Por una extremadamente buena suerte cuento con algunos seguidores que me han enviado cigarros para probar. Dado que normalmente coloco los cigarros en una lista y los voy fumando en orden, estos cigarros ya tienen unos 6 meses en el humidor y puedo estar seguro que están en el momento propicio para darles fuego y este es parte de un paquete de ocho cigarros que me enviaron, de los cuales solamente había fumado uno anteriormente. La línea Extension de la Racine de L’Atelier forma parte de un incentivo que creó la marca para colocar ediciones limitadas en algunas tiendas a fin de llamar la atención de más clientes. Esta edición comenzó en 2013 y el cigarro que llega a mis manos tiene siete años de haber sido puesto a la venta. La línea consiste en cigarros de una sola vitola (aunque esta cambia anualmente) en forma de un torpedo 6,125 x 52 y se encuentra limitado a 27 mil cigarros fabricados en Nicaragua por My Father Cigars.

La capa Criollo de este cigarro se ve especialmente repleta de venas y pequeñas imperfecciones, pero considerablemente lisa que hacen que parezca más como distintas secciones de hojas que una sola, lo cual obviamente es un efecto visual. Se siente bastante rígido, con una sección especialmente dura hacia la cabeza del cigarro pero no es el primer cigarro con esta dureza que pruebo, así que no espero que sea un problema. La capa tiene aromas afrutados y dulces con toques de pimienta, y como es torpedo opto por picarlo diagonalmente, pero el tiro en frío es bastante apretado así que le doy un segundo corte opuesto, haciendo lo que se conoce como el corte en Voss, por @cigarvoss, su creador. Pero luego de algunas pruebas determino que el corte tampoco ayudó mucho así que le doy un tercer corte y el tiro se siente apretado, pero algo de aire pasa y me permite apreciar aromas de notas cremosas, casi como de mantequilla y una nota muy suave de pimienta.

El Extension de la Racine 2014 comienza relativamente bien, pero el tiro realmente no es nada bueno, así que no produce mucho humo cada calada y por ende no aprecio muchos sabores. Para mediados del primer tercio puedo anotar pimienta y galletas, pero para ese punto creo que debería sentir más así que procedo a hacerle un cuarto corte al cigarro y algo de masajes, lo que hace que la ceniza se caiga y no pueda tener una columna respetable, al menos en este punto. El cuarto corte permite apreciar algo de una nota cremosa en el cigarro, notas de madera y lo que únicamente puedo describir como tiza o una sensación más neutra de la crema. El anillo de combustión es relativamente recto pero con este tiro tan apretado, cualquier cosa es posible y el hecho que no se ha desviado es solamente una muestra de lo poco que puedo calarlo. Me toma 25 minutos superar el primer tercio.

Quizá por desesperación o aburrimiento le hago a una imagen a lo que viene siendo el segundo tercio apenas llego a él y esto no es algo relevante pero lo será en la próxima imagen. En el segundo tercio las notas de tierra son intensas y prácticamente dominan la fumada, pero también se aprecia pimienta, madera y notas dulces, pero es la madera la que se mantiene durante todo el tercio. Yo sigo con la obligación de masajear el cigarro y realmente durante más de una ocasión estuve a punto de dejarlo de lado y encender otro cigarro porque no estaba disfrutando de la experiencia. Pero el hecho que es un cigarro que tiene siete años de hecho me convenció que tenía que darle la oportunidad. Quizá soy más paciente que muchos amigos que a la primera señal de imperfección tiran el cigarro, pero creo que soy paciente en varios sentidos así que porqué no serlo con el tabaco.

Efectivamente, pasa tanto tiempo entre una foto y a otra que es raro describirlo como una continuación, pero la anterior era el principio del segundo tercio y esta es la mitad del último. Para este punto el cigarro ha mejorado considerablemente, básicamente porque no podía empeorar pero también porque he probado la elasticidad de la hoja y los “masajes” que le doy ya son casi amasados. Esto le permite ofrecer mejores sabores, entre los que destacan madera, tierra, pimienta, dulce, crema y nueces, mayor complejidad y mucho más humo. Al cabo de una hora y 35 minutos el Extension de la Racine 2014 llega a su fin, un fin que podría haber llegado mucho antes si no fuese por mi paciencia, pero que al final no estoy tan seguro si valió la pena.

La cabeza del cigarro es bastante “afilada” o puntiaguda, recordándome al San Martin de Tabacalera del Oriente que probé hace varios años, que era casi una daga. Lamentablemente el problema del tiro de este Extension de la Racine fue su mayor problema y el gran obstáculo del disfrute de este cigarro por el que tenía grandes esperanzas, no por ser un regalo sino por ser un producto de Pete Johnson (de Tatuaje Cigars) y por tener siete años de añejamiento. En los pocos momentos que se sintió bien (contados con dos dedos), el cigarro era una maravilla de complejidad, pero ni mi paciencia ni la constancia de cada calada fueron suficientes para compensar sus problemas y eso evitó que disfrutara de la experiencia.

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