Atabey – Delirios

Aunque el nombre Nestor Alfonso puede sonar desconocido para muchos, incluyéndome, es una persona cuyo trabajo ciertamente le precede. Nelson es el responsable por el relanzamiento de la marca Cohiba, aunque más específicamente la línea Behike. También ha trabajado para varias marcas de Habanos SA y ahora tiene una marca propia llamada Selected Tobacco en Costa Rica. Esta vez crea un producto llamado Atabey, cuyo contenido es un misterio absoluto, aunque muchos especulan que utiliza tabaco cubano, lo cual ha sido negado por la marca, pero le ha permitido tener precios por cigarro alrededor de $30 y $40. Lo que sí se sabe es que todas las hojas del cigarro son maduradas durante al menos 4 años antes de ser usadas.

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Mi suscripción al paquete mensual de Small Batch Cigars lo incluyó hace unos 3 meses, junto con dos cigarros más. Este paquete suele tener unos 5 o 6 cigarros por lo que me molestó un poco cuando lo abrí y vi que solo había tres, pero al descubrir el precio de este cigarro (y los otros incluidos), me calmé un poco. Sin embargo, el cigarro llegó ‘herido’ y por eso es que preferí encenderlo a fin que no siga sufriendo él o yo. Entre los comentarios que he visto en internet sobre el cigarro muchos mencionan que la anilla guarda una similitud gráfica con las de Cohiba y Behike, e incluso han habido varios que han mencionado que su sabor es muy parecido al de Behike… yo voy a procurar no repetir eso. Aunque en términos visuales, el Delirios tiene una capa brillante y lisa, mientras que el cigarro se siente rígido aunque no quiero abusar precisamente por ese tema de la capa dañada. Los aromas de la capa son bastante neutros tanto en el exterior como en la tripa. Es en la calada en frío donde se llegan a apreciar algunos aromas tenues, que incluyen pimienta y té así como un toque sutil dulce. Buscándole más llego a apreciar sabores de higos, pero eso puede ser mi imaginación o mis ganas de justificar los $30.

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Una vez encendido, el Delirios tiene unos toques intensos de pimienta, aunque esta dura apenas unos minutos, por lo que aproximadamente para el momento de la imagen ya habían desaparecido. Ya de entrada me parece que carece un poco de equilibrio, pues su tonalidad más resaltante se esfumó en el primer centímetro, o al menos es la impresión. También hay un trasfondo de sabores dulces y densos que hacen sentir que el cigarro se está fumando rápidamente, pero que en verdad te das cuenta que se consume con una buena lentitud.

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Durante el primer tercio también se sienten notas suaves de tierra y grama, mientras que en el retrogusto se siente mantequilla y ralladura de limón. Luego de expulsar el humo se siente un ligero aftertaste de melaza en la boca, especialmente destacando el aspecto ligeramente dulce de ella. También hay una nota constante de pimienta en el retrogusto, aunque nunca es muy intensa y más bien se siente que perdura incluso después de soltar el humo, pero no es tanta como para hacer que pique.

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Para las dimensiones del cigarro y la sensación que se trata de un Connecticut, aunque ante la poca información de sus componentes (cosa que hace la marca a propósito) no se puede asegurar que lo sea, pero normalmente con los cigarros de esta capa la ceniza tiende a mantenerse más tiempo, pero el Atabey tiene la tendencia a que se caiga sola al poco tiempo de encendido. En el segundo tercio el sabor de melaza es el principal, mientras que la mantequilla apreciable en el retrogusto pasa al paladar y se siente más rica, pero no más intensa, aunque pareciera que llegará a serlo. El cigarro también se hace un poco más cremoso en el segundo tercio y eso sin duda mejora ese sabor de mantequilla.

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A partir de la mitad, aunque los sabores se mantienen más o menos iguales, el cigarro comienza a quemar muchísimo más lento y a consumirse mucho menos incluso con caladas largas y continuas. Solamente hay dos cambios notables en los sabores, particularmente en el retrogusto, donde la pimienta se siente mucho menos y la ralladura de limón se siente mucho más. Los sabores en el paladar son bastante escasos y es solo luego de varias caladas lentas que determino prácticamente los mismos que he sentido hasta el momento, aunque el humo es bastante cremosos y eso ayuda a disfrutar bastante de la fumada. También pasa que un poco antes de la mitad finalmente superé las heridas de la capa.

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En el último tercio el Atabey Delirios pierde algo de la esencia dulce de melaza pero trae consigo la aparición de sabores de café, con toques de tierra y grama como las que se apreciaron en el primer tercio. En el retrogusto se aprecia algo de madera, pero el resto de los sabores del segundo tercio parece haber desaparecido. No hay nada de nicotina cuando el cigarro finalmente llega a su fin con 135 minutos de fumada. La línea de quemado, tiro, densidad de humo y velocidad de quemado del cigarro estuvieron perfectos de principio a fin y, aunque sus sabores sutiles eran más o menos lo que esperaba con un cigarro con capa (aparentemente) Connecticut de estas dimensiones, la verdad es que tenía una voz mental que me gritaba continuamente «¡cuesta 30 dólares!» y cada vez que lo hacía pensaba que no vale ni la mitad de esos para los sabores y la experiencia que significó. También destaco que yo no pagué ese precio por él, sino que vino como parte de un paquete, pero es el precio de venta. Realmente por un cigarro de $30 esperaría algo que casi me marque un antes y un después en mi experiencia, pero el Atabey Delirios no está ni cerca de hacer algo así, y no importa que lo haya hecho el creador de Behike o el mismo Winston Churchill.

Ficha Técnica:
Fabricante: Tabacos de Costa Rica
Marca: Atabey
Modelo: Delirios
Dimensiones: 5¾ x 55
Tamaño: Delirios (Gordo)
Origen: Costa Rica
Capa: N/D
Capote: N/D
Tripa: N/D
Precio: $30,00
Puntuación: 75

Ron: Brugal Extra Viejo

Si bien he tenido temas con el sobreuso de palabras que denotan un mayor envejecimiento en rones, particularmente en mis impresiones del ron dominicano, el Brugal Extra Viejo existe desde hace un buen tiempo y desde su lanzamiento ha apuntado a ser un ron para coctelería «fina», que no es el típico cubata, sino quizá más como un old fashioned o algo en donde el sabor del ron no se oculte tanto.

La botella del Brugal Extra Viejo dice que ha sido envejecido hasta 8 años en barricas de roble americano, y siendo el mínimo en RD de un año, ya tenemos el rango de fechas que tiene el ron contenido en ella. Por supuesto, la marca dice que el sabor te puede recordar más a un cognac que a un ron, pero falacias las dicen todas las marcas.

Mi primera experiencia con la marca vino con el 1888, no hace mucho y calificándolo como bastante bueno. Sin embargo, por lo que he leído, la marca Brugal tiende a hacer rones menos dulces y más limpios y secos que muchas otras marcas dominicanas. El público consumidor que he leído se encuentra una gran parte considerándolo un buen «sipper» que es la nomenclatura callejera para describir un ron que se toma solo, aunque se puede combinar con cualquier cosa que no le altere el sabor (hielo, agua, soda), y luego están los que lo aplican para coctelería fina, como mencioné más arriba.

En lo particular fue mi ron por defecto a la hora de hacer mojitos en Dominicana y resultó una combinación muy agradable, también porque el ron tiene una nota dulce bastante baja y en los hoteles tienden a hacer los mojitos bastante dulces de por sí, así que quedaba muy bien.

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El Brugal Extra viejo se ve en copa como un líquido naranja con destellos amarillos. Su densidad es media, pues al agitar la copa se nota un movimiento continuo circular y vertical que dura un par de segundos. Las lágrimas bajan a velocidad media también, bien aglutinadas.

En nariz se aprecia una intensidad alcohólica media-alta, de esas que tienes que pasar un minuto con la nariz alejada de la copa mientras determinas si vas a estornudar o no. Cuando finalmente descubro que no, me atrevo a pasarle la nariz de nuevo y aprecio aromas perfumados, como de flores, pero también madera, cáscara de mandarina, guayaba, melón y cambur (banana) verde. Estos aromas me hacen pensar que el Brugal se trata de un ron a base de jugo de caña y no de melaza. En la página oficial no aparece esta confirmación, aunque en otra reseña menciona que el ron es a partir de melaza, pero es lo aprendido.

Finalmente en boca el Extra Viejo tiene una intensidad alcohólica media-alta, que también confirma su edad más hacia el año que hacia los 8 años de envejecimiento. El sabor principal es dulce, pero casi inmediatamente se siente astringente, luego amargo, salado y ácido. El ácido viene casi como un aftertaste y es sobre ese sabor que se aprecian los sabores frutales tanto en boca como en nariz. Los sabores son a madera, caramelo, vainilla, patilla (sandía), naranja y cereza, con un retrogusto de cambur (banana) verde y maduro, madera y canela.

Se siente como el líquido llega hasta la garganta y su sabor perdura largo rato en boca.

Ficha Técnica:
Fabricante: The Edrington Group
Nombre del Ron: Extra Viejo
Marca: Brugal
Origen: República Dominicana
Materia prima: Melaza
Edad: hasta 8 años
Precio: $27
Densidad alcohólica: 37,5% (aunque fuera de RD llega a 43%)
Puntuación: 78

Ron: Zacapa 23 Solera Gran Reserva

Zacapa es un ron que desde hace varios años ha sido la cúspide y el norte al que todas las marcas apuntan. El ejemplo a seguir y el ron al que todos se quieren parecer. Pero hace unos años nadie sabía del Zacapa, ni de su proceso, ni de su calidad. Había que ser un conocedor de ron muy selecto para conocer el Zacapa. ¿Qué cambió?

Principalmente, Diageo compró Zacapa, lo rediseñó y lo relanzó a nivel mundial. Comenzó a meterlo en cuanto concurso de licores había y el Zacapa comenzó a ser premiado y reconocido en todos lados.

Yo me considero conocedor de ron, mas no experto, pero algo sé y también admito que me dejé llevar por ese mercadeo de la marca y también compré Zacapa cuando se podía y estaba a precios promocionales. No fue sino hasta que comencé a aprender más de ron y probar otros productos de otros países y diferentes calidades que pude notar las diferencias y, finalmente, descubrir que Zacapa no es la tapa del frasco, como dicen.

Pero así como cualquier colección de tabaco centroamericano está incompleta sin un Padron, una colección de rones (o de reseñas de rones) no estaría completa sin el famoso Zacapa 23. Aunque sí tengo reseña del Zacapa XO.

Las particularidades técnicas del Zacapa y los factores diferenciales que lo han hecho famoso son que está destilado a 1600 metros sobre el nivel del mar y envejecido en barricas a 2300 metros. También es uno de dos rones con denominación de origen de Guatemala. Esta denominación de origen es bastante selectiva, pues solamente aplica a los rones que son producidos en una zona geográfica muy específica dentro de Guatemala, la cual es propiedad del grupo licorero que fabrica Zacapa (y Botrán), por lo que técnicamente ninguna otra marca guatemalteca puede aspirar a la denominación de origen.

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A simple vista el Zacapa 23 es un ron de color ámbar oscuro, con destellos amarillos y densidad media. Luego de agitarlo en copa, las lágrimas bajan a una velocidad media, bastante más rápida de lo que esperaba.

En nariz tiene una intensidad alcohólica media alta, al punto que pica en la nariz. Se sienten aromas de caramelo, cáscara de naranja, vainilla, azúcar y melón.

En boca tiene una textura densa y se siente casi como un jarabe, con una intensidad alcohólica media-alta. Los sabores van desde el dulce al amargo, al ácido, astringente y salado. Sin embargo, me pasó que el sabor me parece excesivamente dulce y resalta una nota amarga.

Entre los sabores que se aprecian está el azúcar moreno como principal, seguido de maple, miel, cambur (banana) en conserva, guayaba y piña, con un retrogusto de cuero, caramelo y manzana.

Cabe destacar que el sabor dulce del Zacapa te ‘asalta’ de inmediato y la primera impresión es que se trata casi de un ron saturado de azúcar. Incluso, en el diplomado de ron nos mostraron una tabla con los índices de azúcar que tienen varios rones. Por ejemplo, el Diplomático Reserva Exclusiva, que ya es un ron dulce, tiene 25 grs. de azúcar por litro, mientras que este Zacapa 23 tiene 45grs. de azúcar por litro, es decir que es casi el doble.

En muchos casos he tomado el Zacapa acompañando un tabaco y ciertamente me mata muchos sabores por su excesiva dulzura y, al cabo de dos o tres tragos necesito tomar agua porque me siento empalagado.

Pero mi veredicto es que el Zacapa sabe muy bien. Sin embargo, no es un ron añejado como tal. El Zacapa XO es menos dulce y sabe más a como un ron de verdad debería saber, pero el Zacapa 23 ha sido demasiado endulzado, sin duda para hacerlo más apetecible a quienes no saben de ron. Igualmente, siendo de solera, no se puede asegurar que sea un ron de 23 años, sino que el ron más antiguo en la mezcla tiene 23 años. En sabor me recuerda más a un ron de 6 años.

El problema con la fama de Zacapa es que me parece que ha creado la (falsa) expectativa que los rones envejecidos y buenos tienen que ser dulces, y que mientras más dulce, es mejor. Pero rones como el Roble Ultra Añejo, Dubar Imperial o Dos Maderas, o casi cualquier ron agrícola, saben más a como el ron debería ser sin alteraciones, pero gustan menos a la mayoría de los consumidores.

En cuanto a su combinación, Zacapa es un ron que no se debe mezclar. Si acaso con un splash de limón, pero eso es muy particular. Me parece que el agua o la soda desvirtúan su sabor y combinarlo con un tabaco es perder el cigarro. Una vez lo combiné con un postre y el resultado fue muy bueno, pero el postre no tenía chocolate… insisto, no es mi experiencia la de combinar rones con postres, pero en este caso me pareció una buena combinación con un tres leches.

Ficha Técnica:
Fabricante: Diageo
Nombre del Ron: 23 Solera Gran Reserva
Marca: Zacapa
Origen: Guatemala
Materia prima: Miel de caña
Edad: Solera, de 6 a 23 años*
Precio: $36
Densidad alcohólica: 40%
Puntuación: 77

*claim de la marca

Gérard Pere et Fils – Limited Blend CCC

Un regalo que me hiciera un familiar por extensión, quien viaja regularmente a Suiza por trabajo y con quien siempre estoy intercambiando joyas de tabaco, aunque este me llamó mucho la atención cuando me lo dio pues vino con un preámbulo bastante recreado sobre sus viajes, el tiempo del que dispone y cómo lo emplea visitando esta tienda casi exclusivamente. Aunque los cigarros son aparentemente para la venta en Suiza, el hecho es que son hechos en República Dominicana y no me extrañaría que se hicieran en la misma fábrica de Davidoff, aunque no tengo prueba de ello.

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La verdad es que el cigarro es pequeño, pero igual lo dividiré en tercios, pues eso de hacerlo en dos mitades aún no se me da muy bien. La capa es más irregular de lo que pensaría de un cigarro proveniente de Suiza, pero quizá les interesa esa apariencia rústica, aunque a mí casi que me da igual siempre que el cigarro lo valga. El CCC tiene aromas de madera, frutales (sin definir) y cuero en la capa, mientras que en la tripa se aprecia más cuero, con el adicional de chocolate y madera. Lo pico con la doble hojilla y la calada en frío me da aromas de pimienta, frutos rojos y madera.

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En las catas de ron tenemos un descriptor que es el de un producto ‘franco’ y esto lo merecen los rones que tienen aromas parecidos a los sabores, o lo que se podría decir que sabe a lo que huele. En el tabaco no he visto ese tipo de descripciones, pero este Gérard sería una descripción de un cigarro que no es franco, pues desde las primeras caladas tiene cero pimienta, lo cual no es problema y tampoco era un aroma predominante en frío, pero también tiene una cremosidad espectacular y dominante desde la primera calada, con sabores de madera, caramelo, vainilla y turrón.

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El CCC quema muy bien, a una velocidad que no pensaría normal para un cigarro de estas dimensiones, pues dura casi igual que un toro de una marca nicaragüense. En cada calada mantiene esa sensación cremosa y casi hasta aceitosa del humo que lo hace muy para disfrutar junto con un buen ron, aunque en mi caso es agua únicamente.

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En el segundo tercio sigue siendo un cigarro cremoso, con sabores de turrón y vainilla, pero en este momento esos sabores no se sienten dulces, sino que son más aromáticos que otra cosa. El cigarro sigue teniendo sabores dulces, pero no parecen estar relacionados con turrón ni vainilla, sino más con un dulce genérico. En el retrogusto se sienten sabores de cuero y anís, siendo más como 30% cuero solamente. Pero en casi todas las caladas le doy al retrogusto y la sensación es muy sabrosa.

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A partir de la mitad el cigarro cambia y en un cigarro tan pequeño los cambios son bastante obvios y tienen que ser rápidos. Ya perdió el sabor a cuero y el cigarro en general es más fuerte, mientras que el retrogusto es casi exclusivo de anís y con un toque de pimienta blanca. También le pasa que más adelante pierde por completo la cremosidad y comenzando el último tercio se vuelve un tabaco «normal», con un toque de pimienta en el paladar y sabores a madera con toques de canela.

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En sus últimos momentos el CCC transmite ese toque de pimienta también al fondo de la garganta mientras se vuelve un cigarro «normal» y la verdad es que para un cigarro que haya comenzado tan ‘bombos y platillos’ es una pequeña desilusión que termine tan terrestre, pero la verdad es que tampoco hay que tener tantas esperanzas en un cigarro tan pequeño y, para su tamaño, se comporta de maravilla, siempre que te lo fumes hasta la anilla. El tiro y densidad de humo fueron perfectos desde el principio y la intensidad se mantuvo en media durante toda la fumada. En la quemada sí tuve un problemita just antes de la mitad, donde tuve que darle un retoque de fuego pues no se corregía sola y había una desviación bastante obvia, pero por lo demás se trata de un gran cigarro que da unos niveles de cremosidad impresionantes; muy parecido a lo que esperaba por su historial helvético.

Ficha Técnica:
Fabricante: N/D
Marca: Gérard et Fils
Modelo: Limited Blend CCC
Dimensiones: 4 x 50
Tamaño: Short Robusto
Origen: República Dominicana
Capa: N/D
Capote: N/D
Tripa: N/D
Precio: $11,50
Puntuación: 84

Tierra de Gracia – Robusto

Aproximadamente en diciembre del año pasado me reuní en una fiesta con un familiar por extensión que es de las pocas personas en la familia con la que puedo hablar de tabaco. Quizá porque le he dedicado tanto tiempo al tema, a veces me cuesta hablar de otras cosas, por lo que disfruto sentarme con alguien cercano a hablar de esto, aunque estoy claro que tengo que hablar de otras cosas y, según mi esposa, el ron no puede ser la ‘otra cosa’. Pero el hecho es que en esa reunión familiar este primo por retruque me regaló un par de cigarros y entre ellos estaba este Tierra de Gracia, que es un producto venezolano pero hasta ahí lo que tanto él como yo sabemos de él.

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Luego, investigando y preguntando a otras personas más, descubrí que un amigo los conoce y me dijo que la mayoría del tabaco incluido en este cigarro es del tipo Burley, que es el tabaco utilizado en la confección de cigarrillos en Venezuela. La capa, por su parte, a mi poco entrenado olfato le parece que es del mismo tipo de las capas oriundas de Güiria, Estado Sucre y de donde provienen las que hacen en los tabacos de Domingo López. También pienso eso porque los aromas de tierra, madera y cuero me parecen muy propios de ella. El comentario del tabaco Burley también me parece cierto porque en la tripa se aprecian muy pocos aromas, entre los que destaca la madera únicamente, aunque esta puede ser parte de la capa. La calada en frío presenta aromas de tierra y no mucho más, aunque se siente un aroma perfumado también.

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Si se trata de tabaco de cigarrillo, el Tierra de Gracia comienza bastante bien, con sabores a madera, cuero y un retrogusto de anís. La quemada es terrible y la consistencia del cigarro, que se sentía bastante rígido preencendido y con apenas algunos puntos menos rígidos, se va haciendo más esponjoso conforme va entrando en calor.

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Durante el primer tercio el Tierra de Gracia experimenta algunos cambios, principalmente una «suavidad» que va progresando conforme voy fumando más y más del cigarro. Esos sabores de madera y cuero del principio ahora se sienten mucho más tenues y van apareciendo notas herbales y de paja, mientras que el sabor de anís del retrogusto se va convirtiendo más en vainilla, sin mucha intensidad. También hay una nota amarga en el fondo que no me termina de convencer. En cuanto a su intensidad, el cigarro comenzó de media pero ya al final del primer tercio está en media-suave.

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En el segundo tercio el sabor de madera y cuero es el que más se mantiene y los sabores dan un vuelco inesperado y hasta agradable, aunque no dura mucho. El hecho es que la nota amarga que estaba sintiendo durante el primer tercio toma un sabor de chocolate amargo, aunque no dura mucho y para la mitad del cigarro desaparece. Los sabores herbáceos y de paja se mantienen en el fondo del cigarro.

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En efecto, la nota amarga se mantiene en el cigarro, y sin chocolate esta vez. Incluso, el cigarro comienza a presentar un cierto picor en los labios que no es pimienta, sino esa cierta incomodidad de fumar un cigarro que no se siente completamente fermentado. No es el sabor de amoníaco que desagrada, sino que es un picor en los labios y el fondo de la garganta. Los sabores herbáceos se mantienen y el Tierra de Gracia parece que ya ha dado todo lo que tenía que ofrecer, aunque estoy todavía en la mitad de la fumada.

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Aunque la línea de quemado se ha corregido sola y sin retoques, y la ceniza tiende a mantenerse en buena medida, el cigarro se siente extremadamente esponjoso a partir de la mitad y cuesta mantener su forma cilíndrica cuando lo agarro, por lo que darle caladas es bastante incómodo. Los sabores que tiene son de paja, madera y un toque suave de cuero, pero son muy suaves y no los calificaría como un sabor per se, sino más un recuerdo del sabor. Otro tema con este cigarro es que existe poca o nada de información sobre él, solo un artículo que conseguí en un portal de noticias de Miami, en donde los creadores del cigarro mencionan que su producto puede «ranquearse» (medirse) con los Cohiba, Romeo y Julieta o los Partagas. Por favor, nunca, nunca, nunca digas eso. Pero bueno, al menos el cigarro es un buen ejemplo del tabaco venezolano y demuestra que tenemos bastante trabajo que hacer, pero que estamos dispuestos a hacerlo. La inclusión de las siete estrellas en la anilla me gustó mucho, pues soy de esa generación de venezolanos.

Ficha Técnica:
Fabricante: N/D
Marca: Tierra de Gracia
Modelo: Robusto
Dimensiones: 5 x 52
Tamaño: Robusto
Origen: Venezuela
Capa: Venezuela
Capote: Venezuela
Tripa: Venezuela
Precio: N/D
Puntuación: 64

Ron: Brugal 1888

En mi corta experiencia con el ron me parece que en los últimos años el ron dominicano ha experimentado un gran flujo de rones de alta gama. Nombres como XO, Extra Special, Selection y hasta Solera parecen estarse repartiendo entre todas las marcas de la isla. A veces me impresiona que islas como Martinica, que son por demás pequeñas, tienen una gran cantidad de marcas de ron. Pero también me llamaba la atención que República Dominicana, que según tengo entendido tiene la ciudad más grande del Caribe, solo tiene tres marcas principales y unas dos secundarias. Brugal es una de las más grandes (aunque hay fuentes que dicen que es la más grande de la isla), pero en estos días investigué un poco más y descubrí que estas marcas tienen fácilmente unos 20 rones distintos, de diversa maduración, envejecimiento, nombres diferentes y un largo etcétera.

Pero este Brugal 1888 fue lanzado en 2011, así que al menos se salva de esa tendencia repentina, y es el primer producto lanzado luego que Brugal haya sido adquirido por The Edrington Group. Tiene la particularidad que ha sido envejecido hasta 8 años en barricas de roble blanco americano ex-bourbon y luego 6 años en barricas de jerez ex-oloroso. También hay que tomar esta información con algo de escepticismo, o al menos leer bien, pues ese hasta es que no todo el producto ha sido envejecido 8 años, sino que hay una mezcla y algunos pueden alcanzar esa edad, pero no necesariamente todos.

Pero el hecho es que visitando República Dominicana hace poco, en el hotel donde me estaba quedando tenían una selección bastante respetable de rones dominicanos, y únicamente dominicanos, por lo que también se denota que tienen un orgullo por el producto nacional. Aunque también tenían Bacardí, pero solamente la versión Gold, para hacer tragos. Luego de conversar un rato con el bartender y hacerle ver que no era otro turista que viene a pedir una piña colada o un daiquirí gigante, logré que me sirviera una muestra de este ron en copa de vino para poderlo apreciar bien. No tenían copas balón, pero esto era lo más cercano.

Ah, y 1888 es el año de fundación de la marca.

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Pero por brutal y saturada que se vea la imagen promocional de la botella, el líquido en realidad tiene un color ámbar dorado, con destellos amarillos. Tiene una densidad media con un período relativamente largo de movimiento vertical, lo cual me hace pensar ya de entrada que esto no puede ser un ron con 14 años de envejecimiento total. Las lágrimas en la copa bajan a velocidad media rápida, bastante aglutinadas.

En nariz tiene una intensidad alcohólica media-baja, que me hace retomar el interés que tenía por él cuando lo veía en el bar. Sus aromas a cáscara de naranja, canela, madera, pimienta, caramelo, cuero y guayaba sin duda me mantienen muy interesado.

En boca hay una intensidad alcohólica media-alta, que sin duda confirma lo que se veía, aunque no lo que se olía. Se siente como el líquido baja hasta la garganta, también confirmando esa edad joven, pero en temas de sabores comienza con un sabor bastante diferente y hasta rara entre los rones de países colonizados por españoles, pues hay una combinación de sabor dulce y salado, que normalmente todos nuestros rones comienzan con un sabor dulce predominante. Pero además de esta combinación dulce/salada se siente astringente, amargo y ácido.

Los sabores que destaca son caramelo, vainilla, cuero, naranja, cáscara de limón, madera, azúcar moreno y frutos secos, mientras que en el retrogusto se aprecia ralladura de limón y madera. Todos estos sabores relativos al limón son de limón verde, no amarillo. La permanencia es media y al cabo de un par de minutos como mucho apenas se siente una traza del sabor.

Algo que me impresiona del ron dominicano es que casi todas las marcas saben parecido. Habiendo probado una gran cantidad de rones venezolanos principalmente, en verdad me parece que por ejemplo el Diplomatico sabe muy distinto al Cacique, pero en temas de dominicanos, hay un sabor parecido entre ellos. El 1888 realmente es un ron bueno de los dominicanos, aunque en verdad es difícil decir lo contrario de ellos, pues a menos que te vayas con una opción muy joven, el resto son bastante buenos. Pero yendo un poco más allá, es un ron que recomendaría comprar y traer de la isla, pues en términos de acompañante de un tabaco y de apreciar sus aromas, de verdad que está bien. En cuanto a sabores, es un poco más áspero de lo que me gusta para tomar solo, pero combinar con un cigarro o en un buen old fashioned, es una excelente opción.

Ficha Técnica:
Fabricante: The Edrington Group
Nombre del Ron: 1888
Marca: Brugal
Origen: República Dominicana
Materia prima: Melaza
Edad: hasta 14 años (8+6)
Precio: $40
Densidad alcohólica: 40%
Puntuación: 90