Hace unas cuatro semanas conté con la visita de Carlos Pérez, uno de los socios de la marca venezolana Liga Exclusiva. Carlos viene de la ciudad de Maracay, situada a aproximadamente hora y media de Caracas y, luego de conversar un rato con él me di cuenta que es un estudioso y emotivo fanático del tabaco. Ha hecho varios cursos relacionados con la materia y junto con otro socio decidieron emprender en el área del tabaco hecho en Venezuela hace un par de años, aunque salieran al mercado en algún momento de este 2021. Sus tabacos contienen una combinación de capa San Andrés mexicana, capote nicaragüense y hojas venezolanas en la tripa y son fabricados por ellos mismos en Barinas, otra ciudad en Venezuela situada dentro de un estado con ese mismo nombre.

El Ávila se trata de un cigarro de gran envergadura, una vitola Salomón contando 7,125 pulgadas de largo por un cepo que alcanza el 57 en su medida más ancha, pero que tampoco es tan variado por lo que es ligeramente más delgado en su punto más angosto. La capa mexicana San Andrés es relativamente lisa para su origen, con múltiples venas pequeñas y una que otra vena con mayor prominencia y un cierto brillo bastante llamativo. El cigarro se siente pesado y sólido, con un box press que no es tan obvio en las imágenes pero sí en la mano. Tiene un aroma en la capa que destaca jengibre confitado (como las galletas gingerbread), melaza, cuero y madera, mientras que en el minúsculo pie apenas si se siente un aroma a pimienta. Finalmente lo pico con la doble hojilla y el tiro se siente algo apretado, lo cual es de esperarse en estas dimensiones, pero también hay aromas a madera como principal y notas mucho más suaves a cítricos y herbáceo.

La capa ciertamente tiene un aroma intenso y que me hace pensar en un cigarro que será fuerte, pero desde las primeras caladas me doy cuenta que ese no será el caso, pues la sensación picante es increíblemente sutil. Afortunadamente no es un cigarro que se valga de los sabores picantes para destacar intensidad y los sabores que más puedo destacar son de jengibre (nuevamente ese gingerbread), chocolate y pan pumpernickel. Ciertamente se siente complejo desde el inicio y hacia aproximadamente la mitad de este primer tercio el chocolate se siente más como esos bombones rellenos de licor de cereza. El tiro tiende a apretarse un poco y me encuentro haciendo presión sobre la perilla del cigarro para lograr que salga algo más de humo y sería tonto llamar al anillo de combustión como tal, pues tengo que darle retoques constantes para que queme correctamente. Pero de resto se comporta bien, con buenos sabores y una velocidad de quemado respetable.

Para el segundo tercio del Ávila el anillo de combustión mantiene su tendencia a desviarse y el tiro sigue su tendencia a apretarse, dos cosas que no me gustan. Pero en sabores compensa, y tiene una nota más presente de la pimienta y desaparece lo que se sentía bombón de licor de cerezas, por lo que solamente es chocolate negro, muy llamativo y abundante. Hacia el punto medio del cigarro desisto de tratar de mejorar el tiro con presión de los labios y le hago un nuevo corte, este más plano (menos diagonal) que el anterior y el tiro mejora bastante, lo que me da humo más abundante y denso, pero los sabores se mantienen iguales y la intensidad está fija en media.

En el último tercio el tiro vuelve a apretarse, así que lo dejo un rato en el cenicero a fin que se seque un poco y sea con nuevo fuego que lo reencienda. Al cabo de hacer esto, mejora un poco el tiro y hay una transición de los sabores hacia una tendencia que no es necesariamente más dulce, pero tienen más relación con dulces: canela, melaza, almendras aunque también mantiene su sabor a chocolate negro e incluye pan tostado. La intensidad aumenta ligeramente, llevándome a disfrutar el Ávila hasta la última calada, la cual llegó mientras marcaba justo las dos horas de fumada.

Para nadie es un secreto que en Venezuela tenemos bastantes problemas, y una de las inflaciones más altas del planeta es solo uno de ellos. Pero cuando doy clases de ron, a menudo menciono que en un país con tantos problemas como el nuestro, el hecho que hacemos un excelente ron sin duda es motivo de gran orgullo, especialmente porque más allá del sabor, es saber que podemos hacer las cosas bien cuando nos lo proponemos y nos comprometemos con eso. Este cigarro Ávila es otra muestra de ello. Hasta el momento este es el segundo producto de Liga Exclusiva que he probado y luego de fumarlo tuve que llamar a Carlos a decirle que tiene un excelente producto, que no es carente de problemas (como el tiro), pero que son remediables. Ciertamente un buen producto de fabricación nacional y una muy buena tarjeta de presentación para la marca. Otro tema: la anilla del cigarro que me fumé no es la versión final, pues desde entonces han mejorado el diseño y le han dado más relieve y repujado, por lo que la nueva anilla se va a ver ligeramente distinta a esta. La experiencia fue notablemente positiva y el cigarro Ávila lo fumé con la montaña que le da el nombre de fondo, y ese cerro realmente es espectacular.

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