En abril de 2017 probé por primera vez este 107. En ese momento no me pareció gran cosa, mereciendo 77 puntos según mis cálculos y destacando algunos sabores agradables, pero otros tan misteriosos como poco llamativos, incluyendo aserrín y notas demasiado suaves para el cigarro que era. Sin embargo, dado que últimamente he tenido impresiones más positivas de la marca, especialmente luego de un ciclo casi infinito de experiencias mediocres, decidí darle fuego a este 107 Zeppelin que adquirí en noviembre de 2019 en Madrid, por lo que comienzo este 2021 con un cigarro con más de un año de guarda.

Tiene sentido que haya conseguido este cigarro en España, pues fue el segundo país donde fue lanzado en este formato, después de China pero, más importante, antes que USA. Como el resto de la línea que envuelve unas 10 vitolas distintas, el cigarro tiene una capa Sumatra ecuatoriana sobre un capote dominicano y tripa de Brasil, República Dominicana, Nicaragua y Perú. El nombre de la vitola sin duda recibe su nombre por la aeronave llamada por Ferdinand von Zeppelin, un conde alemán quien fue uno de los innovadores de este tipo de nave a principios del siglo 20. Sin embargo y más allá de su nombre y el origen, este cigarro parece una copia del Flying Pig, una vitola muy conocida de Drew Estate, aunque la forma original data de 1895 en Cuba. El cigarro tiene pocas venas en su capa y una apariencia bastante mate y relativamente rústica, gracias a una sensación esponjosa a todo lo largo. Tiene muy pocos aromas en la capa, al igual que en el pie, donde se sienten notas ligeramente dulces a miel y una nota suave de pimienta. La calada en frío se siente bastante fluida, incluso demasiado, y tiene aromas a mantequilla de maní, pan, pimienta y miel.

El 107 Zeppelin comienza con una combinación de nueces, madera seca y pimienta como sabores principales y algo de tierra seca entre los sabores secundarios, mientras que esporádicamente se sienten notas de pimienta y tiza, siendo este último un sabor que no aporta mucho. En el retrogusto hay una dosis respetable de pimienta, pero al punto que me permite disfrutar pruebas repetidas de retrogusto sin que ello afecte mucho la fumada. Sin embargo, el tiro es bastante suelto y en un cigarro de estas dimensiones eso solo se traduce en una quemada irregular y una velocidad mayor para consumirse. La intensidad es media.

Me toma unos 20 minutos superar el primer tercio, lo cual realmente me pareció poco, pero los sabores no parecen muy afectados por el calor que una fumada rápida genera y sigue emanando notas respetables de pimienta en el retrogusto, aunque el anillo de combustión es bastante variado. Para mediados del cigarro hay una complejidad leve, que incluye nueces, tierra, pimienta y algo de madera, con un aumento de pimienta en el retrogusto una vez superada la mitad del cigarro.

En el último tercio el sabor de madera se convierte en leña, mientras que la pimienta toma el liderato de los sabores en el paladar. También hay una nota dulce que incluye miel y madera, mientras que el resto de los sabores parece “apagarse” un poco en este tercio, aunque se siguen apreciando, haciendo que mi única preocupación sea mantener una quemada más o menos uniforme. No obstante, la velocidad con la que quema no ayuda y al final me cuesta creer que este cigarro me haya tomado apenas 55 minutos para completar y la intensidad nunca supera la media. No creo que es un cigarro que volvería a comprar, pero solo porque por su tamaño el último tercio es imposible de fumar cuando todavía queda una buena cantidad de tabaco.

El 107 de La Aurora es un cigarro creado para celebrar los 107 años de la marca en operaciones. Mientras que en vitolas más “normales” se trata de una fumada decente, en esta no lo disfruté tanto. Pero no deja de ser resaltante que diez años después de su lanzamiento el 107 siga innovando, aunque una versión lancero (que ya existe) la veo como mejor que esta, pues la proporción de capa sobre tripa haría que se disfrute mucho más la fumada, mientras que en esta vitola parece más un gimmick de “mira lo que puedo hacer también”. El cigarro sigue teniendo complejidad y equilibrio, y un cigarro llamativo, pero no necesariamente una experiencia que disfruté del todo.

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