Ginebra: Poli Marconi 46

Hace como una semana mi amigo el bartender Camilo Olmos me preguntó si había probado la ginebra Marconi 46. Le dije que no, pero sí recordaba que me la habían recomendado hace poco, cuando fui a una licorería y terminé comprando dos botellas de ginebra: Nordés y L’Arbre, cuyas reseñas tengo pendientes. El hecho es que por la cuarentena y demás situaciones, son pocas las oportunidades de reunirme con amigos y conversando de un par de cosas, Camilo me preguntó si tendría un cigarro de Don Quijote a la mano, que le llama la atención probarlo. Así que quedamos que pasaría por mi casa a buscarlo al día siguiente y cuando vino me dio una muestra de esta ginebra.

Esta ginebra es fabricada por la destilería Poli, ubicada en Schiavon, en el corazón del Veneto al norte de Italia. La destilería fue fundada en 1898 por Giobatta Poli y durante más de cien años la familia Poli se ha hecho una gran reputación como productores de grappa, en el centro de la región que mejor grappa produce en todo el país.

En 2010 la destilería mostró su Crysopea, un alambique que funciona al estilo del baño de maría que se usa en la cocina y que además funciona al vacío, que es una creación de Poli, o al menos sus creadores trabajaron con Poli para crearla. El alambique fue instalado al lado de su alambique a vapor de toda la vida, expandiendo las posibilidades de su destilería y permitiendo que se produzcan nuevos estilos de grappa con características distintas.

En 2015 utilizaron el alambique Crysopea para producir la primera ginebra de la marca: Marconi 46. La ginebra (producida en pocas cantidades por Jacobo Poli) es creada a partir de una infusión de bayas de enebro, uva moscatel, pino de montaña, pino suizo, menta, cardamomo y cilantro. Estos botánicos son típicos de la meseta de Asiago, al norte de la región de Veneto, de donde la familia Poli es originaria.

El nombre de la ginebra representa un cruce entre la historia italiana y la destilería Poli. Guillermo Marconi fue el italiano que inventó el telégrafo y ganó el premio Nobel de física en 1909, mientras que el número 46 representa el volumen de alcohol en la ginebra, la cual se alcanzó con el fin de identificar más a la destilería, pues su dirección en Schiavone es 46 Calle Marconi.

La botella del Marconi 46 llama bastante la atención, sobre todo porque su tapa no es de rosca sino de corcho, y eso no es anormal. Sin embargo, tiene la bisagra que lo sostiene, en un estilo muy típico de las botellas del siglo XIX. Pero el resto de la botella es bastante moderno y el cuello es extremadamente delgado. Grabado en el vidrio y en relieve están las letras POLI1898, que son el nombre de la destilería y de su fundador (Poli) y el año de su fundación (1898).

En copa la ginebra inmediatamente comienza a emitir aromas intensos y firmes de enebro con toques de pino que lo refuerzan. También hay notas florales ligeras y una suave sensación mentolada que me hace pensar más en eucalipto. Estas dos últimas notas: floral y mentolada son las que más se aprecian mientras dejo la copa unos minutos.

Esas notas florales son lo primero que aprecio en boca, aunque es algo más como una combinación de dos de sus botánicos: uva moscatel y pino, aunque según la receta tiene pino suizo y pino genérico… y la verdad no tengo idea de cuál es. Pero también hay fuertes sensaciones de mentol en forma de eucalipto, y son estos tres sabores los más destacados en boca, junto con el típico enebro. El resultado es interesante, aunque difícil de determinar cuál es el dominante. También hay notas ligeramente ácidas que me hacen pensar en cítricos al igual que algo de pimienta.

En el aftertaste se sienten notas de pino y enebro, seguidas de notas ligeras de cilantro y cardamomo. Sin embargo, el retrogusto ofrece notas crecientes de la uva de moscatel y menta.

Entre todas las ginebras que he reseñado, mas no las que he probado pues hay un par de ellas que tengo en casa que aún no he reseñado, esta es una que con gusto tomaría sola o con un poco de hielo. Sin embargo, creo que un martini con ella sería espectacular, pues le dejaría expresar todos sus sabores y aromas, siempre que esa nota floral no te moleste.

Esta ginebra Marconi 46 de verdad me sorprendió y le agradezco mucho a mi amigo Camilo por haberme acercado a ellas. Aunque no he tenido mucha experiencia con destilados infusionados con sabores de uva (Nordés únicamente), no sabía cómo adaptarme. Pero esta infusión de moscatel le da a la ginebra una dimensión floral que va creciendo en cada sorbo, y es algo que le añade carácter a los cócteles que hagas con ella. Sin embargo, podría entender que no es una ginebra para todo el mundo, precisamente por esa infusión.

Ficha Técnica:
Empresa madre: N/D
Fabricante: Destilería Poli
Nombre de la Ginebra: Marconi 46
Marca: Poli
Origen: Italia
Precio: $38
Densidad alcohólica: 46%
Puntuación: 90

Crowned Heads – Court Reserve XVIII Full Court Press LE 2019

Pese a su nombre tan largo, y eso que lo resumí un poco poniendo solamente las siglas del Limited Edition, este cigarro de Crowned Heads tiene exactamente la misma liga que el Court Reserve XVIII que reseñé hace poco más de un año. No obstante, es interesante regresar a fumadas anteriores y compararlas con las actuales, sobre todo cuando se trata de una vitola distinta. En este caso es un 5⅞ x 52 box pressed, que es el primer cigarro prensado de la línea. El cigarro lo tengo desde diciembre, cuando llegó como parte del paquete mensual de Small Batch Cigars.

En línea con el resto de los cigarros «nuevos» de Crowned Heads, lleva la anilla inferior que lo identifica como de la marca, algo que los cigarros previos no tenían y que se ve bastante bien. A mí me ayuda porque continuamente confundo esta marca con Caldwell. Tanto este cigarro como el Court Reserve previo son Ediciones Limitadas, pero mientras el primero estaba «limitado» a 150 mil unidades, de este tan solo se producirán 20.400. En cuanto al cigarro, efectivamente se ve exactamente igual que el anterior, incluso el box press no es tan marcado como creería que lo sería con una edición limitada. Los aromas son parecidos, como debe ser, e incluyen café en granos sobre la capa y un toque suave de chocolate, mientras que en el pie hay más chocolate, tierra y frutos secos, al igual que en la calada, con apenas una adición de pimienta.

Las primeras caladas del Court Reserve vienen fuertes, incluso más fuertes de lo que creería, como si en frío el cigarro se sentía como un dominicano y en fuego como un nicaragüense, gracias a una fuerte intensidad de pimienta. También le acompañan sabores de tierra mojada y un suave toque de café. La quemada va perfecta, igualmente apoyando mi idea que no es un box press per se, pues rara vez consigo una quemada uniforme con ese tipo de prensados.

La intensidad en el segundo tercio se siente más suave, particularmente por ese toque de pimienta tan notable en el primer tercio, que se disipa un poco entrando en este. No obstante, solo por la reducción de ese sabor no quiere decir que los demás se pierdan… todo lo contrario, hay sabores nuevos incluso, entre ellos una sensación cremosa, café, chocolate y frutos secos, con intensidades variables pero pocos matices.

En el último tercio el Court Reserve se comporta de maravilla, con un anillo de combustión y tiro ideales para una fumada larga, y eso es exactamente lo que estaba buscando con el cigarro. Se pierde en este tercio esa sensación cremosa y los sabores guardan un lejano recuerdo de lo que era la pimienta, aunque sí se siente entre calada y calada, más como un acento en los sabores que un sabor de por sí. Al cabo de una hora y 45 minutos, este Court Reserve llega a su fin.

Una vez me di cuenta que este cigarro y el Court Reserve previo son exactamente lo mismo, tomé la reseña con menor emoción, pues no se trataría de un nuevo sabor y durante gran parte de la reseña se convirtió en un tema comparativo entre uno y otro, más que de una reseña real. Sin embargo, me pasa mucho que fumo el mismo cigarro en vitolas distintas y se sienten varios cambios, aunque eso suele pasar es cuando esas vitolas son muy diferentes (gordo vs. lancero, por ejemplo). En este caso, el cigarro original que fumé era una corona gorda de 5⅝ x 46 y aquí es un box pressed 5⅞ x 52, así que la diferencia entre sí no es tan grande, por lo que no llega a sorprender del todo que la experiencia tampoco varíe tanto. Quizá la diferencia más notable sea una sensación mayor de pimienta en este.

Ficha Técnica:
Fabricante: EPC Cigar
Marca: Crowned Heads
Modelo: Court Reserve XVIII Full Court Press Limited Edition 2019
Dimensiones: 5⅞ x 52
Tamaño: Box Pressed
Origen: República Dominicana
Capa: México (San Andrés)
Capote: Ecuador
Tripa: Nicaragua
Precio: $11,95
Puntuación: 88

Drew Estate – Pappy Van Winkle Barrel Fermented (Toro)

Si eres tomador de bourbon es muy posible que conozcas la marca Pappy Van Winkle, pues sus productos son bastante buscados en ese mercado y sus ediciones siempre son pequeñas, por lo que es muy común ver precios que triplican el costo original en el mercado de segunda mano. Para muchos, Pappy Van Winkle es una de esas marcas icónicas que se tienen como objetivos de excelencia. En 2014 Drew Estate anunció una operación junto con PVW para crear una serie de cigarros en colaboración, aunque esa colaboración y los detalles de los cigarros cambiaron constantemente hasta su eventual lanzamiento. Uno de esos cambios es la naturaleza de las hojas utilizadas, pues mientras algunos dicen que son las hojas de la capa o de la tripa o del capote que son añejadas en barricas del bourbon, otros dicen que las hojas son fermentadas en estas barricas (que es lo que dice la etiqueta), y otros simplemente dicen que son cigarros ideados para armonizar con el bourbon y rye de la marca, que es lo que dice su página web. En estos casos yo prefiero irme con los expertos del tema, que no es necesariamente la marca sino algunas páginas web confiables en estos temas, que efectivamente dicen que, a pesar de su nombre, las hojas no tienen nada de añejado ni fermentado en barricas, y que simplemente está ideado para armonizar con el producto de Pappy Van Winkle.

Como tomador de bourbon atado a un cierto presupuesto, el Pappy Van Winkle no se encuentra en mi lista de productos probados, aunque igualmente espero tomarlo en algún momento; pero a un promedio de $300 por botella, no creo que sea pronto. Aunque a simple vista no se nota casi, el cigarro tiene dos tipos de capa, cuya división se encuentra debajo de la anilla y es quizá por eso que no es tan obvio. Los aromas del cigarro son bastante llamativos, especialmente porque la capa es curada el fuego, estilo que Drew Estate ha utilizado bastante incluso para cigarros que no lo destacan. Estos aromas pueden parecer un poco exagerados al principio, pero mientras lo manipulas un poco antes de encenderlo, se pueden apreciar distintos aromas, como una nota variable de madera vieja y leña, también hay matices de cuero viejo, bosta, vainilla, canela y notas florales, y eso es solo en la parte más cercana al pie del cigarro. La otra parte, cercana a la cabeza del cigarro tiene una nota más de roble en la madera, aunque se siente más ligera. La calada en frío presenta muchos aromas similares, como roble, vainilla y cuero.

Como me sucedió con el Kentucky Fire Cured de Drew Estate, los aromas en frío son increíblemente variados vs. los que se aprecian en las primeras caladas del cigarro. Sin embargo, sí se aprecian sabores a leña, cuero viejo, vainilla y un toque de canela; la quemada es casi perfecta aunque no es exactamente recta, aunque sí deja una ceniza muy sólida y esta se cae finalizando el primer tercio. El retrogusto es de pimienta suave, más suave de lo que esperaría con estos aromas en frío.

Entrando al segundo tercio, aunque la imagen es más como de la mitad del cigarro, pero quise destacar el cambio entre las dos capas y el tamaño de la anilla. Este tercio es muy parecido al primero, aunque los sabores se sienten más ahumados y es a partir de la mitad que se siente más intenso el cigarro, pasando de media a media-alta, con una quemada bastante buena y humo abundante en cada calada. Los sabores en este tercio son fuertes de leña y cuero, y un poco más suaves de vanilla y canela.

En el último tercio del cigarro finalmente se destacan los sabores de la segunda capa y los sabores se acercan más a los de madera que de leña y la intensidad del cigarro llega a ser alta. La quemada finalmente es tan recta como hubiese querido antes, pero no hay una gran variedad de sabores, salvo la inclusión de tierra mojada, que no se había sentido antes. La fumada duró una hora y 30 minutos, lo cual pensé que fue corto porque esperaba más tiempo. Sin embargo, la fumada la acompañé con agua, aunque espero que en un corto tiempo lo pueda hacer con bourbon, como el cigarro exige.

La llegada de este cigarro fue algo completamente inesperado, siendo básicamente un regalo de alguien a quien entrevisté por Instagram Live. Antes de encenderlo investigué un poco al respecto y decidí pensar que era fermentado en barricas de bourbon, pero la verdad es que después de fumarlo me inclino más por la idea que simplemente está hecho para ser combinado con bourbon, pues no se siente ningún sabor o aroma relacionado con él. Dicho esto, aunque la capa pasa por un proceso muy similar al Kentucky Fire Cured, los sabores no se parecen tanto, pero al igual que con el KFC, las opiniones de este cigarro son muy variadas. Cabe destacar que creo que los sabores que ofrece serían un complemento ideal para un buen bourbon, con fuertes aromas y un perfil variado, que combinará muy bien con un whiskey americano. Igualmente, siendo un Drew Estate, su construcción es ideal. Quizá el precio no sea el mejor, pero eso termina siendo un detalle ante tanto que ofrece.

Ficha Técnica:
Fabricante: La Gran Fábrica Drew Estate
Marca: Drew Estate
Modelo: Pappy Van Winkle Barrel Fermented
Dimensiones: 6 x 52
Tamaño: Toro
Origen: Nicaragua
Capa: USA (Kentucky Tapa Negra), México (San Andrés)
Capote: Nicaragua
Tripa: USA (Kentucky), Nicaragua
Precio: $15,00
Puntuación: 89

Whiskey: Hudson Baby Bourbon

Yo soy uno de los primeros partidarios en que no se debe comprar un whiskey (o cualquier otro destilado) simplemente por la botella, aunque en este caso lo hice. En efecto, lo hice dos veces con la misma botella, pero compré esta y el Rye Whiskey también. Sin embargo, compré el Rye primero y me gustó tanto que compré este también. La verdad es que lo volvería a hacer, pues este whiskey me ha demostrado bastante por lo único que es.

Para empezar está su botella tan singular. Pero también es hecho en el estado de Nueva York, que no suele ser el lugar más típico para la creación de un whiskey. Adicionalmente, está el hecho que es doble destilado y añejado en barricas de 12 litros, cuando lo normal son barricas de unos 200 litros. Esto le da un carácter ya diferente de por sí porque hay un mayor contacto entre el líquido y la barrica y le da un perfil de sabores fuerte de madera.

Sin embargo, hay dos temas más que hacen de este whiskey una propuesta diferente. La primera es que mientras la regulación del whiskey dice que el producto debe ser destilado a partir de una base que contenga un mínimo de 51% maíz y el resto puede ser cualquier cantidad de cebada, trigo y centeno, este whiskey es 100% maíz. Además, en la etiqueta dice que es un whiskey con edad menor a 4 años. Esto porque la legislación americana indica que si el whiskey es menor a 4 años, se debe identificar como tal, aunque no diga exactamente cuánto tiempo menor a ese es.

Pero este whiskey tiene solo 3 meses de añejamiento. Gracias a sus barricas tan pequeñas, esto ayuda a que envejezca más rápido que en una barrica de las grandes. Además, cada botella es llenada a mano y numerada. La mía es la botella No. 3371 del lote 21, del año 18, que supongo se refiere a 2018, lo cual quiere decir que debería acabarla y adquirir una nueva, creo.

El líquido en la botella y en copa, por consiguiente, es bastante cobrizo con destellos rojo brillante. Para ser mi primer whiskey 100% de maíz estoy impresionado, sobre todo porque leí que los que son más viejos tienden a ser más rojos. Pese a que tiene apenas 3 meses de añejamiento, las lágrimas no descienden tan lento como esperaría, aunque sí tienden a ser bastante delgadas.

En nariz se sienten fuertes notas de maíz, vainilla y madera apenas lo sirvo, pero al cabo de unos minutos lo más destacado es maíz y la madera que juega un papel importante en el whiskey, pero también hay notas sobresalientes de pimienta y vainilla.

En boca se siente una nota alcohólica algo agresiva, y a 46% de alcohol no es para menos, sobre todo con esta juventud, pero se desprenden sabores a maíz, roble, vainilla, notas de jengibre fresco y bastante dulce. En el retrogusto se sienten todas esas notas dulces y sus derivados, como caramelo y vainilla, seguidos de un aftertaste de maíz dulce.

Aunque en lo que me presentaran un whiskey de 3 meses de añejamiento lo primero que pensaría es que es para coctelería, y creo que este sería bueno, pero quizá demasiado bueno para un cóctel. Si bien se trata de un whiskey con sabores muy fuertes, creo que es en un Manhattan donde destacaría, pero con la adición de algo de agua para contrarrestar esa intensidad alcohólica. No obstante, con esa agresividad y fuerza que tiene, es un whiskey que presenta sus sabores bastante resaltantes y por ello preferiría igual tomarlo solo, quizá con una piedra grande de hielo.

El Hudson Baby Bourbon es un whiskey joven y, como tal, tiene algunas asperezas que se limarían con el tiempo en barrica, pero como ejemplo de lo bueno que puede ser un whiskey con apenas unos meses, es extraordinario.

Ficha Técnica:
Empresa madre: William Grant & Sons
Fabricante: Tuthilltown Distillery
Nombre del Whiskey: Baby Bourbon
Marca: Hudson
Origen: USA
Edad: 3 meses
Precio: $40
Densidad alcohólica: 46%
Puntuación: 89

Espinosa – Laranja Reserva (Toro) (recatado)

Hace un poco más de 4 años, cuando estaba comenzando este blog y aprendiendo de cómo fumar y apreciar cigarros, tuve la oportunidad de probar el Laranja Reserva. En ese momento el cigarro había quedado de #13 en el Top 25 de Cigar Aficionado de 2015 y era mi meta probar todos los cigarros ahí listados. Recuerdo que en ese momento el Laranja me pareció cualquier cosa, incluso le di una puntuación bastante baja, cercana a las de mis peores experiencias (67 puntos). Sin embargo, es mi teoría que el paladar madura, la capacidad de apreciar sabores mejora y me he tomado la idea de regresar a algunos de esos cigarros que fumé hace 4-5 años y no lograron buena puntuación, para ver si es que yo mejoré mi apreciación o si simplemente no estaban buenos.

Cabe destacar que esto de volver a los cigarros que reseñé antes tampoco es un esfuerzo consciente sino más un tema de coincidencias; hace un par de meses estaba haciendo una compra por internet y encontré una excelente oferta de 5 de estos + 5 Jaime Garcia Reserva por $30, así que decidí darle una nueva oportunidad. Pero este Laranja Reserva es un cigarro de tripa y capote nicaragüenses, cubierto por una capa brasileña llamada Laranja que, si nunca la has oído antes, es porque realmente no existe, sino que fue el nombre que Erik Espinosa le puso por su color. El cigarro se nota bastante bien hecho, una capa muy lisa y con detalles mínimos. Es el tercero de ese 5-pack que fumo, y los otros dos han sido bastante variados, con uno teniendo un tiro super suelto, al punto que casi se fuma solo, y el otro un tiro bastante apretado, así que veamos qué tal nos va con este. Los aromas de la capa son bastante sencillos, incluyendo un toque suave de cuero y uno más abundante de miel, mientras que en la calada en frío se aprecian notas suaves de paja y más fuertes de frutas varias, sin destacar ninguna.

El Laranja Reserva comienza bastante sencillo, con sabores de madera de cedro, algo de paja pues se siente ligeramente seco, pero quizá es por el tiro que no es suelto, pero sí suelta bastante humo. Pero el sabor predominante sin duda es naranja, como lo indican sus colores y su nombre, como la pulpa de la naranja. A lo largo del primer tercio estos tres sabores se colocan más o menos al mismo nivel, pero también van apareciendo notas de avellanas, cuero y pimienta, que esta vez no está solo en el retrogusto sino también en el paladar. Hablando del retrogusto, se aprecia una nota suave de pimienta y una nota dulce de miel, que comienza suave y luego llega a superar a la pimienta. Ciertamente no es en el retrogusto donde el cigarro se destaca, así que ningún problema por ahí. El anillo de combustión y la ceniza se comportan bastante bien, así que ninguna queja de ellos. Me toma media hora superar el primer tercio

A la mitad del cigarro aparecen algunos problemas en la capa, que se destacan simplemente por la rotura de la misma, cosa que ocurrió cuando el anillo de combustión le estaba alcanzando pero que muy probablemente sean causa de algún nudo o algo en alguna de las hojas, pues llegó sin provocación y conforme lo quemé, este problema desapareció y la quemada volvió a ser tan buena como venía siendo. Los sabores siguen siendo parecidos a los del primer tercio, destacando cedro, paja, cuero y el sabor de naranja ahora parece más de su cáscara. El sabor de avellanas nunca terminó de aparecer como tal, aunque sí se sienten sabores de nueces en general. Por su parte, el retrogusto sigue muy básico, destacando pimienta y un toque suave de miel, que quizá es el polo opuesto de esos sabores en el primer tercio. La intensidad del cigarro no ha sido especialmente fuerte y tampoco creo que llegue a serlo, aunque está fija en media con alguno que otro punto más fuerte pero de corta duración.

Efectivamente, al superar ese detalle de la capa, la quemada vuelve a ser prácticamente perfecta. Los sabores en el último tercio son de cedro, cuero, nueces y naranja, que son en mayor o menor escala los mismos sabores que he sentido desde el inicio de la fumada, aunque la pimienta del retrogusto sí es más fuerte en este tercio y, quizá, ese sea el tema más destacado de las apreciaciones. La intensidad se mantuvo en media y en realidad no hubo mayores sorpresas, salvo el haber llegado a 1 hora y 55 minutos de fumada, pero eso es algo que me está sorprendiendo más y más en mis hábitos.

En cuanto al cigarro en general, definitivamente el paladar madura y el aprendizaje a la hora de probar un cigarro te hace un mejor fumador. Dicho esto, el Laranja Reserva demostró ser un cigarro sencillo, de pocos sabores y no muchos matices; es muy posible que en mis inicios de fumador y probando los mejores de Cigar Aficionado me haya acostumbrado a cigarros de diversos sabores e intensidades, mientras que el Laranja Reserva simplemente no es un cigarro de esos, pero tampoco es un cigarro malo, como mi primera reseña podría haber mostrado. Pero tampoco es un cigarrazo, sino una experiencia agradable, que seguramente funcionaría mucho mejor con un buen ron con hielo. Sí hay un tema destacado con la mano de obra, pues incluso en un 5-pack comprado de una sola tienda he encontrado distintas calidades de torcido. No obstante, estoy contento con mi compra y con gusto fumaré los dos que me quedan, y si aparece un 5- o 10-pack del cigarro, me vería inclinado a comprarlo, seguramente.

Ficha Técnica:
Fabricante: La Zona
Marca: Espinosa
Modelo: Laranja Reserva
Dimensiones: 6 x 52
Tamaño: Toro
Origen: Nicaragua
Capa: Brasil (Laranja)
Capote: Nicaragua
Tripa: Nicaragua
Precio: $11,00
Puntuación: 83

Whiskey: Hudson Manhattan Rye

En el año 2001 un hombre llamado Ralph Erenzo decidió comprar una fábrica/molino llamada Tuthilltown Gristmill con la intención de convertir el área del molino y la propiedad en general en una especie de paraíso para escalar sobre piedras y montañas bajas. Lamentablemente para los escaladores, los vecinos de la fábrica en Gardiner, Nueva York no tenían la misma inclinación que Erenzo. Luego de un año de luchas legales con los vecinos, Erenzo se rindió en su meta y comenzó a investigar sobre usos alternos de su nueva propiedad.

En la época, las leyes del estado de Nueva York hicieron que fuese favorable la instalación de una microdestilería, por lo que Erenzo consiguió un socio y comenzaron Tuthilltown Spirits en 2003. Juntando el equipo que pudieron conseguir y adecuando las instalaciones compradas en eBay, comenzaron a destilar.

Menos de 3 años después, lanzaron su primera vodka hecha de manzanas procedentes de una huerta cercana. Luego de la vodka, Tuthilltown se convirtió en la primera destilería de whiskey en el estado de Nueva York desde la Prohibición, al lanzar el Hudson Baby Bourbon, que reseñaré en una próxima entrega.

La destilería Tuthilltown fue una de las primeras microdestilerías en Estados Unidos, cayendo justo en el inicio del boom de las microdestilerías, así que no les pudo caer mejor a sus dueños. Además, el interés en el whiskey americano también despegó y en corto tiempo añadieron nuevos productos a su línea, incluyendo whiskey de single malt, bourbon de 4 granos, whiskey de maíz y este rye whiskey.

Para todos sus productos, Tuthilltown utiliza el 90% de su materia prima de fincas locales y cercanas. Además, Tuthilltown fue una de las primeras destilerías en utilizar barricas pequeñas para el envejecimiento de sus productos, siendo barricas de unos 12 litros. Actualmente han comenzado a usar barricas más grandes, siendo entre 100 y 120 litros, pero igualmente menos que las barricas de 200 litros que el resto de la industria utiliza.

Esta es otra de esas botellas que compré por la botella, aunque no estoy seguro si la que compré primero fue la de rye o la de bourbon. El hecho es que este rye whiskey es embotellado a 46% de alcohol y hecho a partir de un mosto que es 100% grano de centeno. La etiqueta solamente menciona que es un whiskey con menos de 4 años de añejamiento, lo cual debe marcar por legislación americana. Pero dado que la producción de la marca siempre es en cantidades pequeñas y añejamientos cortos, creo que podríamos medirlo en meses. El bourbon de la misma marca, por ejemplo, tiene solo 3 meses de añejamiento.

Ciertamente confirma que es un whiskey joven porque en copa muestra lágrimas bastante delgadas y de bajada media, aunque esta aparente lentitud al bajar es producto de ese envejecimiento en barricas más pequeñas, lo cual acelera el añejamiento al haber más contacto con la madera por parte del líquido. Recordemos que para los whiskies americanos las barricas son nuevas. El color del whiskey es entre cobre y marrón brillante.

En nariz, al igual que los whiskies jóvenes, Hudson Manhattan Rye tiene un fuerte aroma de cereales, pero también se siente canela y madera de roble.

En boca se siente bastante fuerte, por la agresividad alcohólica pero también por la astringencia de ser un whiskey joven. Sin embargo, los sabores son muy agradables y abundantes, incluyendo canela, guayabita (allspice en inglés), pimienta, menta, roble seco y una nota ligeramente ácida de cereales. El retrogusto incluye madera y pimienta.

El rye whiskey es algo que siempre me ha gustado, pero siempre he tratado con respeto, precisamente porque sus sabores a veces son bastante agresivos y no es un destilado que ligaría con nada para hacer un cóctel, pues sus sabores fuertes siempre me han agradado, sobre todo con un cigarro.

Es quizá una de las que más extraño en esta pandemia, aunque me la terminé hace poco

Precisamente, el mercado del bourbon y del rye y de las otras variedades de whiskey americano es sumamente variado, pero en cuanto a whiskies jóvenes, creo que este es de los mejores, o al menos un excelente punto de partida.

Ficha Técnica:
Empresa madre: William Grant & Sons
Fabricante: Tuthilltown Distillery
Nombre del Whiskey: Manhattan Rye
Marca: Hudson
Origen: USA
Edad: N/D
Precio: $44
Densidad alcohólica: 46%
Puntuación: 92