El distribuidor de tabacos que normalmente uso para mis compras suele ofrecer algunas «cajas misteriosas», en las que pagas un monto de unos $20 o $30 y te incluyen una cantidad variable de cigarros sin decirte cuáles son. Hace unos meses apareció esta oferta y decidí arriesgarme a ver qué podía pasar, pues como buen fumador que siempre busca cosas nuevas, estaba dispuesto a probar. Entre los que llegaron, había un sampler de esta marca llamada Victor Calvo. En su página web descubrí que en 1996 Victor Calvo Sr. comenzó a trabajar en Tabacalera Tambor en Costa Rica, de donde es originario. Pero su perfil de Instagram menciona que hacen tabacos desde 1997. En 2001 se mudó a Estelí, Nicaragua para seguir aprendiendo sobre el arte del tabaco y en 2013 creó su propia marca con cuatro productos distintos: Gold, Maduro, Connecticut y Habano. Hoy comienzo con este Gold, que promete una fumada de fortaleza media, así que veamos qué tal.

El Gold tiene una capa Sumatra ecuatoriana, que es por demás brillante como promete su nombre. Es casi como si pudiera decir que el cigarro está pulido y se notan pequeñas venas a lo largo de toda la capa, así como una construcción que parece muy bien lograda. El Gold está disponible en vitola robusto, belicoso, toro y churchill, pero su página web de compras, que no es la misma que la de la empresa, es poco amistosa y requiere registro para verla. El cigarro tiene un ligero box press que más que darle una forma cuadrada al cigarro, más bien hace que no se vea cilíndrico. Tiene aromas ligeramente florales en la capa, con algunas notas igualmente suaves y ligeras en el pie, pero a nueces y madera. Finalmente, luego de picarlo, la calada en frío presenta notas de nueces, madera y pimienta, pero ninguno de estos aromas se siente realmente fuerte, pero decir que el dominante es tabaco sería redundante.

El Gold enciende rápidamente, con buen fuego y buena combustión, si acaso alguno que otro detalle que me obliga a darle fuego un par de veces más para asegurar una quemada uniforme. El sabor de pimienta es dominante en las primeras caladas, como esperaría de un producto de Nicaragua y es luego de unos 3-5 minutos de fumar que comienzan a aparecer sabores adicionales, que incluyen canela y nueces, siendo el segundo uno de los más dominantes de toda la fumada, mientras que el de canela tiene sus picos y valles en este primer tercio, a veces siendo superado o reemplazado por sabores de cuero. El humo es abundante en cada calada y la ceniza se sostiene muy bien durante este segmento, aunque se «esfloreta» un poco y al final del segmento la dejo caer con mucha intención. La fortaleza es media, mientras que la intensidad de los sabores es media-baja.

La ceniza se sostiene muy bien sobre este cigarro, tanto que hay momentos en que temo por mi integridad y la dejo caer simplemente. Los sabores no continúan de manera lineal, pero se las arreglan para ser los mismos en este segundo tercio y lo que quiero decir es que en una calada podía sentir madera, canela y nueces, y luego dos caladas después era solo canela y nueces, y luego dos caladas después era madera y nueces. La sensación era muy extraña y muy irregular, pero afortunadamente solo duró el segundo tercio y una vez superado fue más regular en su sabor. Los sabores en sí no cambian mucho, salvo lo anterior que mencioné. La quemada es perfecta y la ceniza, como muestra la imagen, ejemplar. El humo sigue siendo abundante también por lo que me inclino a pensar que esa tendencia del sabor es a propósito y no un problema del torcedor.

Los sabores en el último tercio son más o menos los mismos, pero menos intensos, siendo el de pimienta el más fuerte y llegando a opacar los demás, tanto que cuando aún quedan unos minutos de fumada, lo tengo que dejar porque se hace demasiado fuerte y ya no disfruto la experiencia. No obstante, aparecen también algunas notas de melaza, cuero y esas notas florales que aparecieron en frío, y hasta que la pimienta se volvió inaguantable, el cigarro iba bastante bien. Por lo mismo, la intensidad fue media hasta que la pimienta se desató, al igual que la fortaleza. Al cabo de una hora y 40 minutos, este Victor Calvo Gold llega a su fin.

Probar un cigarro nuevo de una marca desconocida siempre es una lotería y confieso que durante un tiempo pensé que me iba a tocar un bodrio con este Victor Calvo, quizá porque estaba confundido de Victor pero también porque los cigarros que incluye la tienda en su «mystery box» normalmente son baratos o productos que no se han vendido. Revisando un poco veo que el cigarro ronda los $6 que no es realmente territorio de cigarro malo, pero sí de cigarro barato, o casi barato. El Gold me pareció una fumada muy decente, con buenos sabores aproximadamente hasta la mitad, una imagen espectacularmente atractiva y sabores que, aunque normales y sin grandes sorpresas, al menos agradables. La segunda mitad no es tan buena, pero quizá en una próxima ocasión sea mejor.

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