La marca Don Kiki es una de las que ha desaparecido en los últimos años, aunque no porque haya quebrado o porque la gente no los compre más, sino que Enrique “Kiki” Berger murió en 2014 y ha sido su esposa, Karen, quien ha tomado las riendas del negocio; un negocio que poco a poco se ha asociado más a su nombre que al de su marido. En lo personal, creo que he reconocido más a la marca por ser llevada por una mujer que por los cigarros que hacían cuando Don Kiki seguía vivo, lo cual también es comprensible porque yo no fumaba en esa época. Pero más allá de quién y porqué, la verdad es que he tenido la oportunidad de conversar un par de veces con Karen Berger y es una mujer impresionante, muy atractiva y con una cabeza para el negocio impresionante. Karen se ha asociado en los últimos meses con varias personas relacionadas al tabaco, aunque principalmente a nivel de fumadores, todas mujeres, y han creado un grupo muy llamativo en Miami. Creo que se llama Social Smokers o algo así. Creo que lo que más me llama la atención es que es de los pocos grupos que no realza que son mujeres a fin de no llamar la atención por serlo, sino por ser fumadores solamente.

Pero hablemos del cigarro. Curiosamente este cigarro llegó a mis manos producto de un intercambio. Hace unos meses invité a los socios de Gentleman Brothers a mi casa, pues han tenido tantas atenciones conmigo, que les ofrecí una cata de ron y la aceptaron. Habíamos quedado en que la cata duraría aproximadamente dos horas y que, por temas de mi bebé y los horarios que ella impone, no podríamos quedarnos hasta muy tarde, por lo que comenzaríamos a las 3:00pm y no podríamos quedarnos hasta más de las 7:00. Me habían preguntado si podíamos fumar después y les dije que sí, teniendo en cuenta los horarios. El hecho es que uno de ellos se apareció con este cigarro, que de tan solo verlo pienso que debe tardar alrededor de dos horas en fumarse. Yo le dije que no valía la pena fumar ese cigarro apurado, así que se lo cambié por un Powstanie Habano, el cual creo que le encantó. El cigarro es un salomon 6×58, que además es box pressed, bastante firme y bien empacado, con aromas escasos en la capa y la calada en frío, que apenas denotan paja y madera, con un toque ahumado.

El K by Karen Berger Maduro comienza con notas cremosas a café, que casi podría describir como un cappuccino y tan solo una nota muy suave de madera, que no es la misma que aprecié en la calada en frío. El tiro es ligeramente apretado, que tiene sentido en un salomón porque el comienzo es en un pie más pequeño que el resto del cigarro, pero su intensidad es media y al cabo de las primeras caladas comienzan a aparecer notas de tierra y chocolate pero más del tipo repostero, que no tiene azúcar. El retrogusto incluye café y pimienta, bastante suave en esta última, pero sí debo destacar que se siente como un cigarro muy denso, como que efectivamente voy a tardar más de dos horas en fumarlo, pero también es algo que siento porque las caladas no producen mucho humo, y eso no se debe solo a ese pie más pequeño, pues ya llegando al final del primer tercio estoy en todo el esplendor del cigarro y el anillo de combustión no es muy recto, y eso junto con la abundancia de sabores (o la falta de esa abundancia) es lo único que no me convence del todo de la fumada.

En el segundo tercio los sabores no presentan un gran cambio, destacando madera, café y tierra, con notas a chocolate que esta vez es ligeramente dulce, pero como no hay una gran cantidad de él (ni de ninguno de los otros sabores), no es tan fácil definir su origen o clase. El retrogusto sigue siendo más intenso de café que de pimienta, pero ambos siguen participando, mientras que el anillo de combustión sigue sin ser completamente recto. El humo sigue siendo escaso, pero me aseguro que no sea un tema de encendido al darle un par de retoques con una llama suave. Una vez superada la mitad del cigarro, algo que me toma un poco más de una hora, aparecen notas que principalmente defino como frutos secos por ser muy genéricos, pero podría inclinarme hacia nueces.

Para el último tercio, aunque en la imagen diría que sigue siendo el segundo, y en sabores es prácticamente el anterior también, no hay ningún cambio en ellos ni en la intensidad del cigarro, que sigue siendo media y los sabores siguen siendo de tierra, madera y café como los principales, con notas suaves de chocolate entre los secundarios y algo de nueces, siendo estos dos bastante sutiles, que no se llegan a definir. Quizá la única diferencia aquí es que el cigarro se siente un poco más caliente y que el anillo de combustión es más recto, pero tanto el tiro como la producción de humo siguen siendo los mismos. Al cabo de dos horas y cuarto, el K by Karen Berger Maduro llega a su fin.

A riesgo de sonar repetitivo, las capas maduras son las que menos me gustan, principalmente porque su color y el hecho que son añejadas me hacen pensar que se trata de un cigarro más intenso y cundido de sabores, y normalmente no son ni lo uno ni lo otro. El K by Karen Berger en su versión Maduro es un claro ejemplo de esto, pues no es de muchos sabores ni de mucha intensidad. Sin embargo, es un cigarro bastante bueno, pero con esos detalles de pocos sabores y relativamente baja intensidad, aunque en lo personal hubiese preferido que durara una hora menos, pero también lo habría comprado en una vitola más pequeña. Mi experiencia con el de capa habano fue exponencialmente mejor, pero se debe a la capa y a la vitola. Creo que un cigarro con una vitola como esta debe evolucionar mucho más y tener mayor variedad/intensidad.

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