Llegando un poco tarde a esta tendencia, de la que muchos de mis amigos y conocidos, e incluso desconocidos han participado ya, me dispongo a probar el cigarro de Don Carlos, propiedad de Carlos Pérez quien ya ha trabajado con otras marcas en Venezuela. Aunque no me queda claro si sus proyectos previos (en relación al tabaco) siguen funcionando, la realidad es que Carlos solamente promociona Don Carlos, por lo que creo que a buen entendedor, pocas palabras. No obstante, Don Carlos es un esfuerzo aparentemente individual que lleva su nombre, mientras que sus proyectos anteriores, tengo entendido que fueron un esfuerzo conjunto. Por tanto, Carlos está dedicando más fuerza, atención e incluso sacrificio a Don Carlos, y con razón. En cuanto al producto, es fabricado fuera de Venezuela y me causa mucha curiosidad porque creo que soy el último de mi círculo de amigos y conocidos en probarlo y la gran mayoría ha hablado maravillas de él.

El cigarro es realmente llamativo, con colores tanto en la capa como en la banda que hacen un gran contraste e invitan a disfrutar de esta experiencia. Existen distintas ligas dentro de Don Carlos, incluso uno con capa candela, pero este fue el cigarro escogido para ser parte del pack mensual de Rumbullion Club y, por ende, el que me tocó. En el pie de este perfecto de medidas 7,5 x 58 (58 en su parte más gruesa) se encuentra un toque de capa Connecticut, al igual que en la perilla, que será picada con una doble hojilla. Pero la parte más oscura de la capa Habano madura es oleosa, brillante y con múltiples venas que prometen estar cargadas de sabor, y tiene aromas a madera, fruta fermentada (piña, principalmente), cuero y café. En el pie no hay mucho que apreciar, pues es básicamente un toque de capa Connecticut y casi cerrado, pero al picarlo la calada en frío me presenta un tiro ligeramente apretado, normal en un cigarro de este formato y aromas a madera y pimienta.

Desde la primera calada El Placer presenta un tiro relativamente apretado, algo a lo que me he acostumbrado por tener mi humidor en 72%, pero que poco a poco se va liberando y abriendo. Los sabores son muy cremosos, destacando notas de madera dulce y vainilla, que luego de las primeras caladas y cuando la quemada supera esa sección de Connecticut, se hace más picante. Esa sensación picante coincide con cuando se abre el tiro y supera su sección de mayor diámetro, así que son varias sensaciones que ocurren relativamente al mismo tiempo. A lo largo del primer tercio también aparece una nota de café que se funde muy bien con esa nota cremosa y me da una sensación de café con leche muy agradable… quizá lo que en Venezuela llamamos un marrón, que es básicamente un café con poca leche. El retrogusto es de madera, abundante e intensa, aserrín y nada picante, y esto me llama la atención, porque suele suceder que un cigarro con sabores picantes en el paladar los va a tener más intensos en el retrogusto, pero aquí ocurre exactamente lo contrario y esto me lleva a apreciar mejor los aromas de madera. La intensidad general de los sabores es media-alta, mientras que la fortaleza es media. El anillo de combustión no es el ideal y requiere un par de retoques para mantenerlo en línea, pero mantiene una ceniza de buen tamaño.

La capa en el segundo tercio pareciera desarrollar mayor brillo, como si esos aceites que la cubren se soltaran más. En este tercio ocurre algo interesante y es que se siente como si el cigarro floreciera. Lo que hasta el momento ha sido uno o dos sabores de intensidad media-alta que han participado, en el segundo tercio se expande a cuatro o cinco sabores con intensidad similar, que se funden en la fumada, incluyendo la madera y el café del tercio previo, con frutas que no son cítricas, sino más como orejones de durazno, pasas y demás frutas deshidratadas, sin ser frutos secos. Sigue siendo cremoso y por tanto sigue dándole al café ese matiz de marrón, pero en el retrogusto es café genérico, como cuando hueles una bolsa de café en polvo. El retrogusto también incluye madera mojada y cuando supero la mitad del cigarro, hay una nota de almendra tostada y el café genérico se convierte en café espresso, de ese que tiene una nota ácida marcada. Intensidad es media-alta y la fortaleza queda un toque por encima de la del tercio previo, pero sin dar el paso al siguiente nivel. La quemada sigue siendo algo problemática, pero el cigarro se mantiene encendido y los retoques son solo para corregir quemada. El tiro es ligeramente apretado y en realidad nunca se ha soltado del todo, por lo que no creo que vaya a mejorar mucho en el último tercio.

Sorprendentemente, la quemada mejora mucho en el último tercio y no requiere retoques, como si fuese así como siempre debió estar. En cuanto a sabores, este tercio es muy parecido al anterior, salvo que es más intenso de todo, más cremoso y más fuerte. La pimienta se vuelve casi invasiva, incluso en el retrogusto, mientras que el aroma y sabor a café es más pronunciado y más amargo. Ese es el aspecto negativo que le puedo sacar a este tercio, si hiciera falta; el café es amargo y ese amargor se hace prevalente hacia el resto de los sabores. Pero el humo es abundante y quema muy bien, sin calentarse en la perilla y sin hacerse esponjoso, por lo que lo fumo hasta que prácticamente es infumable. Me toma una hora y 35 minutos hacerlo.

La gota que derramó el vaso en cuanto a la humedad relativa que mantengo en los humidores se hizo aparente con este cigarro, pues siempre he pensado que 72% es el límite superior de lo normal, pero me ha pasado en un par de ocasiones que fabricantes me dicen que no debería tenerlo a más de 69%, y esa diferencia tan minuciosa de 3% puede no ser tan obvia en cigarros grandes, y aunque la dimensión mayor del Don Carlos es de 58, en la mayoría de los casos es considerablemente menor y quizá eso me llevaría a disfrutar más el cigarro o al menos tener una quemada más uniforme. Hay gente que pide justificar las puntuaciones y preguntan por qué no le di más o por qué le di tanto, y los aspectos negativos de este cigarro son pocos, para ser muy honesto. La sensibilidad a una humedad relativa superior a 70% parece ser una parte de ello, pero eso es un tema de conservación y es difícil hacer algo para todo el mundo. La evolución de sabores que terminan hacia lo amargo me pareció algo extremista al final. Pero enfócate en esto: la experiencia con el Don Carlos fue bastante positiva, es un cigarro que tiene mucho de lo que me gusta y poco de lo que no, pero también representa parte de cambio de los cigarros venezolanos, que de momento no son hechos en Venezuela, pero sí tienen sabores que busca el «otro» lado de la población, los que no fuman cigarros suaves y planos, sino que buscan fortaleza, complejidad e intensidad de sabores. Son varios los ejemplos de estos, pero lo más importante es que son muchas más opciones que las que habían hace cinco años. Un gran producto para participar en este mercado emergente.

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