Un año y medio atrás estaba dictando una cata de tabaco Don Quijote junto con mis amigos de Cultura Ron, al tiempo que ellos hacían una cata de tres rones venezolanos. Durante esa cata hubo gente invitada por mí y por Cultura Ron y, al poco rato de terminar la cata pude conversar con varios de los asistentes, entre ellos los invitados por mis amigos. Una de esas personas era el dueño de Don Rogelio Cigars, quien estaba de visita en Venezuela y quien me obsequió uno de sus productos. Casualmente, un par de días después viajaba a República Dominicana y ¿a quién me encontré en el aeropuerto? Al mismo señor. Conversamos un rato y descubrimos que íbamos al mismo destino, pero en líneas diferentes. No nos vimos más, pero de vez en cuando conversamos.

Don Rogelio es una marca que rinde tributo a quien lleva su nombre, una persona que sirvió de guía y maestro a Thomas Martinez, quien fue el que me regaló el cigarro. Los cigarros individuales vienen en unas cajas de cartón con toda la historia de esta persona, pero la caja vacía fue víctima de la limpieza de año nuevo que azotó mi casa y realmente no la tenía en el lugar menos accesible. No obstante, la marca hace solo dos productos: capa maduro y capa habano, siendo este el último. Los cigarros, a su vez, vienen envueltos en un papel encerado y con un hilo de fieltro por dentro, y sobre ello la anilla del cigarro. Lamentablemente es imposible mantener la anilla y quitar el resto, pues está todo pegado. Una vez le quité todo, quedo con lo que se llama un cigarro desnudo que tiene aromas a frutos rojos, avena y madera en su capa brillante. En la tripa no se aprecia ningún aroma porque está cubierta por la capa y, finalmente, la calada en frío presenta aromas de madera abundantes y escasos cítricos.

Luego de encender rápidamente, incluso con parte de la capa cubriendo el pie, el Don Rogelio Habano comienza con notas bastante fuertes de pimienta, atípicas para un cigarro dominicano, seguidos de sabores casi tan fuertes de madera de roble y durazno, mientras que en el retrogusto es pimienta el sabor dominante, con notas más suaves de madera genérica. Al cabo de algunos minutos y más o menos al momento de la imagen, los sabores en el primer tercio cambian ligeramente, mostrando una nota aún mayor del sabor de pimienta y dando unos sabores a café muy interesantes y ricos. El humo es abundante, pero no necesariamente denso, mientras que la intensidad se coloca en media-alta. El anillo de combustión no es perfecto, pero tampoco preocupa y la ceniza se sostiene bastante bien por sí sola.

Hacia el segundo tercio el humo se hace escaso, no por ello está falto de sabores, pero ya no muestra la misma cantidad de él que en el primer tercio. Los sabores se sienten con un matiz ligeramente ácido, que no logro descubrir si se trata de un sabor per se o de un tema de fermentación del tabaco, pero afortunadamente la intensidad de pimienta se reduce un poco, lo que me permite apreciar mejor el resto de los sabores, que incluyen ahora madera, dulce y especias dulces y una ceniza bastante sólida con un anillo de combustión con tendencia recta. Más o menos en el ecuador del cigarro aparecen notas de tiza y amargas que no son nada agradables, pero afortunadamente duran muy poco tiempo, sustituidas por notas de café y almendras, que realmente me hacen volver a querer al cigarro.

Me pierdo un poco en los matices del cigarro y la combinación de sabores a almendras, madera, café y pimienta, tanto que la foto del último tercio es mucho más adelantada que la del tercio anterior. La pimienta sigue presente en este punto, pero es realmente suave y su presencia se limita al retrogusto, en donde le acompañan sabores a almendras también. En el paladar las especias dulces que mencioné anteriormente parecen dividirse al punto que me deja identificar anís y canela, pero también hay café y madera presentes. El tiro se abre un poco y esto me permite desprender mayo densidad en el humo, pero la intensidad no se hace mayor y, si no fuese por la fuerza de la pimienta de la primera mitad, el cigarro tendría una intensidad media-suave. Al final, luego de una hora y quince minutos, el Don Rogelio Habano llega a su fin, con una apariencia bastante fea, pero buenos sabores.

Una fumada interesante, sin duda, con sabores que no esperaba de un cigarro dominicano y menos de un cigarro que no conocía, y mucho menos de un cigarro cuya marca comienza por Don, pues tengo un amigo que afirma que ninguna marca que comienza por Don es buena. Claro, su argumento es destruido cuando le hablo de Don Pepin, pero me dice que es el único. Me hubiese gustado tener la anilla sobre el cigarro y que la capa mantuviera su “belleza” durante toda la fumada, pues en el último tercio realmente se hizo bastante fea y era imposible hacerle una foto sin que pareciera que estaba lamiendo el cigarro. Pero todo eso son temas subjetivos visuales; el cigarro en verdad estaba bastante bueno y con gusto lo compraría de nuevo.

3 Comments

  1. Doy fe, que lo leído del tabaco puro Don Rogelio es totalmente cierto. Pero digo más de haber podido saborear un Don Rogelio, Miguel de Cervantes Saavedra : Don Quijote tomaría un puro por lanza y arremetería al galope contra los gigantes molinos de viento.
    LA CABALLEROSIDAD, VALOR Y PLACER
    ES LO QUE UN HOMBRE SIENTE AL FUMAR UN BUEN PURO HABANO DON ROGELIO.

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