Otro producto de uno de los socios del Caracas Cigar Club, aunque Tarazona ya existe como marca y fábrica, el hecho es que este miembro se asoció con esa marca y han estado creando algunos productos. Este es el segundo, aunque la verdad es que tengo otros en camino, porque me gustó bastante el Habano. No obstante, en lo particular suelo tener mayor gusto por las capas habano que por las capas maduradas, en términos generales y sin ánimos de ponerme a ver las puntuaciones que les he dado a cada capa, sino que es más como una apreciación. Las capas maduradas tienden a tener unos sabores específicos, mientras que las capas habano tienen un espectro más amplio de sabores. Eso es todo.

Al ser una capa madurada, el 828 Yoke & Arrows Maduro se ve un toque más oscuro que el anterior, aunque la anilla también es ligeramente diferente, en este caso con un fondo negro, aunque la anilla inferior sí parece ser la misma. Sin embargo, este cigarro se siente ligeramente más liviano, como si estuviera menos empacado, cosa que no creo que sea el caso, pero es lo que siento. También, por el hecho de ser madura la capa, los aromas tienden a ir por un solo canal, mostrando paja y suave de madera. Según la página web, la capa de este cigarro es Habano madurado de Nicaragua, pero me impresiona los pocos aromas que tiene con respecto a la versión natural. En la tripa se aprecian aromas a pimienta, madera y pasas, mucho más intenso que en la capa y, finalmente, en la calada en frío se aprecia una buena cantidad de chocolate, medio de pimienta e igualmente medio de madera.

Ya a partir del encendido tomo esta fumada como algo completamente diferente del Habano, principalmente para no caer en comparaciones sino más bien apuntar a un nuevo cigarro. Dicho esto, las primeras caladas del 828 Yoke & Arrows Maduro se sienten bastante suaves, precisamente una intensidad baja-media desde las primeras caladas, con una buena cantidad de humo pero no muchos sabores. Esto cambia al cabo de unas 5 caladas, en donde comienzo a apreciar sabores de chocolate y almendras, con un retrogusto principalmente de pimienta pero también con toques de almendras. El cigarro mantiene un anillo de combustión bastante bueno, aunque a veces sí noto que algún lado del fuego está más apagado que el otro, pero nada que no se pueda resolver con un toque técnico de fuego, aunque tampoco le voy a deducir puntos por esos detalles. Hacia el final del primer tercio va apareciendo un ligero sabor a maní, muy agradable, que incluso reemplaza al de almendras.

En el segundo tercio el cigarro mantiene esa nota de maní que apareció en la transición del primer tercio hacia este, pero también muestra un fuerte componente de chocolate, muy agradable pero no muy matizado principalmente porque el cigarro no tiene una nota dulce, así que el sabor parece tener una tendencia hacia el plano. A lo largo del segundo tercio y más hacia la mitad (de la cual no tomé fotos) el sabor de maní desaparece y aparecen dos sabores muy particulares: almendras y vainilla. Esta combinación me hace pensar en mazapán, pero el cigarro no parece fusionar esos dos sabores por el momento. Otros sabores incluyen madera y pimienta, ambos en dosis pequeñas. En este tercio el cigarro se siente considerablemente más fuerte, pudiendo sin duda superar la línea de media e incluso llegar por momentos a media-fuerte.

Precisamente, me salté la foto de la mitad del cigarro porque francamente no ocurre mucho ahí. En el último tercio el cigarro se simplifica un poco y vuelve a sus orígenes, o más específicamente a lo que fue en el primer tercio, destacando sabores de chocolate, madera y almendras, con un fondo de pimienta. No hay mayor cambio hasta el final, aunque al tomar agua entre caladas sí aprecio un suave sabor de tierra seca, pero este no llega a destacarse como un sabor duradero. Luego de una hora y 10 minutos de fumada, el 828 Yoke & Arrows Maduro llega a su fin.

Ahora sí tengo que volver a las comparaciones con el 828 Yoke & Arrows Habano, porque ambos cigarros son hechos por la misma gente y son los únicos dos que he fumado de ellos. En la versión Habano sentí una mayor interacción y fusión de sabores, con una intensidad media y lo que en destilados llamamos una “persistencia del sabor”, que no es más que cuánto tiempo se mantiene el sabor en la boca después de tomar el destilado o, en este caso, botar el humo. Por su parte, el 828 Yoke & Arrows Maduro parece tener mayor intensidad de sabores, pero estos no se funden entre sí y la persistencia en boca es mucho menor. Conversando con uno de los dueños, me dijo que este 828 Yoke & Arrows Maduro es un gran cigarro de postre, y la verdad es que puedo coincidir con él siempre que estés comiendo algún postre y fumes el cigarro al mismo tiempo, pues la mayoría de los sabores de este cigarro serían mucho mejores con una sensación dulce, que no la aporta la fumada, sino que debería aportarla la comida. Por la misma razón, con un ron este debe ser un cigarro extraordinario, pero en la cata procuro no combinarlo así. Espero poder volverlo a fumar y hacerlo con un buen ron.

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