En el año 2019, Altadis USA anunció la que sería la primera liga en una serie de tres para celebrar los 50 años de la marca Trinidad, cada una inspirada por un país diferente. La primera se llamó No. 1, inspirada por Nicaragua y en forma de un puro nicaragüense y con una anilla cuyos colores recreaban a La Habana en los años 60. Un año después, la marca lanzó el que sería el segundo de la línea y que para sorpresa de nadie se llamaría No. 2, con colores inspirados en Brasil e igualmente ligado por AJ Fernandez y hechos en su fábrica. La liga de este No. 2 es una capa Arapiraca brasileña sobre capote nicaragüense y tripa de Brasil y Nicaragua, disponible en cinco vitolas distintas. Esta es la segunda vitola que pruebo de este cigarro, siendo la primera el Fundador en 7,5 x 40 (casi lancero) el pasado mes de marzo.

La capa del Espiritu No. 2 no es tan oscura como pensaría, pero es bien uniforme y eso sin duda que me llena de expectativa. Es incluso más vistosa y menos frágil de lo que fue en su versión Fundador, pero más marrón también. Tiene aromas a tierra mojada, establo, pimienta, cuero, madera, nueces y pasas, mientras que la calada en frío presenta tierra, chocolate, café en granos, cuero y notas como de cereales con una pimienta bastante agresiva. Es una multitud de aromas que me llama a encenderlo lo antes posible, pero también es un cigarro que guardo con bastante recelo, pues con lo que me gustó en su versión No. 1 y el hecho que es de AJF, promete mucho y espero que lo cumpla.

Ciertamente esa pimienta es igualmente agresiva en primera instancia del encendido del Espiritu No. 2, aunque es una agresión controlada, si se puede decir, y es luego de algunas caladas que la pimienta se siente más controlada y permite apreciar otros sabores. Estos sabores siguientes son de carne quemada y tierra mojada como principales, seguidos de notas más suaves de café en granos, madera, chocolate negro, cáscara de maní y cereales. En el retrogusto es pimienta pura, pero su alta intensidad apenas si me deja sentir sabores de pasas dulces también. En términos de construcción, se comporta muy bien, con una ceniza blanca y muy bien situada, un anillo de combustión con tendencia a ser recto y un excelente ritmo de fumada.

La pimienta ya no es siquiera uno de los sabores principales en el segundo tercio, pero los de carne quemada y tierra siguen siendo los protagonistas, seguidos de notas más suaves de nibs de cacao, madera, café en granos, cuero, paja y una nota ligeramente vegetal, pero también hay un toque metálico en el cigarro que se aprecia sobre todo si le doy caladas muy seguidas, así que es mejor no hacerlo. Esta reducción de la pimienta también permite apreciar mejor ese dulce de pasas del retrogusto. En construcción sigue siendo prácticamente perfecto, con una quemada de buen ritmo, uniforme, sin requerir retoques y con humo rico y abundante, a una fortaleza media alta e intensidad similar.

El último tercio del Espiritu No. 2 es muy similar al segundo, con la excepción que ese sabor metálico desagradable ahora está presente, sin importar lo rápido o lento de las caladas. Afortunadamente no es el más intenso y son los mismos protagonistas de tierra y carne quemada sobre maní, cuero, chocolate negro, madera, café en granos y paja que se sienten secundarios. Requiere un retoque pequeño en este tercio, pero no es un problema y luego de hacerlo pienso que el cigarro podía haber sobrevivido sin él. La intensidad se mantiene igual, pero la fortaleza se reduce a media. Luego de una hora y 40 minutos, este Espiritu No. 2 llega a su fin.

La diferencia entre este toro y el Fundador es, aunque relativamente parecida, bastante polarizada, me parece. Sin embargo, el Fundador se comporta muy «lancerístico» en su estilo, pero este toro se siente primero como un robusto y a la mitad sí parece más un toro. No obstante, es una fumada que disfruté hasta la última calada; sus sabores de tierra y carne son bien distintos a los de muchos cigarros y la inclusión de más de un tabaco brasileño creo que puede estar muy relacionado. Veo algunas personas quejarse de que faltan notas dulces en el cigarro para hacerlo una mejor experiencia y podría estar de acuerdo, si no fuese porque es la sutileza de esa dulzura la que me hace querer fumarlo más rápido y dosificarme mejor las caladas. Me cuesta definir cuál de los dos es mejor (No. 1 o No. 2), aunque he fumado mucho más del No. 1, pero sin duda espero con mucha más expectativa al No. 3.

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