Imperio Real es la apuesta de la marca Grand Marqués por un ron de mayor categoría que sus otras presentaciones; es básicamente su propuesta para el mercado de los rones que compiten dentro de la edad máxima de 12 años, que suele ser una base impuesta por la industria como máximo añejamiento dentro de la categoría.
Al igual que el Monarca Supremo, los alcoholes usados en este ron son livianos y semi-pesados, añejados en barricas ex-bourbon pero en el caso de este ron, es hasta 12 años. Es finalmente embotellado a 40% de alcohol.
En nariz el Imperio Real destaca una nota como del almíbar en donde hay melocotones, pero también caramelo, toffee, vainilla y una nota como de almendras verdes.
En boca tiene una intensidad alcohólica baja y matices de miel, cuero, vainilla, manzana roja, refresco de cola y algo más dulce de lo que esperaba por mi experiencia con la marca, pero suficiente para mantenerme tentado a probarlo más veces. En el retrogusto me encuentro con esa nota de avellanas verdes, aunque algo más maduras y con los sabores que hacen de él un ron franco.
Por mucho que me encanta la propuesta de nuevos rones en el mercado y nuevos productos que lleven el nombre de Venezuela a distintos países del mundo, el Grand Marqués no es un ron extraordinario en ninguna de sus presentaciones. Esto no es un tema de la marca en sí, sino algo más bien del líquido, pues su añejamiento en barricas ex-bourbon, en comparación con los distintos rones del mundo y sus barricas, se vuelve un lugar común con una inmensa cantidad de marcas venezolanas y foráneas.
El blend está bueno, pero vuelve a ser muy parecido a tantos otros productos, que me cuesta elegirlo antes que cualquier otro más conocido. Por otro lado, su nombre no me inspira mucho, y entre Monarca Supremo e Imperio Real, me cuesta encontrar cuál es mejor o cuál apunta más alto.
Ficha Técnica: Fabricante: Disavicar Nombre del Ron: Monarca Supremo Marca: Grand Marqués Origen: Venezuela Edad: hasta 12 años Precio: $32 Densidad alcohólica: 40% Puntuación: 83
No fue hace mucho que reseñé por primera vez un cigarro de esta marca, aunque es una marca que lleva bastante tiempo en el mercado, pero la combinación de ser una marca de precio bajo y que solamente están disponibles en algunas páginas han asegurado que no los pruebe. Pero esta marca tiene varios blends, que se distinguen principalmente por el país donde se elaboran. Esta versión Core en verdad no se llama así, pero es la báse y no tiene nombre, y Core suele ser el nombre que reciben estos básicos. Proviene de Honduras y presenta una capa Corojo hondureña, capote nicaragüense y una mezcla de tripa larga hondureña, todas añejadas durante más de 8 meses antes de su elaboración. Este cigarro promete sabores terrosos, a cuero y tostado, dejando un toque dulce y picante en cada calada.
Hay mucho mercadeo detrás de estos cigarros y la verdad es que son bastante baratos; en su momento podías comprar 20 unidades por menos de $40 y además el hijo de Néstor Plasencia aseguraba que eran tabacos de alta calidad. Con medidas de 4½ x 60, es una medida que me gusta para fumada ‘de diario’, así que también lo quise probar y reseñar precisamente para confirmar esa calidad. Por lo pronto el cigarro tiene un leve box press y aromas sobre la capa a cuero, madera y paja, mientras que en el pie se sienten notas más intensas de cuero y menos de madera, con componentes adicionales de café y dulce. Esa nota dulce viene siendo una de las principales en la calada en frío, en donde también hay notas suaves de pimienta y otras aún más suaves de café.
El Cuba Libre Core comienza bastante suave y sutil, con una intensidad media-baja de sabores a cuero y notas dulces, con algo de pimienta por el retrogusto. A lo largo de la primera mitad también aparecen sabores de madera seca y nueces, pero todo con una intensidad media-baja, incluso esa sensación picante en el retrogusto se va suavizando y para finales de la primera mitad pareciera haber desaparecido y sido sustituida por un sabor suave a café americano. La quemada es decente, sin ser excepcional, pero al menos no requiere cuidados y el tiro es algo irregular, que realmente es lo menos agradable de la experiencia.
En la segunda mitad el Cuba Libre Core se siente más dulce y es ese sabor el que más destaca, y aunque la intensidad se mantiene en media-baja, la fortaleza alcanza niveles de media y sigue ascendiendo cuando comienza la segunda mitad, hasta llegar a media-alta o muy cerca cuando estoy en las últimas caladas. Este aumento de fortaleza se percibe en una sensación más picante, pero no necesariamente en sabores de pimienta y si bien no hay sabores nuevos, el cigarro mantiene sus sabores de cuero, madera y café. La quemada no es tan buena como en la primera mitad, pero con un par de toques técnicos se mantiene controlada. Me toma un poco más de una hora fumarlo hasta que no queda más que disfrutar.
El papel lo aguanta todo y la promesa de hojas de la más alta calidad quedó precisamente en eso. En verdad no es eso; puede que sean hojas de la más alta calidad pero no quiere decir que sean las mejores. Simplemente queman bien pero no aportan mucho sabor. Pero con las dimensiones y el estilo del cigarro, y su color, pues en realidad esperaba algo que, quizá no fuese más fuerte, pero sí más intenso o más complejo. Dependiendo de para qué los quieras, ese precio que tienen puede valerlo, pues por un precio que podría rondar los $2 por unidad, es una buena fumada, siempre que no esperes mucho de ella ni quieras creer que es un cigarro muy premium.
Saroche es un cocuy hecho en Venezuela por DUSA, la gente más conocida por hacer los rones Diplomático, Tepuy y la ginebra Canaïma. Hace un tiempo tuve la oportunidad de conversar con uno de los dueños y preguntarle por qué es que ahora están haciendo cocuy y no hace 10-15 años. Si se debía a una moda o ganas de experimentar, o qué.
El hecho es que DUSA es una empresa de varios socios y quizá el principal es de apellido Ballesteros. Su familia ha hecho cocuy desde hace más de 75 años, y aunque se dedicaban a los alcoholes y destilados, y a producir rones y, más recientemente, ginebra, el cocuy siempre ha estado en la familia y se ha producido para consumo propio. Pero reconociendo el potencial del cocuy y el hecho que la planta tarda bastante en crecer, en 2013 sembraron más de 300 mil plantas de cocui trelease.
Para la cocción de las piñas, la planta utiliza hornos del tipo utilizado normalmente para el tequila. Esto es un punto importante porque todos los cocui en Venezuela son cocidos bajo tierra en un proceso que se asemeja más al mezcal mexicano y la cocción del cocuy Saroche es lo que lo hace distinto del resto de los cocuy venezolanos y la crítica número uno que hacen a la marca.
Luego es destilado dos veces en alambiques y finalmente embotellado a 47% de alcohol.
El Saroche se siente bastante ahumado en nariz, con aromas que me recuerdan a cosas dulces pero también a especias que incluyen la guayabita (allspice en inglés), nuez moscada y notas herbáceas, frescas y picantes.
En boca tiene un leve dulzor, pero también abundantes sabores cítricos que me recuerdan a la cáscara de la toronja o más como la del tangelo (mezcla entre toronja y mandarina). En el retrogusto es herbáceo y sumamente ahumado, siendo aquí donde mayores notas de esa sensación se aprecian.
Una particularidad que suelen tener los tequila vs. los mezcales es que estos últimos tienden a ser mucho más ahumados y eso es lo principal que hubiese asumido del Saroche frente a otros cocuy. Sin embargo, el Saroche se siente bastante ahumado y muy sabroso. Originalmente tenía grandes reservas por cómo sería mi experiencia, porque al saber que su proceso era distinto al original y que el objetivo del producto es el mercado exterior, pensé que sería un mateo de simplemente llamarlo cocuy y venderlo afuera. Pero no. Es tremendo producto. Uno para representar y mostrar con orgullo. Y con un músculo gigantesco detrás.
Ficha Técnica: Fabricante: Destilerías Unidas, S.A. Nombre del Cocuy: Pure Ancestral Agave Marca: Saroche Origen: Venezuela Edad: Cero Precio: $55 Densidad alcohólica: 47% Puntuación: 92
Desde su fundación en 1978, Aganorsa Leaf ha hecho bastante en la industria del tabaco. Algunas cosas no tan buenas, como ponerle nombres de Algo Leaf a muchos de sus productos, cuando ya su marca se llama Algo Leaf, así que uno termina diciendo Leaf dos veces. Pero originalmente se llamaban Tropical Tobacco y eventualmente cambiaron su nombre a Casa Fernández, hasta 2018 que cambiaron de nombre al actual. Aganorsa viene de Agricola Norteña S.A., una empresa de Eduardo Fernández Pujals y que incluye ganado, tabaco y fábricas de tabaco. En enero de 2020 lanzaron esta línea llamada Supreme Leaf, primero en robusto 5 x 52 y se ha convertido en una línea que cuenta con 10 vitolas distintas. Este Rothschild tiene medidas de 4½ x 50 y fue lanzado por la marca en marzo de 2024.
En verdad no tengo muchas expectativas con este cigarro, pero sí llevo bastante tiempo queriendo probarlo. Tengo amigos que dicen que es lo peor que han probado de la marca y otros que dicen que es muy bueno, así que lo que más tengo es curiosidad. La anilla de por sí me parece un poco exagerada en sus colores, pero sus aromas sobre la capa son agradables aunque sutiles e incluyen chocolate, madera y nueces. También hay aromas a bosta, paja y notas florales en el pie, con un toque de cáscara de naranja. En la calada en frío me encuentro con aromas de cáscara de maní, cedro, pimienta y chocolate.
No debería sorprenderme, pero las primeras caladas del Supreme Leaf son fuertes de pimienta, pero al poco rato hay notas de cedro, que se vuelve el sabor dominante, al menos en la primera mitad. También hay sabores de cuero, pan tostado, paja y café, encontrando también chocolate un poco más adelantado en esta mitad. Hay algunas notas dulces, que tienen un matiz como ahumado, que me recuerdan a la salsa BBQ, pero no son muy participativas en los sabores y el resto de sensaciones lo llegan a superar. Hay humo abundante y una quemada generalmente buena, que produce buena ceniza. La fortaleza se coloca en media, con una intensidad media-alta.
La segunda mitad es considerablemente más cremosa, encontrando también que hay un sabor a mantequilla de maní que se vuelve casi principal, o al menos al mismo nivel de los sabores de madera. El sabor de pan tostado se siente más como de masa madre y la nota dulce inconstante, pues ya es constante. Los sabores de canela, tierra, chocolate negro y cuero son los que logro identificar y creo que incluso quema mejor, con un anillo de combustión más recto que antes, humo abundante y una ceniza que busca mantenerse. La fortaleza se ubica en media-alta, mientras que la intensidad se mantiene en el mismo punto. Me toma una hora y 20 minutos fumar el Supreme Leaf.
Pues en verdad no encontré nada de malo en el Supreme Leaf. Buena construcción, buenos sabores y buena continuidad, sin grandes transiciones pero tampoco sentí que le hiciera falta. Sus sabores principales están bastante distanciados de los secundarios y estos se sienten también. La pimienta se mantiene constante y la quemada también. No podría encontrarle un aspecto negativo a la experiencia, pero tampoco es algo que colocaría entre las mejores que he tenido, pero sí es una que con gusto repetiría, incluso en otra vitola. Pero en cualquier ámbito, es un muy buen cigarro.
Entre la mayoría de los fumadores en el mayor mercado de Padrón, es decir el americano, los cigarros de cepos grandes se llevan la mayor tajada del mercado. Independiente de la liga o el estilo o, incluso, del origen, los cepos superiores a 56 y que rondan los 60 son los predilectos. En lo personal, hace años que no son mis preferidos, y la razón principal es porque tienden a diluir y ahumar mucho los sabores. Sí, son más grandes y en algún punto puedes decir que está recibiendo más tabaco por un precio relativamente similar al de un cigarro con cepo 50, pero también estás comprando una experiencia más suave y hay a quienes les gustan las experiencias más intensas. También me parecen incómodos de fumar, no solo por el tamaño, sino porque hay veces que se calientan muchísimo. ¿Pero sabes de lo que sí soy fanático? De Padrón y su línea Series me encanta. Por eso no me importó en lo más mínimo probar este Series 7000 Maduro.
El Series 7000 Maduro tiene dimensiones de 6¼ x 60, siendo un puro nicaragüense con capa madurada y lleva un ligero box press sobre su calibre. El cigarro se ve de un tono mate, con varias venas e imperfecciones que hacen que no sea un cigarro liso, con aromas a establo y bosta, mientras que en el pie se siente pimienta y tierra. Luego de picarlo, la calada en frío me da aromas de tierra húmeda, ciruelas y pasas. El aire pasa mucho más lento de lo que pensaría en un cigarro de estas dimensiones, sobre todo teniendo en cuenta que muchos Padrón tienden a tener un tiro más suelto.
El Series 7000 Maduro comienza menos diluido y más picante de lo que esperaba en estas dimensiones, con sabores fuertes a pimienta, pero rápidamente se suavizan y ya para después de las primeras cinco caladas se vuelve tan suave como esperaría. Pero le acompañan también sabores a granos de café, chocolate y una nota que podría llamar dulce, pero en realidad no lo es, sino que se trata de un aroma a caramelo en el retrogusto que se siente ligeramente en el paladar y me hace pensar inmediatamente en algo dulce. En el retrogusto también hay pimienta, pero nuevamente carece de fortaleza al punto que me supere el resto de los sabores. La quemada es muy buena, el tiro no es nada suelto y la ceniza se sostiene perfectamente. Diría que la fortaleza está en media, con una intensidad igual o ligeramente por encima.
En el segundo tercio la quemada no es tan buena como en el primero, en parte porque el Series 7000 Maduro parece calentarse bastante, pero también porque hay momentos cuando la ceniza se ha caído sola por un lado, pero no parece querer caerse por el otro. Los sabores varían un poco, destacando la aparición de matices como nueces y cuero entre los sabores secundarios que impulsan sabores a café y chocolate como los principales. En términos precisamente de sabores, podríamos decir que hay pocos cambios en el liderato, pero la intensidad de ellos baja un poco y se queda fija en media, mientras que la fortaleza no titubea y se queda en la misma posición que antes.
En el último tercio los sabores de pimienta se vuelven mucho más prevalentes e incluso podría llegar a asegurar que la intensidad y la fortaleza aumentan gracias a ello, aunque no hacen al cigarro más complejo, solo más picante. Hay un sabor de cuero también que siempre fue secundario pero en este tercio se vuelve principal, aunque no únicamente ese sabor, sino también el de granos de café, pero ya para cuando le quito la anilla y le quedan unos centímetros aún, parece haber dado todo y se termina apagando solo. Me toma una hora y 50 minutos fumar el Series 7000 Maduro.
En verdad la experiencia fue positiva, principalmente porque el cigarro mantuvo un ritmo de cambios y complejidad respetable, pero también porque fueron los sabores típicos de Padrón y eso es innegable. Pero no dejó de ser una fumada que se sentía diluida, aunque quemaba bien pero no estuvo exento de los típicos temas de esta vitola como la quemada más caliente. Casi todas las instancias de cigarros que he probado de la línea de Series tienden a darme mejores resultados con la capa madurada, aunque creo que el Series 7000 no lo he probado en Natural. No obstante, si sigue la línea del resto de los productos, no debe ser mucho más fuerte ni mucho mejor. Pero mantengo mi punto: buena fumada, pero no es para mí.
Aunque de Panamá he probado varios rones y reseñado otros más en este blog, Casa Barú es una marca que no había probado antes y que incluso desconocía. Pero hace poco tuve la oportunidad de probar este Geisha Soul en una cata y quedé muy sorprendido.
Comencemos que Casa Barú es lo que se conoce como un single estate rum y no es solamente un ron que voy a destacar aquí porque sea pot still, que ya es algo importante porque para que un ron sea solamente de alambique y venga de Panamá, ya tiene que ser algo especial. Pero single estate quiere decir que la marca controla la siembra y la producción de la caña de azúcar para luego producir el ron.
Además, viene de la región donde se cultiva la variedad de café geisha, que fácilmente podría ser el café más caro del mundo. Geisha es un varietal de café de culto, principalmente para conocedores. Si bien el café marca-país de Colombia y de tantos países que hacen café para conocedores, como Nicaragua, Etiopía, Indonesia, Hawaii y tantos otros, el Geisha de Panamá es algo superior.
Pero el Casa Barú Geisha Soul envuelve ambos productos, incluyendo las cerezas del café geisha en la cuba de fermentación de la miel de caña. Además, el añejamiento se hace en barricas ex-bourbon y ex-rye (centeno), pero no destaca durante cuanto tiempo. Es finalmente embotellado a 40% de alcohol.
Creo que lo que más me llama la atención del Casa Barú Geisha Soul es que no huele a ron. Si bien me encuentro con notas de miel y vainilla, que pueden ser comunes, la nota abundante es floral y eso puede ser por la barrica de rye whiskey, pero también podría ser por ese geisha, porque es realmente un café con aromas florales.
En boca nuevamente destaca esa nota floral, toques dulces de miel, un dulce de pistacho y notas herbáceas. El retrogusto es herbáceo de eneldo y con una sensación de frutos secos y madera.
Pero el hecho de que el geisha no tiende a tener sabores especialmente de café y que la fermentación en sí no incluye el café tostado sino las cerezas puede tener mucho que ver con la experiencia de este ron. Otra cosa que tiene mucho que ver es que sinceramente no sabe a ron. En una cata a ciegas esto puede confundir bastante pero tomándolo por sí solo pareciera más un licor floral que un ron. En verdad no sé si me gusta… me sorprende, pero no me gusta especialmente.
Ficha Técnica: Fabricante: Casa Barú Nombre del Ron: Geisha Soul Marca: Casa Barú Origen: Panamá Edad: NAS Precio: $40 Densidad alcohólica: 40% Puntuación: 84