Hace un poco más de cinco años probé por primera vez este Tempus Nicaragua para cata. Aunque me caracterice por tener una memoria bastante mala, sí recuerdo que ese cigarro me causó una muy buena impresión, sobre todo porque unos meses después probé el Tempus “normal” (sin Nicaragua al final) y me pareció cualquier cosa. Pero también recuerdo que en esa época Alec Bradley me parecía una tremenda marca y casi todo lo que fumé de ellos me gustó bastante. Con el pasar de los años y habiendo probado otros orígenes, calidades y una gran variedad de todo, recuerdo que tuve una mala experiencia con un 5-pack del Alec Bradley Prensado y fue mi primera exposición a lo que se conoce como religa (rehacer la liga de un cigarro para hacerla más barata o sustituyendo hojas) y por tanto el Prensado es un cigarro que no volveré a comprar. Pero hace unos meses vi una oferta de Alec Bradley que me costó dejar pasar y compré un 5-pack de este y otro del The Lineage. En 2016 probé este cigarro en Magnus (gordo 6×60), pero hoy lo pruebo en Terra Novo (robusto 5×50)

Es el primero del 5-pack que me fumo, aunque de The Lineage me he fumado dos o tres y confieso que no me ha ido del todo bien, con un tiro bastante apretado en dos de las experiencias. Pero visualmente el Tempus Nicaragua es tan atractivo como lo recuerdo, con una capa no independiente de venas, ciertas zonas corrugadas y poca oleosidad, pero que se siente bien empacado y firme. La capa presenta aromas de canela y paja, con notas sutiles de tierra, mientras que la calada en frío presenta aromas similares pero con notas de chocolate. El tiro en frío se siente ligeramente más apretado de lo que me gusta, pero no creo que sea un problema y espero que una vez entre en calor se suelte un poco.

A pesar de todo mi optimismo, el Tempus Nicaragua demostró en el primer tercio que todas esas sospechas en frío estaban bien fundadas. El tiro no mejoró en el primer tercio, pero para evitar cualquier problema traté de no darle caladas muy fuertes sino solamente que lo mantuvieran encendido y fumable, pero de repente se le abrió una ranura en la línea de quemado y el cigarro comenzó a quemar muy rápidamente por ella. En la imagen principal se ve un retoque que le di con el encendedor a fin de mantener una quemada más o menos uniforme, pero era uno de esos casos que por un lado estoy en las primeras caladas y por el otro ya estoy llegando al final del primer tercio. Los sabores, afortunadamente, se mantienen decentes, con notas de tierra, cuero y nueces, pero esta irregularidad de la quemada no puede augurar una fumada agradable. El tiro efectivamente se abre un poco, pero con esta quemada no es para menos.

Para el segundo tercio la quemada mejora considerablemente, como si apenas hubiese un nudo o un vacío en esa sección, aunque en la parte trasera del cigarro la quemada casi alcanza la primera anilla y es por eso que se la quité. El tiro mejora y ya se siente casi como un cigarro normal, aunque este se ha medio apagado un par de veces y he tenido que darle fuego a fin de mantenerlo vivo. Los sabores son de nueces, pimienta, cuero y tierra, mientras que en el retrogusto el único sabor es el de pimienta. Apenas el cigarro alcanza el punto medio el tiro se siente como estaba en frío, que apenas deja pasar aire y el Tempus Nicaragua de verdad que no se ayuda en nada.

Me toma casi 20 minutos superar el espacio entre la mitad del cigarro y el comienzo del último tercio, contando que dejé al cigarro descansar varios minutos esperando que el cambio de temperatura y la ausencia de caladas permitieran al tiro abrirse un poco más, pero no fue suficiente y el último tercio fue más sufrido de lo que debía ser. Los sabores se sienten extremadamente sutiles gracias a ese tiro deficiente, pero siguen siendo los mismos de pimienta, cuero, tierra y nueces, con pimienta en el retrogusto, aunque todo a una intensidad entre baja y media. Una hora y 20 minutos después de encendido, tiré el Tempus Nicaragua con fuerza y pocas ganas de encender alguno de los que me quedan.

Al principio de mi experiencia de fumadas Alec Bradley era una de las marcas que más compraba y más celebraba, mientras que muchos de mis amigos, que ya tenían un buen tiempo fumando, me decían que no era de sus preferidas. Ante mi pregunta de porqué, la respuesta más habitual era que sus sabores eran sencillos y/o superficiales, pero ya con unos años de fumador, para mí Alec Bradley se ha convertido en una marca irregular e inconsistente, en donde algunos cigarros queman muy bien y otros quieres quemarlos en una fogata, y otros simplemente no queman. No voy a asegurar que este cigarro fue religado, pero la construcción fue extremadamente deficiente y siento mucho decir que no es la primera vez que tengo un problema de construcción con esta marca, ni la segunda, ni la quinta. Esta experiencia simplemente confirmó que Alec Bradley es una de esas marcas que no volveré a comprar más de uno a la vez.

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