Mezcal: Montelobos Espadín

Es que si me atreví a catar y reseñar el cocuy, ¿por qué no habría de atreverme con otro destilado de agave? Es que hace un par de semanas asistí a una cata en la terraza de Rumbullion Club en Altamira, en la que probamos un tequila (que también reseñaré), este mezcal y un cocuy (pronta reseña de ese también). El objetivo de la cata era probar los distintos destilados del agave, sea el agave azul (tequila), el agave espadín (este mezcal) y el cocui trelease (cocuy).

Ciertamente las variaciones entre ellos fueron increíbles y esta fue mi segunda experiencia con un mezcal y por ello determiné que va a ser lo que busque más a menudo, en vez de tequila, aunque me confieso que nunca ha sido gran fanático de ella, en gran parte gracias a experiencias pasadas con destilados de muy mala calidad. Sin embargo, mi distribuidor local tiene unos 10 tequilas diferentes y solo este mezcal, así que las opciones no son muchas.

Montelobos es un mezcal en gran parte artesanal, aunque hace unos años fue adquirida por el gran consorcio de Campari, pero supuestamente mantienen sus mismos procesos de producción rústicos. El mezcal es fabricado en Santiago Matatlán, en el estado de Oaxaca, por el experto mezcalero Iván Saldaña.

El mezcal es lo que se conoce como ‘joven’, en el sentido que no tiene añejamiento alguno ni reposado. El carácter artesanal no es solo una palabra atractiva que ponerle al líquido, sino que debe adherirse a una serie de normativas en su preparación:

  • Cocinado: las piñas de agave deben ser cocidas en fosas bajo tierra o en hornos sobre el suelo
  • Molido: debe ser hecho con una mandarria de madera, molino de piedra, un molino chileno o egipcio, una prensa de caña o una astilladora
  • Fermentado: puede hacerse en fosas de piedra, fosas bajo tierra, troncos de árboles, urnas de arcilla, barricas de madera o cuero animal. La fermentación puede incluir fibras de agave.
  • Destilado: el calor debe ser alimentado por fuego directo por debajo de la caldera que puede ser de cobre o de barro. La cabecera del alambique puede ser hecho de barro, madera, cobre o acero inoxidable.

Esas son las normativas, pero el espadín es cocinado en una fosa bajo tierra entre 5 y 7 días, seguido del molido de la piña tostada con un molino de piedra halado por una mula. El jugo se fermenta naturalmente (sin añadirle levaduras) y luego es destilado en barricas de cobre alimentadas por fuego de leña.

Siendo un mezcal ‘joven’ y el hecho que no ha visto siquiera el mínimo reposo, esto significa que pasó del alambique directo al embotellado. Puede haber pasado algunas horas en una tina de acero inoxidable, pero esto quizá para que perdiera un poco la oxigenación, pero se trata de un producto que no ha sido añejado en lo absoluto. Esto se traduce en que es completamente transparente, desprendiendo algunas lágrimas de descenso relativamente rápido por el interior de la copa y una densidad menor que la de cualquier destilado que ha pasado por un añejado, así sea mínimo.

En nariz se sienten notas cítricas y afrutadas, con toques suaves de pimienta. También tiene algunas notas vegetales que son típicas de los destilados de agave y entre las que identifico algo como cilantro y tierra. Pero también hay notas de piña rostizada, limón, romero y calabaza.

En boca es realmente impresionante, con una nota ahumada que participa en todos los sabores, pero también notas fuertes de cáscara de cítrico, pimienta blanca, calabaza y tierra. Tiene un sabor ligeramente mineral y salado como de cristales de sal, que con el sabor ahumado se siente más complejo y me recuerda a la turba del whisky marítimo. Notas de cáscara de limón, piña, yerbabuena y cuero finalizan el sabor.

El retrogusto es refrescante y mucho menos intenso de lo que esperaría, con toques cítricos, agave ahumado y una sensación picante de cilantro, cuya combinación me hace seguir degustándolo después de haberlo pasado por boca.

El día después de hacer esta cata le dije a mi esposa que no tomo más tequila. Por supuesto que me puso una cara de «te lo dije» y terminé diciendo «ahora voy a tomar mezcal» y ahí comenzó su sorpresa. El mezcal es considerablemente más ahumado que el tequila y eso es uno de los toques que aprecio, amén de su proceso artesanal que lo mantiene alejado de esa industrialización aparente de los otros destilados del agave, que en México existen muchos más que solo tequila y mezcal. El cocuy es igual o más artesanal, creo yo. Pero este mezcal realmente me impresionó gratamente.

Ficha Técnica:
Fabricante: N/D
Nombre del Mezcal: Espadín
Marca: Montelobos
Origen: México
Materia prima: Agave Angustifolia
Edad: Joven
Precio: $55
Densidad alcohólica: 43,2%
Puntuación: 91

Arturo Fuente – Añejo (No. 50)

Cualquier fanático «que se respete» (o se haga respetar) de Arturo Fuente está al tanto de la serie Añejo de la marca. Se trata de cigarros de producción limitada anual que tienen una capa Connecticut Broadleaf americana que ha sido añejada en barricas de cognac. Este es el segundo que fumo de ellos, siendo el primero un Añejo 46 que probé hace 5 años y con el que quedé prendado. Desde entonces son cigarros que he buscado regularmente pero lo limitado de su producción hace que no sea fácil conseguirlos, pues también son cigarros que duran muy poco tiempo en el anaquel. Afortunadamente en Venezuela mis amigos de Tabarena Venezuela los trajeron y los tienen disponibles.

La capa del Añejo 50 realmente es oscura, con una textura que bien podría ser de un papel de lija, pero que cuando la ves de cerca se le notan cristales mínimos que la hacen brillar. Estos son los cristales producto de ese añejado de la capa y son los que le dan un aroma tan característico a melaza, tierra mojada y madera, que se acentúa bastante en el pie, sobre todo la melaza. Lo pico con la doble hojilla y el tiro se siente ligeramente apretado, pero la calada en frío es de tierra y canela con una ligera sensación picante. Sin duda la capa Broadleaf es irregular cuando se coloca sobre un cigarro, dándole protuberancias, valles y líneas que carecen de rectitud y este no es excepción.

Por pura torpeza mía, durante el primer tercio el cigarro se me rodó de donde lo tenía y en esos giros logró que se cayera la parte de arriba de la ceniza, por lo que la imagen en el primer tercio hace parecer que la ceniza ya se cayó, pero si no fuera por eso, estoy seguro que podrías apreciar una ceniza blanca y llamativa, aunque el anillo de combustión no es nada atractivo, cosa que es relativamente normal en cigarros de esta capa. Los sabores son tan intensos como recuerdo, con una nota fuerte de azúcar morena, que se convierte rápidamente en el sabor dominante del tercio, y acompañado de notas más suaves de madera de roble y canela, con algo de pimienta en el paladar y el retrogusto.

Es casi imposible que el Añejo 50 queme recto, así que cuando lo pruebes, no vayas a dejar el encendedor muy lejos pues lo vas a necesitar regularmente para corregir la quemada. Afortunadamente, es solo quemada y no combustión del cigarro, que se mantiene perfectamente encendido y produciendo humo abundante y denso. El azúcar moreno sigue siendo el sabor dominante en el segundo tercio, pero con abundantes sabores a melaza que no lo superan, pero le hacen buena competencia. Estas dos notas dulces hacen que el cigarro sea exquisito, pero no sea algo que quieras acompañar con un cognac o con algún destilado dulce, si bien los sabores de tierra le dan un matiz que no es solo de notas dulces. Al superar la mitad del cigarro aparecen notas de chocolate negro que nuevamente evitan que el cigarro se haga demasiado dulce. En el retrogusto se siente una ligera nota de regaliz negro, pero es un acompañante de las sensaciones de pimienta.

Luego de hacer un gran esfuerzo por no darle caladas muy seguidas, el Añejo 50 parece comportarse un poco mejor en el último tercio, aunque sea por un momento, pues al quitarle la anilla comenzó a desviarse el anillo nuevamente. El sabor a tierra se vuelve el dominante de esta sección, mientras que sus notas dulces se vuelven casi un recuerdo, quedando en el fondo de los sabores. Esta tierra también se vuelve el sabor principal en el retrogusto, aunque después de cada calada me quedo un largo rato sintiendo sabores y matices en la boca. Al cabo de una hora y 45 minutos, el Añejo 50 llega a su fin.

La última vez que fumé este cigarro en calidad de reseña fue hace cinco años, aunque no recuerdo que la quemada haya sido tan problemática, pero los Broadleaf, especialmente los que han sido añejados tanto como este, tienden a requerir atención constante, cosa que no me impresiona del todo. Los Añejo son cigarros que mejoran muchísimo con el tiempo, y esto lo sé solo porque hace un par de años fumé uno que tenía más o menos eso de guarda, pero en todas mis fumadas de cata lo he hecho con cigarros que apenas tienen unos meses en el humidor. Por eso creo que realmente valdría la pena comprar este cigarro en pares, tríos o más, pues de verdad vale la pena tener uno durante un par de años antes de fumarlo. Dicho eso, la experiencia con tan solo dos meses de guarda no deja de ser muy buena, y aunque la quemada de esta capa suele ser así, esa atención constante y cuidado continuo no es algo que me guste.

Ficha Técnica:
Fabricante: Tabacalera Fuente
Marca: Arturo Fuente
Modelo: Añejo
Dimensiones: 5¼ x 50
Tamaño: No. 50 (Robusto)
Origen: República Dominicana
Capa: USA (Connecticut Broadleaf)
Capote: República Dominicana
Tripa: República Dominicana
Precio: $12,00
Puntuación: 90

Mythology Cigars – Arpía (Toro)

El segundo producto de Mythology Cigars; no porque el Sátiro haya sido previo, pues los dos fueron lanzados al mismo tiempo, pero el segundo que fumo. En esta ocasión tuve la oportunidad de probarlo en Toro y en Robusto, aunque la reseña será del Toro, pues fue el cigarro incluido en el pack mensual correspondiente a septiembre de Rumbullion Club. Según la marca, en la mitología griega Arpía era una mujer alada, de gran belleza y capaz de hechizar a quienes oían sus cantos. Se caracterizaban por ser retorcidas, perversas y de bajos instintos. En el argot venezolano se le conoce con ese nombre a las mujeres que son especialmente celosas y/o malignas con los hombres, o al menos los hombres que se victimizan fácilmente llaman así a sus novias, amigas y conocidas. En esta ocasión, su liga tiene una capa San Andrés mexicana sobre capote nicaragüense de Jalapa y tripa seco de Jalapa, viso de Jalapa y Ligero y Viso de Esteli

El cigarro se ve bastante atractivo con su capa oscura, anilla roja en el pie y los colores de la anilla de gran tamaño. La capa tiene múltiples venas, aunque gracias a la gran anilla no se notan del todo. Se siente como un cigarro pesado y compacto, lo cual ya me llama la atención bastante. En la capa tiene aromas perfumados a flores, madera y tierra seca, mientras que en el pie se sienten aromas de tierra y un suave toque de café. Lo pico con la doble hojilla y la calada en frío me da aromas nuevamente florales, pero también especiados, como de nuez moscada con paja y una nota de cuero.

Aunque no se nota en la imagen, el Arpía es de gran calibre, con unas dimensiones llamativas que no tengo a la mano pero asumo que está en un 6×54 o por ahí. La explosión de pimienta impresiona y me toma desprevenido en las primeras caladas, desprendiendo bastante humo y en mis ojos bastantes lágrimas… creo que hasta se me agua un poco la nariz. Afortunadamente no es el único sabor y al cabo de las primera tres o cuatro caladas permite apreciar una nota densa y abundante de chocolate, que se funde con madera aproximadamente a la mitad del tercio, momento en el que incluye un sabor como a crema de avellanas, que en el retrogusto es solo de avellanas, pero con un fuerte componente de pimienta también. El tiro es fenomenal y el anillo de combustión bastante respetable.

Como es muy obvio por las imágenes, el tiempo en Caracas está bastante cambiante. Es el final de la época de lluvias y esto hace que un minuto esté bastante nublado a las faldas del Ávila, y a los 20 minutos esté despejado. Esto seguirá así hasta finales de este mes y en enero comienza la sequía que dura hasta finales de mayo. Este clima húmedo ayuda a que los sabores del cigarro se sientan más pegajosos y con la abundancia de pimienta y chocolate que lleva, pues a veces hay que levantarse y moverse un poco. El sabor de chocolate toma un matiz dulce, mientras que las avellanas siguen bastante presentes, tanto en retrogusto como en el paladar. Finalmente, aproximadamente a la mitad del cigarro, se siente un pequeño hormigueo en los labios después de cada calada, junto con un leve sabor a cáscara de naranja que le da una sensación muy agradable al cigarro y me invita a fumar más lento.

Ya entrada la noche en el último tercio del Arpía los sabores no han cambiado mucho, destacando básicamente los mismos: pimienta, chocolate y avellanas, aunque ahora podrían ser almendras. El sabor se siente algo más seco, si se quiere menos cremoso, siendo el resultado que se siente más seco en la garganta. Pero el humo sigue siendo abundante, el tiro muy bueno y no se calienta a menos que le dé caladas muy continuas. Al cabo de una hora y 45 minutos, el Arpía llega a su fin.

Cuando estábamos fumando estos cigarros en período de prueba, siendo las muestras finales escogidas por los dos dueños de la marca, a quienes conozco, el consenso fue que ambos cigarros son los que deberías llevar a una reunión de amigos (textualmente fue a una parrilla, pero para cualquier ocasión funcionan) y que el Sátiro era el indicado para antes de comer, cuando estabas tomando un trago y comiendo entradas. Mientras que el Arpía sería el que fumes después de haber comido, con el estómago lleno y con un ron de edad avanzada. Esa misma teoría sigue aplicando, pues el Arpía es considerablemente más fuerte, aunque quizá menos complejo. No es un cigarro perfecto y este es el cuarto que me fumo de esta sesión finalizada y aunque algunos me han dado problemas, este se comportó de maravilla, por lo que quizá lo más importante a lograr con esta marca es consistencia en sus productos. Pero al igual que lo dije con el Sátiro: los primeros productos de una marca rara vez serán perfectos, pero si siguen así llegarán lejos.

Ficha Técnica:
Fabricante: El Viejo Continente
Marca: Mythology Cigars
Modelo: Arpía
Dimensiones: 6 x 54
Tamaño: Toro
Origen: Nicaragua
Capa: México (San Andrés)
Capote: Nicaragua (Jalapa)
Tripa: Nicaragua (Jalapa, Estelí)
Precio: N/D
Puntuación: 91

Foundation – Charter Oak Broadleaf (Toro)

Una teoría muy aplicada de la neurociencia, al menos en lo que a gastronomía y placeres del gusto se refiere, es que el ambiente, la compañía y el placer del momento tienen mucho que ver en qué tanto disfrutas un plato, un destilado o, incluso, un tabaco. Esta teoría, sin entrar en demasiados pormenores, indica que si la compañía, el ambiente y la situación es agradable, te va a gustar lo que estás probando independiente de si es algo que normalmente te gustaría y, al contario, si estás incómodo, acalorado, en mala compañía o cualquier otro aspecto negativo, incluso si lo que estás probando está sabroso, no lo vas a disfrutar. En lo personal solo me he creído eso en un 30% y realmente no llego a aplicarlo como una ciencia ni asumo que puedo enseñarle a otros como disfrutar las cosas. Sí pienso que tienes que estar cómodo, en un ambiente agradable y en la mejor compañía, pero no lo pongo como un factor determinante para que algo te guste, sino más como sentido común; si estoy cómodo, con gente que le guste o no le importe que yo fume y me agrada esta gente, fumaré. Pero a lo que voy con esta gran explicación es que hace casi dos años fumé este Charter Oak Broadleaf, en formato Grande 6×60 y, aunque estaba al aire libre, era enero así que estaba fresco, estaba con mi padrastro y el ambiente era agradable, sería injusto decir que el cigarro me gustó mucho, porque no fue así.

Bastante he dicho sobre los cigarros de vitola 6×60 y cuánto no me terminan de gustar, pero creo que eso colaboró en gran parte para que pasara tanto tiempo antes que probara nuevamente un Charter Oak Broadleaf. También tuvo que ver que mis amigos de Gentleman Brothers lo tuvieran disponible y a un buen precio. Así que finalmente me senté con el cigarro, en un ambiente que considero agradable, de noche y después de una larga semana de trabajo. Lo primero que me llama la atención del cigarro es lo barato que se ve, y esto lo noté en el Grande de hace dos años, pero quizá no le hice mucho caso. Pero el cigarro, aunque muy bien hecho y con el pie cubierto, la verdad es que tiene una capa bastante irregular. Es un cigarro que rara vez supera los $6, así que el hecho que se vea así es solamente lo esperado. La capa también es brillante y oleosa, con aromas a especias dulces y madera, mientras que el pie cubierto desprende aromas de madera y pimienta. Finalmente lo pico y los aromas son de madera y cartón.

Pero con toda su apariencia barata, el Charter Oak Broadleaf enciende uniforme, perfecto y con un tiro fenomenal. Los sabores son exactos a los que un Broadleaf desprenden: intensos, abundantes, densos y casi masticables a chocolate en jarabe, tierra y pimienta. Estos sabores se van haciendo más complejos a lo largo del tercio y eso es algo que realmente me impresiona de un cigarro de gama baja, pues rara vez evolucionan y mucho menos comienzan a sentirse notas y matices en la fumada, pero el chocolate ahora se siente como un chocolate con leche y la tierra ahora es seca. Tanto la intensidad de los sabores como la fortaleza del cigarro se sitúan en media y, aunque fuma relativamente rápido, me toma alrededor de media hora superar el primer tercio.

En el segundo tercio incluso hay una variación importante, pues el Charter Oak Broadleaf comienza a concentrarse más en sabores de madera y pimienta, y esa madera es más como de roble y la pimienta es más negra. El cigarro comienza a desprenderse de esos sabores de chocolate y es aproximadamente en la mitad de él que comienzan a aparecer especias como canela y nuez moscada, que no son del todo abundantes, pero le dan un toque de complejidad a la fumada. El chocolate se mantiene en el retrogusto, aunque su parte cremosa ya no se siente. La fortaleza del cigarro es media-alta y la intensidad de los sabores sigue en media, aunque el cigarro muestra un par de indicios en donde comenzaría a quemar mal, pero un retoque pequeño a tiempo lo corrige antes que pase a mal.

En el último tercio los sabores de chocolate regresan al paladar, pero no desplaza a ningún sabor, sino que los de madera y pimienta le llevan el mismo ritmo y como es de esperar, el final del cigarro se vuelve su mejor parte. Los sabores de especias también se presentan con bastante participación y el retrogusto se mantiene igual con sus fuertes notas de chocolate y de pimienta. Estos cambios hacen que la fortaleza de los sabores se sientan en media-alta y que la intensidad del cigarro esté más o menos igual. Aunque la quemada no ha sido del todo recta, en verdad nunca me ha incomodado, sin duda alguna mostrando esa calidad de fabricación de AJ Fernandez. Al cabo de una hora y media, el Charter Oak Broadleaf llega a su fin.

La hoja Broadleaf en la capa no es algo muy común, principalmente por dos razones: la primera es que su sabor suele dominar casi toda la fumada, por lo que su uso debe ser cuidadoso. La segunda es que visualmente es bastante fea y quienes quieren mantener sus cigarros más elegantes, no la usan o la deben seleccionar muy cuidadosamente. Pero el Charter Oak Broadleaf es un cigarro que cuesta menos de $6 y con ese precio no puedes esperar un producto elegante, pero los cigarros con esta capa (incluso si es en capote) siempre van a tener sabores intensos. El hecho que por ese precio puedas tener un cigarro de esta intensidad, estos sabores y esta calidad de construcción ya debería ser suficiente razón para adquirirlo en grandes cantidades. Eso sí, no en Grande.

Ficha Técnica:
Fabricante: AJ Fernandez
Marca: Foundation Cigar
Modelo: Charter Oak Broadleaf
Dimensiones: 6 x 52
Tamaño: Toro
Origen: Nicaragua
Capa: USA (Connecticut Broadleaf)
Capote: Nicaragua (Habano)
Tripa: Nicaragua
Precio: $6,00
Puntuación: 89

Ron: Foursquare 2009

Hace unas semanas tuve la oportunidad de organizar junto a mis amigos de Rumbullion Club una cata de este ron barbadense en sus instalaciones. La ocasión fue propicia para invitar a buenos amigos, curiosos del ron y gente que simplemente ha tenido muy poca exposición a rones de afuera, principalmente porque siempre nos creemos que tenemos el mejor ron del mundo y eso hace que muchos piensen que los rones que no son venezolanos simplemente no valen la pena.

Adicionalmente, está el hecho que un ron venezolano bueno rara vez supera los $30 localmente, mientras que este ron recién salido costaba $80 y para la cata que organizamos, contando flete y traída, salió en $120.

Foursquare 2009 es la décimo séptima edición de la serie de Exceptional Cask de la marca, y aunque no es el más reciente de esta serie, sí lo es de los que marcan un año en específico. El blend de este ron es de un solo lote, lo que se conoce como Single Blended Rum, siendo una mezcla de alcoholes de columna y de alambique, añejados durante 12 años en barricas de roble blanco americano, exbourbon. El líquido es embotellado sin diluir, directo de la barrica, a 60% alcohol.

Antes de entrar en materia de la cata, debo indicar que probar un ron que no sea diluido es de por sí un privilegio increíble.

En copa hay bastantes sorpresas si lo comparo con cualquier otro ron, pero no tantas cuando tengo claro que se trata de un ron de Foursquare, pues sus productos siempre son excepcionales incluso sin pasarlos por la nariz o la boca. Tiene un color entre cobre y oro, con una marcada densidad, incluso teniendo en cuenta que no ha sido diluido ni tiene filtrado en frío, por lo que en ocasiones podría tener una cierta visión opaca, pero nada de eso en esta copa. Pero si las hubiera, no sería nada de qué preocuparse sino algo esperado en un producto que no ha sido filtrado.

En nariz se podría decir que es hasta predecible, pues 12 años en una barrica de bourbon te va a dar aromas conocidos, entre los que destacan fuertes notas de madera de roble, toques de vainilla y frutas como el durazno, pero también ciruelas, pasas y algo de cereza. Dándole algunos giros al líquido pude apreciar también frutos rojos como fresas y jengibre también. Pero este tiempo en una barrica de bourbon, si bien le da un aroma familiar al bourbon, siempre pensaré que el ron tiene su aroma particular y este lo tiene bastante marcado. Algo que no tiene: alcohol. A pesar que tiene 60% de contenido alcohólico, rara vez me alejo la copa de la nariz por la reacción y el ardor que produce el alcohol a tan altas concentraciones. Ciertamente tiene un equilibrio perfecto.

En boca el sabor principal es de madera, intensa y concentrada, aunque no al nivel de la nariz. Tiene notas algo más «picantes», como de jengibre, pimienta blanca y vainilla. También es considerablemente más alcohólico en boca que en nariz, pues aquí sí se sienten perfectamente claros esos 60° de alcohol. Se siente denso y complejo, dando notas adicionales como de vino tinto, ciruelas y más madera. Es mucho más frutal y denso y complejo de lo que la nariz me hubiese hecho pensar, especialmente si solamente ha pasado por barricas de bourbon. Pero también es considerablemente dulce y eso es algo que tampoco esperaría de un ron con esta concentración, esta añada y sin azúcar añadida.

En el retrogusto son aún más fuertes las notas de alcohol, permitiendo una persistencia casi infinita de madera, las frutas antes mencionadas y jengibre.

Este es el quinto Foursquare que pruebo y el segundo que marca el año sin nombre, y debo decir que es el que más me ha gustado. Teniendo en cuenta que Foursquare es una de mis marcas preferidas de ron y que todos sus productos me han parecido como ellos dicen: excepcionales; este es el más excepcional de todos. Incluso con 60% de alcohol es un ron que podría tomar solo y sin la menor preocupación. Es un perfecto ejemplo de cuánto se puede lograr con una exquisita materia prima y combinando alcoholes de columnas y de alambique.

Ficha Técnica:
Fabricante: Foursquare Distillery
Nombre del Ron: Exceptional Cask Series XVII 2009
Marca: Foursquare
Origen: Barbados
Materia prima: Melaza
Edad: 12 años
Precio: $90
Densidad alcohólica: 60%
Puntuación: 98

El Biyuyo Cigars – Money Series El Varo (Toro)

Un nuevo producto del Money Series, pero la anilla esta vez no está diseñada como un billete de dólares, sino de euros. Al igual que la moneda europea, esta tiene la cara de un personaje importante, pero en este caso es Luis Monsanto, uno de los fundadores del grupo Smokers RD y creador de la marca El Biyuyo. La liga del cigarro incluye una capa Corojo Criollo, que no me queda claro si es que es de los dos tipos, un híbrido, o si es un Corojo de RD, pero ciertamente no huele a dominicano, o al menos no a los aromas tradicionales del tabaco dominicano, por lo que me lleva a pensar que puede ser un nuevo estilo, algo que definitivamente es como calificaría al tipo de cigarros que Monsanto suele hacer.

No tengo claro si El Varo está disponible en otros tamaños, pero este es el único en que lo he visto y es el único en que lo tengo también. La capa es imperfecta, con varias rayas oscuras y uno que otro punto pálido, aunque eso no es determinante de calidad ni de sabores, solo de apariencia. Esta capa tiene aromas fuertes a chocolate, tierra seca y una cierta nota que solo puedo definir como especiada, pues no determino exactamente cuál especia tiene, pero se siente más como un conglomerado de aromas. En el pie se sienten notas de chocolate, tierra y melaza, que le da un aura dulce al cigarro y realmente me llama la atención encenderlo, no sin antes darle una picada, por supuesto. La calada en frío me da aromas de nueces y madera, que me llama la atención porque esos aromas de chocolate entonces solo son de la capa.

El Varo quema muy bien, con un anillo de combustión que no es del todo recto, pero eso para mí es algo típico con los box pressed y este es bastante notable en esa forma. Tiene fuertes notas de madera desde la primera calada, seguidas de frutos secos entre los que destacan las nueces y el maní, o más como cáscara de maní. Hacia mediados del primer tercio es que comienzan a aparecer los sabores relacionados al chocolate, que me impresionó bastante comenzar a sentirlos tan adelantado en la fumada… si juzgaba por los aromas solamente, esperaría que el cigarro supiese a chocolate desde la primera calada, pero sin duda ha sido un cigarro sorpresivo en más de una manera. El sabor es a nibs de cacao y una nota dulce a melaza que arropa toda la fumada, mientras que el retrogusto destaca notas florales y chocolate negro. La ceniza se sostiene bastante bien y, aunque la capa es bastante frágil y se nota en la imagen una pequeña fisura en ella, no amenaza con despedazarse ni nada.

Efectivamente, el cigarro quema bastante bien y la rotura de la capa desaparece sin mayor problema, produciendo una ceniza bastante rígida que no amenaza con caerse a menos que sea por voluntad propia. El sabor de madera sigue siendo el principal en el segundo tercio, acompañado de chocolate y melaza casi al mismo nivel y a partir de la mitad la melaza es sustituida por un sabor de almendras, que es el que le da las notas dulces al cigarro, y también lo acompaña en el retrogusto, junto con el mismo chocolate negro que he sentido desde el inicio, aunque en este tercio se siente menos como un chocolate negro y más como un chocolate con leche. El humo es abundante y quema a buena velocidad, tomándome aproximadamente 50 minutos hasta el punto medio.

Para el último tercio El Varo es un cigarro mucho más sencillo y menos complejo, con los mismos sabores a madera y chocolate como principal y segundo, pero con una sensación muy suave de almendras y de crema, y la desaparición de esa sensación dulce que relacioné con melaza. Sigue quemando bien aunque le cuesta mantener la ceniza y en realidad se siente en gran parte como otro cigarro, este mucho más simple y quemando ligeramente más rápido que antes, aunque también puede ser que le esté dando caladas más seguidas buscando esos sabores que aparentemente se perdieron. Pero me toma un total de una hora y 40 minutos fumarlo hasta el final, así que ciertamente es el doble de lo que me tomó fumarlo hasta la mitad.

El Varo es una excelente secuela a El Biyuyo capa Habano que probé hace unos meses, mejor conocido como el que tiene la anilla de dólar, pues la mayoría lo conoce así o como El Biyuyo original. En mi opinión, mejor que los anteriores, pero más porque tiene mayor complejidad, especialmente porque en frío me hizo pensar que sería un cigarro sabroso (y lo es), pero de pocos sabores, mientras que encendido destaca ese sabor a chocolate que sentí antes de encenderlo, pero no es el principal, aunque es del sabor que más matices sentí. No obstante, creo que es el que más ganas tengo de repetir de todos.

Ficha Técnica:
Fabricante: MPQ de Villa González
Marca: El Biyuyo Cigars
Modelo: Money Series El Varo
Dimensiones: 6 x 50
Tamaño: Toro
Origen: República Dominicana
Capa: República Dominicana (Corojo Criollo)
Capote: República Dominicana (Olor)
Tripa: República Dominicana (San Vicente, Criollo 98)
Precio: N/D
Puntuación: 91