Padrón – Dámaso

Hay a quienes les gusta leer. Hay otros a quienes no. Para estos últimos:

Un Padrón que no es Padrón, creado para quienes les gusta el sabor y la calidad de Padrón, pero les parece que sus tabacos son muy fuertes. Recibe su nombre por el abuelo del creador de Padrón, quien fue el primero de la estirpe en llegar a Cuba a finales del siglo 19, proveniente de las Islas Canarias. Como buen isleño, trabajó en la agricultura y comenzó a cultivar tabaco. Su apariencia es de la capa Connecticut con nada menos que tres bandas, una de las cuales muestra un número de serie para evitar imitaciones (bueno, eso dicen). Su construcción es bastante rígida, sin mayores problemas a lo largo.

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En frío los sabores predominantes son el limón amarillo, mantequilla, madera y tierra; aromas que se sienten también en la calada. Llama la atención lo liviano que es, muy a diferencia de la mayoría de los Padrones que he tenido la oportunidad de probar. Siendo un Connecticut, la verdad es que no me llama mucho la atención, pero al final lo compré y lo he tenido en el humidor. Su aroma general es verdaderamente vegetal, manteniendo esa tradición del producto.

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Una de las lecciones aprendidas con esta reseña es que la cámara puede hacer la diferencia, y que no sé tomar fotos con Android. Las primeras caladas dan un intenso (bueno, “intenso” para un Connecticut) sabor a madera, con un toque de tierra mojada y limón endulzado, muy típico del limón amarillo. Si bien solamente han pasado 5 minutos de fumada, llama la atención lo rápido que se consume. Existe un toque de pimienta también, sobre todo si exhalo el humo por la nariz, lo cual no me gusta hacer pero todo sea por ustedes. También tiene un toque cremoso y un rasgo casi ínfimo de café, que solo se siente al final.

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Para cuando tomé la foto el tiempo total de fumada apenas rondaba los 25 minutos, en donde aparecieron unos toques variables de nueces que estaban interesantes, aunque a veces se sentían como si fueran maní dulce… bastante llamativo, aunque en este punto me sentía un poco defraudado tanto por lo rápido que se fumó así como lo escaso de los sabores, o al menos de sus intensidades.

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Comenzando el segundo tercio, se le sigue sintiendo el toque de madera, aunque ya se está alejando un poco, sobre una base cremosa. Sabores como el de tierra mojada se siguen sintiendo, pero muy hacia el final. Los sabores e intensidades se mantienen bastante suaves, y en ningún momento llegan a impresionar.

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En el último tercio se le sienten los mismos sabores de origen vegetal, casi sin poder describirlos, pero definitivamente variables dentro de esa categoría. Se nota también el sabor de paja junto con estos, sin llegar a deslumbrar ni a variar demasiado. En términos de precio y sabor, mejor quédense con los Padrón normales. Este pequeño tabaco costó $15 y por la mitad de ese precio se consiguen tabacos muchísimo mejores. Por supuesto, el tabaco tampoco sorprendió a nadie, pues desde la misma primera descripción se veía que era un Connecticut que no tendría mucho carisma, y así fue.

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