Whisky: Lagavulin 16

Revisando un poco entre los whiskies que he probado, particularmente los escoceses, me di cuenta que la verdad no es un gusto que tenga muy desarrollado. Es decir, puedo reseñar alguno, probarlo a modo de cata, pero con excepción del Glenmorangie 10, en verdad son pocos los que me han gustado tanto como para comprarme una botella y/o tenerla y pensar en comprar una segunda. Al menos eso ha sido hasta que probé el Caol Ila 12, del cual fue una prueba en casa de un amigo y no he llegado a hacerle cata o reseña.

Sin embargo, sí me pareció que el estilo marítimo del single malt era lo que me gustaba, pero no para tomar como suelen hacerlo en mi familia que es con mucho hielo y soda o agua. El Caol Ila me gustó mucho solo y quizá con un poco de agua para abrir un poco el sabor.

Pero también me pasó que Zohar Riezman de ZR Cigars me recomendó ampliamente el Lagavulin 16 como un acompañante ideal de un cigarro; y aunque siempre he sido fanático del ron para fumar, luego de este Lagavulin me entusiasmé y compré un par de ejemplares más de whisky marítimo que iré reseñando.

Lagavulin ha sido mi introducción al mundo del whisky procedente de Islay, la isla del encanto del whisky ahumando escocés. Los whiskies de esta isla se caracterizan por tener un sabor y aroma extremadamente ahumado, y no son whiskies para novatos o para quienes no sepan qué van a probar. Ya habiendo probado el Caol Ila, sabía lo que me esperaba, así que no fue sorpresa destaparlo. Sin embargo, y según los expertos, el Lagavulin es un whisky de sabor más aceptable (para los paladares inexperimentados) que un Caol Ila o un Laphroaig, pero no dejan de ser gustos adquiridos.

La expresión más famosa de Lagavulin es la de 16 años, aunque también hacen una de 10 años (que es más cara) y una de 8 años. Pero pese a su rareza y su sabor tan «difícil» para algunos paladares, la verdad es que es un whisky que se consigue con relativa facilidad gracias a que es distribuida por Diageo. Lagavulin 16 es añejado en barricas ex-bourbon y ex-jerez.

Sin entrar en demasiados detalles sobre su origen, vamos directamente a la cata.

En copa el Lagavulin 16 muestra un color dorado ocre con destellos casi naranja, muy brillante y muy llamativo. Casi parece un té fuerte o un atardecer playero.

En nariz lo primero que destaca y sorprende es esa nota de yodo, marítima, como de sal y mar. Más allá de esa nota, el origen y el hecho que sean tan fuertes se da porque el fuego que alimenta las calderas con las que se calientan los alambiques a la hora de hacer el destilado proviene de turbas, que es una mezcla de hierbas y contenido orgánico que se encuentra en esta zona de Islay, y el humo proveniente de ese fuego también forma parte de la mezcla. Por eso los aromas son fuertes, penetrantes y abundantes, a madera intensa, turba vegetal, humo, agua de mar, mantequilla, algas, miel, pasas, durazno y una nota cremosa también.

Aprendiendo un poco sobre el producto, descubrí que al añadirle unas gotas de agua se aprecian más aromas, y es efectivamente lo que hago. Posteriormente esta adición saca a relucir el jerez originario de las barricas en donde es añejado, pero también hay frutos secos, chocolate, miel y un cierto desvanecimiento de esas notas tan intensas de humo, agua de mar y algas.

En boca se siente una textura casi picosa en la lengua, con sabores que son sorprendentemente dulces al inicio, como de miel, pero también hay notas de jerez y de agua de mar. Le siguen notas más detalladas de algas, ahumado de turba y madera. Los sabores con unas gotas de agua son incluso más dulces, pero también más ricos y más maderosos, e incluso mucho más ahumados.

En el retrogusto y el final de la fumada se sienten notas durante largo rato, que son muy agradables y largas. Estas incluyen madera, chocolate, carne ahumada (como tocineta?) y eventualmente notas más malteadas, con pasas y canela.

Aunque sea una nota bastante agresiva y destacada, es un whisky rico y delicioso y no tan fuerte como el Ardbeg, pero a 43% de alcohol, hay un cierto límite y es la razón por la que los single malt marítimos tienden a tener un mayor contenido alcohólico. Pero este es un Islay clásico que no destaca un solo sabor, sino la riqueza de la combinación de tantos sabores, siendo complejo y equilibrado.

Ficha Técnica:
Empresa madre: Diageo
Fabricante: Lagavulin Distillery
Nombre del Whiskey: 16
Marca: Lagavulin
Origen: Escocia
Edad: 16 años
Precio: $71
Densidad alcohólica: 43%
Puntuación: 94

AJ Fernandez – San Lotano Requiem Connecticut (Churchill)

Habiendo probado recientemente un cigarro de capa Connecticut de AJ Fernandez, tenía una cierta curiosidad de cómo sería otro cigarro creado por él con lo que bien podría ser la misma liga, no porque necesariamente lo sea, sino porque al final son pocos los que aprecian un Connecticut más allá de ser un cigarro suave y la verdad es que a AJ Fernandez no suelo asociarlo con este tipo de cigarros. No obstante, si hay alguien que hace cigarros impresionantes es Abdel, así que veamos qué tal.

El cigarro me lo hizo llegar la gente de Rumbullion Club, y realmente me llama la atención sus dimensiones, pues se trata de un Churchill 7×52, lo cual no augura una fumada corta. Afortunadamente tengo tiempo, así que no hay problema. La línea Requiem de AJF tiende a tener sabores más sutiles, por lo que no creo que este cigarro tenga la misma intensidad del resto de los cigarros de la marca, pero incluso debe ser suave para ser un Connecticut. Incluso, en internet veo que se trata de una fumada suave, así que es hora de afinar los sentidos. Visualmente se ve bastante oleosa la capa, con varias venas y no es del todo lisa. La capa tiene aromas a mantequilla, establo y paja, mientras que en el pie se sienten notas dulces de caramelo y café americano. La calada en frío presenta una combinación de esos aromas en el pie, aunque el café se siente un poco más intenso, aunque no hay nada más significativo.

El San Lotano Requiem Connecticut tiene un nombre casi tan largo como lo es el cigarro, al cual le cuesta un poco quemar de manera uniforme, pero con estas dimensiones no es para menos. Los sabores son muy cremosos y de nueces en las primeras caladas, que luego esas nueces se sienten más como merey y el sabor de café parece con leche. Estos sabores tan cremosos y sutiles sin duda me engañan y me hacen pensar que el retrogusto sería más suave, pero cuando pruebo siento una nota muy obvia de pimienta, que no es intensa pero si está muy presente. La ceniza se aguanta muy bien, aunque la corona de la misma se cayó al poco tiempo de haberlo encendido. Hacia el final del primer tercio el sabor de frutos secos, que comenzó como nueces y luego se transformó en merey, se convierte esta vez en avellanas, aunque mantiene el de merey en el retrogusto.

Al segundo tercio aparecen notas de madera en el retrogusto, mientras que el anillo de combustión y velocidad de quemado son ideales. El humo es abundante, pero más importante es la textura de este humo se siente cremosa, casi con densidad. La intensidad del cigarro es realmente baja, con muchos sabores, pero no es un cigarro que recomendaría combinar con alguna bebida fuerte, incluso ni con chocolate y solo con un café si es estilo americano. Los sabores son muy parecidos al primer tercio aparte de la pimienta, incluyendo café y avellanas, y merey en el retrogusto. También aparecen notas de canela y guayabita a partir de la mitad, así como galletas de esas danesas que vienen en las latas que luego las abuelas usan para guardar artículos de coser.

Ya en el último tercio los sabores de frutos secos toman un nuevo matiz y esta vez se parece más a almendras y la pimienta, que siempre se ha mantenido en el retrogusto, está un poco más intensa y aparece en el paladar también. El resto de los sabores se mantiene más o menos en la misma intensidad, pero con las dimensiones del cigarro estamos hablando de una fumada de una hora y 55 minutos. La quemada siempre fue al mejor estilo de AJ Fernandez y resultó ser un cigarro bastante bueno, sobre todo si quisiera fumar en la mañana, cosa que no hago, pero sé que si lo hiciera, definitivamente sería con este.

Últimamente me he impresionado mucho con los Connecticut más fuertes, y este San Lotano Requiem Connecticut tiene una tendencia más hacia la vieja escuela, pues no es fuerte, para nada. Es un cigarro bastante suave, con sabores sutiles que, aunque no son fuertes, sí hay una considerable variedad de ellos. Por ello este es definitivamente un cigarro para desayunar o el primer cigarro del día (independiente de la hora a la que decidas fumar). Afortunadamente, aunque es una fumada larga, no se siente pesada en lo absoluto, y eso quizá es porque no es un 6×60, pues en esas dimensiones este cigarro creo que podría ser aburrido. Pero en este Churchill 7×52, creo que es ideal. Estoy seguro que en un formato más pequeño sería más fuerte, pero como está me parece una gran fumada.

Ficha Técnica:
Fabricante: AJ Fernandez
Marca: AJ Fernandez
Modelo: San Lotano Requiem Connecticut
Dimensiones: 7 x 52
Tamaño: Churchill
Origen: Nicaragua
Capa: Ecuador (Connecticut)
Capote: Honduras
Tripa: Nicaragua
Precio: $8,00
Puntuación: 87

La Aroma de Cuba – Core (Rothschild)

Tal como hice hace unos días con el Laranja Reserva de Espinoza, que le di una nueva oportunidad para ver qué tanto han madurado mis gustos y si he afinado el paladar, la gente de Rumbullion Club me ofreció este cigarro a fin de probarlo y, aunque les dije que ya lo había probado antes, me dijeron que según mis gustos sería conveniente darle una nueva oportunidad. Lejos de sentirme altanero, pensé que razón tienen. Este cigarro es hecho por My Father Cigars en Nicaragua y es una de las «consentidas» de Pepin García. Tienen distintos productos, pero todos con la misma liga en papel, aunque ya con distintas relaciones y partes de cada hoja. Esa liga se trata de una capa Connecticut Broadleaf sobre capote y tripa nicaragüenses.

Aunque el cigarro se vende como un rothschild, cuyas dimensiones suelen ser 4,5 x 50, las dimensiones de este lo aproximan más a un robusto pues es un 5 x 50. Como buena capa Broadleaf es bastante imperfecta, tiene grandes venas, poca oleosidad y es algo gruesa, pero en términos generales el cigarro se siente bastante bien. En esa capa se sienten aromas de paja y establo, al igual que en la tripa, que no son los aromas que más relacionaría con un cigarro hecho por My Father, pero igual estoy dispuesto a darle esta oportunidad. Lo pico con la doble hojilla y la calada en frío presenta aromas de cuero, suaves de chocolate y más establo.

Me toma un par de intentos lograr una quemada uniforme en el encendido, pero esto lo relaciono más con inexperiencia y viento que con la calidad del cigarro. Desde la primera calada hay fuertes notas de tierra y chocolate, con un retrogusto abundante de nueces. El anillo de combustión no es el más recto, pero esto es algo que me sucede muy a menudo con los broadleaf, y como los sabores son agradables y el humo abundante, solamente mantengo el encendedor a la mano por si acaso hace falta, pero simplemente disfruto del cigarro, que a lo largo de este primer tercio también incluye sabores de pimienta y madera, que acompañan a los de tierra y chocolate. En el retrogusto es pimienta y nueces únicamente. Intensidad es media, sin sobresaltarse en lo absoluto.

En el segundo tercio aparece un toque bastante cremoso y la pimienta aumenta su dosis, mientras que la madera se ha colocado como acompañante de la pimienta en el retrogusto, desplazando las nueces. La intensidad sigue en media y la construcción es impecable, con esta ceniza que se mantiene casi perfecta, incluso después de quitarle la anilla, aunque no mucho después. Afortunadamente, sobre la grama la ceniza se puede caer donde quiera. Superada la mitad del cigarro se sienten notas dulces que lo acompañan, pero siguen siendo los sabores de tierra y chocolate los que dominan la fumada.

En el último tercio la sensación cremosa desaparece, reemplazada por madera, principalmente, aunque los sabores de tierra y chocolate siguen siendo los predominantes. Esos sabores se mantienen hasta aproximadamente la mitad del último tercio, en donde una fuerte dosis de pimienta aparece, como para indicarte el final de la fumada, o la manera en que Don Pepin te recuerda que estás fumando uno de sus cigarros y un «vuelve pronto» de la familia Garcia. Para ese punto también aparece una nota de frutos rojos en el retrogusto también y sin duda siento que se termine el cigarro y espero que a Rumbullion Club le queden algunos. Un total de una hora y 20 minutos de fumada.

Insisto que los gustos cambian, el paladar se afina y (la mayoría de) los cigarros merecen una segunda oportunidad. En casi todas las oportunidades que lo he hecho me he llevado una sorpresa y, en el peor de los casos, he confirmado que efectivamente, los gustos se afinan. Creo que para cuando fumé este cigarro la primera vez tenía una cierta reticencia hacia My Father Cigars, pues creo que su Le Bijou 1922 había logrado el primer peldaño en el Top 25 de Cigar Afiionado y no entendía cómo una marca podía lograr dos marcas en el mismo ranking. Hoy confirmo que este cigarro no es de una calidad para estar en ese ranking, pero en verdad no soy juez tan afinado. En mi Top 25 no estará, pero sí muy cerca.

Ficha Técnica:
Fabricante: My Father Cigars
Marca: La Aroma de Cuba
Modelo: Core
Dimensiones: 5 x 50
Tamaño: Rothschild (Robusto)
Origen: Nicaragua
Capa: USA (Connecticut Broadleaf)
Capote: Nicaragua
Tripa: Nicaragua
Precio: $6,00
Puntuación: 86

Drew Estate – Liga Privada Velvet Rat

Entre la larga lista de las diferentes variedades de Liga Privada de Drew Estate, que en mi haber incluyen No. 9, Dirty Rat, Papas Fritas y T52, pero que fuera de mi blog incluyen muchos más, ahora coloco este Velvet Rat también. En este caso, fue un cigarro creado específicamente para una tienda de Chicago llamada Tesa Cigar, disponible únicamente en la vitola 6,25 x 46 lonsdale y según muchos expertos es el mejor de la línea, algo que planeo comprobar pronto. Lo recibí como parte del paquete mensual de Small Batch Cigars para febrero de 2020.

Algo que siempre me ha gustado de los Liga Privada es esa apariencia rústica que, pese a su precio normalmente mayor que el de muchos cigarros, no deja de parecer una liga creada para consumo interno. La capa es bastante oscura, con venas bastante notables, muy propio de los Broadleaf. Esa capa tan característica en este cigarro tiene aromas de cuero y galletas quemadas, mientras que en el pie se siente chocolate, algo de cuero y frutos rojos. En la calada en frío los aromas de chocolate se sienten más sutiles, como si se tratara de una concentración menor, junto con algo de madera. Casualmente lo piqué con la doble hojilla con limitador, por lo que tuve que hacerle varios cortes por su moño de señora.

El Velvet Rat comienza menos dulce de lo que esperaba, pero con notas fuertes de madera, pimienta y café quemado, manteniendo las dos primeras notas durante gran parte del primer tercio y la aparición de chocolate hacia el final del segmento. Como casi todos los Liga Privada, la cantidad de humo es impresionante, pero realmente no es algo que se destaque en cada calada, mientras que el resto de los términos técnicos los puedo destacar felizmente pues el Velvet Rat se comporta de maravilla.

Tan positiva ha sido esta experiencia que en realidad olvidé tomarle una foto en donde el primer tercio era obvio, por lo que las fotos del primero y segundo tramo del cigarro son muy cercanas, aunque en este tercio la cantidad de humo se reduce bastante con respecto al anterior y para el último tercio el humo era normal, no solo para Liga, sino en general. En el segundo tercio aparecen sabores de tierra, que se combinan con los de chocolate y pimienta, mientras que en el retrogusto, que ha sido de pimienta desde el inicio, también aparecen notas tostadas… que no defino del todo, solo una sensación tostada.

Aunque el anillo de combustión se ha comportado bastante bien, la mayoría de los cigarros de capa Broadleaf que he fumado casi siempre han requerido un retoque. Este lo incluyo, aunque fue al principio de la fumada y no fue largo. Pero de todas maneras tengo ese retoque marcado en las penalizaciones del cigarro. Para el último tercio los sabores se concentran, se hacen más densos y más interesantes, presentando madera, frutos rojos y cotufas, mientras que la pimienta incluso se reduce un poco, al tiempo que el humo que desprende sigue muy normal, pero el que sale de las caladas es abundante y denso. Mantiene este estilo durante la hora y 45 minutos que me dura hasta que lo dejo cuando realmente no queda mucho por fumar.

Si hay algo que he aprendido luego de fumar algunos Liga Privada es que no se deben dejar añejar. Hay cigarros que simplemente están listos para fumar y Liga Privada está entre esos, sobre todo porque otros que he dejado añejar uno o dos años tienden a perder algunos de sus sabores o intensidad. Ese es uno de los grandes valores de Steve Saka con Drew Estate en específico y con la industria tabacalera en general: los cigarros listos para fumar, o el hecho que no tengas que guardar un cigarro durante años para que esté en su punto. Luego de 9 meses de humidor, este Velvet Rat se fuma muy bien, pero sí hay puntos en los que siente que ha perdido intensidad o que podría estar más fuerte, más Liga Privada, por así decirlo. No obstante, este es un cigarro muy bueno pero no coincido que sea el mejor Liga Privada, al menos no por $14 por unidad.

Ficha Técnica:
Fabricante: La Gran Fábrica Drew Estate
Marca: Drew Estate
Modelo: Liga Privada Velvet Rat
Dimensiones: 6¼ x 46
Tamaño: Único (Lonsdale)
Origen: Nicaragua
Capa: USA (Connecticut Broadleaf)
Capote: Brasil (Mata Fina)
Tripa: Honduras, Nicaragua
Precio: $14,00
Puntuación: 87

Cult – Ometepe (Robusto)

Este es el segundo Cult que pruebo, gracias a la gente de Rumbullion Club aquí en Caracas, quienes están vendiendo cigarros diferentes, algunos más comerciales que otros y estos, que definitivamente no son conocidos, al menos no por mí. Mientras que el previo se llamaba Fuerte y era de un estilo «normal» o predecible dentro de lo que el mercado suele ser, este Ometepe promete ser una variedad más exótica o inesperada de tabaco. Sin embargo, no sé mucho de la marca ni de su destino, pues su página web no parece funcionar y solo sé que hicieron tres productos. Dicho esto, el Fuerte no me pareció nada malo, especialmente por su precio. Pero el Ometepe se encuentra incluso por debajo del precio del Fuerte.

Al igual que con el Fuerte, la construcción se ve bastante profesional y buena, aunque tampoco tengo información de la fábrica. Aunque la capa es esencialmente la misma (Habano ecuatoriano), en el Ometepe se ven venas de mayor tamaño, pero los aromas son muy similares aunque algo más limitados, incluyendo cuero y madera. En el pie se aprecian aromas de anís, crema y jengibre, mientras que en la calada en frío siento notas suaves de pimienta, anís y establo.

Al igual que con el Fuerte, no hay esa sensación de cigarro barato y casi sintético cuando enciendo el Ometepe, con una fuerte nota picante, notas dulces, cuero y un anillo de combustión que no es perfecto pero tampoco es preocupante. Ciertamente es diferente al Fuerte, pero no por falta de fuerza, pues es bastante picante. Hay notas perfumadas y hasta cierto punto siento el cigarro más enfocado en una experiencia de sabores y matices que el otro de la marca. Se siente bastante cremoso, con algunas notas cítricas, levadura, caramelo y notas herbáceas. No hay duda que esa nota exótica se destaca bastante en el cigarro.

El segundo tercio comienza con un estallido de esas notas picantes, pero esas solamente te reciben en el tercio y, al igual que una explosión, se reducen casi a nada a lo largo de este segmento para ser sustituidas por notas más cremosas, notas de mantequilla y pan recién hecho. Este segundo tercio parece infinito y tengo la suerte de poder probar este cigarro junto con dos amigos más, con quienes comparto la afición y el gusto por los cigarros que no son necesariamente picantes y con más matices, por lo que los tres coincidimos en estas sensaciones y en precisamente los matices que se aprecian luego de la reducción del sabor de pimienta.

En el último tercio regresa esa sensación picante, aunque no tan fuerte como en el primero, quizá porque no lleva el liderato sola sino que le acompaña una nota dulce también. Aunque han habido tantos cambios de intensidad de sabores, es bueno notar que la intensidad general del cigarro se ha mantenido en media durante toda la fumada y es en ese aspecto en donde me hace pensar que es una fumada de menor fuerza que el Fuerte, y por ello su nombre. No hay mucho más que agregar a una fumada que me ha dado una hora y media de buena fumada, relativamente sencilla, sin muchos matices pero muy bien estructurada y con sus tercios bien diferenciados.

Con más o menos las mismas expectativas que cuando probé el previo de la marca, Cult me vuelve a sorprender en términos de sabores y cigarro en general. Aunque la anilla me da las mismas impresiones de cigarro barato y sencillo, pero afortunadamente parece que se enfocaron mucho más en hacer la liga que en la identidad visual. Pero al igual que pasa en muchos casos, es importante destacar que por su precio, este es un muy buen cigarro. Puede que no sea tan bueno como un cigarro de $9, pero cuesta la mitad y hay mucha gente que tiende que asumir que porque un cigarro es barato va a ser malo, pero yo muy felizmente me compraría un 5- o 10-pack de estos, convencido que estoy adquiriendo un producto de calidad que voy a fumar regularmente.

Ficha Técnica:
Fabricante: N/D
Marca: Cult
Modelo: Ometepe
Dimensiones: 5 x 50
Tamaño: Robusto
Origen: Nicaragua
Capa: Ecuador (Habano)
Capote: Nicaragua (Ometepe)
Tripa: Nicaragua (Ometepe)
Precio: $4,50
Puntuación: 84

Davidoff – Winston Churchill (White Label) (Churchill)

En 2007 Davidoff creó la línea Winston Churchill como tributo al mandatario inglés que tan comúnmente es asociado con el tabaco. Esa línea original utilizaba una capa Habano ecuatoriana sobre tripa y capote de Nicaragua y República Dominicana. Aunque en 2007 tuvo un cierto revuelo y despertó el interés de muchos, pero eventualmente ese interés se había diluido gracias a una falta de innovación en la línea. Precisamente por eso, reconstruyeron la marca en 2014, con nuevo logo, nueva liga y nuevas vitolas. El nuevo blend tiene una capa ecuatoriana llamada «Rojiza», que viene siendo como un habano rosado, capote San Andrés mexicano y cinco tipos de hojas en tripa. Este, casualmente el tamaño Churchill, llegó a mí como parte del paquete mensual de Small Batch Cigars correspondiente a febrero de 2020.

Aunque este Winston Churchill representa una innovación de la marca, la verdad es que la apariencia es completamente clásica, con una capa ligeramente rojiza que contiene una buena oleosidad y se siente bastante lisa, con muy pocas venas. La capa presenta aromas de maní, suave de madera y más intenso de bosta, paja y nuez moscada. En la calada en frío se aprecian aromas de madera, establo, merey, vainilla y cuero.

Desde el principio el Winston Churchill desprende sabores muy obvios y fuertes de almendras tostadas, junto con notas de madera, establo, café y tierra. También hay un toque de pimienta, principalmente en el retrogusto, pero el cigarro es casi exageradamente cremoso, con un aftertaste de vainilla que es hasta pegajoso. La intensidad del cigarro es media, lo cual ya sorprende, pues estos Davidoff de anilla blanca suelen ser cigarros muy suaves, incluso teniendo en cuenta que con su intensidad media parece estarse fortaleciendo a medida que lo voy fumando. El tiro es perfecto y la densidad del humo abundante, mientras que la ceniza se sostiene muy sólida y, aunque el anillo de combustión no es perfecto, el cigarro realmente se siente como esperaría de un Davidoff.

La intensidad del sabor de almendras del primer tercio todavía se siente en el segundo, aunque no tan dominante, permitiendo que sea el sabor de madera el que tome el protagonismo, apoyado de café, chocolate, cuero y tierra. Se le sigue sintiendo un aftertaste dulce, pero ya parece más de maple, al menos hasta la mitad del cigarro, en donde le acompañan notas cítricas y el toque de pimienta en el retrogusto que sigue desde el principio. La densidad del humo ya pareciera ser hasta superior a lo normal, y aunque el anillo de combustión mantiene su tendencia a no ser recto, en ningún momento me preocupa. La intensidad sigue en media, pero bordeando el límite superior.

En el último tercio nuevamente hay un cambio en el liderazgo del sabor, destacando más una nota cremosa de maní como protagonista, seguida de notas más suaves de paja, café, cuero, madera y más de esa nota cítrica del tercio anterior. Las notas dulces siguen en el aftertaste y esta vez acompañan a la pimienta en el retrogusto. En términos técnicos sigue sensacional y en ningún momento amenaza con desviarse de esa perfección. Desde que lo tuve en mis manos sabía que no sería una fumada rápida y a la vitola Churchill le he tomado cariño y respeto, así que nunca traté de apurar la fumada. Con eso me otorgó dos horas y 15 minutos de fumada extraordinaria.

El que me conoce y ha leído mis reseñas previas, particularmente las de Davidoff, sabe que soy extra crítico con la marca, sobre todo por su incapacidad de producir cigarros de bajo precio, aunque esto responde más a un tema de mercado que de producción. No obstante, siempre que fume un cigarro con un precio superior a $15 el precio va a ser un factor muy importante a la hora de determinar la puntuación. Con esto en cuenta, el Winston Churchill me otorgó una excelente fumada y cabe destacar que posiblemente sea uno de los Davidoff más baratos que he probado, que no deja de ser un cigarro caro. Pero se trata de una fumada compleja, equilibrada, sabores abundantes y una construcción impecable.

Ficha Técnica:
Fabricante: Davidoff Group
Marca: Davidoff
Modelo: Winston Churchill White Label
Dimensiones: 7 x 47
Tamaño: Churchill
Origen: República Dominicana
Capa: Ecuador (Rojiza)
Capote: México (San Andrés)
Tripa: República Dominicana (Piloto Mejorado, Piloto, Olor), Nicaragua (Condega, Estelí)
Precio: $18,00
Puntuación: 93