Toraño – Noventa

Unos meses atrás descubrí un interesante sampler de Carlos Toraño, aunque la marca ahora se llame solamente Toraño. En ese sampler venían varios cigarros que no había probado de la marca, pero mi sorpresa ha sido grande cuando me he dado cuenta que no los había probado por tonterías, pues la mayoría tienen muchos años en el mercado. Precisamente, este Noventa fue creado para conmemorar los 90 años de la marca en la industria, desde 1916 hasta 2006 y fue en ese año que lanzaron el cigarro. La familia comenzó operaciones en una finca llamada La Esperanza, ubicada en Cuba. El Noventa está disponible en tres vitolas, una llamada Santiago que es el robusto 5 x 50 que me dispongo a fumar, una llamada La Esperanza y otra Latin. El cigarro es un puro nicaragüense con capa y capote Habano, sobre tripa de cuatro regiones: Jalapa, Pueblo Nuevo, Condega y Estelí.

La capa es ligeramente rojiza, pero con tonos que van hacia el amarillo también, pero no se siente especialmente celebratorio sino que más bien parece un cigarro más del portafolio. No sé si esto se deba a que han pasado 17 años desde su lanzamiento y no han actualizado la anilla o que simplemente es un cigarro más. No obstante, se ve y se siente bien construido, con aromas a bosta y cereales en la capa, y una calada en frío con notas dulces y ligeramente tostadas. Viendo mi lista de cigarros por fumar en los próximos meses, me doy cuenta que este es el último Toraño que tengo en la lista, así que esperemos que la marca quede bien parada.

Aunque estoy seguro que el cigarro que estoy fumando no fue fabricado en 2006, fumada sí se siente efectivamente como la de un cigarro que tiene varios años de guarda y no lo digo en el sentido más positivo. Tiene unas notas agradables de madera tostada, tierra, dulce y pimienta y estas notas se mantienen durante casi todo el tercio, pero hay algunas notas amargas, particularmente en el final del sabor y una nota ligeramente ácida en el retrogusto que es consistente con un cigarro que simplemente ha estado sentado en un almacén durante años o que alguien guardó en una bolsa Ziploc correctamente durante más o menos ese tiempo, pero no en un humidor. La intensidad del cigarro es media-baja y la fortaleza es baja, por lo que sin saber cuál es su capa (la investigué al momento de hacer la reseña) hubiese pensado que es un Connecticut y al mismo tiempo me sorprendería tener tantos Connecticut seguidos en mis reseñas.

Pero, aunque el Toraño Noventa se siente como un cigarro que tiene tiempo estacionado en algún lugar, sí puedo decir que ese estancamiento fue correcto en términos de guarda, pues el cigarro no está especialmente seco, al menos no en consistencia. Sí se siente seco en sabores y en intensidad, pero me toma 45 minutos llegar a la mitad del cigarro y eso está bien. En el segundo tercio los sabores son más consistentes con una capa Habano, destacando notas de nueces tostadas que suele ser un sabor muy característico y con una nota más picante en el retrogusto, pero sigue siendo un sabor seco en general. Todavía hay notas de tierra y de madera, pero es el de nueces el que lleva la delantera, pero no por mucho y eso sucede porque la intensidad sigue siendo media-baja y la fortaleza igualmente baja. Pero mantiene una buena ceniza, tiene un tiro muy decente y aunque el anillo de combustión no es recto, no me ha dado problemas.

En el último tercio la quemada se ve fenomenal y el cigarro realmente va quemando muy bien y aguanta su ceniza perfectamente. Los sabores han cambiado un poco y no para mejor, destacando aún más esa nota quemada y seca que no me ha terminado de agradar en ningún momento pero tampoco me impresiona para un cigarro que aparentemente no lo ha pasado muy activo en el terreno del añejado, sino más bien siendo recuperado por el tiempo que pasó en mi humidor. Sin embargo, no puedo decir que fue una fumada mala, pero al cabo de una hora y 20 minutos, agradezco que haya finalizado la fumada, pues esta tendencia solo iba a ir a peor. Pero afortunadamente la intensidad y fortaleza en esta última sección ya estaba en baja.

El Noventa de Toraño lleva consigo una fumada decente, que tiene un primer tercio «tímido» y un segundo tercio más agradable, pero que en el último se convierte en todo lo que no querías, o al menos lo que yo no quería. Buscaba un cigarro que, en el peor de los casos, retuviera los mismos sabores que en su segundo tercio, quizá con menor intensidad, pero siempre que no lo fumes hasta el final, podrá ser una fumada agradable. No obstante, los cigarros están hechos para ser fumados completos y el último tercio realmente le restó puntos a esta experiencia. Pero para una fumada sencilla, sin muchas pretensiones y una que no consideres que celebra un aniversario, es algo decente. Lo podría volver a fumar, pero no lo volvería a comprar.

Publicado por diego440

Publicista, redactor y hasta director de arte. Siempre escritor, por eso ahora generando contenidos en digital.

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