La ciudad de Cumaná, de donde es originaria la fábrica de tabacos Don Quijote cumple 505 años. Curiosamente, Cumaná fue una de las primeras colonias españolas fundadas desde la Conquista, en 1515, por lo que se le llama la Primogénita del Continente Americano. Quizá hubo otras ciudades previas, pero Cumaná ha sido la única que ha mantenido una población continua desde su fundación. Originalmente se llamó Nueva Toledo, pero en 1569, luego de un ataque exitoso de los indios locales (llamados Cumanagotos), fue refundada varias veces hasta que en 1569 Diego Hernandez de Serpa finalmente la bautizó con su nombre actual. Además de sus continuos ataques, conquistas y refundaciones, Cumaná ha sido víctima de varios terremotos, por lo que las partes más antiguas de la ciudad datan de los siglos 17 y 18, y casi nada de la arquitectura del siglo 16 sobrevive. El que no aprende en este blog es porque no quiere.

Para celebrar los 505 años de la ciudad, Don Quijote creó una edición limitada a 505 cigarros de una liga nueva. En efecto, es el primer cigarro de Venezuela en utilizar una capa estilo ‘barber pole’, que consiste en hoja Sumatra maduro mexicana y Connecticut ecuatoriana. Bajo esta doble capa hay un doble capote, o técnicamente son dos hojas pero no en el mismo estilo que la capa y este consiste en dos hojas venezolanas: Salón y Oriental. Finalmente, la tripa son dos hojas de origen cubano, por lo que podríamos decir que es el primer cigarro que incluye hojas de 4 países distintos. En verdad no estoy seguro de eso, pero sería interesante. En cuanto al cigarro en sí, en su capa presenta distintos aromas entre los que se destacan más los aromas propios de una capa Connecticut que los de la capa madurada, y estos incluyen aromas herbáceos y mentolados, que me recuerdan al pino. En la tripa hay aromas de madera y cuero, con un toque herbáceo mentolado, que bien puede ser el mismo de la capa que llega hasta aquí. Finalmente lo pico con la doble hojilla y el aroma principal en la calada en frío es madera vieja, pasas y una sensación herbácea con un aditivo como alicorado, como si se tratara de un mosto. Algunas notas lejanas de cacao también se siente.

Una de las cosas que me llama muchísimo la atención en las primeras caladas del Cumaná 505 es la completa diferencia entre los aromas en frío y los sabores de la fumada. En boca se sienten sabores de madera, pan tostado y tierra seca, mientras que en el retrogusto se sienten notas de café tostado y muy suaves de chocolate, aunque lo llamaría más como chocolate en polvo. Esto sucede porque la capa madura tiene muy pocos aromas, pero a la hora de la fumada aporta bastante sabor, caso contrario de la capa Connecticut, que puede ser más aromática pero sus sabores encendidos no son tan fuertes. Posiblemente el sabor de madera sea de esa capa Connecticut y los de chocolate y café estén más asociados a la capa madura. La imagen que antecede es, obviamente, de la última instancia del primer tercio. La intensidad es media.

Para el segundo tercio la intensidad aumenta un poco, pero se sigue manteniendo en los límites de media. Los sabores de madera siguen presentes, pero ya no tienen el mismo protagonismo que antes, mostrando notas más de café cremoso, vainilla y un aumento en la intensidad del cacao también, que no llega a ser un chocolate per se, sino más aromático. Los sabores de tierra y cuero cierran ese núcleo de sabores, que tiene un final de vainilla y un retrogusto ligeramente picante y con notas de chocolate. En términos técnicos el cigarro se comporta bastante bien, con una ligera tendencia a un anillo de combustión variable, pero totalmente comprensible con una doble capa.

El último tercio es muy parecido al segundo, con el cambio más radical siendo un aumento de la intensidad, llegando a media-alta, pero con más propensión a regresar a media que a aumentar más. Hacia el final los sabores de madera, cuero y tierra se van desvaneciendo, aunque no desaparecen del cigarro, mientras que los de café, vainilla y crema van aumentando. El cacao parece haberse perdido en algún punto entre el segundo y último tercio, pero no sin antes diluirse bastante, por lo que su eventual desaparición fue tan reconocida como la del pan tostado del primer tercio. Si algo tengo que reclamarle al cigarro es que me pareció que duró poco tiempo, alcanzando alrededor de una hora y 15 minutos, pero tengo dos más para extender mejor esos tiempos.

En mi experiencia con el tabaco venezolano y, más específicamente, con las ediciones especiales o limitadas, creo que este Cumaná 505 tiene un diferencial importante que radica en la intensidad del cigarro, que lo colocan aparte de la mayoría del mercado, cercano con el Barrel Aged robusto pero, afortunadamente, otro tipo de cigarro. Afortunadamente la marca decidió hacer algo diferente, que si bien el Barrel Aged robusto también era diferente, da gusto ver que no es la misma tendencia sino algo nuevo.

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