Decir que conoces al dueño o creador de una marca de tabacos hoy en día, gracias a los eventos y a la receptividad de muchos fabricantes, aunque no exento de un cierto mérito, tampoco es raro. En verdad la mayoría de los fabricantes y personas que le ponen su nombre a un cigarro son relativamente normales, gente común que decidió incursionar en este mundo y no son los rockstars o personas inalcanzables como existen en otros mercados. Pero decir que conoces al creador de una marca antes de que la creara no es algo que muchos pueden decir. En el caso de Mythology Cigars, estoy bastante orgulloso de conocer a su creador desde hace un buen tiempo y haber sido parte, no de los fundadores, pero sí de las personas a quienes le preguntó «¿qué te parece esta idea?»

Mythology Cigars es una marca bastante nueva, habiendo comenzado su distribución en Venezuela y USA en 2021 con dos productos en dos vitolas cada uno: Arpía y Sátiro. Como su marca lo indica, ambos son personajes mitológicos, pero creo que ambos son bastante universales y pueden ser identificados por distintos nombres dentro de cada cultura. Habiendo tantos personajes en el bestiario popular venezolano, me parece relevante haber apuntado sus productos a una visión más grande y aplicar el típico «Piensa global, actúa local».

Afortunadamente tengo ambos productos de la marca y pronto reseñaré el otro. Pero hablemos del Sátiro: se trata de un cigarro disponible en robusto y toro, este siendo el toro 6 x 52, con una capa Habano Oscuro, capote de la región nicaragüense de Jalapa y tripa de Jalapa, Ometepe y Condega, haciendo del cigarro un puro nicaragüense de verdad, fabricado por El Viejo Continente en ese mismo país y sin duda que ligado por Dani Guerrero, quien es su master blender. La capa es bastante oscura, incluso más oscura de lo que esperaría para ser Habano e incluso con un cierto tono rojizo muy atractivo. Tiene una multitud de venas pequeñas a todo lo largo y algunas un poco más grandes, incluso con una anilla que ocupa gran parte de la superficie del cigarro. Los aromas en esta capa son a cuero viejo, madera, una suave nota floral y una gran abundancia de aromas de esmalte, sin duda causados por la anilla, así que no es un cigarro que me quede largo rato apreciando en aromas. En el pie se siente el mismo cuero viejo, pimienta y una nota de cacao, y finalmente luego de picarlo se sienten notas perfumadas, de madera y a avellanas.

El Sátiro enciende rápidamente gracias a un tiro fenomenal que tiene, pero la construcción se vuelve no exactamente ideal después, con algunos temas de quemada que aunque se corrigen solos (al menos en el primer tercio), sí se vuelven un poco preocupantes por momentos. Afortunadamente, no parecen afectar los sabores y el cigarro comienza con un golpe de pimienta que más bien llamaría un roce, suave, mucho menos fuerte de lo que imaginaría en un puro nicaragüense. Le siguen notas de madera casi inmediatamente y una nota de mantequilla salada hacia el final del sabor, que se combina con tierra mojada a la mitad del primer tramo. El retrogusto es muy suave y dulce, con esas notas de madera, mientras que el humo es abundante.

Los sabores en el segundo tercio son bastante parecidos a los del primero, con notas ligeramente más dulces que se sienten más en el paladar que en el retrogusto. Es en el retrogusto donde se siente la mayor variación de sabores, cambiando más a notas de almendras y cuero, y sigue sorprendiendo que un cigarro con estos colores no tenga notas picantes, pero no es un defecto ni una virtud, sino una simple característica del cigarro. La fortaleza del cigarro pasa de media a baja-media en este tercio y los sabores siguen siendo de madera, tierra y almendras. Quizá el mayor detalle en este tercio es que el anillo de combustión mantiene su tendencia a desviarse pero ahora sí parece afectar en algo los sabores o es que simplemente el cigarro es suave de por sí. Pero ya me ha tocado darle un par de retoques.

Para el último tercio los sabores son los mismos, quizá con una intensidad mayor porque el cigarro se siente algo más dulce y eso definitivamente se aprecia, pues el Sátiro no marca una tendencia de diluirse en el último tercio, sino que mantiene sus sabores. La fortaleza del cigarro se sitúa en baja-media, al igual que en el tercio anterior, mientras que los sabores siguen en madera, tierra y almendras, posiblemente en ese orden, aunque rara vez se siente que uno compita con el otro. Al cabo de una hora y 25 minutos, este Sátiro llega a su fin.

Haber sido parte de la evolución de este cigarro desde que se trató de una liga de prueba hasta algo que hoy ya tiene anilla y una pequeña red de distribución me da un cierto orgullo, no por mí sino por mis amigos. Realmente es un paso importante para ser una marca destacada, y como toda marca destacada, sus inicios pueden no ser los mejores… nadie hace su mejor obra al primer intento. El Sátiro es un cigarro agradable, suave y lineal, que pareciera ser más fuerte de lo que es. En su momento, conversando con sus creadores y el resto de nuestro círculo de amigos fumadores, lo marcamos como que puedes ir a una parrilla con los dos cigarros y fumarte el Sátiro antes de comer y el Arpía después. Sigo manteniendo esa posición y el Sátiro seguramente combinaría muy bien con un gin tonic o algún cóctel refrescante, y siempre que lo veas así, va a ser un cigarro agradable. No todos los cigarros son para fumar después de una gran comida, sentado en un salón de cuero y acompañado de una copa de cognac. Cuando tienes eso claro, te das cuenta que hay cigarros para todo.

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