La verdad es que el gusto por el tabaco es un tema evolutivo y de nuevas experiencias, nuevos gustos, nuevos sabores y el desarrollo de esos sabores. Hace un par de años no dejaba de comprar cigarros con un mínimo de 56 de cepo, mientras que hoy si pueden ser menores a 52, mejor. Sin embargo, en las próximas reseñas verán varios de 60+, pero eso es por una oferta que conseguí. También me pasaba que ni pensar en un lancero, y hoy aunque no son lo que más busco, a menudo aprecio un buen lancero. Igual con los capa Connecticut; desde que comencé a fumar los he comprado muy pocas veces, a menudo por error, pero con este Serena lo compré a sabiendas de lo que era y con muchas intenciones de tenerlo, realmente. En gran parte gracias a que mis experiencias previas con Matilde han sido muy buenas, pero también porque la labor de José Seijas, su creador, ha sido invaluable en el mercado del tabaco.

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Pero también, y de esto me doy cuenta ahora, porque el cigarro fotografía muy bien. Como es casi obvio, el Serena tiene una capa Connecticut proveniente de Ecuador, sobre un capote dominicano y tripa de República Dominicana y Nicaragua. Está disponible en cuatro vitolas distintas, de la cual este cigarro es el Toro Bravo. Puedes encontrar información del cigarro y las vitolas directamente en la página de Matilde Cigars. Aunque es un cigarro suave, la oleosidad sobre la capa es notable y bastante lisa, con algunas venas visibles, pero no mucho. Los aromas son una combinación de madera, ron, pimienta, café y nibs de cacao, mientras que en la calada en frío se aprecia pistacho, madera, cuero, establo y chocolate.

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Pero el Serena solo tiene de Connecticut la capa, porque además de tener varios aromas en frío, a tan solo las primeras caladas ya se sienten sabores dominantes de nueces y notas florales, con algunas notas menores de tierra mojada, paja, nibs de cacao, madera y por último algo de pan. El hubo es abundante, continuo e, incluso dándole una pequeña calada, se suelto bastante humo.

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A lo largo del primer tercio se siguen apreciando aromas y sabores, incluyendo una nota ‘no tan fuerte pero más fuerte de lo que esperaba en un Connecticut‘ de pimienta y un toque dulce como de banana. Sin embargo, sí mantiene su intensidad típica, aunque ligeramente mayor de un Connecticut, por lo que no hay cómo negarlo, pero tampoco hace falta. La intensidad apenas si roza la media, pero sí se siente que aumenta.

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En el segundo tercio se sienten sabores nuevos, interesantes, pero no del todo agradables, a pimiento verde, incluyendo el toque amargo que los pimientos a veces tienen. Le siguen sabores de establo, grama, madera y cuero. El cigarro sin duda es cambiante, como espero siempre que sean los de República Dominicana y una de las razones principales por las que los disfruto.

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El tiro y el humo siguen siendo impresionantes a la mitad del cigarro, aunque los sabores dulces y de pimienta del retrogusto ya desaparecieron, y hacen que el cigarro se sienta un poco más plano y hacia los sabores secos que molestan un poco en la garganta. La intensidad se mantiene justo por debajo de media, y ahora con la desaparición de los sabores del retrogusto, dudo que vaya a aumentar.

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Pero el Serena mantiene el factor sorpresa que caracteriza a muchos tabacos dominicanos y es mejor en su último tercio que en el segundo, destacando una combinación de sabores cremosos de madera y almendras que se vuelven los dominantes, seguidos de un cítrico de limón, paja, chocolate, café y cuero. También se siente más dulce, tanto en el paladar como en el retrogusto, aunque en esta parte se siente más la pimienta. La intensidad también es un poco mayor en el último tercio, alcanzando la media sin mucho problema.

Un tema que me llamó la atención con el Matilde Serena es que es un cigarro para fumar lentamente, tomándote tu tiempo y apreciando cada calada, pues en las ocasiones que comenzaba a fumarlo muy rápido me dio notas más secas y amargas. La construcción también era impresionante, teniendo en cuenta que lo piqué con una guillotina en V que no me ha salido muy buena y tiende a maltratar los cigarros de capas más suaves, pero el cigarro mantuvo sus propiedades toda la fumada. Sin embargo, la capa Connecticut es una que se ha ganado su puesto en mi humidor, aunque no sea la que más busque, en casi todas las ocasiones que lo fumo termino disfrutándolo. El Serena tiene una buena combinación de sabores y construcción, pero esas combinaciones a veces no me pegaban y el equilibrio del cigarro sufrió un poco por ello. Pero no por ello dejaría de comprar uno.

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