Si bien el término “cultura del cigarro” es algo que utilizamos los aficionados a este hábito de fumar, en inglés este término se refiere tanto a esa cultura como a una marca de cigarros. En realidad The Cigar Culture se trata de un grupo en Facebook e Instagram que busca capturar la esencia del buen fumar, al igual que una chorrera de grupos en esas mismas redes. Pero el grupo está dirigido por un Adrian Acosta, quien fue parte del Nat Sherman Townhouse y de AJ Fernandez, y decidió crear un blend para celebrar esta cultura, a partir de una capa Habano 2000 ecuatoriana sobre capote Olor dominicano y cinco hojas diferentes en la tripa. Los cigarros son hechos por Tabacalera El Puente en República Dominicana y la producción está limitada a 25 mil cigarros. Una vez producidos, Acosta asegura que le tomará al menos cinco años volver a producir un cigarro como este.

La anilla del Cigar Culture es especialmente llamativa, principalmente por lo diferente que es y su imagen tan festiva, por así decirlo. La capa es bastante uniforme y llamativa pero con una buena cantidad de irregularidades, sobre todo por protuberancias, arrugas y venas, que creo quedan perfectamente plasmadas en la imagen. Sin embargo, no es algo que me haga cuestionar su calidad, sobre todo porque no se sienten secciones más suaves a lo largo, aunque cuando me lo pongo en la boca no se siente uniforme tampoco. Se le sienten aromas de cotufas acarameladas, madera y un toque de pimienta, mientras que la calada en frío presenta la misma nota de cotufas acarameladas, pimienta y madera.

El Blend No. 3 comienza con una combinación sumamente interesante de crema, pan tostado y pimienta, pero con un humo sedoso, abundante y una intensidad entre baja y media que me hace desear un café cremoso para acompañarlo. Para la mitad del primer tercio la intensidad aumenta un poco y los sabores se hacen más abundantes e intensos, incluyendo café (ya tengo mi acompañante) y una cierta salinidad en los labios que me llama poderosamente la atención. La sensación de crema desaparece en este primer tercio y toma sabores de madera mojada pero en el retrogusto se mantiene una nota ligeramente picante pero con pocos matices adicionales. Técnicamente se comporta bastante bien, aunque esa sensación plana cercana a la cabeza del cigarro se siente rara a la hora de fumarlo, pero no parece afectar en lo absoluto.

En el segundo tercio la intensidad se mantiene en media, al menos al principio, pero hay una mayor cantidad de pimienta que se siente que se va armando, particularmente superada la mitad, pero no deja de ser un cigarro de intensidad media. La sensación cremosa desapareció por completo y el sabor de madera se siente menos matizado y más genérico, dos cosas que no esperaría de un cigarro que incluye siete tabacos en su blend. A la mitad del cigarro aparecen notas dulces que le dan matices agradables a la fumada, incluyendo jarabe de maple (bastante suave) y tierra, pero la intensidad también aumenta ligeramente. En términos técnicos se sigue comportando bastante bien, con un anillo de combustión prácticamente perfecto, humo abundante en la mayoría de las caladas y una velocidad de quemado muy respetable.

En el último tercio del Blend No. 3 los sabores apuntan más a esa nota de madera mojada como principal y menos la e pimienta, y con ello regresan las notas cremosas y equilibran un poco los sabores, al mismo tiempo que la fumada se siente un poco más compleja y todo el cigarro parece entrar en una armonía perfecta, lo cual es todo un logro con siete tipos de tabaco en su interior.

Esta armonía se mantiene hasta el final de la fumada, aunque a mediados de ella ocurrió una tragedia, pues lamentablemente la anilla estaba pegada con 3 kilos de pega y era imposible quitarla sin traerse un trozo de capa. Por supuesto, ocurrió lo impensable y la mitad del último tercio fue realmente desagradable gracias a ese detalle. Sin embargo, es un problema de construcción, pero no de blend y ciertamente culpa de la persona que lo construyó, y sería muy injusto juzgar al cigarro por este problema. Solamente permitió que no terminara tan bien como esperaba.

Dicho todo lo anterior, el Blend No. 3 de Cigar Culture es un cigarro de una excelente calidad, con buenos sabores y relativa sencillez, por lo que en muchos casos me recordó a algunos Davidoff de anilla blanca, pero aunque está muy lejos de serlo, es en esencia que es parecido. El resultado es bastante impresionante para una marca que no había probado antes, pero también tiende a ser un cigarro de sabores suaves, que tienes que tener un paladar afinado para poder disfrutar y quizá ese es el mayor handicap del Cigar Culture, pues en apariencia es un cigarro más frontal y llamativo de lo que su fumada muestra. La inclusión de la capa Habano 2000 es la mayor diferencia con cualquier comparación, pero la ausencia total de nicotina a lo largo de la fumada también colaboró a una buena puntuación, y aunque pueda atribuir el problema con la anilla a mala suerte, he visto la mención repetida en otras reseñas de este cigarro. Sin duda buscaré las futuras creaciones de esta marca.

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