Creados en 1973 exclusivamente para el mercado francés, el Quai d’Orsay original estaba disponible en pocas vitolas y era considerado un cigarro de intensidad suave a media. Nació luego que Valéry Giscard d’Estaing, entonces ministro de finanzas pero quien eventualmente sería presidente de la república, le escribiera una carta al monopolio de tabaco preguntando porqué no había un cigarro francés. Históricamente fue el único cigarro fabricado exclusivamente para un país y hecho en otro. Pero en 2017 el monopolio cubano decidió relanzar la marca y transformarla de un cigarro regional a una marca global, cambiando anillas y cajas también. El cigarro recibió dos nuevos tamaños, vitolas más gruesas para apelar al mercado global y una nueva liga. Hoy el cigarro se consigue en casi todas partes y yo pude comprar tres de ellos en República Dominicana hace unos 10 meses. Aunque uno lo regalé a un buen amigo, este no tuvo desperdicio alguno y finalmente pude probarlo esta semana.

Quai d'Orsay - No. 54 01

 

Aunque nunca fumé un Quai d’Orsay de los previos, sí los vi varias veces y la diferencia al menos con la anilla es bastante notable. Pero también me pareció destacado que el cigarro se diferencia bastante de muchos habanos porque su capa es más uniforme, mientras que en muchas otras marcas se notan irregularidades tanto en colores como en textura. Incluso, el cigarro se siente firme, sin partes esponjosas o demasiado suaves. En cuanto a aromas de capa se aprecia un tabaco dulce y un aroma que me recuerda a una bolsa de pan. En el pie se siente un refuerzo del aroma de pan pero sin la bolsa y algo de manzana verde. Finalmente la calada en frío ofrece toques de pimienta y madera.

 

Quai d'Orsay - No. 54 02

Siguiendo la tónica de los aromas en frío del cigarro, el No. 54 comienza con un sabor de pan fresco y el cigarro carece de cualquier sensación picante común en muchos cigarros recién encendidos. Sí se le llegan a sentir sabores de pimienta más adelante en el primer tercio, pero afortunadamente no es esa sensación de picor en la lengua y en la garganta apenas enciendes el cigarro. Quizá lo que más me llama la atención en este momento es el hecho que la línea de quemado es bastante recta y pareciera que seguirá esa tendencia.

 

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La pimienta es un sabor bastante suave en el cigarro, aunque sí se siente, pero más se sienten los sabores de pan y de madera, pero es muy necesario el retrogusto para poder sentir la mayoría de los sabores que ofrece el cigarro. El Quai d’Orsay también parece quemar un poco más rápido de lo que esperaría con uno de estas dimensiones, pero rápidamente me está demostrando que se trata de un buen producto.

 

Quai d'Orsay - No. 54 04

En el segundo tercio la pimienta sigue estando bastante destacada, e incluso emerge mucho más fuerte y no solo en el retrogusto. Evaluando un poco el primer tercio la verdad es que se apreciaron sabores agradables pero ninguno estuvo realmente fuerte, mientras que en el segundo la pimienta se siente bastante fuerte pero no es el único sabor, sino también uno de café cremoso y la madera se mantiene e incluso presenta un par de matices interesantes, combinando con sabores a apreciar en el retrogusto.

Quai d'Orsay - No. 54 05

 

La intensidad de la pimienta es variable y afortunadamente eso ayuda a que tenga mayor o menor predilección o inclinación hacia probar el retrogusto. El cigarro también comienza a quemar más lento a partir de la mitad e incluso se siente como si el tiro se cerrara un poco, que ha estado muy bien hasta el momento. En cuanto a sabores en verdad, con excepción de ese mejoramiento en el segundo tercio los sabores no son tan variados con respecto a como eran al principio de la fumada aunque sí se sienten más intensos y aunque el cigarro no es tan suave como se podría pensar o al menos como mencionan que era la liga original, tampoco es una bomba. La línea de quemado mantiene una rectitud respetable y la quemada, aunque más lenta, a veces es temperamental y se acelera de a ratos, por lo que no puedo decir que es regular.

Quai d'Orsay - No. 54 06

 

Aunque el Quai d’Orsay no es un cigarro que voy a marcar como el más sabroso ni uno de los más sabrosos, hay algo que me gustó mucho y es el mantenimiento de los sabores. En ocasiones me ha pasado que siento uno que otro sabor en el cigarro que quiero seguir explorando y apreciando, pero desaparece demasiado rápido y se pierde. Quizá la sencillez de los sabores de este habano me ha permitido examinar más exhaustivamente cada sabor. Pero en general hay dos tendencias que se me cumplen casi siempre que fumo un habano: 1) la línea de quemado es bastante variable, y 2) varios de los sabores duran poco, y con este Quai d’Orsay no han sucedido ninguna de las dos. Incluso, lo he disfrutado bastante y, quizá porque últimamente le he cogido más el gusto a los capa Connecticut, con este tuve paciencia al determinar que no era necesariamente fuerte, incluso al punto que se convirtió en uno de los habanos que buscaré regularmente. ¿El mejor habano que me he fumado? No, pero sí está en el Top 5.

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