Como su nombre lo indica, este cigarro es un clásico, o al menos eso interpreto con respecto a su construcción. Es un cigarro fabricado en Honduras, al igual que todos los Punch, con excepción del Diablo, que es nicaragüense. Tiene una capa Sumatra ecuatoriana sobre capote Connecticut Broadleaf y tripa de Honduras, República Dominicana y Nicaragua y está disponible en varias vitolas. Esta vitola en particular se llama Champion y es una de las 17 vitolas en las que está disponible, y gracias a su forma singular es difícil marcarla con un solo número. Si bien tiene 4,5 pulgadas de largo, en el pie tiene un cepo 44, en el cuerpo un 60 y en la cabeza es 30. Es una de las primeras líneas producidas por la marca desde que estableciese en Honduras (no la cubana, claro) y en su vitola After Dinner se colocó en el peldaño #12 en el Top 25 de Cigar Aficionado para 2018.

El cigarro no se ve particularmente llamativo, sobre todo porque he fumado otros Punch en esta vitola y esos en particular no me llamaron mucho la atención, pero este cigarro fue un regalo de un amigo así que no me iba a poner quisquilloso con el tema. La capa tiene varias venas destacadas y una cierta capa oleosa muy atractiva. Tiene aromas a café, mientras que la calada en frío presenta notas de café, nueces y una nota de anís. El tiro es ligeramente apretado, pero eso ocurre muy a menudo con los cigarros de vitolas extrañas como este, que en verdad no es extraña, pero ciertamente es diferente. Aunque el cigarro se siente pequeño en las manos (porque lo es), también se siente pesado y denso, como que esto no va a ser una fumada corta, lo cual es muy bueno.

El Clásico comienza con sabores muy sutiles, casi simples a madera, aunque eso es en las primeras caladas y ya cuando el cigarro agarra su fuego constante y su quemada uniforme es acompañado de notas de anís y pimienta, esta última principalmente en el retrogusto, pero con una sensación en lengua que no se puede ignorar. A lo largo del tercio también se sienten notas dulces sin mayor descripción. El cigarro tiene un tiro ligeramente apretado que se resuelve cuando superas el cepo máximo de 60 y una quemada que no es la mejor, pero que ya tomo como normal en estas vitolas. La intensidad es media-baja.

En el segundo tercio no hay mayores cambios más allá de unos matices, pero dado que el cigarro mantiene su intensidad media-baja, no hay un verdadero marcado de sabores o grandes diferencias entre ellos, sino más bien como que una sola amalgama de sabores que no destaca ninguno en especial, más allá que la nota dulce se ha intensificado un poco más, pero eso solo hace que el resto de los sabores se sienta con una mayor intensidad y eso, afortunadamente, no ha ido de la mano con una mayor dosis de nicotina, sino simplemente la nota dulce destaca mejor los sabores. Entre notas a destacar puedo mencionar chocolate y cuero, mientras que la construcción, aunque no perfecta no me da mayor problema. La ceniza se cae un poco después de hacer la foto y el anillo de combustión no llega a ser del todo recto, pero al menos mantiene una quemada uniforme.

En el último tercio, y eso que la imagen destaca prácticamente los últimos momentos del último tercio, los sabores se mantienen consistentes y sin mayores cambios, salvo una mayor concentración de ellos lo cual no es de extrañar teniendo en cuenta que el cepo del cigarro se ha ido consumiendo y cerrando un poco. Al poco tiempo de hacer la foto el cigarro se apagó solo y tomé eso como la señal de no encenderlo nuevamente. No hay sabores nuevos, solo una mayor intensidad y así, al cabo de una hora y 35 minutos, el Clásico de Punch llega a su fin.

El Punch Clásico es un cigarro que realmente cumple con su palabra; sus sabores son muy clásicos y en ningún momento sentí que estaba fumando algo innovador. Es la liga que más tiempo se ha mantenido con Punch y eso es algo que vale la pena destacar, pero también porque no es una liga mala. El hecho que no sea sorprendente no es un punto en contra, sino más bien es ese hecho de ser predecible lo que lo puede hacer agradable para un momento en que no quieras fumar algo muy complejo, sino más bien disfrutar la fumada con amigos, con un destilado o en ambos ámbitos. Muchas veces despreciamos cigarros por su carencia de complejidad, pero no puedes juzgar un pez por su habilidad de trepar árboles. Es un refrán que uso mucho y aquí aplica a la perfección.

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