Aproximadamente en diciembre del año pasado me reuní en una fiesta con un familiar por extensión que es de las pocas personas en la familia con la que puedo hablar de tabaco. Quizá porque le he dedicado tanto tiempo al tema, a veces me cuesta hablar de otras cosas, por lo que disfruto sentarme con alguien cercano a hablar de esto, aunque estoy claro que tengo que hablar de otras cosas y, según mi esposa, el ron no puede ser la ‘otra cosa’. Pero el hecho es que en esa reunión familiar este primo por retruque me regaló un par de cigarros y entre ellos estaba este Tierra de Gracia, que es un producto venezolano pero hasta ahí lo que tanto él como yo sabemos de él.

Tierra de Gracia 01

 

Luego, investigando y preguntando a otras personas más, descubrí que un amigo los conoce y me dijo que la mayoría del tabaco incluido en este cigarro es del tipo Burley, que es el tabaco utilizado en la confección de cigarrillos en Venezuela. La capa, por su parte, a mi poco entrenado olfato le parece que es del mismo tipo de las capas oriundas de Güiria, Estado Sucre y de donde provienen las que hacen en los tabacos de Domingo López. También pienso eso porque los aromas de tierra, madera y cuero me parecen muy propios de ella. El comentario del tabaco Burley también me parece cierto porque en la tripa se aprecian muy pocos aromas, entre los que destaca la madera únicamente, aunque esta puede ser parte de la capa. La calada en frío presenta aromas de tierra y no mucho más, aunque se siente un aroma perfumado también.

Tierra de Gracia 02

 

Si se trata de tabaco de cigarrillo, el Tierra de Gracia comienza bastante bien, con sabores a madera, cuero y un retrogusto de anís. La quemada es terrible y la consistencia del cigarro, que se sentía bastante rígido preencendido y con apenas algunos puntos menos rígidos, se va haciendo más esponjoso conforme va entrando en calor.

Tierra de Gracia 03

 

Durante el primer tercio el Tierra de Gracia experimenta algunos cambios, principalmente una “suavidad” que va progresando conforme voy fumando más y más del cigarro. Esos sabores de madera y cuero del principio ahora se sienten mucho más tenues y van apareciendo notas herbales y de paja, mientras que el sabor de anís del retrogusto se va convirtiendo más en vainilla, sin mucha intensidad. También hay una nota amarga en el fondo que no me termina de convencer. En cuanto a su intensidad, el cigarro comenzó de media pero ya al final del primer tercio está en media-suave.

Tierra de Gracia 04

 

En el segundo tercio el sabor de madera y cuero es el que más se mantiene y los sabores dan un vuelco inesperado y hasta agradable, aunque no dura mucho. El hecho es que la nota amarga que estaba sintiendo durante el primer tercio toma un sabor de chocolate amargo, aunque no dura mucho y para la mitad del cigarro desaparece. Los sabores herbáceos y de paja se mantienen en el fondo del cigarro.

Tierra de Gracia 05

 

En efecto, la nota amarga se mantiene en el cigarro, y sin chocolate esta vez. Incluso, el cigarro comienza a presentar un cierto picor en los labios que no es pimienta, sino esa cierta incomodidad de fumar un cigarro que no se siente completamente fermentado. No es el sabor de amoníaco que desagrada, sino que es un picor en los labios y el fondo de la garganta. Los sabores herbáceos se mantienen y el Tierra de Gracia parece que ya ha dado todo lo que tenía que ofrecer, aunque estoy todavía en la mitad de la fumada.

Tierra de Gracia 06

 

Aunque la línea de quemado se ha corregido sola y sin retoques, y la ceniza tiende a mantenerse en buena medida, el cigarro se siente extremadamente esponjoso a partir de la mitad y cuesta mantener su forma cilíndrica cuando lo agarro, por lo que darle caladas es bastante incómodo. Los sabores que tiene son de paja, madera y un toque suave de cuero, pero son muy suaves y no los calificaría como un sabor per se, sino más un recuerdo del sabor. Otro tema con este cigarro es que existe poca o nada de información sobre él, solo un artículo que conseguí en un portal de noticias de Miami, en donde los creadores del cigarro mencionan que su producto puede “ranquearse” (medirse) con los Cohiba, Romeo y Julieta o los Partagas. Por favor, nunca, nunca, nunca digas eso. Pero bueno, al menos el cigarro es un buen ejemplo del tabaco venezolano y demuestra que tenemos bastante trabajo que hacer, pero que estamos dispuestos a hacerlo. La inclusión de las siete estrellas en la anilla me gustó mucho, pues soy de esa generación de venezolanos.

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