Ya la marca Black Rhino tiene una buena cantidad de años funcionando, y aunque una cantidad tan ambigua como “buena” hace unos años podría ser cualquier número entre 10 y 20, hoy en día en nuestra cultura tan acelerada se puede aplicar a cualquier organización que haya “sobrevivido” los últimos 5 años. Pero más allá de la semántica, la actualidad y las ramificaciones de la Pandemia, la verdad es que cualquier empresa que supere esta situación merece un aplauso. Más cuando en medio de ella, una marca se atreve a refrescar su imagen, mejorar su producto y hasta aumentar ligeramente su precio.

Pero Black Rhino se atrevió. En primer lugar rediseñó su anilla, buscando algo más respetable, moderno y atrevido. También se alejó de sus típicos tamaños robustos y toros para hacer algo mucho más corto (4 pulgadas) y mucho más ancho (64 de cepo), sin duda perdiéndole el miedo al cambio. Si bien el precio aumentó, es algo que responde más al hecho de utilizar más tabaco que los anteriores y la diferencia creo que no supera $1. También hay otras diferencias en la liga que vale la pena mencionar, pues se trata de una gran mayoría de hojas hondureñas, al incluir una capa habano y capote hondureños, mientras que la tripa es de Nicaragua y Honduras. En frío la capa presenta aromas de cuero y mosto vegetal, bastante intensos en ambos casos, con notas más suaves de pasas y un aroma que al principio describí como herbáceo pero más bien se siente como vegetal. En la tripa se aprecian semillas de girasol, cuero, bosta y un aroma que solo puedo describir como cebada malteada, pues presenta ese aroma de la cerveza “cruda”, mientras que la calada en frío da esos mismos aromas de cebada, madera vieja y un toque cítrico.

Los amigos de Black Rhino tuvieron la gentileza de enviarme dos ejemplares de El Gordito, para poder comparar un poco y yo me tomé la atención de fumarlos en dos ocasiones distintas y apreciar las diferencias, si las hubiere. Efectivamente, sí las hubo, pero en cuanto a sabores El Gordito comienza con una sensación muy suave de pimienta, paja, cebada malteada, café y pan tostado, mientras que en el retrogusto se aprecian son los sabores de madera y cítrico. En el segundo ejemplar esa sensación de pimienta en el primer tercio es mucho más fuerte, pero a cambio sacrifica el sabor cítrico, que no se llega a sentir. El anillo de combustión no es perfecto, pero nunca llega a preocupar y con un cigarro con estas dimensiones, es de esperar que no sea recto, pues hay bastante área donde quemar. Afortunadamente quema lento y me toma unos 25 minutos superar el primer tercio.

Para el segundo tercio El Gordito se comporta muy similar al primer tercio, con una intensidad suave de pimienta (y más fuerte en el segundo cigarro), cebada malteada, café, pan tostado y sabores cítricos (estos en los dos cigarros). En el retrogusto el sabor de madera desapareció, lo que hace que el cítrico se sienta más, sobre todo en el segundo cigarro. Es importante destacar que muchas veces pensamos que algo malteado debe tener un componente líquido, sobre todo porque lo que más conocemos como malteado es la leche malteada, que suele ser hecha en la licuadora; y aunque ese sea el nombre de la bebida, este malteado al que me refiero es el de un cereal o un grano que germinó y es la base para hacer cerveza, y que no incluye componente líquido y, mucho menos, leche.

El último tercio de El Gordito es exactamente igual en ambos cigarros, con una suave sensación de la pimienta, café, cítrico, aunque sí desaparece ese sabor de cebada malteada, que la verdad es que a partir de la mitad del cigarro comienza a suavizarse. El retrogusto sigue incluyendo la nota cítrica pero esta vez le acompaña un toque de pan tostado que le da una sensación más interesante y me invita a no apurar la quemada. A propósito de ello, la fumada no aguanta mucho que la apures durante los 95 minutos que duró, pues en el lo que aceleras un poco comienza a cambiar sus sabores y a mostrar una nota amarga. No obstante, en un momento dado lo dejé casi dos minutos sin tocarlo y al regresar, quemaba perfecto, sin retoques (en ningún momento) y sin problema técnico alguno.

Cuando conversaba con el dueño de la marca sobre este cigarro, me comentó que estaba buscando una liga que fuese como un siguiente paso para la marca. Luego de fumar ambos cigarros, creo que es exactamente lo que consiguió. Esta liga es más madura, no porque sea madurada (aunque puede que las hojas tengan algo más de añejamiento), sino porque ya no sabe a un cigarro de una marca joven que está experimentando, sino más a una marca establecida, que ya casi tiene su sabor característico y sus cualidades, pero que se rehúsa a entrar en una zona de confort. Más bien, prueba con una vitola que casi nadie ha tocado, ofrece una nueva experiencia y tiene la suficiente confianza para que todos lo prueben. Otra cosa que hablaba con el dueño es que este cigarro no carece de problemas, algunos tiene, quizá esa inconsistencia en la intensidad de la pimienta o el hecho que se siente ligeramente esponjoso hacia la mitad, que realmente son problemas menores y, hasta cierto punto, esperados en un producto hecho a mano. Pero ninguno de ellos es grave y para un cigarro en el rango de los $6, creo que es posiblemente la mejor opción en nuestro mercado y una gran opción si lo consigues fuera de Venezuela.

Los cigarros fueron suministrados por Black Rhino.

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