Habiendo podido recatar El Norteño en su Edición Limitada el pasado noviembre, no quise dejar pasar la oportunidad de recatar también el cigarro en su versión de producción regular. El Norteño es un cigarro que llegó al mercado de una manera curiosa y bastante interesante: En 2011 Drew Estate anunció que Willy Herrera, quien había sido hasta ese momento el master blender de El Titan de Bronze, pasaría a ser parte del equipo de DE en Nicaragua. Hasta el momento El Titan de Bronze había sido su negocio familiar y la había manejado durante casi seis años. No fue sino hasta dos años después que el nombre Herrera formaría parte de un producto de Drew Estate: el Herrera Esteli, y un año después con El Norteño, gracias a la fama y el revuelo que generó el Herrera Esteli en su versión Toro Especial. En su momento muchos dijeron que El Norteño simplemente era el Herrera Esteli con capa maduro, pero en realidad es una liga completamente distinto y el Herrera Esteli desde entonces ya tiene una versión maduro, completamente distinto.

En esta ocasión, como se trata realmente de una recata, por un lado es comparar la experiencia con la que tuve hace cuatro años cuando probé este mismo cigarro, pero también es ver qué tanto he podido afinar el paladar y si la liga ha cambiado. Sin embargo, este es un cigarro que he podido fumar al menos una o dos veces al año y en ningún caso he sentido que haya mucha diferencia con respecto a los anteriores, salvo que es un toque más fuerte que su Edición Limitada. La capa sigue siendo oleosa, con varias venas y nada lisa, muy al estilo típico de las San Andrés maduro como esta es, pero no es realmente aromática como suele ser, apenas con aromas a cuero, mientras que la calada en frío presenta una ligera nota afrutada como de cereza y pimienta, pero más allá de esos, lo que caracteriza al cigarro es una abundancia de tabaco rico.

Una vez encendido El Norteño despide abundante humo tanto en cada calada como desde el pie, con sabores parecidos (pero definitivamente nada iguales) a los de un Kentucky Fire Cured, en el sentido de esa nota muy ahumada, seguido de café tostado, pimienta bastante fuerte, particularmente en el retrogusto, y a lo largo del tercio se aprecian también notas saladas y un trasfondo dulce que cubre todos los otros sabores pero lo destacado es que no hay un sabor realmente dominante en la fumada, sino una amalgama de todos estos sabores que mencioné, en distintas intensidades sin opacar a ninguno, salvo esa nota fuerte de pimienta que para el momento de la imagen parece haberse apaciguado un poco mientras hace que los sabores de café y dulce sean los más destacados mientras me aproximo a la frontera con el segundo tercio. El anillo de combustión no es realmente recto, pero eso no parece afectar la fumada, aunque la ceniza lleva una tendencia a no sostenerse mucho tiempo sobre el cigarro.

Los sabores dulces que sentía sin mucho matiz en el primer tercio parecen fundirse con el café y también aparece una nota de toffee que acompaña estos dos y hace que el cigarro sea mucho más sabroso. La intensidad de los sabores se coloca en alta durante el segundo tercio y van apareciendo más, incluyendo chocolate en polvo, marshmallow tostado y la aparente ausencia (o al menos gran disminución) de la pimienta, lo que hace que El Norteño se sienta más dulce que cualquier otra cosa. Sin duda es una experiencia compleja mientras que el anillo de combustión mantiene su tendencia a no ser necesariamente recto, pero sí continuo y sin dar problema alguno. El humo es abundante y la fortaleza del cigarro es media alta, incluso sin ese adicional de pimienta tan típico en los cigarros con esta intensidad.

En el último tercio la ceniza parecía querer mantenerse un poco más de tiempo sobre el cigarro, hasta que decidí hacer la foto y por supuesto que se cayó. Para no arriesgar hacer la foto sin la anilla, tuve que lanzar la que ves arriba. Los sabores son parecidos a los del tercio previo, pero también incluye una nota suave de anís, que acompaña las notas más fuertes de marshmallow tostado, toffee, café y no mucho más, pero suficiente para hacer que me queme los dedos con gusto, marcando una hora y 25 minutos, que es un poco más corto de lo que esperaba para un cigarro de estas dimensiones, pero lo que pude lograr con estos sabores tan buenos. Técnicamente, a la altura del resto del cigarro, sin calentarse ni apagarse en el último tramo.

Siempre que voy a hacer estas recatas estoy bastante curioso de cuál será el resultado, no solo por el «afinamiento» del paladar, sino más por ver cómo será la experiencia en cata nuevamente, quizá con un ojo (o un paladar) más crítico y si sigue siendo (en este caso) un cigarro que me gusta bastante. Pero viendo la reseña original, le di tan solo 80 puntos al cigarro, pero en esta ocasión supera la puntuación, quizá porque cuando estaba empezando, algo que siempre creo que voy a hacer -estar empezando-, tenía la tendencia a perdonar menos los posibles errores de construcción. Todavía soy implacable cuando el precio del cigarro lo amerita, pero en el caso de El Norteño, existe un buen equilibrio entre su precio y su calidad, y con gusto lo recomendaré.

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