Tabaqueria 1844 es una de las marcas emergentes en República Dominicana, aunque muchos prefieren llamarlas marcas boutique, quizá porque tiene más caché o porque simplemente es el término de moda. El hecho es que estas marcas boutique están en auge no solo en RD sino en todo el mundo así que sin duda vale la pena usar el término a fin de diferenciarse de las marcas más tradicionales de la isla. Sin embargo, cabe destacar que no estoy 100% claro de la marca de este cigarro, pero como ya me fumé uno de ellos llamado Reserva del Padre y le puse de marca Campesino (porque es lo que dice la etiqueta), he visto en varias páginas que la marca del cigarro es Tabaqueria 1844. En fin, solo espero que me corrija la marca y mientras tanto seguirá llevando este nombre.

El Buey Manso es un cigarro con capa habano y realmente es un puro dominicano, al punto que en la misma anilla lo destaca. Por otro lado, mi experiencia con el Reserva del Padre no fue la mejor (que también es un puro dominicano), por lo que no espero mucho de este. Sin embargo tiene un color bastante uniforme y una capa oleosa y también se siente algo pesado. Tiene aromas en la capa a pimienta suave, caramelo y madera. En el pie no hay muchos aromas, apenas destacando paja y grama recién cortada. Finalmente la calada en frío presenta un poco de todos los aromas anteriores y les incluye anís.

El Buey Manso comienza bastante suave, en verdad. Aunque tiene capa habano durante un momento reviso bien porque podría ser un Connecticut oscuro y yo me equivoqué. Pero no, es habano, solo que es suave de sabores. Pero por suerte más adelante, como a mitad del primer tercio, destaca con sabores de crema, notas de semillas de girasol y nueces, nuevamente haciéndome pensar en que podría ser un Connecticut, pero nuevamente confirmo que no lo es. Hacia el final de este tercio comienzan a aparecer notas de café y nueces.

Para el segundo tercio los cambios son pocos aunque destaca mucho más es la construcción. El cigarro se mantiene cremoso y con sabores de nueces y hacia la mitad destaca unos sabores como de chocolate, pero bastante sutiles y no suficiente como para marcarlo como un sabor sino casi una esencia. Es una lástima porque no es que el cigarro sea suave, aunque esté en intensidad media-baja, hay una sensación áspera destacada en la garganta, pero no mucho más en términos de sabores, sino la sensación que el tiempo pasa y el cigarro se va consumiendo pero no mostrando mucho más.

En el último tercio se siente un poco más interesante, destacando sabores a anís y nueces, que acompañan sabores a café y madera, pero casi todos se sienten un poco secos. Aunque la combinación de sabores podría ser interesante, el cigarro no es muy complejo y por ello se sienten planos los sabores, además que esa sensación seca es bastante destacada. Lamentablemente esa carencia de sabores, intensidades y complejidad me pone difícil seguir hablando más del cigarro sin divagar.

El cigarro lo compré en una tienda en Miami, y me impresionó mucho conseguirlo porque normalmente no se encuentra en ese país. Pero, nuevamente, como mi experiencia con el Campesino previo no había sido la mejor, solamente lo compré porque el de la tienda me dijo que estaría mejor que el Reserva del Padre. En verdad no fue así y es una lástima, porque en medio de todo los puros dominicanos me llaman la atención y en la mayoría de los casos me he llevado sorpresas muy gratas. Pero, con un poco más de 8 meses de guarda y dedicándole una hora y 40 minutos, no pude sacar mucho más de este cigarro.

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