Si a alguien le parece conocida esta marca es, obviamente, por el apellido. Hirochi Robaina es nieto del famoso Alejandro Robaina, creador de la marca Robaina y veguero cubano por excelencia. En 2011 Omar Gonzalez Aleman, el master blender de Cubanacan, quien ya había trabajado en la industria cubana, contactó a Hirochi con la idea de hacer un cigarro que rinda tributo a Don Alejandro. Sin embargo, los cigarros llevan las iniciales de Hirochi y el año 1845 en la anilla, por el año en que la familia comenzó a cosechar tabaco en Cuba.

El cigarro llegó como parte del paquete mensual de Cigar Federation para septiembre de 2019 y se trata de un cigarro de apariencia casi perfecta, con colores y anilla que se asemeja a la de Robaina original. La vitola es belicoso, que junto con el torpedo, son de las vitolas con las que menos suerte corro durante la fumada, así que lo pico con la doble hojilla y dejo la guillotina a la mano para que me asista durante la fumada. Pero en la capa tiene aromas intensos a dulce, notas florales y café. La calada en frío ofrece una sensación de tabaco muy rico y madera.

Desde la primera calada el Signature me ofrece una sensación absoluta de sabores a pimienta, madera, tierra y dulce. Esta explosión de pimienta es muy al estilo nicaragüense, pero también son los sabores que espero de un cigarro de este precio (alrededor de $20). Esa sensación dulce es quizá lo más intenso del cigarro, aunque por los momentos no aporta algún sabor que pueda atribuirle, y quizá el único aspecto negativo del primer tercio es lo rápido que quema… que no es impresionante, pero insisto, por este precio siempre voy a esperar un cigarro especial, y aunque los sabores si lo marcan como uno, la velocidad de quemado no. El retrogusto es de pimienta pura.

En el segundo tercio el sabor de chocolate se vuelve el protagonista, seguido de cerca por sabores de café. El chocolate se sentía en el primer tercio pero a una intensidad que no valía la pena destacar, también porque no fue un sabor consistente. Aunque los sabores se sienten full, la intensidad del cigarro es media y precisamente los sabores van estallando y destacándose unos sobre otros durante la fumada. El sabor de tierra también va escalando posiciones y amenazando con tomar el liderato. Mientras me acerco a la mitad del cigarro aparecen notas cremosas que le aportan una nueva dimensión a los sabores también.

Sin embargo, se me pasa la marca de la mitad y la imagen se vuelve una de un punto mucho más adelante, casi en la frontera con el último tercio, pero los sabores en el punto medio destacan uno nuevo de nueces al tiempo que el sabor de pimienta se reduce un poco y el de chocolate casi desaparece, dejándome con los sabores en este orden: crema, dulce, nueces, madera y tierra. La intensidad del cigarro llega a media-alta también.

En el último tercio la pimienta regresa al paladar a los mismos niveles que en el principio del cigarro, y el chocolate también regresa, fusionándose con el sabor de crema y haciendo que ambos estallen en una delicia del cigarro. Por si fuera poco, aparece un sabor cítrico de limón, que complementa la intensidad del chocolate y la crema que le sigue. Casi todos los sabores se hacen bastante más intensos en este último tramo, incluyendo a la madera y la pimienta y es quizá la tierra la que se queda en el mismo punto que antes. Cuando comienzo a quemarme los dedos hago varios esfuerzos y lo voy tomando por otros lugares para seguirlo fumando, hasta que es realmente imposible. Al cabo de una hora y 45 minutos el cigarro finalmente llega a donde no lo puedo fumar más.

Este es el segundo cigarro de Hirochi Robaina que fumo, el primero siendo el Blue, que recuerdo que me gustó bastante. El Signature es tan bueno como el Blue, incluso mejor, pero su precio está muy por encima. Aunque mis dos experiencias con la marca han sido muy positivas, entre los dos me quedo con el Blue simplemente por un tema de precios. El Signature es muy bueno, pero no me veo desembolsillando $20 cada vez que quiera fumarlo, pues la realidad es que en el mercado hay muchos cigarros igual de buenos por menos dinero. No obstante, es un tributo merecido para una familia y un hombre que han aportado tanto al mundo del tabaco.

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