Pues como lo ves. Un habano por aquí. Hace un par de meses un amigo estuvo en México por trabajo y desde allá me dijo que pasó por La Casa del Habano y que si se me ocurrían algunos habanos que comprar de regalo. Yo le dije que si quería gastar poco, Partagas, H. Upmann y Romeo y Julieta tenían buenas opciones, incluso Por Larrañaga y José L. Piedra. Pero si quería gastar un poco más, Trinidad. Unos días después vino de regreso y me trajo un Partagas, un H. Upmann y un Trinidad Vigía. Por supuesto, muy contento quedé. Este Partagas de Luxe promete la potencia que suele caracterizar a la marca en un formato de 5,5 x 40, en un tubo de aluminio y con una duración estimada (según los expertos) de 40-45 minutos.

La producción de este cigarro data desde los años 60, aunque no estoy seguro si ha sido una producción continua, aunque fue hecho a máquina hasta 2002 y desde 2010 es que viene en tubos de aluminio. Aunque puede que no sea un cigarro de gran envergadura ni de una liga extraordinaria, en realidad se siente como un cigarro cumplidor, sencillo y sin demasiadas pretensiones, más allá de ser un habano. En nariz la capa da esos aromas típicos de la marca, incluyendo notas tostadas a madera y cuero, mientras que en el pie son notas similares, aunque menos tostadas y más a tierra. Lo pico con la doble hojilla y los aromas son a tierra, madera, cuero y ligero de nueces. En apariencia es bastante rústico, pero solo porque la capa se nota áspera. No obstante, tiene un buen peso.

Siempre he considerado a la mayoría de los habanos como cigarros ‘francos’; es decir que sus aromas son muy similares a sus sabores. Pero este Partagas de Luxe, que quizá esperaba que fuese el típico habano, me sorprende con sabores distintos a los aromas que sentí en frío. Comienza con una nota dominante de chocolate, aunque más como cacao en polvo, que a lo largo del tercio se va diluyendo un poco y convirtiéndose más como en un café mocha, con notas menos intensas de miel y la madera que sí me esperaba. Incluso, es en el retrogusto donde la madera es más intensa, con notas suaves a pimienta también. No esperaría que un cigarro con cepo 40 aguante la ceniza bien, pero este lo hace, aunque no por mucho tiempo, mientras que el anillo de combustión es tan variable como estoy acostumbrado con los habanos.

Aunque sería injusto catalogar la quemada del Partagas de Luxe como mala. Para un habano que no alcanza los $8 por unidad, tampoco puedo exigirle mucho. Pero el humo ha sido abundante y no tiene una tendencia a apagarse, así que no me preocupo demasiado. El hecho que sea de tripa larga ya vale bastante. Los sabores de madera y café se mantienen en el segundo tercio, pero la sensación picante y ligeramente agresiva de los sabores se desvanece y es sustituida por el sabor de galletas danesas que he comenzado a apreciar bastante en fumadas. El retrogusto sigue siendo de madera, esta vez sin pimienta.

En el último tercio es en donde aparecen los problemas de construcción, aunque no son realmente graves: el cigarro se me apaga un par de veces, quizá porque estoy conversando y no le presto atención o porque el cigarro exige que le preste atención continua y no aguanta 30-40 segundos entre calada y calada. No obstante, los sabores no son los más atractivos, pasando de los diversos que tuvo en tercios previos a una nota más amarga en los de este segmento, de tierra, madera y nueces. Estos dos últimos en el retrogusto también, pero con las intensidades esperadas o habituales. Al final no fueron 45 minutos de fumada, pero sí 55 y eso era más o menos lo que esperaba.

En realidad creo que mi recomendación estuvo perfecta, pues resultó ser un habano de buena intensidad, buenos sabores y buena (o casi buena) duración. Una fumada interesante, si bien algo sencilla, pero para un viajero o alguien que no esté buscando grandes complejidades a la hora de fumar, creo que el Partagas de Luxe es tremenda opción. Realmente porque Partagas me parece que es una de las marcas que me gustan, siempre con buena fortaleza, intensidad llamativa y sabores esperados. Este lo combinaría con un buen café espresso o incluso con un ron joven. Algo que esté a la par del habano.

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