Esta pequeña y prácticamente desconocida marca tiene su origen en Córcega, en donde dos franceses con nombres muy franceses (Thierry y Stefan) crearon la marca con el fin de vender sus recetas completamente diferentes a un mercado que está actualmente copado de ligas muy parecidas, como es el caso del mercado interno de República Dominicana y algunos puntos de venta en California, lo cual puede darles un pequeño toque diferenciador. En el caso de Luis de Torres, es una marca fabricada en República Dominicana pero con intenciones de trascender las fronteras actuales. Su página web no da muchos detalles sobre el porqué, pero sí habla bastante sobre la fusión de la calidad francesa con el sabor dominicano y, realmente, es algo que se ve muy poco, por lo que con mucho gusto acepté realizar la cata de sus cuatro productos.

Para los que estudiamos un poco el tema del tabaco, es bien sabido que cuando Colón llegó a las costas de lo que hoy es Cuba, envió a un grupo de exploradores liderados por Rodrigo de Jerez, quienes descubrieron indígenas que encendían algunas hojas e inhalaban el humo. Sorprendido por ello, Jerez llevó este descubrimiento a España y según la leyenda una tarde su esposa lo vio botando humo por la boca y llamó a la policía, quien apresó a Jerez y fue condenado a 6 años de prisión por brujería. A su salida de prisión todo el mundo fumaba, lo cual fue bastante irónico. ¿Pero qué tiene que ver esto con el nombre de esta marca? Pues Luis de Torres fue un traductor que viajó en el grupo con Jerez, pero se quedó en la isla de La Española, donde murió a manos de los indios en 1493. Los cigarros que llevan su nombre no tienen mucho que ver con su persona, pero cada cigarro lleva por nombre años emblemáticos en el descubrimiento: 1492, 1493, 1498 y 1502. El 1498 es fabricado por Tabacalera El Artista y está cubierto por una capa San Andrés mexicana, sobre capote dominicano (sin identificar) y tripa dominicana y colombiana. La capa tiene aromas a fruta fermentada y chocolate con leche, mientras que en la tripa se aprecia cuero y nibs de cacao. Finalmente, luego de picarlo, encuentro cuero, fruta fermentada, cáscara de naranja, sal y madera en la calada en frío.

La vitola del cigarro está marcada como Doble Toro, con un largo de 6 pulgadas y un cepo que debe estar alrededor de 56. Se siente bastante pesado y denso el cigarro, aunque enciende bastante bien y produce humo abundante, intensidad media-baja y sabores que se caracterizan en un principio únicamente por una nota fuerte de chocolate negro, notas muy bajas de pimienta, incluso en el retrogusto. A lo largo del primer tercio aparecen notas de frutos secos que incluyen nueces y merey (anacardo para el resto del mundo) y una sensación bastante cremosa del humo. El retrogusto presenta más chocolate a partir de la mitad de este primer tramo, que acompaña las notas suaves de pimienta. La intensidad llega a media para ese punto también.

En el segundo tercio las notas de chocolate negro siguen siendo las dominantes, pero casi al mismo nivel se encuentran también las de pimienta y cuero, lo que hace que el cigarro se sienta “poco dominicano”, quizá también porque unas notas dulces que aparecieron al principio del tercio central desaparecen cuando supero la mitad del cigarro y, con ellas, la sensación cremosa de la fumada. No diría que se siente seca, pero ciertamente no se siente tan redolente cada calada, pero en términos técnicos se comporta bastante bien, con un anillo de combustión que tiende hacia la rectitud, una ceniza que se podría aguantar más pero no lo hace, y humo abundante en cada calada. El ‘room note’ del cigarro no es el más agradable, destacando más las notas de fruta fermentada, pero el retrogusto compensa ese detalle, destacando una intensidad de nueces que me lleva a probarlo regularmente.

El 1498 mantiene su buen comportamiento durante toda la fumada, lo que me lleva a disfrutarlo hasta el último momento. En el último tercio los sabores se simplifican un poco, se siente un poco más lineal y menos complejo. Gran parte de esto sucede porque el sabor de pimienta se vuelve el dominante e, incluso, se intensifica bastante, lo que evita que pueda sentir muchos otros sabores. El chocolate es el único que se mantiene desde el inicio y hay ocasiones en que la pimienta lo domina. El retrogusto muestra mucha menos pimienta, afortunadamente, lo que me permite apreciar las mismas nueces del tercio previo y unas notas más suaves de café. Al cabo de una hora y 50 minutos, el 1498 llega a su fin.

Sobre el cigarro y la marca sabía muy poco antes de encenderlo por primera vez. Fue una inmensa casualidad que pudiera probarlos, pero sin duda que una coincidencia muy agradable. El 1498 es un cigarro que no es necesariamente diferente a los demás, pero para ser una marca nueva y casi desconocida, es un cigarro agradable y una experiencia positiva. Me hubiese gustado más intensidad y una sensación cremosa más duradera, pero como le dije a un amigo el otro día: no puedes juzgar a un cigarro porque no se parece más a otro cigarro y el 1498 tiene su estilo. Sería absurdo restarle puntos porque no se parece más a otro. Dicho eso, no es un cigarro perfecto, pero está muy lejos de ser un cigarro promedio. Buena fabricación, buenas transiciones y buen sabor. Eso es lo que hace una buena experiencia.

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