El ron Barrica 40 es el más joven de la línea Barrica, creada por Central de Licores Unidos de Venezuela C.A. (Celiveca). Sus otros productos que he reseñado son el Barrica 80 y el Barrica 120 Don Sulbarán. Al igual que en sus otros productos, Barrica identifica la edad máxima de sus rones en términos de meses y no años, aunque cumpliendo con el mínimo requerido de 2 años o, en nomenclatura de la marca, 24 meses. Por tanto, este Barrica 40 tiene una edad máxima de 3⅓ años.
Es un ron hecho a partir de melaza y destilado por columnas, como la gran mayoría de los rones venezolanos. Sin embargo, quizá el factor más diferenciador del ron es su botella en forma de barril. El ron tiene el sello de la DOC y, a diferencia de otros productos venezolanos, lo destaca en el frente de la botella y no en la etiqueta trasera. También destaca el nombre Don Sulbarán, que si bien es parte del nombre del Barrica 120, se ha convertido en un lema de la marca y no tanto el nombre de un producto. Don Sulbarán es el espíritu indomable y las ganas de trabajar y producir y seguir adelante.
Es embotellado a 40% de alcohol.
Algo que sorprende del Barrica 40 es lo amarillo que es, con notas que tienden más hacia los colores dorados y claros, que si bien es de esperar en un ron con esta juventud, hay muchos otros rones que parecen inclinarse hacia ser más oscuros. En nariz tiene las típicas notas de vainilla y caramelo, nueces, canela y nuez moscada, con notas más suaves de ciruelas. Pero tiene un golpe alcohólico notable, lo cual destaca un toque cítrico y una sensación de ron joven, sin duda.
En boca ese golpe alcohólico tiene bastante protagonismo también, por lo mismo el ron es considerablemente seco, pero al poco rato se sienten notas dulces de melaza, vainilla, orejones de durazno y notas ligeramente amaderadas. El retrogusto es de nuez moscada y azúcar morena o papelón o alguna variedad de ello.
El Barrica 40 es un ron joven, hecho con coctelería como meta. Sería injusto tomarlo solo y esperar una gran experiencia, precisamente porque tiene una juventud y un sabor seco que no lo hacen tan apetecible para disfrutar así. Lo he probado en cócteles y los sabores de vainilla y nuez moscada son los que salen a relucir, por lo que lo recomendaría para cócteles más aromáticos que dulces, pero por $14 es una buena opción.
Ficha Técnica: Fabricante: Celiveca Nombre del Ron: 40 Marca: Barrica Origen: Venezuela Edad: 24 a 40 meses Precio: $14 (en Venezuela) Densidad alcohólica: 40% Puntuación: 84
Siempre descubriendo productos y marcas nuevas, De Los Reyes Cigars es en realidad una marca cuyos orígenes se remontan a la relación con el tabaco desde hace más de 160 años. La marca fue fundada en 1995 y en 2016 lanzaron la serie Saga Short Tales, que debería alcanzar los 10 productos distintos, en blends y vitolas, pero también en empaque de las cajas. En el caso del que voy a fumar hoy, se llama Tomo VII Navarrete, y destaca a la ciudad de Navarrete en República Dominicana, que básicamente fue creada alrededor de una finca donde primero se cultivó la variedad llamada Piloto Cubano. Los cigarros de la serie comenzaron fuerte, con los primeros 6 lanzados entre 2016 y 2018, pero no fue sino hasta 2021 que lanzaron el séptimo que es el que voy a probar hoy, disponible únicamente en una vitola robusto box pressed de 5 x 52 con capa Habano nicaragüense sobre capote San Vicente dominicano y tripa Criollo 98, HVA y Piloto Cubano, todos dominicanos.
Este cigarro lo compré en República Dominicana el pasado diciembre, principalmente porque la anilla siempre me había llamado la atención. Lo que se lee en la palabra Saga es huego, con el tabaco actuando como fondo, aunque son solamente este Tomo VII y el anterior que tienen eso. Los tomos I-V tienen la anilla sin huecos. La capa, para ser algo tan usual y usado como es la Habano, se ve bastante accidentada. Una parte puede ser el detalle que saca la cámara que uso, pero es notablemente imperfecta, con una multitud de venas y muy poco brillo. Los aromas son de tierra húmeda, bosta, madera de cedro y una nota que va entre perfumada y jabonosa, mientras que en el pie se aprecian almendras, nibs de cacao y nuevamente cedro. Lo pico con la doble hojilla y la calada en frío me da aromas a cedro, cuero, guayabita y almendras, con un paso de aire abundante.
Como suele ser el caso, sobre todo para mí, el box press no quema idealmente y eso hace que en el primer tercio tenga un aro de combustión muy extraño, que no mejora mucho con el paso de la fumada, sino que realmente caracteriza todo el primer tercio. Esto no parece haber afectado mucho la fumada, pues los sabores de madera de cedro son prevalentes, con notas más suaves de cuero. Entre los sabores secundarios me encuentro con nibs de cacao, tierra y nueces, con algo de pimienta y nueces en el retrogusto. La fortaleza y la intensidad se sitúan en media, pero para finales del primer tercio pareciera que la fortaleza aumenta.
La quemada en el segundo tercio mejora y los sabores siguen siendo muy decentes, con el énfasis principal en la madera y el cuero, y las notas secundarias de tierra y nueces, esta vez sin la participación del chocolate. Sí pasa que el tiro es algo abierto y en cada calada siento como me calienta la lengua por el flujo de aire caliente directo sobre ella, lo que me lleva a fumar más lento y espero que eso también corrija cualquier tema con el aro de combustión. El retrogusto es dominado por pimienta, con menor participación de las nueces que sentí en el tercio anterior. Como me sospechaba al final del tercio anterior, la fortaleza aumentó a media-alta, mientras que la intensidad se mantiene en media.
Los sabores en el último tercio son muy parecidos a los del segundo, con los mismos sabores principales de madera y cuero, y sabores secundarios que incluyen establo, tierra y pan blanco, pero esos secundarios tienen una intensidad muy baja, principalmente porque la fortaleza se siente alta y con ella una sensación de picante que abruma en algunos momentos. La quemada ha mejorado en relación al primer tercio, pero no muy notablemente y el Saga Short Tales sigue teniendo una quemada imperfecta, pero el mayor de sus problemas ha sido el tiro, que se va abriendo en cada tercio y para el final, aunque hay humo abundante en cada calada, el sabor es cada vez menor y la fortaleza sigue ascendiendo. Ciertamente no es como esperaba que la experiencia avanzara, pero luego de una hora y 5 minutos de fumada, dejo el Tomo VII del Saga Short Tales a un lado.
Normalmente veo otras reseñas del cigarro antes de hacer la mía, no tanto la parte de sabores y experiencia, sino más bien la historia del cigarro y su origen. Fue una gran sorpresa para mí descubrir que De Los Reyes Cigars, una marca de la que no había fumado nada anteriormente, tiene su propia fábrica donde hacen los productos de Patoro, Debonaire, una (de tantas) llamada Don Julio y los de Indian Motorcycle, entre otras. En cuanto al cigarro y su experiencia, sí llama la atención el nivel de detalle y concepto del empaque de este cigarro, que al igual que los demás Tomos de la Saga, la caja se trata de un libro. La experiencia no fue la mejor, principalmente porque las fumadas pueden dividirse básicamente en fortaleza e intensidad, y la intensidad siempre debe ser mayor que la fortaleza pues se refiere a los sabores. La fortaleza depende de cuánto se caliente el cigarro, la calidad del humo y cuánta nicotina se aprecie, entre otras. Cuando la fortaleza es muy alta, o más alta que la intensidad, las sensaciones nunca son buenas y eso fue lo que pasó con este cigarro. Con 6 meses en el humidor, algún cambio para bien debería haber ocurrido si es que se trataba de falta de guarda.
Ficha Técnica: Fabricante: De Los Reyes Cigars Marca: De Los Reyes Modelo: Saga Short Tales Tomo VII Navarrete Dimensiones: 5 x 52 Tamaño: Robusto Origen: República Dominicana Capa: Nicaragua (Habano) Capote: República Dominicana (San Vicente) Tripa: República Dominicana (Criollo 98, HVA, Piloto Cubano) Precio: $9,50 Puntuación: 73
Si eres de los que se confunde fácilmente con los nombres de los tabacos, esta línea de La Aurora no te va a ayudar mucho. En lo particular, me tomó un rato definirlo. Quizá un poco de historia de la línea nos ponga en contexto: En verdad no tengo claro cuándo fue que La Aurora creó su línea llamada Preferidos, pero éstos eran todos cigarros de vitola perfecto que venían en un tubo de aluminio muy llamativo y que rendían tributo a los primeros productos de la marca que nació en 1903. En 2012 lanzaron un producto más en esa línea, con capa Broadleaf. Hasta ahí todo bien, pero en 2016 crearon tres nuevos productos en la línea, con las mismas capas pero en formato parejo (no perfecto), y en tamaños toro, robusto y corona. El tema es que no le cambiaron el nombre y ahora cada vez que buscas La Aurora Preferidos, tienes que sortear productos hechos hace mucho tiempo con un formato clásico y estos más nuevos y más «normales».
No obstante, también puede pasar que esta diferencia te importa poco y se trata de un cigarro de La Aurora que no había visto antes, como me pasó cuando fui a la tienda Cabinet en Samaná y simplemente me pareció que tenía buen precio y venga. A lo largo de la capa este Preferidos Broadleaf tiene aromas de madera intensa y toques dulces, mientras que en el pie y luego de quitarle esa anilla inferior tiene notas de chocolate negro y ciruelas. Finalmente lo pico con la doble hojilla y me encuentro con aromas a tierra húmeda y toques dulces. Es todo un Broadleaf, en verdad, incluso si los productos dominicanos tienden a no ser tan fuertes.
El Preferidos Broadleaf se comporta exactamente como esperaría un Broadleaf: le cuesta un poco encender, pero produce humo abundante y sabores intensos, aunque en esta ocasión no incluyen pimienta. Los sabores son especiados, pero no picantes, incluyendo también chocolate negro, nueces, café y tierra húmeda, con un retrogusto de nueces y un toque suave de pimienta. La complejidad no se hace esperar y esos sabores se sienten en distintas intensidades, sumando una intensidad media y una fortaleza similar en este primer tercio, haciendo una ceniza de buen tamaño pero que se cae muy fácilmente cuando la acerco al cenicero y me hace pensar menos mal que fue ahí en donde cayó.
Los sabores en el segundo tercio se resumen como chocolate, café, tierra y una nota dulce especiada, con notas muy picantes muy suaves en el retrogusto, que podrían no ser pimienta o podrían ser guayabita (pimienta dulce o allspice en inglés). Mi suerte con los La Aurora parece que siempre tendrá algún detalle y quizá se nota en la imagen o yo lo noto porque lo sufrí, pero entre la ceniza y el anillo de combustión pareciera haber una hendidura y lo que ocurrió fue que la capa comenzó a abombarse justo en ese punto y llegó incluso a apagar el cigarro. Un poco de paciencia mientras le daba un retoque extenso pareció haber resuelto el tema, pero el cigarro requirió atención constante a partir de ese punto. No hay muchas transiciones en este punto, salvo una sensación más picante en boca, no solo en retrogusto, especialmente a partir de la mitad. La ceniza no se sostuvo mucho tiempo después del retoque.
En el último tercio comienzo a sentir notas suaves de frutas, como pasas y cerezas, y la fortaleza aumenta un tanto a media-alta, pero más media que alta. Los sabores de tierra también se realzan, pero ninguno se coloca como el principal, aunque quizá esa tierra lo hace en la segunda mitad de este último tercio. Luego hay algunas notas de nueces y no mucho más. La quemada es considerablemente mejor, lo que me lleva a pensar que algo había en el punto medio del cigarro que causó ese problema y nuevamente me toca con un La Aurora, pero al menos el humo es denso y los sabores algo intensos, así que el problema no perduró, afortunadamente. Me toma una hora y 50 minutos fumar este cigarro.
Mi suerte con los La Aurora ha sido variada y algunos me han tocado muy secos y otros muy húmedos y otros con algún nudo en la construcción. Sin duda en un producto hecho a mano es normal que hayan problemas como estos y es también muy posible que me suceda con cierta regularidad y simplemente lo culpe con cualquier causa interna o externa, o que se deba a que cuando fumo un La Aurora estoy predispuesto a que posiblemente me encuentre con este problema. Pero así fue esta vez. No obstante, la fumada la disfruté y el problema fue uno solo. Igualmente, un cigarro de capa Broadleaf que no sea fuerte es algo poco común, por lo que el blend debe compensar esa ausencia con sabores intensos y agradables, como fue el caso con este Preferidos Broadleaf. Solo que no me pareció tan variado.
Ficha Técnica: Fabricante: La Aurora Marca: La Aurora Modelo: 1903 Preferidos Platinum Broadleaf Dimensiones: 5¾ x 54 Tamaño: Toro Origen: República Dominicana Capa: USA (Connecticut Broadleaf) Capote: República Dominicana Tripa: República Dominicana, Nicaragua Precio: $13,50 Puntuación: 84
El My Father Le Bijou 1922 fue una de mis primeras exposiciones al tabaco de calidad, sobre todo el nicaragüense. Aproximadamente un año después de empezar a fumar, el cigarro terminó en la primera posición del ranking anual de Cigar Aficionado, en torpedo. Pero recuerdo que lo que conseguí en ese momento fue el robusto, que me pareció bueno, pero no algo extraordinario. Le di un 87 al robusto, pero luego conseguí el petit robusto y le terminé dando 88 puntos, pero desde entonces se ha convertido en mi vitola preferida. Un tiempo después compré un 5-pack del gran robusto y la verdad es que me sentí muy defraudado, al punto que ni siquiera le hice reseña; debe ser algo con el cepo. Pero el pasado diciembre estuve en República Dominicana y lo vi en Churchill, y pensé que dado que el cepo es menor, pues podría darle una nueva oportunidad, aunque también compré 3 ejemplares en petit robusto.
La ocasión de fumarlo coincidió con una serie de cigarros de dimensiones similares que he fumado últimamente para reseñas, que han sido pura casualidad pues tiendo a colocar los cigarros en mi lista de reseñas en el orden en que van apareciendo. Pero también es casualidad que las premiaciones de mejores cigarros en el último año han dado como preferencia estos formatos, por lo que lo fumé con muchas más ganas. Dado que en la imagen estoy al sol, no se nota lo oscura que es la capa, pero realmente es color chocolate 70% y el aroma coincide precisamente con una fuerte nota de chocolate pero también granos de café, las cuales se repiten en la calada en frío, donde también se encuentran pimienta, canela y madera mojada.
Desde las primeras caladas, los recuerdos me llevan inmediatamente a esas primeras fumadas de calidad que he tenido, especialmente la del petit robusto de este blend. La pimienta es fuerte, pero no destaca como el sabor más intenso. Los de mayor intensidad son chocolate y madera, pero también pan recién horneado y galletas danesas. Realmente es un cigarro que evoca en mí gratos recuerdos y hacia el final del primer tercio, que llega casi 35 minutos después de encendido, ese sabor de madera genérica adquiere un matiz de cedro. La intensidad es media-alta, con una fortaleza media-baja, en gran parte gracias a estas dimensiones mayores y que el humo llega frío a la boca. La quemada es magistral y me toma un par de intentos hacer caer la ceniza.
En el segundo tercio los sabores de chocolate, que ya eran los principales, adquieren un matiz más intenso y similar al de un jarabe de chocolate al 70% o más. También las notas de café se sienten como de un café espresso, muy intenso y envolvente. La pimienta se siente más sutil, junto con el cedro y nuevos sabores de nuez moscada, frutos rojos y cardamomo. La intensidad es alta, con una fortaleza media, pero esa fortaleza va en constante aumento y me veo obligado a espaciar un poco cada calada, lo cual no lo apaga pero sí hace que cada nueva calada sea doble o triple para avivar el fuego. La quemada va de lo mejor, así que es solo un tema de fumar más lento para no terminar peleado con el Le Bijou 1922.
Los sabores progresan a partir del tercio anterior, pero hacia algo más oscuro, en el sentido que es más chocolate negro, más pimienta negra y más café espresso en el último tercio. El resto de los sabores se van disipando y la sensación de madera y especias es mucho menor, al tiempo que la intensidad se coloca en media-alta y la fortaleza en un nivel similar. Sigue quemando muy bien y tiende a hacer buena ceniza, pero entre que le quito las anillas y ya llevo un tiempo con el cigarro encima, no progreso mucho esa ceniza. Me toma un poco más de dos horas fumar este cigarro y puedo decir que quedo bien satisfecho.
Las variaciones de cada blend con respecto a la vitola siempre son interesantes y con este Le Bijou 1922 creo que son un gran reto. En vitolas más pequeñas me ha terminado gustando más que las más grandes. El gran robusto que fumé fue de 5⅝ x 55, que realmente se diluía mucho. En Churchill 7 x 50 realmente es algo impresionante, especialmente si sientes que te has quedado con ganas de más después de un petit robusto 4½ x 50. En éste, la sensación es más cónsona con ese petit robusto, pero multiplicado por dos. Ciertamente mi vitola preferida de este producto, siempre que tengas el tiempo y la paciencia, porque no es un cigarro para fumarlo rápido sino con mucha paciencia.
Ficha Técnica: Fabricante: My Father Cigars Marca: My Father Modelo: Le Bijou 1922 Dimensiones: 7 x 50 Tamaño: Churchill Origen: Nicaragua Capa: Ecuador (Habano oscuro) Capote: Nicaragua Tripa: Nicaragua Precio: $10,50 Puntuación: 91
Esta marca colombiana y otras varias que estaré reseñando en las próximas semanas llegaron a mí gracias a la iniciativa de mi amigo Emmanuel Gutierrez, mejor conocido en redes sociales como Cigar Chicote, un aficionado al tabaco que realza y destaca al tabaco colombiano en su canal de YouTube y de quien he aprendido bastante acerca del tabaco de la hermana república de Colombia. Puros Malibú es el primero simplemente porque cuando los saqué del empaque fue el primero en salir. Esta marca nació en 2020, fundada por Ruben del Rio Quintana, quien en 2019 realizó una visita por el cordón tabacalero del norte de Colombia, en una zona llamada los Montes de María. El nombre de la marca es no identifica una ciudad de Estados Unidos ni un carro, sino por los indígenas Malibú, que habitaron la región del Caribe colombiano durante aproximadamente 4 siglos.
La marca Malibú maneja dos líneas de tabacos, aunque ninguna está identificada como tal. Son simplemente los tabacos de capa clara, que es Connecticut ecuatoriano, y los de capa madura, que no identifican origen, pero dado que el tabaco usa hojas dominicanas en su composición, voy a asumir que viene de ahí. La capa también es bastante cuidada, con pocas venas y relativamente lisa. No es por hablar mal de ningún país, pero las capas colombianas que he visto son más accidentadas, por lo que mi teoría de que es dominicana se mantiene. Los aromas de la capa son los esperados en una capa madura, incluyendo establo y cuero, pero hay un aroma a manzana horneada, con sus especias de clavo y canela que se siente delicioso. En el pie del Maduro se sienten las notas de las especias, sin incluir la manzana, por lo que hay clavo y canela, con notas de madera. Finalmente, en la calada en frío, aprecio madera y cuero.
El Malibú comienza muy atractivo, con un tiro que no es el mejor, pero se deja fumar bien. Los sabores no tardan en aparecer, comenzando con una nota considerable de pimienta, seguida de notas de madera y todas esas notas dulzonas en los aromas se traducen en sabores de frutas que incluyen durazno, pasas, manzana horneada y similares, pero la pimienta tiene gran participación. El retrogusto es complejo y muy agradable, incluyendo roble y una pimienta suave que me permite apreciar bien los aromas y sabores. Sin embargo, a mediados de este primer tercio el tiro, que ya iba siendo irregular, comienza a desvariar bastante. Hay momentos en que simplemente no sale humo de la calada y hay otros en que sale humo abundante, y mientras tanto el cigarro se calienta muchísimo. Por experiencia, lo dejo descansar en el cenicero un buen rato. La fortaleza es media, con una intensidad media también en este tercio.
Pero algo que me llama aún más la atención es lo rápido que se consume. Me tomó aproximadamente 10 minutos superar el primer tercio y en el segundo, viendo que la ceniza se sostiene bien, le doy un retoque alrededor del anillo de combustión, a fin de encenderlo de forma pareja pero para no dejar caer una gran ceniza que venía formando. El encendedor es de una sola llama pequeña, así que puedo darle en puntos específicos y eventualmente logro encenderlo completo. Los sabores aquí siguen teniendo un fuerte componente de pimienta, pero también una intensidad de madera y una nota dulce, ligeramente afrutada pero sin la misma cantidad de descriptores que el tercio anterior. De hecho, es simplemente «afrutada» pero con un toque que sí logro identificar como esas manzanas horneadas, o una combinación de manzana con caramelo, pues no incluye las especias. El retrogusto es de pasas y pimienta, pero llegando a la mitad, el tabaco se apaga solo. Ya le dejo caer la ceniza y lo enciendo directo, pero incluso así tardó en encender bien.
El calor que alcanza este Maduro de Malibú hace que sea imposible sostenerlo entre caladas, por lo que lo dejo en el cenicero. Lamentablemente este calor intenso sacrifica los sabores y apenas si se siente madera quemada y notas dulces, pero llega a un punto que el humo entra con tanto calor a la boca que siento que me quema por dentro. Por esto, cuando le quedaba todavía un poco de fumada, decidí dejarlo en el cenicero a que se apague solo. Me toma 45 minutos fumarlo.
No tenía muchas expectativas antes de encender este cigarro, pero sus aromas en frío de verdad que me cautivaron y hasta me emocionaron un poco. Incluso, parte del primer tercio fue muy buena y me impresionó. Pero el Malibú comenzó quemando muy mal, con un lado del cigarro que simplemente se rehusaba a hacer combustión, o al menos no a la misma velocidad que el resto del cigarro. Traté de dejar que se apagara, incluso corregí esa quemada torcida varias veces, pero no sirvió de nada. No obstante, estoy claro que esto es un producto artesanal y que sus creadores obviamente no hicieron un cigarro base que quemara mal y que este es un detalle de construcción que no se corrigió. Por eso, destaco lo bueno y lo malo, pero no colocaré puntuación, porque esta experiencia no es la que va a representar a la marca. El cigarro tenía aproximadamente 5-6 meses en mi humidor, a 66% de humedad y lo dejé al aire libre una hora antes de encenderlo.
El pasado mes de noviembre, la gente de Cigar Hustler, se lanzó a las redes sociales a anunciar que para todos sus suscriptores del cigar of the month, incluirían el SBC 22 como cigarro adicional al pack. Dado que soy suscriptor del pack pero había tenido algunos inconvenientes con las tarjetas y los pagos y los envíos, decidí actualizar eso lo antes posible. Eso me llevó a finalmente recibir el cigarro en enero y desde entonces ha estado en mi humidor. El SBC de este cigarro son siglas que representan Surrounded By Champions, o rodeado de campeones, y representa un agradecimiento de la marca a todos quienes los han apoyado. El SBC es un producto creado cada dos años desde 2016 y que no hace mucho (en 2021) tuve la oportunidad de probar su edición original. Todas las ediciones han sido en corona gorda de 5½ x 46 con capa barber pole, pero siempre con una hoja más abundante que la otra. En esta ocasión la marca decidió no compartir los detalles de las hojas que lo componen, pero sigue siendo hecho por NicaSueño, en Nicaragua.
La producción está limitada a 500 cajas de 20 cigarros, y cada uno está marcado en $17. Aunque es una corona gorda, el SBC 22 se siente como un cigarro de mayor tamaño, pero la anilla me parece muy noventosa, especialmente cuando se compara con las otras que ha hecho la marca. Incluso con estas dos hojas de capa, los aromas son algo escasos, destacando apenas madera y algo de almendras o frutos secos genéricos. Cabe destacar que el blend de este cigarro fue creado por Skip Martin, mejor conocido como uno de los dueños de RoMaCraft Tobac. La calada en frío da notas dulces, de chocolate y manzana.
La verdad es que la combinación de Skip Martin, RoMaCraft, Nicaragua y Corona Gorda me creó una expectativa de intensidad que simplemente no se cumplió en las primeras caladas. El SBC 22 comienza mucho menos fuerte de lo que esperaba, situándose en media durante este primer tercio pero sabores que son abundantes, afortunadamente. Estos sabores incluyen regaliz negra, cotufas con mantequilla, galletas de chocolate, caramelos de jengibre, manzana roja y caramelo derretido… en verdad es una complejidad muy presente y con una nota ligeramente picante en el retrogusto, suficiente para permitirme probarlo regularmente. La intensidad es media-alta y el anillo de combustión denota una construcción perfecta, aunque la ceniza se cae muy fácilmente incluso antes de la mitad del primer tercio. No todo podía ser perfecto.
Según los panas de Cigar Hustler / Powstanie, este es el mejor SBC que han hecho, y habiendo probado solo dos, puedo decir sin dudas que me gustó más que el original. La complejidad de los sabores es algo que he sentido en pocos cigarros y el hecho que puedo describir matices de esos sabores demuestra no que tenga un paladar decente, sino que esos sabores son bastante obvios. En el segundo tercio la fortaleza es media-alta, con una intensidad que cómodamente se coloca en alta, mientras que el sabor de pimienta se siente más presente pero también la parte densa de la mantequilla, las galletas de chocolate me recuerdan a unas Oreo, el jengibre es más como un jarabe y el caramelo parece fusionado con la manzana.
El último tercio es rico y abundante de sabores, sin muchos cambios en ellos. La intensidad sigue en alta y la fortaleza se coloca en media, la fumada se hace lenta pero principalmente porque estoy tratando de espaciar lo más posible cada calada porque no quiero que se acabe. El anillo de combustión perfecto y el humo abundante, y los sabores ideales en cada calada. Me toma una hora y 20 minutos fumar este SBC 22 y al final, la verdad es que quedaba fumada, pero decidí dejarlo hasta ahí para que no cambiara tanto, porque lo estaba haciendo.
Luego de haber probado el SBC 16 y darle 94 puntos, las expectativas eran altas para este SBC 22, especialmente después de descubrir que Skip Martin fue su creador y que según la marca es el mejor SBC que han hecho. En realidad casi todo lo que ha hecho esta marca me ha gustado y aunque no puedo meter la mano en el fuego por sus creadores, me parecen gente honesta, o al menos lo que he visto de ellos en redes sociales y su podcast y su cobertura de eventos. El SBC 22 posiblemente sea uno de los mejores cigarros que me haya fumado; la calidad de los sabores, la variedad y los matices adicionales de cada uno constituyen lo que considero una fumada excepcional. Pero la realidad es que el precio realmente me pega y $17 por un cigarro de estas dimensiones, aunque posible, no es algo que mi presupuesto permita de consumo regular. Quedará adquirir un 5-pack o algo similar y dejarlo en el humidor por tiempo indefinido. La tentación sería comprarlos y fumarlos rápidamente.