Black Star Line – Lalibela (Toro)

Hace unos días tuve la suerte de reseñar un cigarro que me pareció sorprendente: War Witch de Black Star Line, una marca que en mi vida había oído y que no creo que compraría antes de probarlo, pues el nombre me suena demasiado parecido a Black Label Trading Co. o una variación de Black Works Studio, pero la verdad es que hay muchos cigarros y marcas con Black en ella, y no siempre es fácil diferenciarlos. Pero cuál sería mi sorpresa al ver que Cigar Hustler, los mismos que me enviaron el War Witch originalmente, me enviarían el Lalibela también como parte de su pack mensual. Nuevamente, siento que el nombre es muy parecido al de otro cigarro, en este caso Libélula, de Jeremy Jack Cigars.

Lalibela tiene posiblemente la combinación de nombre y anilla menos atractivo del mercado, con pocos colores, nada de repujado e imágenes difusas sobre ella. El nombre proviene de una ciudad etíope y es una de las ciudades más sagradas de ese país africano. Afortunadamente el cigarro sí es atractivo gracias a sus dimensiones de 6×52 y el moño de señora en la perilla, así como su capa brillante y sorprendentemente lisa, especialmente para ser San Andrés mexicana. En aromas no es tan sorprendente en la capa, manteniendo los aromas típicos que la caracterizan, como tierra mojada, notas sutiles de chocolate y algo de nueces. En la tripa, toda nicaragüense, se aprecian notas de frutos secos y cuero. Al picarlo, y esta vez me tengo que arriesgar con la doble hojilla sin limitador, me tocan aromas de cuero, frutos secos en general y pimienta suave en la calada en frío.

El tiro de Lalibela se siente bastante fluido sin ser suelto, con humo abundante y denso, y de verdad dándome una muy buena impresión del cigarro desde el primer momento. Los sabores son de café desde la primera calada, pero me impresiona lo suave que se siente en ese inicio, quizá más por su composición, pues esta combinación de hojas puede ser casi explosiva en otros cigarros. A mediados del primer tercio, más o menos al momento de la imagen, la fortaleza aumenta gracias a un fuerte componente de pimienta, que se funde con el café y nueces. En términos de construcción, la quemada es excepcional, el anillo de combustión casi perfecto y me toma unos 35 minutos superar el primer tramo.

En el segundo tercio los picos de intensidad parecen apaciguarse un poco y el cigarro se coloca en una intensidad media con fortaleza similar. El sabor principal sigue siendo de café pero esta vez con notas muy cremosas, en parte gracias a esos sabores de frutos secos, que le dan una sensación de crema de nueces, vainilla, una suave nota amarga que ayuda a darle mejores matices al café y un retrogusto de cuero con pimienta que me mantiene dándole caladas regulares al Lalibela. La ceniza lleva una menor tendencia a mantenerse sobre el cigarro y ese quizá sea el único aspecto negativo, pues se trata de una fumada que sigo disfrutando, incluso con la lentitud casi preocupante que alcanza en la quemada a partir del ecuador.

El último tercio de Lalibela realmente llega muchísimo después de lo que pensaba que iba a llegar. Marco exactamente dos horas de fumada cuando comienzo este tercio y el cigarro mantiene una quemada excepcional, denotando construcción magnífica y anillo de quemado ejemplar. Los sabores son básicamente los mismos, aunque algo menos cremosos, principalmente porque la fortaleza se coloca en un punto bastante alto, pero se siente fuerte el café, nueces (sin crema), otros sabores genéricos de frutos secos y algo de vainilla en el fondo, con su retrogusto de nueces y pimienta siempre presente. La pimienta tiene picos en el paladar, pero no por problemas de quemado, sino simplemente la liga haciendo que te acuerdes del cigarro regularmente. Luego de dos horas y 30 minutos, el Lalibela llega a su fin.

Lalibela es uno de esos ejemplos que porque un cigarro no te llame la atención, no quiere decir que no te vaya a gustar. Para una marca tan pequeña y de un lugar tan poco conocido por sus tradiciones tabaqueras (Chicago), aunque su fabricación es en Nicaragua, Black Star Line se ha caracterizado por tener sabores atrevidos, intensidad respetable y productos que no te dejan indiferente, al menos con los dos que he probado. Quizá el punto negativo que le puedo sacar a este cigarro es que no evoluciona mucho, sino que presenta una paleta de sabores en el primer tercio, que si bien son bastante atractivos, no varían mucho de un tercio al siguiente y, aunque esto a veces es apreciable y un cigarro con distintos matices basados en pocos sabores siempre va a ser interesante, luego de dos horas y media esperaría tener más sabores que listar en mi ficha técnica.

Ficha Técnica:
Fabricante: Fabrica Oveja Negra
Marca: Black Star Line
Modelo: Lalibela
Dimensiones: 6 x 52
Tamaño: Toro
Origen: Nicaragua
Capa: México (San Andrés)
Capote: Nicaragua
Tripa: Nicaragua
Precio: $13,00
Puntuación: 86

Liga Exclusiva – Pico Bolívar (Toro)

El segundo producto de Liga Exclusiva, o al menos el segundo que pruebo, es este Pico Bolívar, un robusto largo que más bien llamaría un toro en medidas de 5,5 pulgadas de largo con un cepo 54. Este fue uno de dos cigarros de la marca que me obsequió Carlos Perez, uno de los dueños de esta pequeña marca oriunda de Maracay, en el estado Aragua de Venezuela. El Pico Bolívar tiene una capa Habano ecuatoriana sobre capote de Nicaragua y tripa venezolana, siendo esto último una tendencia de la marca que quiere involucrar el tabaco venezolano en los grandes sabores de sus productos, cosa que aprecio y que creo están haciendo muy bien.

El Pico Bolivar se ve bastante bien, con colores uniformes, una capa lisa, bien empacado y con el peso adecuado. Incluso se ve en el pie que está perfectamente compactado, con aromas muy típicos en la capa del tipo Habano: cuero y madera, pero también una nota cítrica interesante. El pie desprende aromas a madera y nueces, que no son tan típicos del tabaco venezolano, sino que realmente me dan más curiosidad por esa tripa. Finalmente, lo pico con la doble hojilla y la calada en frío me presenta aromas interesantes a fruta fermentada, melaza, madera y algo que solo puedo describir como turba, que vendría siendo una combinación de tierra con vegetal. El tiro en frío se siente muy bien, así que procedo a encender el cigarro lo antes posible.

El Pico Bolivar enciende de manera uniforme, con un humo abundante, denso y rico, una quemada recta que denota una construcción perfecta. Sus sabores son de madera, cítrico y nueces, en donde además aparece un leve sabor a cuero a partir de la mitad de este primer segmento, con un retrogusto de madera y cítricos. La fortaleza del cigarro está entre suave y media, pero los sabores entre medios y medio-altos, por lo que sin querer queriendo le doy caladas más continuas y, aunque el cigarro se comporta bastante bien en construcción, me regaña si le doy muy seguido, calentándose y dándome sabores amargos. Esto no es un defecto, sino una consecuencia de fumar el cigarro muy rápido.

Para el segundo tercio el Pico Bolívar cambia ligeramente, suplantando sus sabores medio-altos y colocándolos en medios, mientras que su fortaleza se mantiene más o menos igual. Las notas cítricas se van reduciendo a lo largo de la primera mitad del tercio para desaparecer por completo superada la mitad del cigarro, dejándome con notas de madera y nueces, pero una sensación ligeramente más dulce y no mucho más. Afortunadamente en humo y densidad de este sigue con la misma nota rica y abundante, aunque el anillo de combustión presenta una ligera tendencia a desviarse, pero nada que pueda ser considerado preocupante, por lo que no requiere retoques.

El último tercio del Pico Bolívar es exactamente igual al segundo, con la posible excepción de las notas dulces, por lo que se siente ligeramente más seco y el humo es menos denso. Esto hace que el final de la fumada no sea tan agradable como el principio, pero para este punto que el cigarro te ha otorgado una fumada interesante y medianamente compleja, sin destacar ni molestar en términos de sabor y con una quemada excepcional, se siente que los últimos 95 minutos han pasado con relativa rapidez, principalmente porque fueron agradables y porque el cigarro mantuvo tanto los sabores como la intensidad en un terreno conocido, sin arriesgar pero también sin molestar.

Entre los cigarros tradicionalmente venezolanos es muy común encontrarse con sabores y fortalezas de intensidad media-baja que, por un lado no molestan ni atacan los sentidos en la fumada, pero por el otro no sorprenden. El Pico Bolívar parece alcanzar ese equilibrio en fortaleza, no llegando a ser fuerte en ningún momento, pero sí sorprende porque afortunadamente el uso de capote nicaragüense y capa Habano (cuyo origen desconozco) le dan una dimensión de sabores que es algo más que ese típico cigarro venezolano y por ello agradezco la oportunidad de haber fumado un buen cigarro hecho en Venezuela, cosa que no es del todo común últimamente.

Ficha Técnica:
Fabricante: N/D
Marca: Liga Exclusiva
Modelo: Pico Bolívar
Dimensiones: 5½ x 54
Tamaño: Toro
Origen: Venezuela
Capa: N/D (Habano)
Capote: Nicaragua
Tripa: Venezuela
Precio: $7,00
Puntuación: 85

Tequila: Comisario Añejo

Aunque, aparte del cocuy, no planeo hacer catas de destilados de agave de manera regular, sí creo que sería justo cambiar el índice de destilados para incluir agave y no concentrar solo a cocuy ahí.

Hace unas semanas estábamos organizando una cata de mezcal con la gente de Rumbullion Club, y se escogió mezcal porque es algo que la mayoría de los venezolanos no conoce. Para muchos es un tipo de tequila y no saben mucho más, razón por la cual me pareció propicia y perfecta la ocasión para que todos aprendiéramos un poco más.

Pero el hecho es que el distribuidor solamente tenía una botella de mezcal, así que decidimos hacer la cata más interesante apuntando precisamente a la diferencia entre estos, e incluso colocando un cocuy (que resultaron ser tres) después.

La cata comenzó con este tequila Comisario Añejo, a fin de establecer lo que ya conocemos. Sin embargo, muchos fueron los sorprendidos porque la imagen que solemos tener de tequila rara vez ha sido positiva y para muchos fue una sorpresa que un tequila pudiese ser así.

Precisamente porque Comisario Añejo no es cualquier tequila. Es un producto doble destilado hecho en Jalisco, destilado en alambique de cobre a partir de un mosto 100% agave azul. Su añejamiento es de 15 meses, los cuales pasa en barricas de roble blanco francés antes de ser embotellado a 40% de alcohol.

El Comisario Añejo viene en una botella realmente llamativa, que de por sí ya es infinitamente más elegante que la imagen típica que tenemos del tequila, aunque bastante diferente a Don Julio, que suele ser mi referencia. Es un líquido no tan amarillo como el que la imagen superior quisiera hacerte pensar, siendo más amarillo con destellos naranjas. Se desprenden lágrimas de descenso bastante respetable por su interior y presenta una densidad más alta de lo esperado.

En nariz es bastante perfumado, con notas de caramelo, crema de leche, vinagreta, cáscara de naranja, sábila y la más ligera nota de fruta sintética, que al cabo de unos minutos se transforma más en aromas de básicamente lo mismo, pero una ligera nota jabonosa al final.

Al llevarme la copa a los labios, nuevamente siento una gran gama de sabores insospechados, entre los que destacan cáscara de naranja, cerezas, madera y notas vegetales como de yerbabuena, lavanda y nuevamente esa nota jabonosa, esta vez con más características similares que incluyen solvente y algo como medicinal.

El Comisario Añejo no es el mejor tequila, pero el tema es que en temas de precio hemos aprendido que los tequilas buenos no son nada baratos e incluso los más o menos tampoco lo son. El precio según mi distribuidor del mezcal Montelobos y de este tequila Comisario Añejo es prácticamente el mismo, pero una búsqueda por internet me coloca este tequila por lo menos $20 por encima de mezcal. Es ciertamente parte de lo que me ha llevado a pensar que voy a tomar más mezcal de ahora en adelante, pero entre todo eso, el Comisario Añejo, aunque no sea el mejor, está muy lejos de ser un mal producto.

Ficha Técnica:
Fabricante: Agaveros y Tequileros Unidos de Los Altos, S.A. de C.V.
Nombre del Tequila: Añejo
Marca: Comisario
Origen: México
Materia prima: Agave azul
Edad: 15 meses
Precio: $70
Densidad alcohólica: 40%
Puntuación: 82

Crowned Heads – Mil Días (Edmundo)

El cómo llegué finalmente a este cigarro fue toda una odisea de promesas rotas y sueños incumplidos. Desde que me hice socio del paquete mensual de Cigar Hustler, nunca han dejado de entregar a tiempo, siempre los primeros cinco días de cada mes. Excepto hace aproximadamente un año, que llegó el 10 de diciembre y aún no recibía la notificación de envío del pack. Les escribí y me confirmaron que, efectivamente, había un atraso con el envío, porque se les había acabado el Mil Días, pero que en cuestión de un par de días lo enviarían. Al cabo de unos 4 o 5 días les volví a escribir y me dijeron que no les había llegado el cigarro, pero que tenían el Edición Limitada, y que me lo podían enviar sin costo adicional. ¿Cómo iba a discutir eso? Les dije que adelante. A los dos días me volvieron a escribir, que se les había acabado, pero que me enviarían otro cigarro en sustitución de ese. No recuerdo ya cual cigarro fue, pero el hecho es que hace unos meses estaba en la tienda de Gentleman Brothers y ahí lo tenían, así que aproveché para comprarlo. Finalmente lo tenía y luego de dos meses de guarda, le di fuego.

El cigarro recibe su nombre por el período de tiempo, en promedio, que toma producir una nueva liga de cigarro. Entre pruebas iniciales, descanso, maduración y demás es en promedio unos tres años lo que toma producir cada nuevo producto para una marca decente. El Mil Días es el segundo producto de Crowned Heads en ser producido por la Tabacalera Pichardo en Nicaragua, junto con el Juárez. El cigarro utiliza una capa Habano ecuatoriana sobre capote nicaragüense y tripa de Costa Rica, Nicaragua y Perú. Su apariencia es el perfecto ejemplo de cómo un cigarro debe verse: sublime. Su capa es de un tono perfecto y uniforme, lisa y se siente sólido y pesado, con un ligero brillo. Tiene aromas a cuero, madera y pan blanco en la capa, mientras que en el pie hay aromas a miel, pan, madera y un toque de pimienta. Finalmente lo pico y la calada en frío presenta aromas a pan, miel, pimienta y una nota dulce, con un tiro prácticamente perfecto.

El Mil Días comienza suave, incluso más suave de lo que hubiese esperado. Pero muy cremoso también, tanto en densidad del humo como en sabores, con notas fuertes de pimienta negra, madera seca, y algo de vainilla. El humo, aunque denso, no es abundante y cada calada me entrega una cantidad pequeña de él. Las notas de pimienta cambian a mediados de este primer segmento, siendo un poco más suaves, lo que coincide con la aparición de nuevos sabores, como madera mojada, cuero y una nota especiada de nuez moscada. En términos de construcción se comporta bastante bien, aunque el tiro sigue siendo un poco más apretado de lo que me gusta, pero afortunadamente produce más humo, así que se compensa.

En el segundo tercio el Mil Días da un giro bastante notorio, en donde lo que el primer tercio tenía de sutil, el segundo tiene de intenso, con una mayor abundancia de los sabores de pimienta, manteniendo el sabor de madera, y mostrando un nuevo sabor que es de tierra, que lleva una intensidad media. Si le doy muchas caladas se hace hasta áspero, cosa que evito para tratar de mantenerlo en línea, con la consecuencia que en el retrogusto es mucho menos abundante de sabores. Pero se siente bastante cremoso y presenta notas a pan tostado hacia la mitad del cigarro, punto en el cual requiere un retoque para corregir el anillo de combustión que no ya se estaba tornando peligroso sin señales de corregirse solo. El cigarro en general se hace un poquito más fuerte y los sabores un tanto más intensos, por lo que lo colocaría en medio-fuerte.

En el último tercio continúa evolucionando, lo cual suena muy bien pero en práctica resulta que no termina de llegar a un punto ideal, sino que es continuamente cambiante, por lo que a veces está en un punto muy sabroso y dos caladas después varía y me quedo esperando que regrese a ese punto en donde me estaba gustando. El humo es más abundante en este segmento y es el sabor de madera el que domina la fumada, también porque la pimienta parece suavizarse bastante. Llega a un punto no mucho más lejos del inicio de este tercio que el cigarro no parece que va a llegar a ese punto ideal, por lo que me aburro rápidamente de él, pero la construcción sigue siendo perfecta y quema bastante bien. Luego de una hora y 45 minutos, el Mil Días llega a su fin.

Lo bueno definitivamente se hace esperar y aunque como fumador regular rara vez estoy al tanto de cuánto tarda una liga en hacerse realidad, me parece que mil días valen la pena cuando un cigarro tiene esta calidad. El cigarro tiene todo lo que quisiera en un cigarro, incluyendo una duración ejemplar, sabores complejos y matices interesantes, con una construcción que no es perfecta pero solo sirve para mantenerme pendiente del cigarro y no de cualquier otra cosa que me rodea. Aunque sí tiene sus irregularidades, la verdad es que no opacan las cualidades y la experiencia realmente vale la pena.

Ficha Técnica:
Fabricante: Tabacalera Pichardo
Marca: Crowned Heads
Modelo: Mil Días
Dimensiones: 5⅜ x 52
Tamaño: Edmundo
Origen: Nicaragua
Capa: Ecuador (Habano)
Capote: Nicaragua
Tripa: Costa Rica, Nicaragua, Perú
Precio: $10,00
Puntuación: 92

Mezcal: Montelobos Espadín

Es que si me atreví a catar y reseñar el cocuy, ¿por qué no habría de atreverme con otro destilado de agave? Es que hace un par de semanas asistí a una cata en la terraza de Rumbullion Club en Altamira, en la que probamos un tequila (que también reseñaré), este mezcal y un cocuy (pronta reseña de ese también). El objetivo de la cata era probar los distintos destilados del agave, sea el agave azul (tequila), el agave espadín (este mezcal) y el cocui trelease (cocuy).

Ciertamente las variaciones entre ellos fueron increíbles y esta fue mi segunda experiencia con un mezcal y por ello determiné que va a ser lo que busque más a menudo, en vez de tequila, aunque me confieso que nunca ha sido gran fanático de ella, en gran parte gracias a experiencias pasadas con destilados de muy mala calidad. Sin embargo, mi distribuidor local tiene unos 10 tequilas diferentes y solo este mezcal, así que las opciones no son muchas.

Montelobos es un mezcal en gran parte artesanal, aunque hace unos años fue adquirida por el gran consorcio de Campari, pero supuestamente mantienen sus mismos procesos de producción rústicos. El mezcal es fabricado en Santiago Matatlán, en el estado de Oaxaca, por el experto mezcalero Iván Saldaña.

El mezcal es lo que se conoce como ‘joven’, en el sentido que no tiene añejamiento alguno ni reposado. El carácter artesanal no es solo una palabra atractiva que ponerle al líquido, sino que debe adherirse a una serie de normativas en su preparación:

  • Cocinado: las piñas de agave deben ser cocidas en fosas bajo tierra o en hornos sobre el suelo
  • Molido: debe ser hecho con una mandarria de madera, molino de piedra, un molino chileno o egipcio, una prensa de caña o una astilladora
  • Fermentado: puede hacerse en fosas de piedra, fosas bajo tierra, troncos de árboles, urnas de arcilla, barricas de madera o cuero animal. La fermentación puede incluir fibras de agave.
  • Destilado: el calor debe ser alimentado por fuego directo por debajo de la caldera que puede ser de cobre o de barro. La cabecera del alambique puede ser hecho de barro, madera, cobre o acero inoxidable.

Esas son las normativas, pero el espadín es cocinado en una fosa bajo tierra entre 5 y 7 días, seguido del molido de la piña tostada con un molino de piedra halado por una mula. El jugo se fermenta naturalmente (sin añadirle levaduras) y luego es destilado en barricas de cobre alimentadas por fuego de leña.

Siendo un mezcal ‘joven’ y el hecho que no ha visto siquiera el mínimo reposo, esto significa que pasó del alambique directo al embotellado. Puede haber pasado algunas horas en una tina de acero inoxidable, pero esto quizá para que perdiera un poco la oxigenación, pero se trata de un producto que no ha sido añejado en lo absoluto. Esto se traduce en que es completamente transparente, desprendiendo algunas lágrimas de descenso relativamente rápido por el interior de la copa y una densidad menor que la de cualquier destilado que ha pasado por un añejado, así sea mínimo.

En nariz se sienten notas cítricas y afrutadas, con toques suaves de pimienta. También tiene algunas notas vegetales que son típicas de los destilados de agave y entre las que identifico algo como cilantro y tierra. Pero también hay notas de piña rostizada, limón, romero y calabaza.

En boca es realmente impresionante, con una nota ahumada que participa en todos los sabores, pero también notas fuertes de cáscara de cítrico, pimienta blanca, calabaza y tierra. Tiene un sabor ligeramente mineral y salado como de cristales de sal, que con el sabor ahumado se siente más complejo y me recuerda a la turba del whisky marítimo. Notas de cáscara de limón, piña, yerbabuena y cuero finalizan el sabor.

El retrogusto es refrescante y mucho menos intenso de lo que esperaría, con toques cítricos, agave ahumado y una sensación picante de cilantro, cuya combinación me hace seguir degustándolo después de haberlo pasado por boca.

El día después de hacer esta cata le dije a mi esposa que no tomo más tequila. Por supuesto que me puso una cara de «te lo dije» y terminé diciendo «ahora voy a tomar mezcal» y ahí comenzó su sorpresa. El mezcal es considerablemente más ahumado que el tequila y eso es uno de los toques que aprecio, amén de su proceso artesanal que lo mantiene alejado de esa industrialización aparente de los otros destilados del agave, que en México existen muchos más que solo tequila y mezcal. El cocuy es igual o más artesanal, creo yo. Pero este mezcal realmente me impresionó gratamente.

Ficha Técnica:
Fabricante: N/D
Nombre del Mezcal: Espadín
Marca: Montelobos
Origen: México
Materia prima: Agave Angustifolia
Edad: Joven
Precio: $55
Densidad alcohólica: 43,2%
Puntuación: 91

Arturo Fuente – Añejo (No. 50)

Cualquier fanático «que se respete» (o se haga respetar) de Arturo Fuente está al tanto de la serie Añejo de la marca. Se trata de cigarros de producción limitada anual que tienen una capa Connecticut Broadleaf americana que ha sido añejada en barricas de cognac. Este es el segundo que fumo de ellos, siendo el primero un Añejo 46 que probé hace 5 años y con el que quedé prendado. Desde entonces son cigarros que he buscado regularmente pero lo limitado de su producción hace que no sea fácil conseguirlos, pues también son cigarros que duran muy poco tiempo en el anaquel. Afortunadamente en Venezuela mis amigos de Tabarena Venezuela los trajeron y los tienen disponibles.

La capa del Añejo 50 realmente es oscura, con una textura que bien podría ser de un papel de lija, pero que cuando la ves de cerca se le notan cristales mínimos que la hacen brillar. Estos son los cristales producto de ese añejado de la capa y son los que le dan un aroma tan característico a melaza, tierra mojada y madera, que se acentúa bastante en el pie, sobre todo la melaza. Lo pico con la doble hojilla y el tiro se siente ligeramente apretado, pero la calada en frío es de tierra y canela con una ligera sensación picante. Sin duda la capa Broadleaf es irregular cuando se coloca sobre un cigarro, dándole protuberancias, valles y líneas que carecen de rectitud y este no es excepción.

Por pura torpeza mía, durante el primer tercio el cigarro se me rodó de donde lo tenía y en esos giros logró que se cayera la parte de arriba de la ceniza, por lo que la imagen en el primer tercio hace parecer que la ceniza ya se cayó, pero si no fuera por eso, estoy seguro que podrías apreciar una ceniza blanca y llamativa, aunque el anillo de combustión no es nada atractivo, cosa que es relativamente normal en cigarros de esta capa. Los sabores son tan intensos como recuerdo, con una nota fuerte de azúcar morena, que se convierte rápidamente en el sabor dominante del tercio, y acompañado de notas más suaves de madera de roble y canela, con algo de pimienta en el paladar y el retrogusto.

Es casi imposible que el Añejo 50 queme recto, así que cuando lo pruebes, no vayas a dejar el encendedor muy lejos pues lo vas a necesitar regularmente para corregir la quemada. Afortunadamente, es solo quemada y no combustión del cigarro, que se mantiene perfectamente encendido y produciendo humo abundante y denso. El azúcar moreno sigue siendo el sabor dominante en el segundo tercio, pero con abundantes sabores a melaza que no lo superan, pero le hacen buena competencia. Estas dos notas dulces hacen que el cigarro sea exquisito, pero no sea algo que quieras acompañar con un cognac o con algún destilado dulce, si bien los sabores de tierra le dan un matiz que no es solo de notas dulces. Al superar la mitad del cigarro aparecen notas de chocolate negro que nuevamente evitan que el cigarro se haga demasiado dulce. En el retrogusto se siente una ligera nota de regaliz negro, pero es un acompañante de las sensaciones de pimienta.

Luego de hacer un gran esfuerzo por no darle caladas muy seguidas, el Añejo 50 parece comportarse un poco mejor en el último tercio, aunque sea por un momento, pues al quitarle la anilla comenzó a desviarse el anillo nuevamente. El sabor a tierra se vuelve el dominante de esta sección, mientras que sus notas dulces se vuelven casi un recuerdo, quedando en el fondo de los sabores. Esta tierra también se vuelve el sabor principal en el retrogusto, aunque después de cada calada me quedo un largo rato sintiendo sabores y matices en la boca. Al cabo de una hora y 45 minutos, el Añejo 50 llega a su fin.

La última vez que fumé este cigarro en calidad de reseña fue hace cinco años, aunque no recuerdo que la quemada haya sido tan problemática, pero los Broadleaf, especialmente los que han sido añejados tanto como este, tienden a requerir atención constante, cosa que no me impresiona del todo. Los Añejo son cigarros que mejoran muchísimo con el tiempo, y esto lo sé solo porque hace un par de años fumé uno que tenía más o menos eso de guarda, pero en todas mis fumadas de cata lo he hecho con cigarros que apenas tienen unos meses en el humidor. Por eso creo que realmente valdría la pena comprar este cigarro en pares, tríos o más, pues de verdad vale la pena tener uno durante un par de años antes de fumarlo. Dicho eso, la experiencia con tan solo dos meses de guarda no deja de ser muy buena, y aunque la quemada de esta capa suele ser así, esa atención constante y cuidado continuo no es algo que me guste.

Ficha Técnica:
Fabricante: Tabacalera Fuente
Marca: Arturo Fuente
Modelo: Añejo
Dimensiones: 5¼ x 50
Tamaño: No. 50 (Robusto)
Origen: República Dominicana
Capa: USA (Connecticut Broadleaf)
Capote: República Dominicana
Tripa: República Dominicana
Precio: $12,00
Puntuación: 90