1502 – Nicaragua

Sobre esta marca, creada por Enrique Sanchez y que recibe su nombre por el año en que Nicaragua fue descubierta por Colón, ya he probado 3 productos distintos y todos me han parecido extraordinarios. Tuve la suerte de conseguir un sampler con 5 cigarros de la marca y por otro medio conseguí uno más, así que creo que tengo una buena (quizá absoluta) selección de sus productos. Por su anilla y sus colores, cometí el error de pensar que sería la selección más suave, por lo que lo coloqué como primer cigarro en una noche de fumar y probar licores (que terminó muy, muy mal), pero que afortunadamente anoté todo antes de continuar y tomé la previsión de no combinar. Como su nombre pareciera indicarlo, el Nicaragua es un puro de ese país, con tabacos de Condega, Estelí, Jalapa y Ometepe, fabricado por Plasencia Cigars.

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El cigarro cuenta con 6 meses en mi humidor, tiene un ligero box press en su formato y, aunque es vendido y aparece como un churchill, no pensaría que esa es su vitola. La claridad de la capa apoya mi teoría original que se trataba de un cigarro suave, pero quizá eso también escarmiente para no juzgar un cigarro por su capa. No le tomé fotos, pero la capa cubre un poco el pie del cigarro, aunque no totalmente, por lo que los aromas de la tripa no se sienten tanto en frío. Sin embargo, la capa permite apreciar varios aromas que me hacen subir una ceja, puesto que hay un toque de madera que está muy bien, otro toque más como de harina o torta, pero también hay un aroma a cartón mojado que no me convence del todo. La calada en frío presenta poco, incluyendo apenas un aspecto dulce, así que vamos a darle fuego y apreciarlo mejor.

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Incluso con ese pie semi tapado, el 1502 – Nicaragua no comienza con el golpe de pimienta que uno podría esperar y ni siquiera con sabores intensos; en cambio, se trata desde el inicio de un tabaco con intensidad media y un sabor que me recuerda al café recién hecho, seguido de pimienta que comienza como un aroma perceptible en el retrogusto y luego en el paladar. Al cabo de unos centímetros de fumada y alrededor de cuando tomé la foto, los sabores tienen cierta complejidad al presentar distintos matices de pimienta que podría caracterizar como pimienta blanca y pimienta negra. Acercándome al final del primer tercio también puedo apreciar nueces, sal y madera, aunque siendo nicaragüense esperaría algún aspecto dulce, pero ninguno aparece.

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En el segundo tercio el 1502 – Nicaragua se hace más intenso. La pimienta, que era el sabor dominante y más matizado en el primer tercio comienza a diluirse un poco y es sustituido por la madera y con matices también. Al poco rato prácticamente desaparece la pimienta, pero esto no hace que el cigarro se sienta menos intenso, sino que el resto de los sabores siguen teniendo fuerza. Por un momento pienso que esa apariencia suave que tenía al principio se puede justificar gracias a algunos matices de vainilla que aparecen, pero estos duran muy poco como para pensar que el cigarro va a seguir esa tendencia.

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En la mitad del cigarro regresa la pimienta, aunque muy leve y el sabor de vainilla se funde con un sabor dulce que finalmente logro apreciar, dándole una sensación mucho más cremosa al cigarro. Incluso se vuelve un pequeño reto para el paladar, mientras trato de definir distintos sabores y matices en él. En ese reto logro apreciar algunos sabores diferentes, pero su permanencia me hace pensar que no son un sabor per se sino una derivación de los distintos sabores que puede tener el cigarro y que apreciaría con un paladar más fino, pero estos incluyen turrón y naranja.

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Hacia el último tercio ese sabor de pimienta vuelve a cambiar, pareciendo más como peperoncino, o esa variedad de la pimienta roja que me encanta sobre la pizza. Un tema que siempre me ha gustado de los tabacos nicaragüenses es esa abundancia de pimienta… no de picante, sino de pimienta. Igualmente, la variedad de las distintas pimientas y la habilidad eventual de apreciarlas es lo que me hace seguir probando distintos tabacos de este país y regresando a otros que ya haya probado antes para re-apreciarlos. A partir del último tercio el cigarro tiene una propensidad a apagarse, así que muchos de los sabores tienden a quemarse en esos reencendidos, principalmente los sabores dulces y cremosos, o al menos la creencia que esos sabores se pueden mantener en este tercio. Sin embargo, la permanencia de la pimienta también opaca cualquier otro sabor.

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Con todo y sus cambios y matices, el 1502 – Nicaragua me hubiese gustado más en un formato más pequeño, pues luego de un rato llegan a aburrir las distintas tonalidades de un solo sabor, y esto no es un defecto del Nicaragua, sino un defecto general de los cigarros largos con pocos sabores…. debo dejar claro que soy fanático de estos cigarros con pocos sabores, siempre que las vitolas no sean grandes y esta lo es. El cigarro no es suave, así que no se dejen engañar por la anilla y sus creencias, de hecho es bastante intenso y llega a ser muy intenso de a ratos durante el último tercio. Pero como los otros 1502, sencillamente es un muy buen cigarro que podría fácilmente volver a comprar.

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