Esta es una reseña que me debía, realmente. Aunque no es la primera reseña que hago de este Enclave Broadleaf, habiéndolo probado por primera vez hace unos dos años y medio, pero de verdad que quedé picado con ella porque AJ Fernandez es una de mis marcas preferidas, el Enclave es uno de mis productos preferidos de AJF y la capa Broadleaf me parece extraordinaria. Era la suma de varios factores de mi agrado y me parecía demasiado extraño que apenas hubiese valido un 80 para mí, así que en la primera oportunidad que encontré un 5-pack a buen precio, decidí comprarlo. Tengo un amigo al que le gusta mucho este cigarro, así que pensé que en el peor de los casos que comprobara que no me gustó, siempre se los puedo vender a este amigo.

Pero el Enclave Broadleaf no es solo el mismo Enclave de siempre con una capa nueva, sino que es prácticamente otro cigarro, con un capote diferente, reemplazando el Camerún original con una hoja nicaragüense y una tripa nueva que ya no incluye la “selección de AJ Fernandez” sino contenido específico de Pueblo Nuevo, Estelí y Jalapa. Igualmente, el Enclave Broadleaf supera en más de $1 el precio del Enclave original. La capa es oscura, porque obviamente tiene mayor maduración, pero tiene más venas e imperfecciones que hacen que no sea lisa. Los aromas en esta capa son de tierra húmeda y chocolate, mientras que en el pie se sienten aromas de frutas dulces como durazno, madera y pimienta. Lo pico con la doble hojilla y hay aromas muy sutiles de durazno junto con paja y una sensación de hormigueo en los labios que puede ser por el sabor de pimienta.

Como suele suceder con las capas Broadleaf, los sabores principales son de chocolate y café, pero también hay madera y notas sutiles de nuez moscada, pero al cabo de las primeras caladas el sabor de chocolate abandona al cigarro, reemplazado por notas de crema, mientras que el retrogusto es dominado por pimienta blanca, madera y nueces. Llegando al final del primer tercio el chocolate regresa a los sabores y acompaña el resto de los que todavía se mantienen en la fumada. La intensidad en este tercio es media, sin incluir ese golpe de pimienta típico del inicio, mientras que el anillo de combustión es casi perfecto y la ceniza sólida.

En el segundo tercio la madera toma el protagonismo de los sabores, seguido de pimienta blanca y luego el chocolate en notas muy secundarias, mientras que en el retrogusto el chocolate tiene una mayor presencia, pero igualmente por detrás de la madera. Pero ese sabor de madera en el paladar se siente más como de leña en lo que supero la mitad del cigarro y en ese punto el chocolate vuelve a desaparecer, mientras que la pimienta parece cambiar de blanca a negra. La intensidad sigue siendo media, el anillo de combustión algo cambiante y la ceniza mantiene su solidez, aunque hay ocasiones en que se cae sin previo aviso.

En el último tercio ocurre algo bueno y algo malo; lo malo es que al sabor de madera/leña se le añade una nota ácida que no me gusta en lo absoluto, pero lo bueno es que el sabor de chocolate regresa y con bastante intensidad, al punto que domina esa sensación desagradable de la madera, pero no la desaparece, así que el sabor es un híbrido extraño. Afortunadamente, el sabor de madera y sus componentes desagradables van desapareciendo durante el tercio y el sabor de chocolate adquiere una propiedad más ligera, como si fuera un chocolate con leche. Una hora y 45 minutos después de encenderlo, el Enclave Broadleaf llega a su fin, con un humo que siempre fue denso y abundante, un anillo de combustión variable pero que nunca requirió retoques y una ceniza que ya, por protección propia, nunca dejé crecer demasiado.

Aunque la experiencia esta vez con el cigarro fue mucho más positiva que la anterior, sí entiendo porqué la puntuación de hace un par de años fue la que le di, pues el Enclave Broadleaf tiene algunos aspectos en su contra que no necesariamente son por una mala liga ni un mal cigarro, sino que son sabores que en lo personal no me parece que vayan bien con una fumada, especialmente una de esta calidad y una que es ligeramente más costosa que la del Enclave original. Estos sabores son esas sensaciones ácidas, que en el tercio identifiqué como madera pero bien podrían ser frutales y cítricos, pero están más inclinados hacia la acidez y la pulpa de la fruta que hacia la cáscara y la nota aromática. El chocolate podría ser uno de los sabores que más vale la pena destacar en el cigarro, pero hay ocasiones en que son muy sutiles y otras en las que desaparece casi por completo. No obstante, insisto que disfruté la fumada mucho más que en mi reseña previa y estoy seguro que no me voy a deshacer de los cigarros. Ahora, que si los compraría de nuevo… creo que me inclinaré siempre por los Enclave originales.

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