En 1995, un abogado americano de origen indio, basado en la ciudad de Los Angeles, decidió embarcarse en un nuevo mundo y trabajar directamente con tabaco. Su marca fue una de muchas en ese momento y es impresionante que hoy, 26 años después, esa empresa haya logrado todo lo que ha hecho. La compañía se llamaba Indian Tabac, y no sería sino hasta 2002 que cambiase de nombre a Rocky Patel Premium Cigars. Hoy en día hay mucho más que la marca, pues incluye una fábrica en Estelí, Nicaragua, campos en Nicaragua, un bar en Florida llamado Burn junto a un restaurante que también es de Patel, muy cerca. En 2015 se cumplieron 20 años de su creación y, al igual que ha sido tradición con los aniversarios de cinco en cinco como con el Decade o el 15th Anniversary, decidieron crear una línea para celebrar el aniversario, llamada Twentieth Anniversary (bien creativo), con una capa hondureña y tripa del valle Jamastra en Honduras y de Estelí y Jalapa en Nicaragua.

Muchos se preguntarán que si estamos en el año 2021, por qué estoy probando por primera vez un cigarro hecho en 2015 y los más incrédulos pensarán que este cigarro tiene seis años en mi humidor, pero no es así. Como todo producto de Rocky Patel, y hay bastantes productos de esa marca, este se sigue haciendo al igual que el Decade que fue lanzado en 2005 y el Fifteenth Anniversary de 2010, y hace un tiempo lo vi a buen precio y decidí comprar un 5-pack. Cuando salió costaba alrededor de $11, pero ya está por debajo… pero su precio sugerido sigue siendo ese. En cuanto al cigarro en mis manos, no son muchos los cigarros de capa hondureña que he probado, a menos que estemos hablando de alguna variación de los Eiroa, pero en este se nota un buen brillo y oleosidad sobre el cigarro, con aromas a chocolate, cuero y un fruto seco que puede ser pistacho. En el pie se sienten notas más dulces de chocolate, madera y notas tostadas. En la calada en frío siento notas de cáscara de naranja, chocolate y un poquito de lo mismo que he sentido en otras partes.

Ese aroma de cáscara de naranja era algo inesperado para mi experiencia en frío, pero es uno de los primeros sabores que se sienten una vez encendido, acompañado de notas de maní y pimienta. Ese sabor de pimienta y el de naranja se mantienen durante gran parte de este primer tercio y más adelante le aparecen sabores de cotufas (palomitas de maíz, o como se le llamen en tu país de origen) y un sabor que me recuerda a un consomé y… por favor, paciencia. En ocasiones he mencionado el sabor cárnico en cigarros y casi siempre lo relaciono con carne a la parrilla, pero en este caso es ese mismo sabor cárnico pero no a la parrilla sino más como en sopa o consomé. También le acompañan notas de nueces y no mucho más. Los sabores se sienten bastante balanceados y la intensidad es media, aunque el tiro es bastante más suelto de lo que me gusta.

En el segundo tercio aparecen notas más terrosas, como de tierra mojada, y es quizá el sabor más destacado en este punto de la fumada, con una quemada un poco más cambiante y torcida, pero con la tendencia a corregirse. La cáscara de naranja y ese consomé cárnico se mantienen en este tercio, y es en el retrogusto que ese sabor a naranja se siente más, por lo que el Twentieth, aparte de diferente, está interesante también. Superada la mitad del cigarro también se hacen más presentes notas de vainilla, que acompañan a esas nueces que sentía en el tercio previo, mientras que la intensidad sigue en media, con una ligera tendencia a aumentar, pero más por ese tiro que me entrega una gran cantidad de humo en cada calada, por lo abierto que está. Esto me está llevando a dosificar cada calada pero, inevitablemente, también hace que el cigarro queme más rápido de lo que quisiera.

En el último tercio aparecen notas de madera tostada, sobre todo como del charreado de una barrica, y en el retrogusto aparece una nota herbácea, siendo estos dos los sabores nuevos que acompañan las notas cárnicas y de cotufas, con notas más suaves de pimienta y al cabo de una hora y 15 minutos este Twentieth Anniversary llega a su fin, quemando bien, con muchísimo humo en cada calada y, sigo pensando, mucho más rápido de lo que hubiera querido. Afortunadamente me quedan tres en el humidor, que espero poder dosificar y darles más tiempo de guarda, aunque este ya tenía unos 3 meses.

En verdad no puedo decir que esperaba much de este cigarro, y tampoco puedo decir muy bien porqué. En lo personal, casi siempre me ha ido muy bien con la marca Rocky Patel, incluso su línea The Edge es de las que siempre, siempre tengo en el humidor, sean en capa Corojo, Habano o Sumatra. Pero en medidas bastante generales muchas veces considero a Rocky Patel parecido a Alec Bradley, en el sentido que ambas son marcas que fumaba mucho en mis inicios y luego, habiendo fumado más cigarros de marcas boutique, menos conocidos y más difíciles de conseguir, he dejado de lado muchos de estos cigarros de marcas conocidas y masivas. Con Alec Bradley estoy en un punto en que difícilmente consideraría comprar uno nuevo, pero con Rocky creo que radica más en un tema de altísima producción y la idea que el que mucho abarca poco aprieta, o que cuando haces tantos productos no pueden todos ser buenos. Pero hasta ahora no me ha fallado, así que es bien tonto de mi parte (lo admito) pensar que me fallará por ser tan masivo. Un aplauso a Rocky por hacer tantos productos y que sean todos buenos.

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