Para aproximadamente el mes de marzo de cada año es común encontrarse con distintas marcas produciendo cigarros con capa candela, porque su color verde se hace típico para celebrar el día de San Patricio en Estados Unidos, en donde algunas ciudades como Chicago pintan el río que atraviesa su ciudad de verde. Esta tradición y tendencia hacia el verde hace que la producción de cigarros de capa candela sea limitada a ese mes y meses después no los hacen más. El mismo ha sido el ejemplo de La Palina, una pequeña marca americana, situada en la ciudad de Washington y que el año pasado decidió hacer de su producto Fuego Verde una producción regular. La capa candela tiene su color verde porque es madurada mucho menos tiempo que las demás, pero también a una temperatura mayor, por lo que las hojas siguen manteniendo la hidratación y la clorofila que hojas que pasan mucho más tiempo curándose. Por tanto, no produce muchos de los sabores que son más típicos de la mayoría de los cigarros, sino una marcada tendencia a sabores más «verdes» como herbáceos, vegetales e incluso paja. En todo mi haber de fumador, esta es la segunda o tercera vez que fumo un cigarro con esta capa y en las ocasiones anteriores no fue la mejor experiencia, por lo que confieso que no tenía demasiadas ganas de probarlo. Pero como últimamente me han empezado a gustar los de capa Connecticut, pensé que siendo un poco más suave no haría que la fumada sea muy diferente.

El Fuego Verde únicamente existe en esta vitola robusto extra de medidas 5,5 x 50 y llegó a mí como parte del pack mensual de Rumbullion Club. Su capa es realmente verde en primera instancia, pero luego de detallarla un poco noto que tiene un toque amarillento también. Lo conseguí con una buena oferta y entre un amigo y yo nos compramos 5, por lo que no es el primero que fumo. La capa es ligeramente oleosa y no es muy lisa, con algunas imperfecciones y estrías, pero nada preocupante, con aromas abundantes de paja y notas vegetales, que se repiten en el pie. En la calada en frío aprecio notas suaves de paja y madera, pero una nota ligeramente especiada también. No es más de lo que esperaba y en mi (escasa) experiencia con cigarros de esta capa, es normal que no sean fuertes ni de aromas y sabores abundantes.

Para mi sorpresa, el Fuego Verde comienza con notas de pimienta y no son escasas, sino suficientes para hacerme pensar en una intensidad media y fortaleza media-baja. Los sabores son bastante más abundantes de lo que esperaba, aunque no son abrumadores, destacando grama recién cortada, notas vegetales sin descripción, madera, paja y un aura dulce que hacen una fumada bastante agradable, para ser muy honesto. El humo es abundante y lo que un amigo llama el ‘room note’, o a lo que huele para el que está cerca pero no fumando, o simplemente lo que huele el humo, es mucho menos herbáceo. El tiro es bastante bueno, aunque el anillo de combustión tiende a variar bastante y requiere un par de retoques, lo cual es considerablemente distinto del primero que me fumé, que quemó perfecto.

La tendencia a quema recto en el segundo tercio es incluso menor, requiriendo más retoques pero manteniendo un tiro muy decente. Los sabores de pimienta disminuyen bastante, sin desaparecer en el segundo tercio, mientras que los sabores también cambiaron ligeramente e incluyen cuero, madera, grama, canela y las notas vegetales se definen un poco más hacia un sabor que me recuerda a los espárragos, pero solamente en algunas caladas y en el retrogusto. El humo es abundante y en cada calada me quedo saboreando el final bastante largo que tiene este Fuego Verde, que estoy apreciando bastante pero apreciaría aún más si quemara mejor.

La quemada tampoco mejora en el último tercio, pero dado que el tiro sigue bien y que los sabores se siguen presentando bien, la verdad es que disfruto más de lo que pensaría que un cigarro con quemada torcida se puede disfrutar. Los sabores son muy parecidos a los del tercio anterior, aunque ligeramente más picante y la fortaleza del cigarro se marca en media, sin una marcada tendencia hacia ningún otro lado. Se me llegó a apagar antes de lo que normalmente lo dejaría, pero viendo cómo la quemada se había comportado, no me sorprendió del todo y me resistí a volverlo a encender, principalmente porque el encendedor que tenía a la mano era de cuatro turbinas e iba a terminar quemando más que la punta del cigarro. Además, ya había pasado una hora y 20 minutos, que era más o menos lo que esperaba del cigarro.

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