Una teoría muy aplicada de la neurociencia, al menos en lo que a gastronomía y placeres del gusto se refiere, es que el ambiente, la compañía y el placer del momento tienen mucho que ver en qué tanto disfrutas un plato, un destilado o, incluso, un tabaco. Esta teoría, sin entrar en demasiados pormenores, indica que si la compañía, el ambiente y la situación es agradable, te va a gustar lo que estás probando independiente de si es algo que normalmente te gustaría y, al contario, si estás incómodo, acalorado, en mala compañía o cualquier otro aspecto negativo, incluso si lo que estás probando está sabroso, no lo vas a disfrutar. En lo personal solo me he creído eso en un 30% y realmente no llego a aplicarlo como una ciencia ni asumo que puedo enseñarle a otros como disfrutar las cosas. Sí pienso que tienes que estar cómodo, en un ambiente agradable y en la mejor compañía, pero no lo pongo como un factor determinante para que algo te guste, sino más como sentido común; si estoy cómodo, con gente que le guste o no le importe que yo fume y me agrada esta gente, fumaré. Pero a lo que voy con esta gran explicación es que hace casi dos años fumé este Charter Oak Broadleaf, en formato Grande 6×60 y, aunque estaba al aire libre, era enero así que estaba fresco, estaba con mi padrastro y el ambiente era agradable, sería injusto decir que el cigarro me gustó mucho, porque no fue así.

Bastante he dicho sobre los cigarros de vitola 6×60 y cuánto no me terminan de gustar, pero creo que eso colaboró en gran parte para que pasara tanto tiempo antes que probara nuevamente un Charter Oak Broadleaf. También tuvo que ver que mis amigos de Gentleman Brothers lo tuvieran disponible y a un buen precio. Así que finalmente me senté con el cigarro, en un ambiente que considero agradable, de noche y después de una larga semana de trabajo. Lo primero que me llama la atención del cigarro es lo barato que se ve, y esto lo noté en el Grande de hace dos años, pero quizá no le hice mucho caso. Pero el cigarro, aunque muy bien hecho y con el pie cubierto, la verdad es que tiene una capa bastante irregular. Es un cigarro que rara vez supera los $6, así que el hecho que se vea así es solamente lo esperado. La capa también es brillante y oleosa, con aromas a especias dulces y madera, mientras que el pie cubierto desprende aromas de madera y pimienta. Finalmente lo pico y los aromas son de madera y cartón.

Pero con toda su apariencia barata, el Charter Oak Broadleaf enciende uniforme, perfecto y con un tiro fenomenal. Los sabores son exactos a los que un Broadleaf desprenden: intensos, abundantes, densos y casi masticables a chocolate en jarabe, tierra y pimienta. Estos sabores se van haciendo más complejos a lo largo del tercio y eso es algo que realmente me impresiona de un cigarro de gama baja, pues rara vez evolucionan y mucho menos comienzan a sentirse notas y matices en la fumada, pero el chocolate ahora se siente como un chocolate con leche y la tierra ahora es seca. Tanto la intensidad de los sabores como la fortaleza del cigarro se sitúan en media y, aunque fuma relativamente rápido, me toma alrededor de media hora superar el primer tercio.

En el segundo tercio incluso hay una variación importante, pues el Charter Oak Broadleaf comienza a concentrarse más en sabores de madera y pimienta, y esa madera es más como de roble y la pimienta es más negra. El cigarro comienza a desprenderse de esos sabores de chocolate y es aproximadamente en la mitad de él que comienzan a aparecer especias como canela y nuez moscada, que no son del todo abundantes, pero le dan un toque de complejidad a la fumada. El chocolate se mantiene en el retrogusto, aunque su parte cremosa ya no se siente. La fortaleza del cigarro es media-alta y la intensidad de los sabores sigue en media, aunque el cigarro muestra un par de indicios en donde comenzaría a quemar mal, pero un retoque pequeño a tiempo lo corrige antes que pase a mal.

En el último tercio los sabores de chocolate regresan al paladar, pero no desplaza a ningún sabor, sino que los de madera y pimienta le llevan el mismo ritmo y como es de esperar, el final del cigarro se vuelve su mejor parte. Los sabores de especias también se presentan con bastante participación y el retrogusto se mantiene igual con sus fuertes notas de chocolate y de pimienta. Estos cambios hacen que la fortaleza de los sabores se sientan en media-alta y que la intensidad del cigarro esté más o menos igual. Aunque la quemada no ha sido del todo recta, en verdad nunca me ha incomodado, sin duda alguna mostrando esa calidad de fabricación de AJ Fernandez. Al cabo de una hora y media, el Charter Oak Broadleaf llega a su fin.

La hoja Broadleaf en la capa no es algo muy común, principalmente por dos razones: la primera es que su sabor suele dominar casi toda la fumada, por lo que su uso debe ser cuidadoso. La segunda es que visualmente es bastante fea y quienes quieren mantener sus cigarros más elegantes, no la usan o la deben seleccionar muy cuidadosamente. Pero el Charter Oak Broadleaf es un cigarro que cuesta menos de $6 y con ese precio no puedes esperar un producto elegante, pero los cigarros con esta capa (incluso si es en capote) siempre van a tener sabores intensos. El hecho que por ese precio puedas tener un cigarro de esta intensidad, estos sabores y esta calidad de construcción ya debería ser suficiente razón para adquirirlo en grandes cantidades. Eso sí, no en Grande.

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