Otra sorpresa más de JC Newman, a través de Tabarena Venezuela, quien me permitió hacer una reseña de este cigarro. Originalmente habíamos hablado para hacer algunas reseñas de sus productos y me entregaron este Perla del Mar. Al principio no sabía qué esperar, porque este fue uno de los primeros cigarros que reseñé en este blog, en abril de 2016. Pero esta marca fue relanzada en 2020 por JC Newman como una nueva línea que incluiría distintas capas en su portafolio, incluyendo un Corojo y un Maduro, mientras que este original se llamaría Shade. Cuando yo lo fumé originalmente solamente existía un modelo. Pero en este relanzamiento también hubo una reformulación del blend, por lo que había una mayor expectativa de mi parte. El cigarro es torcido en la misma fábrica nicaragüense que el Brick House Double Connecticut que reseñé hace poco.

Como marca, Perla del Mar existe desde Cuba en 1905, cuando 4 hermanos comenzaron a torcer cigarros en la finca de su propiedad. En ese momento la empresa se llamaba Perfecto Garcia Hermanos y sus cigarros eran Perla del Mar. Mientras la popularidad creció, los hermanos construyeron una fábrica ubicada al lado de la fábrica El Reloj de JC Newman en Ybor City, en el estado americano de Florida. Esto logró que Perla del Mar fuese una de las marcas más importantes de principios del siglo 20. Eventualmente fue adquirida por JC Newman y hoy en día la empresa rinde tributo a sus creadores y a su legado. Pero esta vez es más prominente en su marca, pues recuerdo que el original no mencionaba a JC Newman por ningún lado y me tomó un tiempo de investigación descubrir quién lo hacía. Esta nueva presentación destaca a la marca en la anilla.

La vitola que tengo en mis manos es la corona gorda, con medidas de 5,5 x 46, con un box press ligero y colores muy uniformes sobre la capa. Esta capa no es especialmente oleosa, sino más como mate. El cigarro se siente considerablemente liviano y eso no siempre es un buen augurio, pero luego de apretarlo un poco no hay secciones especialmente apretadas ni esponjosas, así que es simplemente un tema de la vitola. Los aromas de la capa son llamativos, desprendiendo vainilla, paja, cuero y miel, mientras que luego de picarlo con la doble hojilla, la calada en frío presenta dátiles, cuero, canela y nuez moscada. Hora de darle fuego.

Quizá es mi falta de experiencia previa con un cigarro de cepo menor a 50, pero el Perla del Mar Shade se siente asombrosamente delgado en boca. Comienza con sabores muy típicos de la capa, como galletas de vainilla (pensando en Sorbeticos, si estás en Venezuela), maní y pan tostado, con una fuerte carga de pimienta, sobre todo en los labios. El tiro es ligeramente más abierto a lo que esperaba, pero nuevamente es un tema del cepo. Afortunadamente el anillo de combustión es recto y la apertura del tiro no parece afectar la velocidad de quemada. A lo largo del resto del tercio hay notas sutiles de establo y tierra seca, pero la pimienta es lo que más se mantiene en la fumada. La ceniza no se mantiene mucho sobre el cigarro, pero eso es relativamente normal con este cepo. Fortaleza e intensidad se mantienen en media, no habiendo aumentado, incluso cuando la capa me haría pensar que es suave.

En el segundo tercio sí se suaviza un poco la intensidad de los sabores, principalmente porque ese sabor de pimienta ya no es tan prominente como lo fue en la sección anterior. El resto de los sabores siguen siendo muy agradables, incluyendo pan tostado, miel, nuez moscada y un final más cítrico que siento principalmente en el retrogusto pero que igual tiene una participación, aunque mucho menos intensa, en el paladar. Una vez supero la mitad del cigarro regresan las notas picantes, pero esta vez no se sienten como de pimienta, sino más bien de un chile o lo que los españoles llaman un pimiento. El anillo de combustión no parece que será recto en momento alguno, pero nunca requiere retoques, sino que se corrige solo. La ceniza no se sostiene, sino que hay que estarla vigilando, pues tiene la tendencia a caerme encima pero al menos no es mucha.

El último tercio es una continuación del segundo, con notas muy similares y quizá una propiedad más cremosa en el humo, al igual que una sensación ligeramente más dulce en la fumada. La intensidad se mantiene igual pero la fortaleza se coloca en media-baja, mantenida principalmente por ese pimiento picante, pero esas notas herbáceas del pimiento mantienen al cigarro interesante, aunque no necesariamente complejo. Me sucede que lo dejé solo alrededor de un minuto y se apagó, así que el reencendido fue medianamente accidentado pero ya para ese momento le había quitado la anilla y no parece haber dado grandes problemas. Al cabo de una hora y 10 minutos, este cigarro que parecía más grande finalmente acaba por apagarse solo por segunda vez.

Voy a ser bien honesto y admitir que la anilla original del Perla del Mar, la que mencioné al principio de esta reseña, me gustaba mucho más. La actual me parece muy estandarizada, mientras que la original era… pues original. No obstante, el cigarro que fumé la primera vez era en extremo cremoso, lo cual es muy bueno, pero también en extremo suave. Este nuevo tiene más garra y en la vitola que lo probé esa garra se siente mucho más presente. Es un cigarro que recomendaría, pero creo que en un cepo mayor se pueden disfrutar mejor esas diferencias y lograr que la fumada presente matices más separados y mucho más agradables. El cepo de 46 parece concentrar mucho y en esta liga creo que hay mucho más por ofrecer y este cepo puede hacerte sentir que es un cigarro mucho más fuerte y mucho menos complejo. Pero definitivamente pruébalo.

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