Ya a sabiendas que es imposible que en Perdomo coloquen nombres cortos a sus cigarros, hoy me dispongo a probar el Habano Bourbon Barrel Aged Maduro, ya habiendo probado el mismo Habano Bourbon Barrel Aged en versión Connecticut y quedando bastante contento con él. En realidad creo que me he encariñado con la marca Perdomo, sobre todo porque mis primeras experiencias con ella fueron con el Lot 23 que no me gustó casi nada y el Reserve 10th Anniversary Champagne, que es bastante suave y para el momento que lo probé creo que no tenía el paladar afinado, o al menos no al punto de poderlo apreciar bien. Hace poco probé el Champagne de nuevo y, aunque me sigue pareciendo un cigarro bastante suave, sí tiene sus matices interesantes. No obstante, quizá en el último año, todo lo que he probado de Perdomo me ha gustado, por lo que este Habano Bourbon Barrel Aged Maduro venía con buenas expectativas, e incluso algo de intimidación al ser un cigarro tan grande y el hecho que se me ocurrió fumarlo de noche.

Los tabacos de esta línea Bourbon Barrel Aged son añejados un mínimo de seis años antes de ser seleccionados para ser almacenados en barricas de bourbon, en donde las capas Connecticut pasarán 8 meses, las Sun Grown 10 meses y las Maduro como esta, 14 meses. En el caso del Maduro, se trata de un puro nicaragüense y de verdad aplaudo a quienes hicieron la página de Perdomo por lo descriptiva que es, a diferencia de otras páginas de otras marcas, que apenas si dicen el origen de la capa. Esta capa tiene aromas fuertes a tabaco rico, mosto, tierra y una nota ligeramente cítrica. En el pie se sienten más o menos los mismos aromas, pero mucho más intensos y, finalmente, la calada en frío muestra notas de tabaco natural, dulce, grama y un toque de madera, con un tiro relativamente apretado, pero que espero no sea un problema.

Como quizá puedan deducir por la imagen, me tomó un largo rato pasar desde encenderlo hasta hacer esta foto y en verdad fue casi una hora. Me pasó que me distraje con el cigarro en sí pero también con un documental que estaba viendo, así que mientras anotaba mis impresiones y veía mi documental, se me olvidó hacer las fotos. No se crean que era un documental demasiado importante, era un resumen de la temporada 2019 de Formula 1. Me sorprende un poco lo suave que se siente el cigarro en las primeras caladas y no sé si se trata de un tema del tamaño o si es la capa madura o simplemente la liga es así. Los sabores en estas primeras instancias son de cedro dulce, pimienta suave y una nota ligeramente más intensa o densa de café. En el retrogusto se siente tierra y cuero, pero quizá el mayor tema es que el tiro no se termina de soltar del todo y eso hace que el humo no sea abundante y quizá sea la razón por la que los sabores no son más fuertes. Afortunadamente esto se resuelve casi cuando entro en el segundo tercio, pero no contribuye a hacer la experiencia más intensa, alcanzando un punto medio pero buena quemada y una importante ceniza.

El segundo tercio está marcado por una notable transición de los sabores, teniendo una menor nota dulce y más picante, pero también más cárnica y casi definible como un umami, que hasta me enorgullece poder definir un sabor como tal. El sabor de madera ya no es de cedro y se siente más como de roble, que tiende a ser más sutil, notas de pan tostado, y alrededor de la mitad de la fumada me encuentro con una mayor intensidad del sabor dulce nuevamente, como en el tercio anterior. Pero en ese punto medio el dulce no sustituye a la pimienta, sino que la acompaña, aunque esta también participa casi únicamente en el retrogusto. La intensidad del cigarro también aumenta a media-alta, y yo comienzo a fumar más lento. Me ha tomado más de 90 minutos superar la mitad del cigarro.

En el último tercio la nota dulce nuevamente se reduce, aunque casi desaparece en este punto. Los sabores que aprecio son de tierra, pan, madera, esa sensación de umami y pimienta. El café también aparece, en notas esporádicas y más sutiles que el resto de los sabores pero el cigarro se mantiene en muy buen estado, sin requerir retoques, aunque de vez en cuando tengo que darle un poco de calor a fin de avivar el fuego, pero eso sucede porque la intensidad se dispara, sin duda cargada de nicotina y yo paso cada vez más tiempo sin darle caladas al cigarro, buscando que esa nicotina se reduzca. Hasta la última calada está frío y el anillo de combustión no se desvía. La intensidad es alta al final y me tomó un total de tres horas terminarlo.

Técnicamente fueron dos horas y 55 minutos, pero entre una cosa y otra lo podemos redondear en tres horas. Obviamente es una experiencia completamente distinta al mismo cigarro en capa Connecticut, y eso demuestra la gran cantidad de cambios que puede haber dentro de un mismo producto con solo cambiar la capa. En su versión Maduro denota exactamente los sabores a esperar de un cigarro con esta capa, marcando café, madera, sensaciones “viejas” y muy rico, aunque no se siente el chocolate tan típico. En términos de construcción, es perfecto y en términos de precio, mucho mejor. No es necesariamente complejo, pero no necesita serlo, aunque en lo personal en esta vitola Churchill 7×54 termino aburriéndome, pero ese soy yo y seguramente luego de una buena parrilla, entre un grupo de amigos y con una conversación amena y un buen destilado, diría que es el tamaño indicado. Todo depende del ambiente, pero para una reseña fue demasiado largo.

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