Últimamente he variado un poco mis frecuencias del tabaco. Si bien he llegado al punto de fumarme hasta 3 puros al día y hacer esto 3-4 veces por semana, en los últimos meses, producto del trabajo intenso en oficina, bajé la frecuencia a unos 3 puros semanales, tipo martes, sábado y domingo. Hace cuestión de unas tres semanas dejé el trabajo, inclinándome por una opción independiente y desde casa, y el mayor reto ha sido por un lado, definir esa delgada línea entre aburrimiento y hambre, y por el otro condicionarme a no fumar todos los días, pues si por mi fuera, así lo haría.

El hecho es que estoy tratando de controlar el tema y me estoy apuntando a 4 puros a la semana. Sean martes, jueves, sábado y domingo, o miércoles, viernes, sábado y domingo. Mi esposa me dice que simplemente fume cuando quiera (sin exagerar), pero con lo desordenado que soy, necesito plantearme estructuras en algunas cosas; y en realidad quiero fumar todos los días, pero ahí caigo en el tema anterior. Otra cosa que me he planteado es que al menos una de esas fumadas sea con puros de ‘baja gama’, sean Don Quijote, Domingo Lopez, puros cubanos de bodega y uno que otro habano falso que pueda tener, y combinar estos puros con algún licor o cóctel, con el fin de hacerlos más interesantes.

A propósito de ello, tenía en el humidor un torpedo Crispin Patiño Capa Clara con unos dos años de guarda, producto de mis primeras compras por cajas, y de cuando estaba todavía aprendiendo a fumar. Cuando los compré y mientras los fumaba me parecían excelentes, pero conforme fui graduándome a mejores puros y de otros orígenes, cuando intenté volver a estos me parecieron horribles. Si bien la capa clara, como la llaman en la marca, es relativamente equivalente a un Connecticut para el resto del mundo, y este tipo de capas no suelen mejorar mucho en dos años, decidí darle candela, simplemente por no tenerlo más en el humidor y para ver qué tal.

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Estructuralmente el puro está prácticamente como el día que llegó a mis manos; si bien no es un puro especialmente sabroso y cargado de sabores, su construcción es perfecta, siendo con una textura relativamente lisa, aunque en la foto se notan todas las imperfecciones, gracias a la calidad de la cámara/objetivo. Pero sus aromas son bastante escasos, resaltando el de paja, aromas dulces y un toque lejano de cuero. Además, se trata de un puro pesado, sólido y nada esponjoso.

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Sin embargo, esa maduración de dos años de humidor sí ha comprometido un poco la calidad de la capa, por lo que se notan distintas manchas que no estaban ahí al principio. En las primeras caladas el sabor es prácticamente neutro, con algunos toques de cuero y vainilla, pero muy livianos. Como he mencionado en otras ocasiones, este tipo de puros son mejores cuando haces un maridaje con algún licor o cóctel, y es exactamente lo que hice con este, al combinarlo con un ron venezolano Roble Ultra Añejo. El cigarro ciertamente mejora el sabor del ron, pero no sucede la viceversa, pero básicamente porque los dos años de guarda del puro no le han ayudado a mejorar su sabor; más bien lo han desvanecido.

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Sin embargo, al igual que los puros y los vinos, los rones guardan distintos sabores adicionales al alcohol, y combinarlo con el puro me ha permitido apreciar mejor los sabores de madera y cáscara de naranja del ron, pero aquí estamos hablando del puro, y si bien su sabor no está a la altura, al menos el tiro es bueno y la cantidad de humo abundante, por lo que al menos podemos dar la impresión que se trata de una buena fumada.

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Posiblemente sea esa la finalidad de estos puros: aparentar. A partir de la mitad sí se le sintieron algunos sabores adicionales, pero muchos de ellos eran amargos, sin duda producto de la maduración en humidor, pero no tanto por la calidad de la hoja. Tengo un amigo que comercializa puros nicaragüenses en Venezuela, y cada vez que le comento sobre los puros venezolanos, tiene el argumento que la fermentación y maduración de la hoja venezolana es muy corta, no porque la hoja lo amerite, sino más porque el productor asume que con 6 meses ya estará bien, y es ese el tiempo que suelen pasar en fermentación, cuando sabemos que deberían ser al menos dos años. Ultimadamente, ese es quizá el mayor problema de la producción nacional: su calidad. En este puro, luego de dos años en el humidor, se le sigue sintiendo un aroma/sabor a amoníaco, que sin duda es producto de una mala maduración cuando fue cultivado.

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Hace un par de años era Crispin Patiño lo que más fumaba, sin ningún problema los “disfrutaba”, pero el haber probado mejores productos me ha hecho alejarme de esta marca, y quizá sea esa la única manera de disfrutarlos: cuando no has probado algo mejor. Crispin Patiño también produce cigarros maduros, con capa ecuatoriana madurada, y esos cigarros son realmente clase aparte de estos, pero su disponibilidad es muy reducida, y sus precios están casi a la par de los puros nicaragüenses y dominicanos. Hacia el final del puro se sintieron algunos sabores agradables, pero eran muy poco, muy tarde. Entre todo, me da gusto haber comprobado la calidad luego de 2 años, y al menos su construcción se mantuvo perfecta hasta el final del puro, sin apagados, sin retoques, y fumado casi hasta el final.

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