Una vez más los amigos que Tabarena Venezuela me contactaron para que pruebe uno de sus productos. Su portafolio actual únicamente consiste en productos de Arturo Fuente, siendo los importadores oficiales de la marca, autorizados desde República Dominicana y con el ingreso legal de toda la mercancía. Aunque suena publicilandia, lo que quiero destacar aquí es que no se trata de un puerta a puerta como la gran mayoría de importadores nacionales. Los Hemingway son posiblemente los más llamativos de su portafolio, o al menos los son para quienes menos saben de tabaco, pues los Opus X sin duda que son bastante codiciados. Quizá lo más llamativo que tienen los Hemingway para un novato es que ofrecen vitolas de tamaño reducido, por lo que no obligan al fumador a comprometerse durante 90 minutos, sino algo más de 40 de ellos.

Cuenta la leyenda que cuando Ernest Hemingway vivía en Cuba, le gustaba mucho ir de pesca y fumar. En realidad le gustaba mucho fumar en cualquier lugar, pero cuando pescaba también. Al parecer le costaba mucho encender su cigarro por el viento que hacía en la mar, por lo que le pidió a su torcedor que le buscara una solución a esto y así se creó esta vitola particular que solo necesita un punto de fuego para encender. En cuanto al cigarro en sí y su liga, la capa es Connecticut Broadleaf sobre capote y tripa dominicanos. La capa presenta aromas de establo, chocolate negro y una nota destacada de café espresso, mientras que en la tripa no hay nada que apreciar por lo pequeño que es el agujero. Pero la calada en frío llama la atención porque no es tan apretada como esperaría de un cigarro de estas dimensiones y tiene aromas a chocolate, cuero, madera y establo.

Comenzamos el cigarro muy parecido a lo que en frío destacaba: chocolate negro, pero al punto de ser casi ácido, café, cedro y cuero, pero quizá lo que más llama la atención es la poca pimienta que se aprecia, pues con este color y estas dimensiones de 4,5 x 46/60, siempre iba a esperar algo de agresión al inicio. Sí hay una sensación «picosa» en la lengua, pero nada que me despierte la sensación de especiado. Más allá de la sensación que el tiro se abre y se hace mucho más denso el humo y abundante, no hay mucho más que contar sobre temas técnicos y eso definitivamente es algo positivo, porque si hay una constante en los cigarros con estos formatos es la tendencia a desviarse en la quemada, sobre todo en el primer tercio.

Superar el primer tercio toma un tiempo bastante largo, aunque durará más que los tercios siguientes mientras el cepo se va haciendo más pequeño. Los sabores son muy parecidos a los del tercio anterior, con un aumento de la cantidad de sabores a café espresso, siendo ya casi una de las notas dominantes, mientras que la madera es definitivamente menor y los sabores de cedro y chocolate se mantienen al mismo nivel. No se vuelve muy complejo ni muy variado, destacando más una sensación lineal de los sabores y no muchos cambios, mientras quema muy bien y el tiro me da un humo abundante y denso.

Aunque yo pensaba que iba a durar menos de lo que duró, el último tercio es casi eterno, mientras que quema muy lento, sigue produciendo humo abundante y mantiene sus sabores consistentes durante toda la fumada. Lo bueno es que los sabores van variando intensidades y hay caladas en donde el chocolate desaparece y la madera se hace más fuerte, pero dos caladas después es contrario, siempre haciendo malabares con esos cuatro sabores de chocolate, café, madera y cuero. La pimienta apenas si aparece en el último tercio, aunque es más como una sensación más agresiva en la garganta, aunque esta también puede ser por la gran cantidad de humo que desarrolla. Pero no lo llamaría más intenso, manteniéndose fijo en media desde la primera calada hasta la última, una hora y 25 minutos después.

La forma y el color de este cigarro pueden parecer algo intimidantes y eso me llevó a pensar que el Hemingway Maduro podía ser una experiencia agresiva y peligrosa, pero Arturo Fuente parece haberse dado cuenta que los Hemingway son cigarros introductorios tanto para su marca como para el fumador en general, y en esta vitola Work of Art, la más grande de estos salomones, consiste en el mayor reto que puedan darse los fumadores que se están graduando del Short Story y el Best Seller y buscan algo más grande, pero no necesariamente más fuerte. El Work of Art definitivamente es eso; un cigarro relativamente lineal (poco complejo), consistente, «redondo», y cero factor sorpresa, lo cual es exactamente lo que un nuevo fumador espera y en especial el que se atreve a fumar un cigarro de mayor envergadura.

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