La última vez que probé Graycliff hice una medio promesa que no los volvería a fumar. No porque fuesen cigarros malos, sino porque no me gustó por dos razones: la primera es que es un cigarro generalmente caro, con un costo de unos $18-20 por el Chateau Grand Cru que había fumado; la segunda es porque la marca tiene un cigar lounge en el aeropuerto de Cincinnati y una vez me tocó hacer una espera como de seis horas ahí y quise entrar al lounge a fumar, pero cobraban $20 por sentarse y no podías llevar tus propios cigarros, sino que tenías que fumar uno de los que tenían en la tienda, que eran todos Graycliff y ninguno por menos de $20. El hecho es que esta marca de Bahamas no tenía mucho que me llamara la atención, excepto cuando vi que tenían un cigarro de precio más considerable y que además era ligado por AJ Fernandez. Está bien, lo tengo que probar.

En efecto, el cigarro no es fabricado en Bahamas, lo cual creo que es parte importante de su precio. Pero se trata de una reedición, pues el White Label original, que no era ligado por AJF, era fabricado en Bahamas y costaba $22. Este cuesta unos $8 y, aunque su composición es menos destacada, es un cigarro nicaragüense con capa habano ecuatoriana, mientras que en su versión original contenía hojas de Grecia y de alguna isla del Pacífico, lo cual sin duda contribuía a encarecerlo. Sin embargo, no conseguí ni una reseña positiva del original, así que me lleva a pensar que era puro nombre y poco contenido. En frío tiene notas de café y crema en la capa, con un fondo picante, mientras que en el pie se sienten notas de pimienta intensa. Una vez lo pico, la calada en frío me da notas abundantes de pimienta, crema y madera. Se siente bastante apretado y el box press ligero que tiene lo denota bastante.

Las primeras caladas del White Label realmente están cargadas de pimienta, haciendo que el cigarro se vea suave pero sea bastante fuerte, al punto que los ojos me sueltan lágrimas y me veo obligado a dejarlo descansar en el cenicero un rato mientras me doy realmente cuenta de lo que está pasando. No es un experiencia realmente agradable, pero al cabo de unos minutos la pimienta cede un poco y me permite apreciar otros sabores como madera, cuero y una sensación metálica como cobre, con notas dulces en el final. La intensidad de pimienta se mantiene como sabor dominante durante todo este tercio, pero el cigarro quema muy bien y mantiene un anillo de combustión relativamente recto, como buen AJ Fernandez.

En el segundo tercio la construcción mantiene su tendencia a ser buena, pero con una que otra desviación que no es problemática y, eventualmente, se corrige sola. La pimienta se suaviza bastante en este tercio, pero en ningún momento desaparece, con sabores muy similares a los del primer tercio, pero una nota cremosa y el retrogusto manteniendo notas tan intensas como en el primer tercio, por lo que cada vez lo exploro menos. Sin mucho más que ofrecer en este tercio, el White Label mantiene su quemada muy decente y produce humo abundante en cada calada, lo que hace que sea un buen acompañante de una cerveza, pero eso es porque a mí me gusta tomar cerveza cuando como cosas picantes y en este caso funciona muy bien.

En el último tercio la pimienta vuelve a destacarse, no tan fuerte como en el primer tercio pero definitivamente mayor que en el anterior, aunque el resto de los sabores se mantuvo igual y la quemada se mantuvo perfectamente, sin necesidad de preocuparme por si había que retocarlo pero igualmente sin dar ninguna satisfacción porque no. Al cabo de una hora y 25 minutos, el Graycliff White Label llegó a su fin.

El Graycliff White Label definitivamente está en un precio mucho más acorde con su sabor e intensidad cuando lo vi en menos de $8, en donde no es un cigarro demasiado destacado por sus sabores ni por su historial, pero siendo fabricado por AJ Fernandez puedes estar seguro que es de una muy buena calidad. Entiendo que existe una vitola salomón de este cigarro y realmente fue el que me recomendaron probar, aunque es ligeramente más caro. Pero dadas mis experiencias previas con la marca, decidí irme por este que es un poco más barato. Una vez probado, sí quisiera probar el salomón, precisamente porque no es un cigarro malo y creo que puede ser mucho mejor, pero si eres un geek de tabaco como yo y quieres probar todo lo que hace AJ Fernandez, es algo que hay que fumar. Precisamente, me recuerda más a las ligas baratas que hiciera AJF hace unos 5 años, que siempre eran buenas pero nunca eran caras. Si te gustaban esas, este cigarro te va a gustar.

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