cohiba sigue sin resolverse y ninguna de las dos partes baja la guardia.

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Trinidad

Al igual que Cohiba, Trinidad es una marca que nació con la Revolución e igual como Cohiba, eran cigarros reservados para diplomáticos y dignatarios. Los primeros Trinidad comerciales fueron vendidos en 1997 y comenzaron con una sola vitola llamada Fundadores. A principios de 2000, Cuba expandió la línea Trinidad con tres vitolas nuevas. La marca era pequeña, pero llamaba mucho la atención.

El otro atractivo de Trinidad era que no parecía tener influencia política. Cuba siempre mantuvo que Trinidad era una marca post-Revolución, por lo que no tenía lazos comerciales o algún asunto legal que pudiera ser relanzado en Estados Unidos, pero no todos estuvieron de acuerdo. Diego Trinidad, Jr. era uno de ellos. Diego aseguraba que su familia fabricaba tabacos bajo el nombre Trinidad mucho antes que Castro llegara al poder.

Trinidad y Hermanos fue fundada por Diego Trinidad en 1905 como una empresa de Tabaco. Diego Trinidad, Jr. comenzó a manejar el negocio en 1920 y en 1958 le cambió el nombre a TTT Trinidad, que fue expropiada unos años después.

Luego de la Revolución la familia Trinidad se mudó a Estados Unidos, donde comenzaron Trinidad Tobacco Trading Corp. Los Trinidad estaban buscando donde producir sus cigarros y, en 1968, encontraron a alguien en Tampa, Florida: los Fuente. La fábrica de Arturo Fuente creó una línea de Trinidad para la familia Trinidad en su fábrica de Tampa hasta finales de los años 70. La producción cesó luego que Fuentes se fuera de Tampa, pero en 1997 Fuentes comenzó a producirlos de nuevo en República Dominicana.

Los Trinidad no cubanos existían en dos tamaños: corona y robusto, y eran fabricados con capa Camerun y el resto del cigarro era dominicano.

Las batallas legales comenzaron cuando la familia Trinidad argumentó ser el dueño de la marca cubana y de la marca americana. De acuerdo con la oficina de patentes americana, la marca TTT Trinidad La Habana, Cuba que es propiedad de Empresa Cubana en 1996 estaba basada sobre la marca cubana registrada en 1958 por Trinidad y Hermano, expropiada por el gobierno cubano con la Revolución. Esto le dio a la familia Trinidad un argumento legal y una oportunidad de ganar el caso.

En 2001 la familia Trinidad ganó el caso de la marca y recibió el derecho de vender los cigarros Trinidad en Estados Unidos. Para 2002 una línea de Trinidad llegó a Estados Unidos, pero no eran fabricados por Fuente. Ese mismo año Altadis U.S.A. adquirió la marca de la familia Trinidad y los fabricaron en República Dominicana, siendo actualmente sus dueños.

 

Naturalmente, todo esto sobre las marcas paralelas nos lleva a una sola pregunta: ¿Qué pasa cuando el embargo finalice? Ahora que las marcas paralelas están tan arraigadas en el mercado americano, la reintroducción de los cubanos creará una nueva dimensión de batallas y trampas legales, derechos de distribución y leyes nuevas.

También habrá mucha negociación, y eso es lo que hace que el mercado del tabaco sea como es.

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