Ron: Diplomático Ambassador

En Venezuela tenemos un refrán que dice: nadie es profeta en su tierra. Esto quiere decir que hay que salir de tu país para ser reconocido como algo bueno. Por ello muchas marcas venezolanas buscan triunfar afuera para ganarse un reconocimiento interno y así es como vemos tantas campañas de rones diciendo que se ganaron tal o cual medalla en algún festival internacional. En Venezuela no tenemos festivales, pero sí tenemos el gusto de cada venezolano, pero eso no genera dinero.

Como tantos rones de alta gama, el objetivo de Diplomático es el exterior de Venezuela. Esto se ve en el ejemplo de que muchos de sus productos son lanzados en otros países antes que Venezuela, como el Selección de Familia y la mayoría de los Single Vintage, cuyo costo dentro de Venezuela es fácilmente entre 50 y 80% superior. Como muestra máxima, el Ambassador cuesta alrededor de $200 fuera de Venezuela, mientras que aquí cuesta $400.

Pero en una reciente cata en la terraza de Rumbullion Club tuvimos la oportunidad de degustar un par de rones de alta gama venezolanos. Uno de ellos, el Carupano Legendario y este fue el otro. Una gran parte del costo de este producto y de Legendario se va en la botella. La tapa del Ambassador pesa fácilmente unos 300 gramos.

Ambassador fue lanzado en 2011 y es un blend de alcoholes destilados exclusivamente en alambique a partir de miel de caña únicamente. Estos alcoholes son añejados 12 años en barricas de roble blanco americano exbourbon y luego pasados por barricas ex Pedro Ximenez durante 2 años adicionales. El producto final es embotellado a 47% de alcohol, lo cual es muy respetable. Según la marca, no tiene aditivos ni endulzantes ni colorantes.

En color es mucho más oscuro que los otros productos de Diplomático y con un movimiento rápido dentro de la copa me toma casi dos minutos comenzar a ver lágrimas descender. Pero por otro lado, los aromas me cautivan mucho antes de acercarme la copa a la nariz, con notas de pasas, caramelo, madera, nueces garrapiñadas y cáscara de limón amarillo. Aunque hay notas que aprecio como dulces en nariz, no son las que relacionaría con pasas o con Pedro Ximénez. Pero ciertamente es distintivo.

En boca sí destacan las notas propias del PX, pero son rápidamente acompañadas por una frescura mentolada como de pino, seguida de roble y notas perfumadas. También hay notas de madera que me recuerdan a un lápiz, cedro y madera de pino, le acompaña pimienta negra, regaliz, canela y nuez moscada. Finalmente hay notas frutales de dátiles e higos. El retrogusto incluye la nota dulce de pasas con sabores más indicativos de un vino PX, que no es solamente pasas.

El Diplomático Ambassador ciertamente es «la tapa del frasco» de la marca, con sabores que superan o igualan a las mejores experiencias que he tenido con el ron de Don Juancho. ¿Esa experiencia vale $400? No. Tampoco vale $200. Creo que por $100 menos puedes tener una experiencia milimétricamente menor y por ese precio te puedes comprar dos botellas de Single Vintage 2007, por ejemplo.

Ficha Técnica:
Fabricante: Destilerías Unidas, S.A. (DUSA)
Nombre del Ron: Ambassador
Marca: Diplomático
Origen: Venezuela
Materia prima: Miel de caña
Edad: 12+2 años
Precio: $200
Densidad alcohólica: 47%
Puntuación: 93

La Palina – Classic Natural

Luego del rediseño y reblend de muchos de sus productos de la línea Classic a principios de 2017, La Palina decidió crear un producto dentro de esta línea llamado Natural a mediados de ese mismo año. Casi tres años después, en diciembre de 2019, decidieron rediseñar las anillas de la línea, con algo más clásico, valga la redundancia. Se trata de una serie de anillas con el mismo motivo pero diferente color, que en el caso de este Natural, lleva el color morado. Las imágenes evocan tiempos más clásicos y están más alineadas con el resto de los productos de la marca, sobre todo las líneas de colores, como Blue Label, Black Label, Bronze Label, etc. No obstante, los diseños de las anillas de Fuego Verde y Nicaragua Oscuro/Connecticut siguen teniendo su identidad propia, aunque hace unos meses vi una tremenda oferta del Nicaragua Connecticut, porque tiene la anilla «vieja». No he visto la nueva, pero no me impresionaría ver una propuesta diferente en los próximos meses.

Es importante destacar que los cuatro productos de esta línea Classic tienen la misma receta de tripa hondureña, dominicana y nicaragüense bajo capote dominicano, todos fabricados en Danlí, Honduras. La diferencia la hacen las cuatro opciones de capa y claro, el color de la anilla. Sí cabe destacar que mientras la mayoría de las marcas incluye Maduro, Connecticut y Habano en sus líneas como productos básicos, La Palina incluyó uno llamado Rosado y este llamado Natural, pero ninguno llamado Habano. No obstante, tanto Natural como Rosado son distintas variaciones de la capa Habano, siendo el Natural la más fiel al original y Rosado una variación más rojiza o lo que suele conocerse como Colorado. Pero la capa es brillante y bastante uniforme, más de lo que esperaría para un cigarro cuyo precio ronda los 5 a 7 dólares. Los aromas son sencillos, a paja y grama, muy similares en el pie. La calada en frío mantiene estos como principales y notas más suaves de caramelo y nueces.

Este Natural comienza con cantidades considerables de pimienta, pero también más intensas de notas dulces y cremosas, galletas danesas, vainilla y canela. En el retrogusto destaca una nota suave de pimienta y una más abundante de clavo, pero que afortunadamente no es continua. A lo largo del tercio aparece un sabor de cuero y algo más herbáceo, como espárragos o paja verde. El primer tercio se acaba más rápido de lo que quisiera, o posiblemente sea que me distraje un poco, pero porque no hubo grandes momentos en la fumada. La construcción es muy buena y el humo abundante en cada calada.

El segundo tercio destaca más sabores de madera, mientras que los de pimienta siguen siendo una parte importante del cigarro, pero también es cremoso, con nueces y vainilla. Mientras voy fumando, al superar la mitad aparece una nota mineral que se va transformando en tierra mojada, aunque es un sabor secundario y que, al menos dentro del tercio, no destaca mucho más allá. El anillo de combustión se mantiene muy bien, mientras que la intensidad de los sabores es media-baja con una fortaleza media. Pero humo abundante y ninguna queja en cuanto a construcción.

El último tercio mantiene los mejores sabores de los anteriores, con mucha madera y caramelo, vainilla y nueces, y perdiendo la tierra mojada, el clavo y el cuero. En el camino perdimos a las galletas danesas y la canela también, lo cual es un poco triste, pero al menos no tenemos un último tercio «triste» en el que los sabores se despiden mucho antes que el cigarro. Sí hay un componente de nicotina que le aumenta un poco la fortaleza al cigarro, pero la pimienta también es algo más agresiva, y son ambos estos indicativos los que me llevan a concluir que es hora de dejar el cigarro a un lado, una hora 25 minutos luego de haber encendido al La Palina Classic Natural.

El Classic Natural es un muy buen cigarro a un excelente precio y con la anilla nueva se ve incluso mejor, porque ya se puede diferenciar más del resto del mercado. Pese a que su diseño es más clásico, el mercado ha optado a diseños más modernos y destaca en un anaquel. Pero sus sabores, aunque sabrosos, no son abundantes ni diferentes. Si hubiese probado este cigarro en su diseño de hace unos 5 años, quizá no me habría parecido gran cosa que destacar, pero el hecho que se mantenga con sabores clásicos y su imagen también lo sea habla mucho sobre lo que la marca es y lo que pretende ser. Es un tremendo producto, del que espero probar más veces, porque su precio además asegura que tenerlo no es una renta. Un buen ejemplo de lo que se puede hacer con poco y una razón más para no dejarse guiar por el precio a la hora de pensar si un cigarro es bueno o malo.

Ron: Ocumare Sicanos

En la primera semana de junio de este año tuve la oportunidad de ser parte de un evento de lanzamiento de habanos en Venezuela. Más específicamente, el lanzamiento de Kukenan Tobacco como distribuidor oficial de Habanos SA para este país. La parte que hice en ese evento fue crear el maridaje final con el que acompañaríamos el habano que íbamos a fumar esa noche: un Partagas Serie E No. 2.

Dado que este habano comienza suave y termina con una fortaleza destacable, durante el primer tercio recomendé una copa de Pedro Ximénez, que le quedó muy bien. Al segundo tercio un Macallan 15 recién sacado del congelador, cuya propiedad melosa por la baja temperatura, le daba un perfil idóneo. Para el último tercio recomendé ron venezolano y aunque no voy a decir cuál recomendé porque al final no se puso, el hecho es que los amigos de Kukenan Tobacco me dijeron que ellos se encargaban de conseguir el ron. Ese ron era Ocumare Sicanos.

En el momento que lo probé quedé impactado por su calidad. Tanto que quise comprar una botella en ese momento y fue con algo de desilusión que noté que la etiqueta dice Prohibida Su Venta. Se trata de una reserva familiar de la marca, que incluso para sus empleados es complicado conseguirla. Lo sé porque tengo un amigo que trabaja ahí en un cargo importante y ha sido imposible conseguirla.

Pero hace unas semanas, cuando hacía el curso de Habanos Jr. y Habanos Sr., que también era organizado por Kukenan Tobacco, me llamó la atención cuando me dijeron que no solo iban a dejarnos degustar el Sicanos, sino que los dueños de la marca estarían presentes y nos explicarían un poco sobre el producto.

Quizá para alguien que no sepa de ron o no lo conociera, decir que te van a poner un ron que no has probado antes tendría una relevancia limitada. Pero el hecho que ya lo había probado antes y que quería tenerlo me llevó a sacar rápidamente mi cuaderno para anotar las impresiones del ron.

En primer lugar, Sicanos es el nombre de los primeros pobladores de la isla de Sicilia, quienes ocuparon la parte central de la isla en algún momento de la Edad de Bronce. Anteriormente vivían en Iberia, cerca del río Sicano que fue de donde tomaron su nombre, y unas cuatro generaciones antes de la guerra de Troya, comenzaron a invadir Trinacria, lo que hoy en día es Sicilia. Con respecto al nombre de estos hombres, hay historiadores que proponen que el río Sicano en realidad era el río Sequana, que hoy en día es el Sena. ¿Pero cómo llegaron los que poblaban el área que hoy es España hasta esta isla al extremo sur de Italia? Con la ampliación de Iberia hasta el río Ródano, ubicado en Europa Central, se ocupó una gran área que era cercana a esta zona.

Pero el ron…

En el extremo inferior de la etiqueta de la botella se puede observar que está asignada a Kukenan y sobre ello la leyenda de que está Prohibida Su Venta. Sobre ello se observa que es un ron que tiene hasta 18 años de añejamiento y la explicación de uno de sus dueños es que un ron que solamente contiene líquido de esa edad es muy amargo y desagradable al gusto, por lo que es necesario hacer un blend con rones más jóvenes y es ahí donde la pericia de su master blender, Andrés Contreras, se destaca.

Se trata de un líquido caoba oscuro, de alta densidad y lágrimas muy lentas y separadas que descienden por el interior de la copa. Los aromas son abundantes y ricos a cacao (no chocolate, sino más como cacao puro), madera, melaza, dulce de leche, específicamente una variedad venezolana que lo combina con papelón (panela) para darle un toque más dulce y menos cremoso/vainilla. También tiene notas herbáceas como de estragón.

En boca es abundante de notas ricas, cremosas y envolventes. Se sienten sabores a pasas, madera, mermelada de naranja amarga, chocolate, banana en conserva y chocolate negro. El retrogusto incluye ese mismo chocolate negro con cáscara de naranja y dulce de leche. Pero no es un ron necesariamente dulce, sino más bien meloso y bastante complejo, con alta permanencia y una largura que apenas si alcanza la garganta.

Como he dicho en otras ocasiones, sería injusto colocarle una puntuación a un producto que no se vende o que es tan limitado que lo hace inexistente en el mercado. Ocumare Sicanos es todo eso, pero es una maravilla de ron venezolano y al mismo tiempo una lástima que no se comercialice en el país. Es un tema de lo limitado del producto, sin duda. Pero si le colocara puntuación, sería un 94 o más.

Ficha Técnica:
Fabricante: Complejo Industrial Licorero del Centro, C.A.
Nombre del Ron: Sicanos
Marca: Ocumare
Origen: Venezuela
Materia prima: Melaza
Edad: hasta 18 años
Precio: Prohibida su venta
Densidad alcohólica: 40%

Jake Wyatt – Herbert Spencer

En este blog todos aprendemos y yo aprendí un poco al investigar sobre este cigarro y su nombre. En lo personal me parece que Herbert Spencer suena como Fernando Fernandez o Gonzalo Gonzalez, pero resulta que es una persona conocida. Incluso, más conocida de lo que creerías. Se le ha llamado uno de los pensadores más influyentes del siglo 19, pero que simplemente no tenía el carisma de otros como Darwin o Marx. El término que usamos mucho hoy en día como «supervivencia del más apto» siempre hemos asumido (o yo siempre asumí) que venía de Darwin y su selección natural de las especies. Pero el término es de Herbert Spencer, interpretando los hallazgos de Darwin. Pero hablando del cigarro y de la marca, es un esfuerzo conjunto entre Neil Garcia y Gerard Abajian, lanzado en febrero de 2020 con seis líneas, todas con diseños raros en la capa. Aunque me confieso que esas capas me generan rechazo y lo máximo que puedo soportar es un barber pole, porque sus sabores tienden a variar mucho y no se define por ninguno.

Pero hablemos de lo que sí hay en este Herbert Spencer y es una mayoría de capa San Andrés mexicana, con pequeños retazos de Connecticut ecuatoriano, sobre capote y tripa dominicanos. Está disponible en 4 vitolas distintas de producción regular y una quinta limitada. No estoy seguro a qué corresponde el diseño de las líneas Connecticut en el cigarro, pero se ven muy singulares y distintas, como suele ser el caso. Cada vez veo más diseños sobre cigarros y todavía no sé si me gustan del todo, pues con excepción de los barber pole, el cigarro debe estar completamente cubierto de la capa más dominante y tiene pequeños trozos pegados de las capas menos abundantes, que son las que hacen el diseño. Los aromas de la capa son algo dulces y con nueces, mientras que en el pie se repiten estas nueces, aunque menos dulces y más aromáticas. Finalmente en la calada en frío se aprecian nuevamente nueces, pero también un toque herbáceo como de grama y tierra seca.

El tiro no es exactamente como me gusta y aunque puedo sobrevivir y no tener problemas con un tiro ligeramente apretado, el Herbert Spencer parece variar ese tiro regularmente, por lo que le doy algunos puntos de presión a todo lo largo y cuando me lo llevo a la boca le hago presión con los labios. Esta especie de masaje tuve que hacerla durante toda la fumada, pero valió la pena, porque desde las primeras caladas los sabores a tierra mojada son abundantes, aunque el humo no lo sea. También hay sabores de nueces y melaza, con menor intensidad, pero es en el retrogusto donde hay marcas más notables, destacando sabores a nueces, mango, cítrico y una sensación metálica que no es agradable y creo que es dada por la pequeña dosis de Connecticut, o al menos en mi experiencia hay cigarros con capa Connecticut que tienden hacia la nota metálica. La intensidad de los sabores es media-baja, con una fortaleza media y una quemada muy correcta, que espero se mantenga y con este tiro cualquier cosa es posible.

La verdad es que el primer tercio era una mezcla de sabores sin aparente liderato en las intensidades, o al menos eso parece por la intensidad general del cigarro y en comparación con el segundo tercio, en donde se hace realmente el sabor dominante, aunque también sucede porque el resto de los sabores, tanto remanentes del tercio anterior o nuevos de este, tienden a suavizarse bastante y desaparecer, sobre todo esas notas frutales tan llamativas. La nota metálica se mete en el paladar también, junto con notas florales, cítrico y madera, pero esos sabores y aromas de nueces, tan abundantes en frío y con presencia tan marcada en el primer tercio, desaparecieron por completo para cuando el segundo tercio llega. La intensidad se coloca en media, por alguno que otro sabor que se siente más presente y por tanto está algo por encima que en el tercio anterior, pero no por ello diría que el cigarro está más sabroso. La fortaleza sigue en media y de ahí ni parece querer moverse. El anillo de combustión es más o menos recto, o al menos en la foto sale bien, pero hasta el momento no ha requerido retoques.

Para el último tercio no hay mayores cambios, salvo el regreso de los sabores de nueces, principalmente en el retrogusto. Lamentablemente, los sabores de tierra y metal son los principales en el paladar y aunque un sabor de tierra puede ser agradable en un cigarro, la nota metálica no lo es y junto con la tierra hace que el cigarro se sienta predominantemente mineral. Hay notas sutiles de frutos rojos, pero no se mantienen mucho tiempo y luego de un rato me pregunto si realmente estaban ahí o si era un tema que quería que la experiencia mejorara. Curiosamente, cuando quité la anilla, su forma quedó marcada sobre la capa y aunque esto no aparece en ninguna imagen, sí quería mostrarlo en el último tercio, pero gracias a mi super memoria, pues no le hice foto de eso. El anillo de combustión también se deteriora en la recta final y el Herbert Spencer me demuestra por todos los medios que era al final del segundo tercio cuando debía dejarlo. Cuando marco una hora y 20 minutos, hago exactamente eso.

Hay pocos indicadores que justifiquen estos diseños locos en un cigarro y aunque trato de no dejarme llevar por mis prejuicios hacia estos diseños, la realidad es que hay muy pocos ejemplos que me hagan pensar distinto. El Herbert Spencer, con su nombre tan misterioso e influyente luego de un poco de investigación, ciertamente es un cigarro que me tenía intrigado y en mi humidor se notaba mucho. Pero hay quienes piensan que uno a veces le coge ideas a una marca y es imposible variar las puntuaciones, algo que me pasa regularmente con AJ Fernandez o Espinosa, que sus puntuaciones son algo consistentes. Este es el tercer cigarro de esta marca que pruebo. Al primero le di un 74, al segundo un 82 y este estará muy cercano a esos. En realidad no es un tema hacia la marca y al que le di un 82 realmente quería que me gustara más, pero en el caso del Herbert Spencer, es un buen cigarro la primera mitad de la fumada, pero cuando superé el ecuador y el cigarro se podía hacer más intenso y mejorar la densidad de sus sabores, hizo lo completamente opuesto y se puso más suave y sus sabores menos agradables, intensificando los que no debía. Va a ser difícil convencerme de darle una cuarta oportunidad a la marca, pero si llega por un pack mensual, lo haré.

Privada Cigar Club – Academiae

Para quien necesite saberlo, en Estados Unidos y disponible para muchos países (según tengo entendido) hay una suscripción que se llama Privada Cigar Club. Funciona como casi todos estos clubes, que pagas una mensualidad y te envían un número de cigarros. En el caso de Privada, se han hecho relativamente grandes en muy buena parte gracias a sus colaboraciones «secretas» con algunos de los mayores fabricantes de la industria. Digo secretas porque solamente lo sabes si eres suscriptor de Privada, pues no son tan grandes como para salir en las noticias del gremio que tal persona está colaborando con Privada. Sé que han hecho algunos cigarros con Tony Barrios de Stallone y este Academiae es en colaboración con AJ Fernandez. En cuanto al nombre del cigarro, Privada se ha metido en todo tipo de problemas por ponerle nombres a sus cigarros de personajes de televisión infantil y afortunadamente para este no se fueron por esa ruta, sino que es una serie de cigarros que celebran las películas de Wes Anderson y cada uno representa a una película. Este es por la película Rushmore y es el segundo de la edición.

El cigarro no es técnicamente un Connecticut, sino lo que se conoce como Doble Claro y aunque no hay muchos cigarros con esa capa, puedes tener claro que AJ Fernandez es quien los puede tener y quien tiene la osadía de hacer un cigarro así. Se trata de un toro 6×50 y el Academiae solamente existe en esta vitola. El color de la hoja no es producto de la fermentación sino del tipo de hoja y la maduración que tiene y por tanto sus aromas tienden a ser menos cremosos que los de un Connecticut y sus sabores más consistentes con una capa Habano, aunque no tan fuerte. En la capa los aromas son de paja, cítrico y un toque suave de madera, que se repiten en la calada en frío, pero con una sensación mucho más agresiva e incluso algo de pimienta.

El Academiae desde la primera calada se siente lo más distante a un Connecticut que puede haber. Sus sabores son de un picante intenso que estoy seguro podría dar cualquier resultado si se fumara a ciegas (sin ver la capa). Le acompañan luego de un largo rato, notas cítricas sin mucha descripción adicional y una sensación de nueces verdes, como cuando llega la época decembrina y comienza la fiebre por las nueces y las picas sin contemplar mucho su estado. Es esa sensación de nueces que no están del todo maduras y las comes con la piel (no la cáscara), y junto con esa sensación cítrica, la combinación es ciertamente peculiar. La intensidad es alta y eso es gracias a la fortaleza de la pimienta, que es el 65% del sabor, mientras que la fortaleza es media. Una buena ceniza denota una excelente construcción y un anillo de combustión que se mantiene casi recto.

Todas esas variaciones esperadas para el segundo tercio, gracias a su origen y a lo limitado de su producción no se sienten del todo y el segundo tercio del Academiae es muy parecido al primero, con una sensación menos agresiva del picante del cigarro pero no menos contundente en su intensidad, más por una sensación de madera muy intensa que nunca podrá estar a la par de la pimienta, pero está cerca. Los cítricos son los que dominan esta sección y la verdad es que son variados, incluyendo cáscara de limón amarillo, pulpa de naranja e incluso una sensación menor de mandarina. El anillo de combustión mejora, así como el tiro, que no es que estaba malo antes, pero el cigarro se sentía no muy bien empacado y en el segundo tercio parece que superé esa parte que no estaba del todo buena. Si algo caracteriza este tercio, aparte de una menor sensación picante, es una mayor sensación de madera y cítrico.

El último tercio del Academiae no es tan diferente al segundo, aunque los sabores sí cambian pero no la intensidad ni la fortaleza del cigarro. Aunque podríamos decir que sabores diferentes implican un cambio, el hecho es que el cigarro comienza a fallar un poco en su construcción, precisamente con esa aparente «esponjosidad» que podía haber parecido en el primer tercio y desapareció en el segundo. Creo que es un tema de la hoja y la temperatura, pero los sabores son menos cítricos y más de pan tostado o mejor dicho como un pan recién horneado, así como una ligera sensación dulce. Esta sensación esponjosa en el cigarro hace que el tiro sea irregular y no puedo hablar muy bien de eso, pero al menos su anillo de combustión se mantiene recto. Me toma una hora y 40 minutos finalizar el cigarro, lo cual finalmente sucede con toda la dignidad que merece.

Confieso que cuando recibí y encendí este cigarro y hasta que me senté a escribir esta reseña, estaba seguro que era un Connecticut y venía listo para destruirlo porque no nada parecido a lo que un Connecticut debería ser. Investigué un poco y descubrí que es Doble Claro y realmente es el primer cigarro con ese tipo de capa que fumo. Siempre se ha hablado de ella y a menudo la hemos mencionado entre amigos fumadores y por pura ignorancia la he mencionado como similar al Connecticut y ya veo que no lo es. Sus sabores son estilo Habano, si es que hay que compararlo con algo, pero no son exactamente Habano. Son más cítricos y considerablemente menos cremosos, lo cual hace de esta una experiencia muy singular. Me gustaría probar más, pero no son cigarros muy abundantes en el mercado y dicho todo eso, el Academiae no es un cigarro que volvería a comprar, o al menos no por $11 que es su precio. Creo que los sabores son predominantemente suaves, con excepción de la pimienta que no atribuyo a la capa. Además, la suavidad de la capa mientras está encendido el cigarro no ayuda mucho a que la experiencia sea positiva, pues tiende a calentarlo mucho. Pero más allá de eso, fue una experiencia interesante.

Ron: Caracas Club 8 Year

Total ignorancia de la existencia de este ron sería una manera bien resumida de explicar lo que sabía de este ron antes de probarlo. Dado que mi amigo Rones de Venezuela es experto en lo que él llama rones «repatriados», fue con él que lo pude probar. Un ron repatriado es un ron que es destilado y normalmente añejado en Venezuela, luego llevado a otro país en donde es envasado y vendido. Él los compra en otros países y los trae de vuelta a Venezuela, efectivamente haciendo la repatriación del producto.

Se trata de una mezcla de rones ligeros y pesados, destilados y añejados en Venezuela de 8 a 10 años en barricas de roble blanco exbourbon y finalmente embotellado en Begudà, España a 40% de alcohol. No indica de cuál destilería es, pero sí que es producto de destilación por columnas.

Así que sin más información que la conseguida en internet y detallada más arriba, procedemos a degustar el producto.

Se trata de un ron de color ámbar oscuro, muy llamativo por sus destellos que van de cobrizo al rojizo. Sus lágrimas descienden lentamente y se muestra muy consistente a la vista con lo que promete en la botella. Además que usan la nomenclatura correcta, identificando al ron más joven de la mezcla aunque incluya rones de mayor edad en el blend.

En nariz son aromas muy venezolanos, por lo que no existe adulteración e indica que fue efectivamente añejado en Venezuela. Sus aromas son de vainilla, caramelo, nueces y una nota tostada de madera.

En boca es intenso, realmente pareciera tener una mayor concentración alcohólica. Sus sabores son muy francos con respecto a los aromas: caramelo, vainilla, nueces tostadas, avellanas, cuero, torta de navidad, orejones de durazno, madera quemada y la sensación ahumada que acompaña ese sabor. El retrogusto es de caramelo quemado, pero al punto que denota un sabor agradable y no algo que sabe a quemado per se.

Ciertamente no es el primer ron repatriado que he probado gracias a Rones de Venezuela, pero en las últimas instancias de rones repatriados que he probado me he encontrado con sabores relativamente distintos, que muestran un añejado adicional en el país de embotellado, o con concentraciones alcohólicas mucho más altas. Esto es positivo en el sentido que vas a sentir sabores más concentrados y quizá hasta más puros, pero porque el ron venezolano tiende a ser destilado por columnas, también aparecen notas más químicas que no son del todo agradables, especialmente por la inclusión de alcoholes pesados a fin de potenciar el sabor.

Ciertamente muy repetible y un ron que vale la pena probar, especialmente en su país de origen vs. los precios tan elevados que los rones venezolanos a veces alcanzan.

Ficha Técnica:
Fabricante: Beveland
Nombre del Ron: 8 Years
Marca: Caracas Club
Origen: Venezuela / España
Materia prima: Melaza
Edad: 8 a 10 años
Precio: $35
Densidad alcohólica: 40%
Puntuación: 88

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