El artículo que no quiso ser. No sé qué pasa, pero el mundo pareciera tener un tema con este artículo. Primero me pasó que lo hice, lo subí y justo ese día WordPress decidió pasar al formato Gutenberg (un estilo diferente para el montaje de artículos) y cuando pasé a ese formato, todos los artículos que había hecho ese día se borraron (era solo este). Al darme cuenta al día siguiente, lo volví a subir y cuando estaba terminando hubo un apagón en mi zona. Sin embargo, cuando regresó la electricidad verifiqué que el artículo seguía en línea, lo guardé en línea y comprobé que estuviera ahí y siempre estuvo. Pero cuando lo programé para publicar, me salía que no existía. Así que lo volví a hacer, lo guardé, lo programé y todo bien. Debía publicar hoy, pero cuando estoy viendo los artículos programados, me doy cuenta que no tiene imagen, así que lo voy a editar y veo que tampoco tiene texto. Esta es la cuarta vez que lo hago.

El Criollo de Black Rhino es uno de los cigarros más vendidos de la marca, quizá también porque es uno de los más antiguos. Su capa es de origen hondureño y tiene aromas de madera y papelón… el papelón en Venezuela es lo que en México y (creo que) España se conoce como ‘panela’, que es azúcar de caña sin refinar y en bloque. En el pie se aprecian aromas de madera y suave de pimienta, mientras que en la calada en frío el aroma es de madera también, pero se siente más como madera vieja, como cuando abres un cofre en casa de los abuelos. También se sienten maní y cuero.

Durante el primer tercio este Criollo es perfectamente descrito como la mayoría de los Black Rhino: intensidad media. Se siente bastante homogéneo, sin sabores explosivos ni demasiados intensos, sino más bien una amalgama de “normalidad”, que incluye sabores a cuero, madera y nueces, y es en el retrogusto donde se sienten matices más interesantes o, al menos, más diferentes de la normalidad que caracteriza este primer segmento. En el retrogusto se siente pan tostado y hacia finales del primer tercio aparecen sabores a anís y una sensación dulce que le da una dimensión ‘amigable’ al resto de los sabores.

En el segundo tercio el Criollo mantiene una ceniza bastante sólida, aunque unos segundos después de tomar la imagen yo mismo preferí tumbarla, más que nada porque el anillo de combustión tiene una cierta variabilidad sospechosa que no me quise arriesgar… sospechosa porque sentía que se iba a caer, no por ningún motivo adicional. La razón por la que explico todo con lujo de detalles es porque el Criollo no ha cambiado mucho, destacando los mismos sabores de cuero, madera y nueces, pero con un matiz de madera seca y con pan (sin tostar) en el retrogusto.

El mismo patrón de sabores a cuero, madera y nueces está presente en la mitad del cigarro, pero los sabores de pan y sus matices ya desaparecen por completo del retrogusto, optando por una combinación de pimienta y nueces esta vez. En verdad no hay un gran cambio o una gran importancia en los sabores del cigarro, pero sí puedo destacar que quema bien, tiene buen tiro y, aunque quema un poco más rápido de lo que quisiera, también pasa que con esa ‘normalidad’ tampoco espero mucho de él. Pero hay que destacar que este es el segundo que me fumo, así que tampoco esperaba una gran sorpresa, pero tampoco me ha decepcionado.

En el último tercio el sabor de nueces es sustituido por pimienta, como si estos dos sabores comenzaran a discutir en el retrogusto y solo uno sobrevive al final. Sin mayor cambio, ni pena, ni gloria, el Criollo llega a su fin cuando marca una hora de fumada. Quema bastante bien, relativamente uniforme y con un humo denso y abundante durante casi toda la experiencia, pero sin necesidad de retoques ni momentos preocupantes. Eso es algo que cabe destacar de casi todos los BR que me he fumado hasta el momento: la construcción es soberbia y creo que solo uno me ha dado una quemada con problemas (que preferí no reseñar).

El Criollo es el más vendido de la marca, pero quizá se deba a que es una capa conocida y que muchas personas no se atreven a aventurarse con algo más. Sin embargo, con los precios y la variedad que ofrece Black Rhino, yo no lo dudaría. Es más, probaría uno de cada uno, por lo menos. En lo particular, los que he fumado hasta el momento lo he hecho con cero expectativa, pues mis amigos fumadores son bastante parciales hacia un lado o el otro con respecto a la marca. Así que, sin tener nada que perder, los he probado y me han gustado varios. Quizá este no tanto, pero principalmente por lo homogéneo que es, pero para alguien que fume combinando el cigarro con un destilado o que simplemente no le dé mayor importancia a los sabores y matices, el Criollo es una buena opción.

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